miércoles, 1 de febrero de 2017

Fernando Valenti, un Sherlock Holmes republicano en el Madrid de la Guerra Civil

Fernando Valenti, detenido en 1939
(Centro Documental Memoria Historica)
No era policía profesional pero tenía un gran instinto. Utilizaba métodos poco ortodoxos en su trabajo y gracias a ellos se convirtió en uno de los mejores sabuesos de la República durante la Guerra Civil Española. Influenciado por los soviéticos, Fernando Valenti llegaría a ser apodado como 'el Sherlock Holmes' de la retaguardia madrileña sobre todo a la hora de dar caza a los derechistas emboscados en la capital. 

Cuando empezó la sublevación militar en Madrid, Fernando Valenti tenía 35 años y trabajaba como agente comercial en la casa Salt Perricete And Trading Company, un trabajo que como él diría más adelante, “no le llenaba lo suficiente”. Vivía junto a su mujer en el número 25 de la calle Preciados y desde antes que empezara la guerra sentía simpatías por el mundo de la política. Aunque en 1934 formaba parte de Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña, a medida que pasaban los años se fue acercando más y más al socialismo. 

Tres semanas después de que fracasara  definitivamente el alzamiento en el Cuartel de la Montaña, Valenti solicitó el ingreso en la Policía tras leer un anuncio en el periódico en el que se convocaba a todos los interesados a incorporarse al Cuerpo de Investigación y Vigilancia tras la depuración interna que se estaba haciendo. El 24 de agosto de 1936 fue nombrado agente provisional de tercera clase, siendo destinado a la comisaría del distrito de Buenavista donde prestó servicios de lo más diversos: por un lado realizó vigilancias en la rotonda del Hipódromo (entre las 18.30 y las 21.00) supuestamente para evitar que en esa zona se produjeran los famosos paseos.  Por otro lado, también participó en la realización de registros y detenciones de personas desafectas. 

Aunque no tenía experiencia apenas desde el punto de vista policial, sus mandos más inmediatos observaron que Fernando Valenti poseía un instinto fuera de lo normal a la hora de afrontar las investigaciones. Uno de sus primeros jefes fue el comisario Luis Omaña Díaz, agente de policía raso antes de que empezara la guerra y convertido en comisario por el Frente Popular desde julio de 1936. En octubre de este año, Omaña le encomendó que se hiciera cargo de la investigación de un suceso que había conmocionado a la sociedad madrileña y que provocó un gran número de muertos (no sabemos cuantos debido a la censura republicana) en un taller del Quinto Regimiento situado en la calle Núñez de Balboa. 

Fue la primera investigación en solitario que dirigió Valenti como agente de policía y los resultados fueron contundentes: el Partido Comunista se negaba a facilitar el trabajo de la Policía.  Los interrogantes que surgieron a raíz de aquella explosión fueron comunicados por Valenti a la Dirección General de Seguridad cuyos máximos responsables le ordenaron que dejara de investigar. 
El comisario Luis Omaña junto a Valenti y otros policías de
la Comisaría de Buenavista (La Estampa)

Tras  esta primera investigación, Valenti continuó trabajando algunas semanas para la Comisaría de Buenavista . Antes de cambiar de destino, presenció como dentro de la Comisaría  se había constituido una especie de grupo,  llamado 'Consejillo de Buenavista', dirigido directamente por el Comisario Omaña. Durante los meses de noviembre y diciembre de 1936 este consejillo asesinó de manera directa a una treintena de personas, muchas de ellas acaudaladas con la excusa de acabar con los desafectos en Madrid, aunque en realidad perseguían el robo y los saqueos. No hay constancia de que Valenti participara en estos crímenes ya que en noviembre de este año fue reclamado por David Vázquez Baldominos, alto cargo de la Policía, que meses más tarde se convertiría en comisario General de Seguridad de Madrid. 

A la caza de los derechistas

Vázquez Baldominos, que era socialista y actuaba bajo el amparo de la Agrupación Socialista Madrileña, le pidió que dirigiera a un grupo de hombres que tenían como misión hacer informes sobre personas desafectas cuyos nombres facilitaba la CIEP (Comisión de Información Popular), organización dirigida  por Julio de Mora Martínez. Valenti empezó a trabajar en un palacete incautado por el PSOE en el número 103 de la calle Fuencarral que había pertenecido al Conde de Eleta. Allí estudiaba al milímetro el censo electoral de las elecciones de 1931, 1933 y 1936 con la intención de localizar a las personas que se habían presentado a estos comicios apoyando a los partidos de derechas. 

Julio de Mora, jefe de Valenti
en la Agrupación Socialista
(Fundación Pablo Iglesias)
Su trabajo dentro de la Agrupación Socialista Madrileña para localizar a sospechosos le hizo obtener una gran fama dentro del socialismo. Tras la guerra aseguraría ante las autoridades franquistas que había redactado unos ochenta informes de personas a las que se tenía que localizar, aunque “ignoraba la suerte de las mismas”. Lo que no reconoció durante su Consejo de Guerra fue que había participado en aquella época en la detención de al menos una veintena de personas vinculadas con Falange y el Partido Tradicionalista.

Julio de Mora, su jefe inmediato en la checa de la Agrupación Socialista,  quedó impresionado con el trabajo de Valenti y trató de de llevárselo más adelante al DEDIDE (Departamento de Información del Estado), uno de los primeros servicios de espionaje de la República durante la Guerra Civil.  Gracias a él y a Anselmo Burgos Gil (luego sería jefe de la escolta del embajador soviético en  Madrid), nuestro protagonista entraría en contacto con los agentes destacados en Madrid del NKVD, el servicio secreto de Stalin que se habían establecido en el Hotel Gaylord y que le formarían en cuestiones de coontraespionaje. Eso lo veremos más adelante

El asalto a la Embajada de Finlandia

A finales de noviembre de 1936 y tras la constitución de la Junta de Defensa de Madrid, Vázquez Baldominos le convocó a una reunión en la Dirección General de Seguridad. Esta reunión se produjo horas después de que se disolvieran las brigadas paramilitares que habían formado los partidos políticos del Frente Popular con la intención de acabar con “los fascistas” que quedaban en Madrid. En esa reunión el Vázquez Baldominos le ordenó que se incorporará a la Brigada Especial, una unidad de élite que dependía de la Comisaría General de Seguridad de Madrid y que tenía como objetivo prioritario acabar con el enemigo de la República en la retaguardia madrileña.

Una de sus primeras misiones en la Brigada Especial, cuya sede estaba por aquel entonces en el número 9 de Marqués de Riscal,  fue participar en el asalto de la Embajada de Finlandia la noche del 3 al 4 de diciembre de 1936. Fue un asalto ordenado (según dijo el propio Valenti) por el Ministro de Estado José Giral en el que fueron detenidas más de 400 personas que allí estaban refugiadas entre las que se encontraban militares, políticos, sacerdotes y burgueses. Este asalto transcendería a la opinión pública y varios periódicos de la época se hicieron eco de las detenciones. En una nota de prensa, la Junta de Defensa de Madrid decía que el desencadenante del asalto había sido el lanzamiento de una bomba incendiaria desde el interior de la embajada que había herido a un niño y a dos guardias de asalto. 
José Cazorla, consejero de orden público y
uno de los instigadores del asalto
No era ni mucho menos cierto, ya que en los registros practicados no se encontró ningún arma. El verdadero motivo del asalto era frenar la llegada de refugiados hasta esta embajada que desde el inicio de la guerra estaba gestionada por Francisco Cachero, un trabajador español de la legación finlandesa que se hizo pasar por “cónsul honorario” y que se lucraba económicamente a consta de los refugiados. Cachero, que durante algún tiempo sobornó a responsables de la DGS para que no asaltaran la legación, se había quedado sin dinero y había dejado de pagar los sobornos a los altos mandos policiales de la República. 

Fue precisamente durante el asalto a la Embajada de Finlandia cuando conoció  a José Cazorla Maure, número dos de la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid. Desde aquel momento ambos tuvieron una relación de “cordialidad y afecto” a pesar de que Valenti era socialista y Cazorla un destacado miembro del Partido Comunista. Aunque ambos mantuvieron buena relación durante la guerra, una vez finalizada, Fernando Valenti acusó a Cazorla y a sus brigadas del PCE de organizar “sacas de detenidos que oficialmente se decía eran trasladados a otras prisiones pero que en realidad no llegaban a su destino”. 

Otra de las misiones que tuvo que hacer frente como miembro de la Brigada Especial fue hacerse cargo de los detenidos por el asunto Del Rosal, una especie de grupo subversivo derechista que fue descubierto por agentes comunistas de la Consejería de Orden Público. Velenti se hizo cargo de ellos ya que se encontraban en una especie de cárcel clandestina del PCE en la calle Alonso Heredia donde los detenidos habían sido maltratados salvajemente. Nuestro protagonista puso a los detenidos a disposición de la DGS y la mayoría fueron trasladados hasta la prisión de San Antón. 

Nombrado jefe de la Brigada Especial

Cuando David Vázquez Baldominos fue nombrado Comisario General de Madrid en la Primavera de 1937, éste decidió seguir apostando por Fernando Valenti ascendiéndole primero a Subcomisario y  luego a Comisario de Policía. Le encomendó la jefatura de la Brigada Especial. No llevaba ni un año en el Cuerpo de Investigación y Vigilancia y ya había conseguido convertirse en un alto mando.  Coincidiendo con su nombramiento como jefe, la Brigada Especial (formada por unos cuarenta agentes) se trasladó al número 108 de la calle Serrano. Esta dirección, por desgracia, se convertiría en uno de los lugares más temidos por las organizaciones de la Quinta Columna de Madrid. 

Valenti percibía un sueldo anual de 10.000 pesetas como jefe de la Brigada Especial, más 22,50 pesetas al día en calidad de dietas en el caso de que viajara fuera de Madrid. Como jefe de la Brigada Especial,  supo rodearse de personas  adeptas al Partido Socialista que a su juicio eran “muy profesionales y buenas personas”. Veamos como calificaba el propio Valenti a sus colaboradores más estrechos una vez terminada la guerra:
Jacinto Rosell, la mano derecha de Valenti
en la Brigada Especial


“Jacinto Uceda Marino como subjefe de la Brigada es un muchacho serio, capaz, muy trabajador, honrado y de buenas constumbres. Pertenecía al Partido Socialista poco tiempo”.

“Jacinto Rosell Colomo, como jefe de servicios de la Brigada, con idénticas características que el anterior”. 

“Lucas Gilsanz Martín, agente. Es un pequeño burgués de muy buen corazón y buena persona. Pertenecía al PSOE desde 1929 y procedía del DEDIDE”.

“Atilano Molano Molano, agente. Era una buena persona, honrado, pero de carácter agrio y maleducado Sus antecedentes eran socialistas. Antes trabajó en algunas comisarias”. 

“Emilio Montoya Abrego, agente. Creo que también es buena persona pero es mal educado. Es un antiguo socialista”. 

“Lisardo García García, agente. My buen muchacho, trabajador, de carácter abierto, aficionado al estudio, habiendo logrado hacerse una pequeña cultura, llegando a tener conocimiento del idioma francés.  Pertenece al PSOE desde 1931”.

Tras los pasos de una organización falangista

Poco después de hacerse cargo, ya de manera oficial, de la Brigada Especial, Vázquez Baldominos  volvió a poner en contacto a Valenti con miembros destacados de los servicios de inteligencia soviéticos en Madrid. El motivo de este contacto fue el descubrimiento por parte de Valenti de una organización falangista que operaba en Madrid, dirigida por el arquitecto Javier Fernández Golfín y el procurador de tribunales, Ignacio Corujo. Esta organización, que contaba con emisoras de radio clandestinas, enviaba a través de embajadas informaciones militares de los republicanos a los servicios de información de Franco. 

Durante semanas consiguió averiguar los nombres de una veintena de miembros de esta organización falangista gracias al papel que jugaron los confidentes de la Brigada Especial que él mismo introdujo entre la Quinta Columna. Uno de sus confidentes más relevantes fue Alberto Castilla Olavarría que llegó a engañar a Javier Fernández Golfín, convirtiéndose en uno de los enlaces destacados del grupo. 

Los agentes  del NKVD soviético formaron a Valenti en  la utilización de confidentes para desarticular organizaciones subversivas como la que se estaba formando. De hecho, le recomendaron que “comprara con dinero o con otros medios” a personas derechistas que fueran capaces de traicionar a sus compañeros.  Según dijeron los soviéticos, el uso de estos confidentes o “agentes  alborotadores” le había dado muy buenos resultados a la Unión Soviética. Por aquel entonces, los rusos que mantenían una relación más estrecha con Valenti fueron José Ocampo (Iosef Grigulevich), individuo con acento argentino, Pancho Bollasqui (podría ser Grigory Sergeievich Syroyezhkin y otro apellidado Sander. 
El desaparecido Hotel Gaylord en la calle Alfonso XI, al que
fue con frecuencia Valenti para ver a los miembros del NKVD
soviético.

En mayo de 1937 la Brigada Especial realizó una gran redada en Madrid con el fin de detener al mayor número de miembros de la organización falangista a la que nos estamos refiriendo. En total fueron arrestados una veintena de personas entre las que estaban Javier Fernández Golfín e Ignacio Corujo. Según relataría Valenti una vez terminada la guerra, los asesores soviéticos del NKVD le recomendaron que actuara con dureza con los detenidos porque era la “única manera de hacerles hablar” y además “ahorraba tiempo de la comprobación de los hechos que exigía”. De hecho, los miembros del NKVD participaron en los interrogatorios de varios de los detenidos por el asunto Golfín Corujo con el visto bueno de Valenti y de Vázquez Baldominos. Los detenidos fueron trasladados primeramente a la prisión que tenía la Brigada Especial en un colegio religioso de la Ronda de Atocha. Allí fueron golpeados hasta la saciedad tanto por los agentes de la Brigada como por los soviéticos que se habían incorporado a los interrogatorios. Después serían llevados hasta Serrano 108 para prestar declaración. 

En esta operación contra la Falange Clandestina a Valenti le impusieron desde la DGS que trabajaran con él para desarticular la organización algunos agentes que  miembros del PCE como Víctor Ronda o José Granda Alonso. 

La implicación de los agentes soviéticos

Muchos lectores se preguntarán cuáles eran los motivos reales por los que el NKVD se había tomado tantas molestias en colaborar con la Brigada Especial de Valenti.  No era una mera coincidencia. Lo que pretendían realmente los asesores soviéticos era aprovechar estas detenciones para acabar definitivamente con el POUM (partido trotskista) y con su líder Andreu Nin. De esto a buen seguro que los lectores han leído infinidad de artículos en los medios de comunicación.

En las pesquisas que hizo la Brigada Especial con los falangistas se encontraron con un plano milimetrado de Madrid donde se indicaban las principales defensas antiaéreas, así como otras posiciones republicanas en el Frente de la capital. De hecho, quién consiguió este plano fue el confidente de la Brigada, Alberto Castilla que seguía haciéndose pasar por derechista y que de hecho se había refugiado con otros miembros de la organización en la Embajada de Perú. 

Con el visto bueno de Fernando Valenti, este plano milimetrado fue enviado hasta el hotel Gaylord de Madrid donde se encontraba el Cuartel General del Estado Amigo (los soviéticos). Allí, los agentes del NKVD lo estudiaron al milímetro, acordando finalmente escribir en el dorso del mapa con tinta simpática (tinta aparentemente invisible) la letra 'N', que vinculaba a Andreu Nin (líder del POUM). De esta manera tan sutil, los soviéticos, con el apoyo de la Brigada Especial, implicaban a Nin con los falangistas detenidos, una implicación totalmente ficticia que había creado el NKVD para eliminar al jefe del POUM. 
Imagen exclusiva obtenida de Alberto Castilla
Archivo Militar Paseo de Moret

El 01 de junio de 1937, ya con la mayoría de falangistas arrestados, la Brigada Especial redactó un informe en el que se informaba a la DGS (que ya estaba al corriente) del hallazgo de un mapa de Madrid en el que se vinculaba a Andreu Nin con la Quinta Columna. El director general de Seguridad, el Teniente Coronel Antonio Ortega envió a Fernando Valenti y a su mano derecha, Jacinto Rosell a Barcelona con la intención de detener e interrogar a Nin. Antes deberían pasar por Valencia donde también recibirían instrucciones del Ministro de Gobernación. 

El diario El País localizó en 2007 una carta de Antonio Ortega al Teniente Coronel Ricardo Burillo que por aquel entonces ocupaba el cargo de jefe de Policia de Barcelona, en la que le decía lo siguiente:

"Querido camarada: tengo el honor de presentarle a los funcionarios de la plantilla de Madrid comisario Fernando Valentí y agente de tercera Jacinto Rosell, quienes llevan a ésa una misión delicadísima en la que le ruego les dé toda clase de facilidades. En el caso de que precisaran utilizar gran contingente de fuerzas, antes de denegárselas consultará usted conmigo. Un abrazo de su amigo y camarada".

Valenti y Rosell dirigieron la detención de Nin que fue arrestado el 16 de junio de 1937. Fue trasladado a Madrid y a finales de mes, desapareció para siempre. Es decir, fue eliminado de manera extraoficial, posiblemente por agentes stalinistas que contaron con el visto bueno de la Brigada Especial. Obviamente, tras la guerra, Valenti desmintió con rotundidad ante las autoridades franquistas su implicación en la detención, asegurando incluso que nunca había viajado a Barcelona. Sus afirmaciones en Consejo de Guerra contrastan con las que realizó su compañero de viaje a la Ciudad Condal, Jacinto Rosell que sí reconoció haberse desplazado con Valenti a Barcelona para detener a un tal Andrés (Andreu Nin). 

Operaciones de contraespionaje

Tras esta operación la Brigada Especial con Valenti a la cabeza siguió trabajando en tareas de contraespionaje para acabar definitivamente con las organizaciones derechistas que operaban en Madrid. En septiembre de 1937 nuestro protagonista descubrió un nuevo grupo subversivo que estaba mandado por el ex jefe de Falange en Guadalajara, conocido por Paco Llanas, y un oficial de infantería llamado José Burgos Iglesias

Una vez más,para descubrir a esta organización, Valenti volvió a utilizar la figura de los agentes alborotadores que le habían enseñado los asesores soviéticos. El confidente elegido en esta ocasión le apodaban 'Boni' y aunque había sido albañil antes de la guerra, había conseguido entrar en el Cuerpo de Carabineros. Valenti enviaba a Boni a diferentes cafés de Madrid para escuchar las conversaciones que mantenían los clientes para comprobar si alguna de estas conversaciones podían ir en contra de la República. En el Café del Prado, este carabinero comprobó que un grupo de jóvenes hablaba en voz baja, como si estuvieran conspirando. 

En poco tiempo consiguió ganarse la confianza de estos jóvenes que terminarían sugiriéndole formar parte de  una organización falangista, conocida con el nombre de Milicias Pizarro. A 'Boni' le llegaon a presentar a algunos de los responsables de este grupo, informando puntualmente a Valenti de sus hallazgos. Éste incorporó a la investigación a dos de sus mejores agentes  (Gabriel González y José Granda) a los que infiltró en el Café del Prado, haciéndose pasar también por derechistas. Los tres lograron desenmascarar al grupo de Llanas y Burgos deteniendo a unas ochenta personas en Madrid y alrededores. Luego descubrirían que los falangistas detenidos estaban relacionados con una organización de espionaje franquista que actuaba desde el Parque de Intendencia de Pacífico. 
Escuelas Salesianas de Ronda de Atocha, cárcel de la Brigada
Especial, dependiente de la DGS / Diario Público

Los detenidos fueron trasladados a la Ronda de Atocha (la prisión que tenía la Brigada Especial) donde fueron sometidos a todo tipo de malos tratos. Valenti, siguiendo el consejo de los soviéticos, ordenó que fueran tratados con especial dureza los dirigentes de la organización, lo que provocaría semanas más tarde la muerte de Paco Llanas en la cárcel Porlier y el ingreso de Burgos Iglesias en un hospital penitenciario. Las torturas que se produjeron en la Ronda de Atocha y más adelante en Serrano 108, fueron efectivas y en muy poco tiempo los detenidos fueron delatando a un mayor número de personas.

Una vez pasaron a disposición judicial, los detenidos denunciaron ante el juez que habían sido maltratados salvajemente por la Brigada Especial de Valenti. El juez Mariano Luján decidió abrir una investigación interna para determinar qué agentes habían maltratado con mayor dureza a los arrestados,echando la culpa a Valenti por ser el máximo responsable de la Brigada. Gracias a las presiones ejercidas desde la DGS, ni él ni sus hombres de Serrano 108 fueron condenados por estas torturas. 

En diciembre de 1937 Valenti había adquirido una gran fama en Madrid como “gran especialista” en la lucha contra la Quinta Columna. Por estas fechas, la DGS decidió disolver la Brigada Especial (posiblemente por el asunto de los malos tratos) e incorporar a todos sus efectivos, incluido nuestro protagonista, al SIM (Servicio de Información Militar).

Su fichaje por el SIM y la Brigada Z

Sabemos que en marzo de 1938 Valenti ya estaba trabajando a las órdenes del socialista Ángel Pedrero, jefe del SIM del Ejército del Centro que le propuso que dirigiera una especie de brigadilla llamada 'Brigada Z'. Esta brigada se dedicaría  a resolver servicios que estuvieran relacionados con informes que venían de Barcelona, aunque también se dedicaba al tráfico de joyas. 

Uno de los primeros asuntos en los que trabajó Valenti fue el de un matrimonio alemán, apellidado Dobriky, que se dedicaba a la ocultación y el tráfico ilícito de alhajas y joyas. Además del matrimonio, fueron arrestados un relojero que vivía en el Paseo de las Delicias apellidado Uriza y Ruiz de Alda y un famoso boxeador, Salvador Almena, que ocultaba en su casa unas seis mil pesetas. Según Valenti todo el dinero y las joyas que se incautaron en esta operación fueron entregados personalmente a Ángel Pedrero, como máximo responsable del SIM en Madrid. Como se pudo comprobar más adelante, Pedrero era una persona de lo más oscura que además de haber sido lugarteniente del famoso chequista García Atadell, se lucraba enormemente con el dinero que incautaba.
Con un círculo, Ángel Pedrero, jefe del SIM del Ejército
del Centro (www.guerraenmadrid.com) 

El segundo asunto que llevó a cabo Valenti al frente de la Brigada Z del SIM estaba relacionado con una serie de reuniones secretas que llevaban a cabo algunas personas desafectas entre las que se encontraba la hermana de la famosa artista, Lili Montyan. En esta operación, en la que fueron detenidas unas 70 personas en Madrid y Guadalajara, se volvió a utilizar los servicios de un confidente, en esta ocasión una mujer llamada Cándida del Castillo, conocida como “Isabel”, una periodista de origen noble que  era partidaria de la República.  Hemos descubierto que esta confidente de la Brigada Z fue la madre del famoso escritor francés Michel del Castillo. Este asunto se conoció con el nombre de 'Los Cándidos' y estaba directamente relacionado con el tráfico de víveres. 

El asunto de los 'Candidos' fue uno de los últimos en los que intervino Fernando Valenti como comisario de Policía. La guerra estaba llegando a su fin y todo el mundo era consciente en Madrid de que los republicanos poco más podían hacer. A finales de marzo de 1939, el grueso del SIM del Ejército del Centro (que había apoyado a Casado en los enfrentamientos contra los comunistas), decidió abandonar la capital y dirigirse al Levante con el objetivo de abandonar España. 

Marzo 1939, la huida de Madrid

Pedrero organizó con detalle el desplazamiento e invitó a Valenti a acompañarle junto con el resto de sus hombres. Una caravana de vehículos ligeros del SIM abandonó Madrid la noche del 27 de marzo con un gran número de maletas, algunas de ellas cargadas de joyas.  Al parecer Pedrero quería llevarse el mayor número de alhajas al extranjero para sobrevivir fuera de España a pesar de que ya había cerrado acuerdos con el periódico  'Paris Soir' para que una vez en Francia escribiera sus memorias a cambio de 300.000 francos. 

La expedición llegó primero hasta Mazarrón (Murcia) donde el SIM tenía un barco apalabrado, que nunca llegó a aparecer. Después, se desplazarían hasta Torrevieja donde también confiaban que apareciera un barco que les sacara de España. Tampoco hubo suerte. Finalmente optaron por acudir hasta el puerto de Alicante, al que llegaron durante la tarde del 29 de marzo de 1939.  Allí tampoco encontrarían barco alguno para huir de España y todos los miembros del SIM, incluido Fernando Valenti, se entregaron a las autoridades franquistas.

Nuestro protagonista pasó por diferentes cárceles madrileñas y prestó declaración ante el SIPM durante todo el mes de diciembre de 1939. Se mostró colaborador con las autoridades franquistas e incluso le hicieron una fotografía poco antes de prestar declaración. Pese a ello, en el Consejo de Guerra al que fue sometido con otros miembros de la Brigada Especial le declararon “culpable” de los delitos que le acusaban (entre otros de asesinato) y fue condenado a muerte. Murió fusilado a primera hora de la mañana del 13 de diciembre de 1940 en el cementerio Este. Junto a Valenti, los nacionales también ejecutaron a otros nueve miembros de la Brigada Especial entre los que se encontraban Jacinto Rosell, Jacinto Uceda, Atilano Molano, Lucas Gilsanz y Gabriel González. 

Fuentes consultadas

Archivo Histórico Nacional. Causa General, 1547, Expediente 1, número 481
Centro Documental de la Memoria Histórica, Sumario 258
Archivo General Militar Paseo de Moret, sumario 59741
Hemeroteca Nacionales
Hemeroteca ABC
Hemeroteca Solidaridad Obrera
Diario El País 
https://bremaneur.wordpress.com 
El Heraldo de Madrid

martes, 3 de enero de 2017

Toda la verdad sobre la reunión secreta de Franco en Leganés

Los Generales Franco, Saliquet, Mola y Varela. Los
cuatro participaron en la reunión de Leganés
Noviembre de 1936. Las tropas de Franco habían llegado hasta las puertas de Madrid pero no podían pasar de la Casa de Campo, Ciudad Universitaria o Carabanchel. Los combates eran frenéticos pero el día a día en el puesto de mando del General Varela en Leganés también lo era. Allí, a escasos 11 kilómetros de la Puerta del Sol, se decidieron todas las operaciones militares del Ejército Nacional sobre el Frente de Madrid. Era la zona de retaguardia franquista más próxima a la capital, a la que llegarían un sinfín de heridos y un gran número de corresponsales de guerra partidarios de los sublevados. Por este motivo, no es de extrañar, que  allí se celebrar una de las reuniones más relevantes de la Guerra Civil a la que asistió el mismísimo Franco. 

Pero antes de hablar de la reunión es conveniente contextualizar todo. Sabemos que las tropas franquistas entraron victoriosamente en Leganés el 4 de noviembre de 1936 después de haber conquistado los pueblos de Alcorcón y Getafe, en esta última con su aeródromo incluido. Hasta esa fecha, la localidad se había mantenido leal a la República estableciéndose en las inmediaciones de la misma una línea de fortificaciones y trincheras que llegaba hasta Fuenlabrada. Sin embargo, durante los cuatro meses que Leganés estuvo controlada por el Frente Popular, se produjeron en su término municipal una veintena de asesinatos según consta en la Causa General. 

La primera víctima en Leganés, un sacerdote

La primera víctima fue un religioso de 43 años llamado José Esnaola Arteaga, nacido en Idiazábal Guipuzcoa) y cuyo cadaver apareció cosido a balazos el 27 de julio (9 días después del alzamiento) del 36 en la zona de Butarque. El día 13 de agosto de 1936 se produjo un fusilamiento simultáneo de cinco vecinos del pueblo en el kilómetro uno de la carretera de Toledo. Los asesinados fueron:

- Pablo Durán Pérez de Castro (56 años), de Renovación Española y Gobernador Civil de Zamora en la Dictadora de Primo de Rivera. Farmacéutico de profesión y en 1928 vicepresidente de la Unión de Farmacéuticos.
- José García Cuadrado (32 años), de Acción Popular y Presidente de la Sociedad Patronal de Labradores. 

- Cayetano Montero Rebollo (44 años), fue concejal en el Ayuntamiento de Leganés durante la época de Primo de Rivera. 
- Ramón del Yerro Ordóñez (40 años), presidente de Acción Popular y concejal en el Gobierno de Gil Robles. 
- Manuel Acero, carnicero de Leganés. Se desconoce filiación política. 


Algunas de las religiosas del manicomio de Leganés asesinadas
Además de estos asesinatos de vecinos, en Leganés también aparecieron varios cadáveres pertenecientes a vecinos de otras localidades cercanas como Getafe e incluso Carabanchel Alto. 

Muchos de ellos todavía hoy no han podido ser identificados. De hecho, los últimos muertos que aparecieron en Leganés antes de que llegaran las tropas de Franco datan del 28 de octubre de 1936 (8 días antes de la llegada de los nacionales). Fueron tres cadáveres sin identificar que aparecieron en la zona de la Taraza. Enrique Villalba Aleixandre, fotógrafo del juzgado durante la guerra que se dedicaba a fotografiar los cuerpos que aparecían en Leganés, recibió la orden aquel 28 de octubre del alcalde de “en esta ocasión” no hacer fotos a los tres cadáveres aparecidos. 


El manicomio de Leganés y el ferrocarril

En este contexto de combates encarnizados por dominar el sur de Madrid y los 'paseos' esporádicos , llegaron las avanzadillas del General Varela a Leganés. El Teniente Coronel Barrón y sus hombres fueron los primeros en entrar en la localidad estableciendo como punto de observación una torreta del Cuartel de Ferrocarriles que fue abandonado por los milicianos el 3 de noviembre. Una de las cosas que más llamó la atención a los soldados franquistas que llegaron a Leganés fue la presencia de un centenar de enfermos mentales que permanecían impasibles a la Guerra Civil en la 'Casa de Dementes Santa Isabel', un manicomio a la vieja usanza diseñado por la Junta de Beneficiencia del Estado en 1851. Sí que fueron conscientes de la guerra, por desgracia, las religiosas de la congregación 'Hijas de la Caridad' que se encargaban de cuidar de los enfermos. 

Muy cerca de Leganés, en Getafe, vemos al periodista de ABC
Sánchez del Arco (derecha) junto con otros reporteros
El 20 de julio del 1936 una treintena de monjas fueron detenidas por milicianos de la FAI y trasladadas a la DGS de Madrid. Tras ser puestas en libertad días más tarde, cinco de ellas terminarían siendo asesinadas a sangre fría en Aravaca. En el cementerio de esta localidad están enterradas las conocidas como 'Mártires de Leganés'.

A los pocos días de llegar a Leganés, se instaló un hospital de campaña de la Cruz Roja al que llegaban de manera incesante heridos procedentes de la Casa de Campo y Ciudad Universitaria. El hospital se ubicó en el antiguo convento de los Padres Agustinos. 

Además de todo esto, Leganés también se convertiría en un centro de prensa improvisado para los corresponsales españoles y extranjeros que cubrían la Guerra Civil enrolados en unidades militares franquistas. Desde la zona de Butarque enviaba a diario sus crónicas para ABC Sevilla Manuel Sánchez del Arco con el pseudónimo de 'Justo Sevillano' o 'Giraldillo'. También tenemos constancia de que envió sus crónicas al Diario de Lisboa de Portugal el conocido periodista portugués Artur Portela, famoso por sus fotos a Franco y a Moscardó tras la conquista del Alcázar de Toledo. Más adelante también llegaría a Leganés el cronista hispano-inglés Edgard Neville junto con su pareja Conchita Montes. Por último, otro periodista que se sabe que estuvo en Leganés descansando varios días fue el fotógrafo francés Albert-Louis Deschamps. 

La reunión del cuartel de Ferrocarriles
Cuartel de Ingenieros de Ferrocarriles donde se celebró
la reunión entre Franco y los otros generales

Pero centrémonos en lo que sucedió exactamente en Leganés a finales de noviembre de 1936. Como antes decíamos el General Varela y su Estado Mayor instalaron en esta ciudad un puesto de mando en el que se tomaban todas las decisiones de las operaciones militares sobre el Frente de Madrid. Inicialmente este puesto de mando se ubicó en lo que hoy conocemos como Plaza de España, en la casa de un conocido médico. Sin embargo, a medida que iban avanzando las semanas y buscando una mayor seguridad, el puesto de mando se trasladó hasta el el Cuartel del Regimiento de Ingenieros de Ferrocarriles. Este cuartel había sido durante los años veinte un lugar esencial desde el punto de vista logístico para los militares españoles que partían rumbo a las guerras de África como se puede ver en esta fotografía de ABC del año 1921.

Se trataba de un complejo de gran tamaño en el que se instalaron, además de un puesto de observación en el que se divisaba la Casa de Campo e incluso el Clínico,  una serie de baterías antiaéreas para prevenir incursiones de la aviación republicana. El día 23 de noviembre de 1936 Franco partía desde Salamanca rumbo a Leganés para mantener una reunión crucial para el devenir de la Guerra Civil. Tres días antes, mantuvo un acalorado encuentro en Ávila con el General Mola para hablar de los problemas que estaban encontrando los nacionales para entrar en Madrid, muy bien protegido por las defensas de Miaja. Antes de esta reunión ambos se enteraron del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera en Alicante. 

Pero volvamos al día 23 de noviembre. Como decíamos Franco se desplazó hasta Leganés en compañía de su ayudante, el Coronel de Estado Mayor Martín Moreno. La visita, que se realizó con todo el secretismo posible para evitar posibles ataques republicanos, fue la primera que hizo Franco a las inmediaciones de la capital. 

¿Quién acudió?

Fue una reunión del más alto nivel militar a la que asistieron, además de Franco, el General Mola (jefe del Ejército del Norte), el General Saliquet (Ejército del Centro) y el General Varela (responsable del asedio de Madrid). Fue una reunión prácticamente a cuatro bandas ya que los oficiales de los diferentes Estados Mayores no pudieron acceder a la misma por motivos de seguridad. 
Soldados españoles en el Cuartel de Ingenieros Ferroviarios
en el año 1921 antes de partir a África / ABC

Lo que trascendería años más tarde de aquella reunión de Leganés fue el cambio de estrategia por parte de Franco en todo lo relacionado con Madrid. Se ponía punto final a la guerra relámpago a la que los militares africanistas estaban acostumbrados para poner en marcha una guerra de trincheras, de estabilización y de desgaste. 

Esta fue la decisión fundamental que se adoptó en la reunión del Cuartel de Ingenieros Ferroviarios de Leganés, cuartel en el que estaban establecidos antes de la guerra los regimientos 1 y 2 de ferrocarriles. Ambos regimientos se mantuvieron en general leales a la República durante los primeros días de la sublevación, aunque algunos oficiales fueron detenidos por simpatizar con los alzados. Su máximo responsable, el Coronel Manuel Aspiazu Paul fue asesinado en las matanzas de Paracuellos del Jarama, precisamente en noviembre de 1936, fecha en la que se produjo la reunión en el que fue su antiguo cuartel. 


Fuentes Consultadas

- Archivo Histórico Nacional (Causa General)
- www.ciudadanosporelcambio.com 
- 'Historias Extraviadas de la Guerra Civil Española', Eduardo Andradas
- www.hijasdelacaridad.org
- Hemeroteca ABC 

domingo, 11 de diciembre de 2016

Así fue la purga comunista en el Batallón Alpino del Guadarrama

Miembros del Batallón Alpino del Guadarrama en 1938
El Batallón Alpino del Guadarrama, que operó durante toda la Guerra Civil en la Sierra de Madrid, siempre ha gozado de muy buena prensa por parte de los estudiosos de la contienda. De hecho, algunos historiadores han investigado toda la trayectoria de este batallón de montaña publicando libros con infinidad de información sobre sus miembros y recordando sus "ilustres hazañas". Sin embargo, estos historiadores no le han dado ninguna importancia a un capítulo de lo más oscuro dentro del Batallón: la purga que hicieron entre sus propios miembros los comisarios políticos, afiliados en su gran mayoría al Partido Comunista. 

Luis Rodríguez Manteola era un abogado riojano, afincado en Madrid desde hacía años, que vivía en el número 121 de la calle Lagasca al estallar la sublevación. Justo el día después de las elecciones de febrero de 1936 tuvo un encontronazo en el café Saratoga de Madrid (calle Espoz y Mina 8) con un humorista que se mofó de las mujeres que habían simpatizado con las derechas en aquellos comicios. Rodríguez Manteola, que por aquel entonces era un joven impulsivo (tenía 29 años) y una complexión bastante fuerte, a punto estuvo de golpear al humorista y tuvo que ser separado por el resto de clientes del local. Aquel incidente, a priori sin importancia, le terminaría costando la vida apenas un año más tarde.

A poco de iniciarse la Guerra Civil Rodríguez Manteola fue arrestado por miembros de la checa de Fomento acusado de ser derechista. Según su hermano Fernando (también abogado de profesión), consiguió obtener la libertad un día después de su arresto gracias a un conocido de la familia que formaba parte de la checa. Al parecer el conocido le recomendó, tras ponerle en libertad,  que se enrolará cuanto antes en el ejército republicano para evitar nuevos arrestos y le aconsejó que se marchara lo más lejos posible de Madrid para salvar su vida. Eso fue lo que hizo. En febrero de 1937 se alistó como voluntario en el Batallón Alpino que operaba en la Sierra de Guadarrama, incorporándose inmediatamente a la 4ª compañía el día 27 de febrero.

 Precisamente, el día de su incorporación en el puesto de mando de la compañía situado en el Puerto de Cotos (en el albergue del Club Alpino Español), tuvo lugar otro incidente que marcaría para siempre su historia. Un soldado de la compañía le reconoció nada más incorporarse y le denunció ante el comisario político de su unidad: al parecer ese soldado había sido testigo del altercado que Luis Rodríguez Manteola había tenido en febrero de 1936 en el café Saratoga. 

En el punto de mira

A partir de ese instante los diferentes comisarios políticos del Batallón Alpino siguieron de cerca a nuestro protagonista intentando buscar "desplantes, detalles de insubordinación y actividades ilícitas contra el gobierno de la República". Pese a los esfuerzos de los comisarios, nadie consiguió coger en un renuncio a Rodríguez Manteola que siempre se mostraba dispuesto a ayudar a sus compañeros y a llevar a cabo las tareas encomendadas. Como miembro del Batallón Alpino Rodríguez Manteola participó (muy a su pesar) en la ofensiva republicana hacia Segovia entre el 30 de mayo y el 4 de junio de 1937. Sabemos que participó en los duros combates que se produjeron en el Cerro de Cabeza Grande.   
Posición  del Cerro de Cabeza Grande donde combatió
el soldado Rodrígue Manteola en 1937

Pese a ello, desde un primer momento fue consciente de que estaba en el ojo del huracán ya que empezó a tener fama de "faccioso" al poco tiempo de llegar a su compañía. Por este motivo, a través de un compañero de permiso en Madrid, consiguió enviar un mensaje de auxilio a su hermano Fernando diciéndole que en caso de "ser asesinado por los rojos, vengara su muerte". Ante este mensaje agónico, Fernando hizo lo imposible para salvar su vida de su hermano llegando a contactar en el otoño de 1937 con el mismísimo Gregorio Peces Barba Brio (padre de Gregorio Peces Barba Martínez, uno de los padres de la Constitución) que era el Presidente del Tribunal Militar del Primer Cuerpo del Ejército. Le advirtió de que su hermano se sentía amenazado dentro del Batallón Alpino y le pidió que intercediera para que le cambiara de unidad. Peces Barba intercedió, pero fue demasiado tarde. Luego lo veremos con más detalle. 

Mientras Luis Rodríguez Manteola trataba de llevar una vida "normal" dentro de la 4ª Compañía, los comisarios políticos del Batallón (pertenecientes en su mayoría al Partido Comunista) se plantearon como llevar a cabo una purga entre los soldados sospechosos de ser "desafectos al régimen republicano" y simpatizantes del POUM, entre estos soldados estaba nuestro protagonista. El comisario político del Batallón se llamaba Alberto Palmer Xamena (hermano de Julio Palmer que en la época de Franco sería presidente de la Junta Nacional de Ópticos), que también ejercía como máximo responsable del Servicio de Información Periférico de la República (SIEP) en la Sierra de Guadarrama, y se convertiría en uno de los principales instigadores de esta purga. Alberto Palmer pertenecía a una familia que sentía devoción por los deportes de invierno, de hecho dos de sus hermanos eran grandes esquiadores y formaban parte de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara durante la II República. En 1937 tenía 32 años, antes de la guerra trabajaba para la Casa Philipis Ibérica y residía en el número 45 del Paseo de las Delicias. 

¿Posibles responsables?

A mediados de noviembre de 1937, el comisario Alberto Palmer y el máximo responsable del Batallón, el Capitán Alejandro Gutiérrez Rivera mandó llamar hasta el Monasterio de El Paular de Rascafría (donde se encontraba el puesto de mando del Batallón) al capitán de la 4ª Compañía y al comisario político de la misma. Recordamos que en esta compañía se encontraba el soldado Rodríguez Manteola. El capitán de la compañía se llamaba Jesús Velázquez Bellido y el comisario Antonio Sánchez Muñoz. Según la versión de este último en la Causa General (1939), el capitán del Batallón (Alejandro Gutiérrez) "ordenó que fuese eliminado el soldado Rodríguez Manteola" sin especificar los motivos. Esta versión contrasta con la que ofreció también en la Causa General Jesús Velázquez quién afirmó que la orden  la dio el comisario político del Batallón Alberto Palmer y no el Capitán Gutiérrez. En cualquier caso, de esa reunión a cuatro bandas en el Monasterio de El Paular salió la orden de asesinar a nuestro protagonista.
Miembros del Batallón Alpino cerca de Cotos /Crónica
Tras regresar a Cotos, donde estaba por aquel entonces destacada la 4ª Compañía, Jesús Velázquez y Antonio Sánchez (jefe y comisario político de la misma) decidieron inicialmente ignorar la orden que habían recibido en Rascafría. Los dos eran conscientes de que se iba a poner en marcha una purga dentro del Batallón Alpino y querían alargar los tiempos lo máximo posible para evitar un derramamiento de sangre exagerado. Una semana después, recibieron una llamada del puesto de mando de Rascafría preguntando si la orden se había podido llevar a cabo a lo que respondieron negativamente. Tras ser amenazados con un consejo de guerra si no realizaban el cometido que se les había asignado, tomaron la decisión de preparar el asesinato con detalle del soldado Rodríguez Manteola.
Al día siguiente de la llamada, el capitán de la Compañía organizó una reunión en su despacho en la que también estaba presente el comisario Antonio Sánchez. Ambos hicieron llamar al sargento Julián Igualador Gómez, un tipo duro que mandaba con mano de hierro a la compañía ya que antes de la Guerra Civil había sido boxeador profesional compitiendo en los Pesos Ligeros. Igualador era también un gran esquiador y curiosamente el año anterior al inicio de la contienda terminó segundo en una carrera de esquí de fondo organizada por la Sociedad Deportiva Excursionista en Navacerrada. A esta reunión también fue convocado el soldado Enrique Juez de Diego (26 años) y el cabo Ángel Juberías Herranz.

La versión de los autores materiales

Terminada la guerra, el sargento Igualador y Enrique Juez declararían como transcurrió aquella reunión. Igualador dijo que el comisario de la Compañía Antonio Sánchez dio la orden de asesinar a Rodríguez Manteola con el visto bueno del capitán Velázquez. El planteamiento del asesinato era muy sencillo. Se le haría creer a la víctima que había sido llamado al puesto de mando de otra Compañía del Batallón en el Puerto de Navacerrada por lo que tendría que desplazarse caminando desde Cotos hasta el Hotel Victoria, situado muy cerca de la estación de ferrocarril, donde se encontraba esta compañía. A mitad del trayecto sus acompañantes le dispararían por la espalda acabando con su vida. Al resto de miembros del Batallón se les haría creer que Rodríguez Manteola había tratado de desertar y que por este motivo tuvieron que matarle.
Filiación del sargento Julián Igualador /AHN

El capitán Velázquez decidió que el sargento Igualador y el soldado Enrique Juez acompañaran a Rodríguez Manteola hasta el Puerto de Navacerrada y acabaran con su vida. De hecho, el oficial le entregó al sargento su pistola del nueve corto para que llevara a cabo su cometido en el trayecto desde Cotos hasta el Hotel Victoria. El cabo Juberías tendría que fingir ante los compañeros de Rodríguez Manteola que éste había tratado de desertar a los nacionales.

Y así se realizó. Pasadas las 14.00 horas, la expedición formada por Rodríguez Manteola, Julián Igualador  y Enrique Juez salió rumbo a Navacerrada de Cotos después de que el cabo Juberías le comunicaran a Rodríguez Manteola que había sido llamado por el puesto de mando de Navacerrada. Leamos a continuación como describe Igualador el momento del asesinato en octubre de 1939:

“El asesinato se cometió al llegar a la Carretera de Navacerrada a Cotos. La víctima iba confiada porque pensaba que iba a incorporarse a Navacerrada, haciendo todo el camino sin sospechar lo más mínimo. Y como todo estaba cubierto de nieve, yo (Igualador) iba el primero abriendo paso. Al cansarme, Rodríguez Manteola ocupó mi lugar después de ofrecerse a abrir paso. Enrique de Juez ocupó el segundo lugar de la expedición y yo el tercero. Al llegar al punto indicado saqué la pistola, mejor dicho la del Capitán e hice un disparo sobre la víctima sobre la espalda, creyendo que le alcanzó el corazón y cayendo al suelo mortalmente herido. Después continuamos haciendo disparos dos o tres en la cabeza. Enrique de Juez también hizo un disparo a la víctima cuando estaba en el suelo. Una vez producido el asesinato y cumpliendo la orden que se nos había asignado por parte del comisario, tiramos el cadáver por un terraplén, el único que existe en la carretera y tiene bastante profundidad. Calculo que el cadáver fue rodando unos 200 metros por encima de la nieve parándose tras golpear en unos pinos”.

De esta manera tan rotunda, Julián Igualador confesó tras la Guerra Civil ser el autor material del asesinato de Luis Rodríguez Manteola. Estas declaraciones fueron realizadas por el propio Igualador ante los servicios de seguridad franquistas el 20 de octubre de 1939, desconocemos si hubo tortura o no por parte de la Policía franquista para forzar la confesión. Lo que sí sabemos es que terminada la guerra Igualador permaneció en libertad hasta finales de agosto de 1939, fecha en la que un juez dictó una orden de busca y captura contra él y contra Alberto Palmer. Ambos fueron arrestados aquel verano y sometidos a un Consejo de Guerra. 

Enrique Juez y su versión

Conozcamos ahora la versión de Enrique Juez, el otro soldado que intervino en la ejecución de Rodríguez Manteola. Este individuo tenía 26 años, era soltero y residía en el número 43 de la calle Mesón de Paredes. Su profesión antes de la guerra nada tenía que ver con la de militar sino que se dedicaba a trabajar el cuero fabricando bolsos y cinturones. Se afilió a la UGT en octubre de 1936 y al igual que Rodriguez Manteola se incorporó al Batallón Alpino en enero de 1937. Leamos ahora su declaración ante la Causa General en octubre de 1939:

"El comisario de la Compañía dio la orden de llevar al soldado Rodríguez Manteola por la carretera de Cotos al Puerto de Navacerrada en Dirección a la Comandancia pero se nos dijo que el soldado no llegase nunca a su destino". 

En su declaración Enrique Juez también reconoció que Julián Igualador fue la persona que hizo los disparos contra Rodríguez Manteola aunque afirmó que él también participó en los disparos y que tras asesinarle, tiraron su cadáver por un terraplén. Esto sucedió a última hora de la tarde cuando ya se encontraba anocheciendo. 

Tras llevar a cabo el asesinato, Igualador y Juez llegaron ya sin el soldado Rodríguez Manteola hasta el Puerto de Navacerrada donde fueron recibidos por el Teniente Francisco Molina que estaba al corriente de la 'misión' que tenían que llevar a cabo. Tras preguntarles por su cometido, Igualador aseguró haberlo cumplido, por lo que pidió telefonear hasta Cotos para comunicar al Capitán Velázquez y al comisario político que habían cumplido la orden sin "mayores sobresaltos".
Hotel Victoria en Navacerrada

Al día siguiente, a primera hora de la mañana, el sargento Igualador y el soldado Juez regresaron hasta el lugar en el que habían asesinado a Rodríguez Manteola con la intención de enterrar su cuerpo. Acudieron a la zona acompañados por otros dos soldados que participaron en el enterramiento. Arrebataron a Rodríguez Manteola todos sus objetos personales y la documentación particular (cartilla identificativa y de racionamiento) para que nadie pudiera descubrir más adelante qué soldado se encontraba bajo tierra con más de cinco impactos de bala. Sabemos que Enrique Juez se desharía de la pistola con la que disparó a Rodríguez Manteola en el tramo final de la Guerra Civil tras vendérsela a otro soldado del Batallón ya que él tenía previsto incorporarse al Cuerpo de Intendencia. 

Peces Barba padre, trató de investigar

Oficialmente, dentro del Batallón Alpino se comunicó que Rodríguez Manteola había muerto tras intentar desertar a los nacionales que se encontraban en la zona de los pinares de Valsaín. Aunque se trató de llevar con discreción el asunto, los componentes de la 4ª Compañía sabían que se había producido el asesinato de manera predeterminada. 

Dos semanas después del asesinato, Peces Barba (Presidente del Tribunal Militar) se presentó en el Puerto de Cotos con su coche oficial después de que el hermano de Rodríguez Manteola le comunicara que Luis temía por su vida. Tras llegar al puesto de mando de la 4ª Compañía fue informado de que el soldado había fallecido por un "intercambio" de disparos cuando trataba de pasarse al enemigo. Peces Barba había llegado demasiado tarde. 
Escrito desde el Batallón Alpino en 1938 sobre el soldado
Rodríguez Manteola

Con cierto sentimiento de culpabilidad, tomó la decisión de abrir una investigación oficial para esclarecer la muerte de Rodríguez Manteola y averiguar los nombres de los implicados. Desde el Batallón Alpino se trató de tapar de todas las maneras posibles el crimen y el primero en ocultarlo fue el por aquel entonces Mayor del Batallón, Alejandro Gutiérrez quién envió un escrito a Peces Barba. En ese escrito relataba que el 30 de diciembre de 1937, Rodríguez Manteola fue muerto "al intentar pasarse al enemigo y ser sorprendido por la tropa de su Compañía que hicieron fuego contra él, causándole la muerte, según el parte del Capitán de dicha compañía". Obviamente el escrito del máximo responsable del Batallón Alpino era una gran mentira ya que la víctima llevaba muerta más de un mes y en ningún momento se había intentado pasar a los nacionales. 

Pese al escrito del Jefe del Batallón, Peces Barba mandó declarar ante el Tribunal Militar a todos los implicados en la muerte. Entre ellos declaró Jesús Velázquez, el capitán de la 4ª Compañía en la que estaba Rodríguez Manteola. En esta declaración Velázquez mantenía la misma versión que su Jefe diciendo que el soldado había intentado pasarse al enemigo muy cerca de la Peña Citores. Calificaba a Rodríguez Manteola como un sujeto "indisciplinado que protestaba con suma frecuencia por asuntos pequeños" y que le tenían como una persona "sospechosa", teniéndole sometido a "vigilancias". 

El cabo Ángel Juberías también declaró ante Peces Barba. En esta ocasión  relató la que supuestamente era la versión oficial de la muerte de Rodríguez Manteola, una versión totalmente inventada. Aseguró que él se encontraba de guardia en Cotos durante la noche previa al crimen, cuando se percató de la ausencia del soldado. Acto seguido llamó al sargento Julián Igualador (que estaba durmiendo) para informarle de la desaparición de un hombre de su Compañía. El suboficial supuestamente realizó una batida para dar con Rodríguez Manteola dando con él en las inmediaciones de los pinares de Valsaín, muy cerca de las posiciones nacionales. Según Juberías realizó varios disparos acabando con su vida antes de que consiguiera desertar. 

Tras estas y otras declaraciones, a Paces Barba no le quedó más remedio que dar por cerrado el caso de Rodríguez Manteola en el verano de 1938, ocho meses después de su asesinato. Hemos tenido acceso a la sentencia de Peces Barba que dice lo siguiente: "Ha quedado plenamente demostrado que las fuerzas que causaron la muerte del soldado Rodríguez Manteola lo hicieron en cumplimiento de su deber, cumpliendo previamente con las formalidades militares y reglamentarias y evitando que llegase a realizar el delito que pretendía realizar".

Terminada la Guerra Civil, Peces Barba también declararía pero en este caso ante las tropas de Franco por el asunto Rodríguez Manteola. Dijo que no recordaba "en concreto" este caso porque durante toda la contienda ayudó a un gran número de soldados que se encontraba perseguidos y no podía recordar el nombre de los mismos. En relación a la investigación que puso en marcha en 1938 para esclarecer el asesinato, dijo que al igual que otros casos, no había pruebas concluyentes para hablar de un crimen de estas características.

Terminada la guerra

Varios de los implicados en el asesinato de Rodríguez Manteola fueron detenidos una ve terminada la Guerra Civil. El autor material de su muerte, el sargento Julián Igualador fue fusilado el 17 de julio de 1940 en las tapias del Cementerio Este de Madrid. También fue fusilado ese mismo día el otro militar republicano que participó en el crimen: Enrique Juez de Diego.

Jesús Velázquez Bellido, capitán de la 4º Compañía del Batallón Alpino, y uno de los instigadores del asesinato, también murió fusilado en el Cementerio Este el 1 de julio de 1940. No tenemos tan claro lo que sucedió con el máximo responsable del Batallón Alpino, Alejandro Gutiérrez Rivera una vez terminada la contienda. Solo sabemos que en octubre de 1939 estaba preso.
Con un círculo, Alberto Palmer en la cárcel de Yeserías
tras la guerra. 'El Batallón Alpino del Guadarrama'

Lo mismo sucedió con Alberto Palmer Xamena, comisario político del Batallón que también estuvo en la cárcel de Yeserías con otros miembros de la unidad como se puede ver en una fotografía que hemos obtenido del libro: 'El Batallón Alpino del Guadarrama' de Jacinto M.Arévalo. Con todo, creemos que Palmer sobrevivió a la posguerra e incluso hemos observado que en el año 1949 patentó un invento llamado "Juguete de Gravedad". También sabemos que en agosto de 1969, un individuo llamado Alberto Palmer (podría ser el comisario del Batallón Alpino) participó en la travesía a nado de la Laguna de Peñalara con 64 años de edad y perteneciente al club  'Deportiva Excursionista'. Estuvo casado con una mujer llamada Elena Trompeta.

Otras víctimas del Batallón Alpino

El soldado Rodríguez Manteola no fue la única víctima del Batallón Alpino. Otra persona que perdió la vida durante la contienda en la Sierra de Guadarrama fue Gonzalo Blanco Caro, un joven escritor de 23 años, colaborador de la revista Blanco y Negro e hijo de Belmonte Caro, redactor jefe de ABC. Blanco Caro, antes de la guerra, era miembro de la Sociedad Española de Alpinismo de Peñalara. 
Según declararía ante la Causa General Antonio Bernal, su cuñado, fue asesinado por orden de Alberto Palmer a finales de 1938 acusado de espionaje. Palmer, que además de ser comisario político del Batallón era miembro del SIEP, le acusó de ser miembro del servicio de información de Falange. 

Al parecer dos guerrilleros mandados por Palmer se presentaron ante la compañía de Blanco Caro para decirle que le habían destinado a Valencia a una fábrica de Armamento, ya que él había cursado los estudios de técnico industrial. Fue trasladado en coche en dirección Villalba y en el cruce de las carreteras de Collado Mellado con la carretera de la Granja fue ejecutado a sangre fría. Su cadáver fue trasladado a Torrelodones. Sobre su asesinato también ha escrito Pedro Corral en su libro 'Desertores, la guerra civil que nadie quiere contar'.

Tres asesinados tras una deserción

La mayoría de ejecuciones del Batallón Alpino del Guadarrama tuvieron lugar entre otoño de 1937 y otoño de 1938. Al igual que a Rodríguez Manteola (2º Compañía), en la 1º Compañía también se produjeron asesinatos como los de Emiliano Aguado Salvador, José María Muñagorri Alcorta y Ángel Alonso de los Santos. Según se dice en la Causa General, el capitán de la 1º Compañía, Ángel Tresaco Ayerra ordenó ejecutar a sangre fría a estos tres soldados acusados de ser derechistas el día después de que se evadiera a zona nacional el soldado Chavarri Aburto. Según un miembro de esta compañía (José Luis Mena Montesinos), los autores materiales del crimen fueron Juan Pereira Menéndez y Carlos Herrera Almodóvar, ambos ejecutados tras la guerra. También estuvo implicado en los asesinatos un tal Francisco Hurtado.

Tenemos a nuestra disposición la declaración ante la Policía franquista de Carlos Herrera Almodóvar el 16 de enero de 1942. Afiliado a la UGT antes de que empezara la guerra, Herrera trabajaba como camarero en un bar de la Corredera Baja (nº 30) de Madrid. Su trayectoria por el Batallón Alpino fue distinguida, especialmente en la 1ª Compañía donde recibió la orden, a finales de noviembre de 1937 junto con Juan Pereira, de tomar las medidas oportunas para frenar las deserciones. En esta declaración relata que el capitán Ángel Tresaco dio la orden de asesinar a los tres soldados en cuestión. Herrera reconoció haber ayudado a engañarles (diciéndoles que tenían que marchar a otra posición de la sierra), pero que los disparos los habían realizado por la espalda Pereira y Hurtado.
El Capitán Ángel Tresaco / Desnivel

Emiliano Aguado Salvador era empleado del Banco Internacional de Industria y Comercio. Muñagorri Alcorta se incorporó al Batallón Alpino después de haber trabajado para la delegación de Euzkadi en Madrid. Previamente había sido detenido tras el asalto a la Embajada de Finlandia. Su cadáver fue exhumado de una fosa de la zona de Siete Picos con un tiro en la nuca. Ángel Alonso de los Santos había sido empleado de la Editorial Espasa Calpe. En el año 1941 el Juzgado Militar número 4 de Madrid convocó a los familiares de estos tres jóvenes para recabar más información sobre su muerte
.
Sobre el Capitán Ángel Tresaco (supuesto instigador de los asesinatos), diremos que antes de que empezara la Guerra Civil era uno de los pioneros de la escalada española. De hecho, antes de comenzar el conflicto  escribía en la Revista Ilustrada de Alpinismo Peñalara que editaba la sociedad del mismo nombre. Llama la atención que en el año 1931, seis antes de que empezara la guerra, escaló junto con Teógenes Díaz  la cara sur del Naranjo de Bulnes. Curiosamente, Teógenes Díaz también formó parte del Batallón Alpino como comisario político antes de la llegada de Alberto Palmer. 

El Capitán Tresaco fue encarcelado tras la guerra y tras ser puesto en libertad se marchó a vivir a Bilbao y más adelante a Burgos. En el año 1977 participó en la inauguración de la fuente de los Peñalaros en Camarmeña. Murió en el año 2004. 

Teógenes Díaz, su compañero del alma y comisario político del Batallón, también sobrevivió a la posguerra en la cárcel, aunque participó como preso en la construcción del Valle de los Caídos. Este comunista reconocido, fue acusado de preparar el asesinato del cadete de infantería Rafael Larraz de Redondo en abril de 1937. Al parecer el joven cadete trató de pasarse a zona nacional desde la 'Casa Fortificada', una posición de vanguardia republicana que se encontraba en las Siete Revueltas. Por este motivo, fue detenido e inmediatamente fusilado en la Fuente de los Geólogos, en la carretera que va al Puerto de Navacerrada.

El alcalde de Cercedilla pidió colaboración

Leyendo la hemeroteca de ABC, llama la atención que en septiembre de 1939, el alcalde Cercedilla publicó un anuncio en el que se pedía la colaboración ciudadana. En ese anuncio, Francisco Segovia afirmaba que durante el 10 y 11 de diciembre de 1938 fueron asesinados nueve soldados del Batallón Alpino de la tercera compañía (1º y 2º sección) llegados al Puerto de Reventón. Al parecer "carecían de carnet rojo" y eran sospechosos de ser de derechas. En el anuncio se indica que se conocía el lugar donde estaban enterrados (los 9 juntos), aunque no se sabía el nombre de las víctimas.

Fuentes consultadas

- FC-CAUSA_GENERAL,1561,Exp.17
- FC-CAUSA_GENERAL,1561,Exp.18
- El Batallón Alpino del Guadarrama, Jacinto M Arévalo
- Desertores, la Guerra Civil que nadie quiere contar, Pedro Corral
- Hemeroteca Nacional
- Hemeroteca ABC
- Biblioteca Virtual de la Defensa

jueves, 17 de noviembre de 2016

La muerte del teniente Mónico, ¿linchamiento público o suicidio?

Ernesto Mónico, Archivo Central del Estado Italiano
El teniente aviador Ernesto Mónico fue la primera víctima mortal de Italia en la Guerra Civil Española. Su muerte, el 30 de agosto de 1936, está envuelta en un halo de misterio que todavía hoy no ha podido resolverse. ¿Fue realmente Mónico linchado por los milicianos que le capturaron tras saltar en paracaídas cerca de Talavera de la Reina o decidió suicidarse antes de que fuera hecho prisionero?

En este nuevo artículo de www.guerraenmadrid.com trataremos de responder a estas preguntas sobre una muerte que generó un intenso conflicto diplomático de carácter internacional en el que se verían envueltas tanto la España de Franco como la II República. Por otro lado, trataremos de esclarecer otras muchas cuestiones sobre este episodio desconocido de la contienda como son la fecha exacta de la muerte de Mónico o si verdaderamente fue el primer italiano que perdió la vida en la guerra. Algunas personas dirán que  el primer italiano en caer fue el teniente Dante Olivero que falleció el 3 de septiembre de 1936. Pues bien, nuestro protagonista falleció tres días antes que Olivero y su muerte se produjo tras un combate aéreo al sur de Talavera. Dante, por su parte, perdió la vida tras estrellarse su avión en  las inmediaciones de la base aérea de Tablada (Sevilla).

De la vida de Mónico antes de participar en el conflicto español no se sabe demasiado. Tenemos conocimiento de que había nacido en la localidad de Altavilla, muy cerca de Vincenza, donde actualmente existe una calle en su memoria. A sus 29 años, el teniente Mónico había llegado hasta Melilla, ciudad controlada por los franquistas, el 14 de agosto de 1936. Llegó junto con otros 17 pilotos de la Regia Areonáutica Italiana casi de manera clandestina en un carguero que había partido del Puerto de la Spezia (Italia) con una docena de cazas italianos Fiat CR32 que estaban desmontados. Decimos que los pilotos llegaron de manera 'casi clandestina' porque todos los miembros de la expedición llevaban pasaportes falsos. Mónico se hacía llamar el "Señor Prety".

Gracias a las fotografías que hizo durante la travesía hasta Melilla el capitán Vicenzo Dequal, hemos podido ver el rostro de Mónico antes de llegar a territorio español. Durante aquella calurosa travesía hasta Melilla el joven, atlético y sonriente piloto italiano ni siquiera se le pasó por la mente lo que iba a sufrir en apenas unas semanas en las tierras áridas de Castilla la Mancha. A las pocas horas de llegar a Melilla, el cónsul italiano en Tetuán recibió a sus pilotos que fueron inmediatamente inscritos en el Tercio de Extranjeros, marchándose días más tarde hasta Nador. Desde allí serían trasladados hasta la base aérea de Tablada en Sevilla donde las tropas nacionales ya controlaban la ciudad.
Mónico en el barco de camino a España en agosto de 1936

En la capital andaluza los italianos formaron una primera escuadrilla en la que se dedicaron, entre otras cosas, a proteger a la infantería franquista de posibles ataques aéreos en las operaciones de Andalucía o dando escolta a los bombarderos S.81 que ya estaban empezando a actuar. Estas primeras acciones en las que participaron Mónico y sus compañeros fueron especialmente difíciles para los pilotos italianos, sobre todo desde el punto de vista de la orientación ya que casi todos los cazas carecían de brújulas y sistemas de navegación.

Una arriesgada misión sobre Madrid

A finales de agosto, a varios de los pilotos italianos les ordenaron desplazarse hasta Cáceres y luego a Navalmoral para participar en un gran número de operaciones próximas al frente de Madrid. El 30 de agosto los Fiat CR 32 de Ernesto Mónico y el sargento Castellani regresaban a su base en Navalmoral  tras haber realizado, según el mando italiano, "una arriesgada misión aérea" sobre el frente de Madrid. Se trataba de una misión de reconocimiento que tenían que hacer sobre el aeropuerto de Barajas y los aeródromos de Cuatro Vientos, Getafe y Alcalá de Henares. Al final de la misión, también tenían como objetivo bombardear el aeródromo de Talavera, ciudad que los franquistas se harían con el control el 3 de septiembre. Fue precisamente a altura de Talavera,  cuando los cazas italianos fueron sorprendidos por tres Dewoitine republicanos con los que mantuvieron una desigual batalla. Los Dewoitine salieron victoriosos del combate aéreo y dañaron considerablemente el caza de Castellani que, pese a tener un gran número de impactos de bala, consiguió tomar tierra y fue salvado de manera milagrosa por un grupo de Regulares.

El CR32 de Mónico no tuvo tanta suerte y se incendió casi por completo en el aire. El aviador italiano logró saltar en paracaidas, cayendo a las afueras de Talavera, en la zona sur de la ciudad, territorio todavía controlado por los Republicanos que se batían a duras penas con los franquistas. Antes de comprobar que es lo que sucedió con Mónico tras saltar en paracaídas, veamos como describió este combate aéreo en el cielo de Talavera de la Reina el Coronel Bonomi,  el por aquel entonces, máximo responsable de los pilotos italianos en España: 
Imagen de civil de Ernesto Mónico

"El 4 de septiembre de 1936, el teniente Ernesto Mónico, en patrulla con el sargento Castellani, despés de haber realizado una arriesgada misión aérea sobre Madrid, en el trayecto de retorno son sorprendidos por tres aviones Dewoitine cerca de Talavera de la Reina. Cuando se dan cuenta, los tienen en cola. Es demasiado tarde, aunque están al límite de su autonomía aceptan el combate. Mónico no puede hacer otra cosa que lanzarse en paracaídas. Esta en territorio enemigo y apenas toca suelo es capturado. Sometido a interrogatorio declara su nacionalidad, negándose a dar cualquier otra información sobre los pilotos italianos y de la Aviación Legionaria".

La fecha a la que hace referencia Bonomi no es la correcta. Dice que el combate se produjo el 04 de septiembre cuando en realidad se produjo el 30 de agosto, justo antes de la toma de Talavera por parte de los franquistas como veremos más adelante.

Las teorías de la muerte

Mónico cayó capturado inmediatamente por las tropas Frente Popular que estaban sufriendo lo indecible para defender de la mejor de las maneras sus posiciones en Talavera de la Reina (por aquel entonces llamada Talavera del Tajo). De lo que sucedió posteriormente con él, todavía hoy sigue siendo un misterio. Algunos libros como 'Historia Militar de España' de Hugo O´Donell apuntan a una ejecución pública del piloto italiano. Otros como el propio Coronel Bonomi explican los hechos de otra manera en su libro 'Viva la muerte' y sitúan el lugar en el que saltó en paracaídas a siete kilómetros de Talavera, frente a la localidad de Oropesa

"Hecho prisionero, un grupo de milicianos que había estado en retirada le mataron con un revólver. A continuación las tropas nacionales habrían localizado a sus asesinos y fueron fusilados",
Otras teorías son más sensacionalistas como la elaborada por Vincenzo Patriarca, otro piloto italiano que sobrevivió a la Guerra Civil pese a ser derribado días más tarde que Mónico:

 "Un informante nuestro fue testigo de los hechos e informó a nuestro comando en Cáceres. Nos dijo que había sido tratado de forma inhumana. Entregado a una multitud de mujeres enfurecidas que simpatizaban con los republicanos. Le arañaron, escupieron y le rasgaron la ropa. Bajo el sol ardiente, le unieron los brazos y piernas del arnes a cuatro caballos que se lanzaron cada uno en una dirección diferente. Descuartizado su cuerpo, la gente se volvió loca y complacida"
Causa General Las Herencias: aparición del cuerpo de Mónico
 Realmente no le vamos a dar mucha credibilidad a la teoría de Patriarca. Creemos que el piloto que derribó a Mónico en Talavera fue el as de la aviación republicana Andrés García Lacalle que en el verano de 1936 estaba participando en combates por Madrid y sus aeródromos en la sierra, Extremadura y el Valle del Tajo. Este dato lo hemos encontrado en el libro 'Ases de la Aviación Republicana' escrito por Rafael A Permuy López. En este libro se explica que el 1 de septiembre de 1936 García Lacalle fue ascendido a alférez después de haber derribado a dos Fiat CR32 italianos (se supone que días atrás). Esto demostraría que estos dos cazas italianos por los que fue condecorado Lacalle eran los de Mónico y Castellani. 

 Este episodio aparece recogido por la revista republicana 'La Estampa' del día 12 de septiembre de 1936 y aunque no hablan expresamente de Mónico, sí que dicen que tras el combate aéreo con el caza de García Lacalle, un piloto italiano consiguió saltar en paracaídas aunque al llegar a tierra "se suicidó" cuando iba a ser apresado por unos campesinos.

Desde www.guerraenmadrid.com apostamos por la teoría del suicidio y posiblemente por la ejecución a sangre fría a la que hacía referencia el Coronel Bonomi. Hemos tenido acceso a un expediente elaborado por la Causa General tras la guerra en la localidad cercana a Talavera de 'Las Herencias'.

Según el documento, a finales de agosto de 1936 fue encontrado el cadáver de Ernesto Mónico en la parte occidental del pueblo en una zona conocida como los 'Arenales del lobo'. El cuerpo tenía una "herida de bala en la sien derecha con salida en la parte alta del occipital" Mónico es descrito en esta Causa General como individuo de "robusto, pelo negro rizado, moreno de piel y vistiendo un mono de color caqui". Su cadáver fue trasladado al cementerio italiano para oficiales en Zaragoza. Teniendo una herida de bala en la sien con salida en el occipital, creemos que podría haberse disparado a sí mismo o bien que alguien le hubiera disparado en la cabeza a quemarropa. En cualquier caso, la versión de Patriarca del descuartizamiento queda totalmente descartada.

Un documento muy valioso

A los pocos minutos de la muerte de Mónico, fue enviado a inspeccionar su cadáver así como los restos de su avión, Moisés Gamero (PSOE), presidente del Comité del Frente Popular de Talavera de la Reina. El General José Riquelme le ordenó directamente a inspeccionar los restos de Mónico para recoger los documentos y órdenes que portase el piloto, así como las placas de la aeronave. Posteriormente se las llevó hasta el Ministro de Estado (Exteriores), Julio Álvarez del Vayo, el cual los emplearía ante la Sociedad de Naciones para denunciar la intervención italiana a favor de los nacionales.

También tenemos a nuestra disposición un breve artículo publicado el 6 de octubre de 1936 en el periódico de la CNT 'Solidaridad Obrera' en el que se hace referencia al derribo de Mónico. Este diario recoge la copia exacta de un documento que recogió Moisés Gamero entre los restos de Mónico. Al parecer era una orden firmada por el General Kindelán, fechada en Cáceres el 29 de agosto de 1936 en la que se decía lo siguiente:

 "Orden del Jefe del aire a jefes de escuadrilla. Asegurarán el servicio de 5.30 a 09.00 la escuadrilla Breguete. De 9.00 a 12.00 la escuadrilla Junkers. De 12.00 a 14.30 la escuadrilla Breguete. Las escuadrillas caza Niuport y Fiat estarán por turno en servicio de alarma, actuando por patrullas o parejas desde el aeródromo de Navalmoral". 

Avión italiano con una dedicatoria a Mónico en el fuselaje
La muerte de Mónico generó una gran repercusión a nivel internacional hasta el punto de que el Gobierno de Musollini "ordenó prudencia" a sus pilotos y les prohibió cruzar la línea de frente. Esta orden sentó francamente mal a los aviadores que consideraron denigrante esta orden que terminarían desobedeciendo la decisión de il Duce. Por parte del gobierno republicano, el derribo de Mónico sirvió para que el Ministro de Estado (Exteriores), Álvarez del Vayo demostrara ante la Sociedad de Naciones, con pruebas en la mano, que Italia estaba aportando material bélico y hombres al bando franquista.


El 29 de junio de 1937, diez meses después del derribo de Mónico, el diario ABC en su edición de Madrid (republicana) publicaba una noticia en la que se informaba a sus lectores de que el Ejército del Centro había captado un mensaje narrado por una emisora de radio italiana llamada Radio IMX. En ese mensaje se reconocía públicamente ante todos los italianos que 25 pilotos de este país habían muerto durante los primeros meses de la Guerra Civil. Entre esos 25 pilotos se facilitaba el nombre de Ernesto Mónico.

Hasta casi el final de la Guerra Civil la mayoría de pilotos italianos rindieron varios homenajes a Mónico. La mayoría de ellos llevaron el nombre de MÓNICO PRESENTE pintado en el fuselaje de sus Fiat, recordándole con el apelativo "ángel de la caza". Le fue concedida a título póstumo, la medalla al valor militar.

Fuentes Consultadas

- Archivo Histórico Nacional, Causa General
- 'Viva la Muerte', Coronel Bonomi
- Archivo Central del Estado Italiano
- Hemeroteca Nacional (La Estampa y Solidaridad Obrera)
- 'Ases de la Aviación Republicana', Rafael A Permuy
- 'Historia Militar de España', Hugo O´Donell
- Hemeroteca ABC