domingo, 4 de septiembre de 2016

Carmen Cabezuelo, la falangista que desapareció sin dejar rastro

Fotografía de Carmen Cabezuelo

A buen seguro que el nombre de Carmen Cabezuelo no le dirá nada absoluto a la mayoría de nuestros lectores. Pese a ello, en www.guerraenmadrid.com hemos decido sacar a la luz su historia durante la Guerra Civil, una historia que ha sido silenciada prácticamente por todos los medios de comunicación y que podría asemejarse con a la de las '13 Rosas' de las que se habla sin cesar todos los veranos. Por desgracia, el asesinato por parte de los dos bandos de cientos de personas anónimas y “poco mediáticas” sigue siendo silenciado por una parte muy importante de nuestros medios de comunicación social. 

Al empezar la guerra, Carmen Cabezuelo (natural de Sigüenza) tenía 25 años y residía en lo que hoy se conoce como urbanización Campo Real  en El Escorial (Madrid). Hija de Francisco Cabezuelo, administrador de la fábrica de chocolates 'Matías López' de esta localidad, Carmen era una de las máximas responsables de la Falange en la Sierra de Guadarrama, cargo que le convertiría en uno de los principales objetivos de los milicianos de la zona al estallar la sublevación militar del 18 de julio. Además, todo el mundo conocía que era novia de José María Alfaro (luego director del Diario Arriba), uno de los fundadores de Falange y persona de confianza de José Antonio Primo de Rivera. 

Sabemos por la denuncia que interpuso su padre ante las fuerzas nacionales una vez terminada la Guerra Civil, que Carmen Cabezuelo fue detenida el día 19 de julio de 1936 al mediodía y trasladada al Ayuntamiento de El Escorial por orden del alcalde socialista Dionisio Fernández- Salinero Ferro donde fue sometida a un interrogatorio. Posiblemente la persona que denunció a Carmen y comunicó con exactitud a los milicianos la dirección exacta donde podían encontrarla fue un obrero chocolatero de la fábrica donde trabajaba su padre llamado Carlos Vega con el que había tenido algún roce el progenitor de nuestra protagonista. 

Gracias a las gestiones realizadas por su padre y por los responsables de la fábrica de chocolates, Carmen Cabezuelo consiguió ser trasladada del ayuntamiento a la cárcel de San Lorenzo del Escorial, situada en el 'Salón de Coches' del mismo Monasterio. El encargado del traslado fue el propio alcalde de El Escorial.

A punto de ser ejecutada

Durante el tiempo que estuvo en prisión, Carmen fue sometida a malos tratos de palabra y a tres simulacros de fusilamiento, según relató tras la guerra Alfredo del Moral (pintor decorador) que había compartido prisión con ella. Uno de esos simulacros se llevó a cabo muy cerca de un pajar próximo a la fábrica de Chocolates. En el, un miliciano introdujo el cañón de una pistola en la boca de Carmen diciéndole que iba a matarla si no le decía los nombres de todos los falangistas de El Escorial. También le dijo que él mismo había asesinado a Alfaro, su novio, algo que no era cierto porque él se encontraba refugiado en la embajada de Chile de Madrid. Pese a lo impactante de la situación, Carmen sobrevivió a ese simulacro con una pequeña hemorragia en la cabeza y con un susto de espanto, circunstancia que le provocó que se agravaran unos problemas estomacales que tenía de niña. 
Fábrica de Chocolates Matías López de El Escorial

El alcalde de El Escorial fue consciente de estos simulacros, aunque existen ciertas dudas sobre el papel que jugó en el caso de Carmen Cabezuelo.  Según las declaraciones del padre de Carmen, Dionisio Fernández-Salinero hizo “un teatrillo” para hacer creer a la familia Cabezuelo que gracias a sus actuaciones, Carmen había salvado la vida. Una vez terminada la guerra, el alcalde fue ejecutado por la justicia franquista tras ser condenado a muerte. 

 En la prisión de San Lorenzo, Carmen Cabezuelo fue trasladada a la enfermería para solucionar sus problemas estomacales que le producían vómitos cada vez que ingería alimentos. Sin embargo, con el paso de los días fue mejorando su estado de salud y el trato recibido en la cárcel tal y como afirmaría su progenitor tras la guerra. El 4 de octubre de 1936 salió en libertad y se marchó a Madrid para recuperarse de sus problemas de salud. 

Veamos ahora unas declaraciones textuales del padre de Carmen que aparecen reflejadas en el magnífico libro escrito por Laura Sánchez Blanco 'Rosas y Margaritas' que dicen lo siguiente: 

“El alcalde la trasladó a Madrid en libertad el 4 de octubre, pretextando traerla a la capital para recluirla en un sanatorio, no siendo así. La dejó instalada en la calle Toledo, número 54 en el domicilio de unas tías suyas. Con frecuencia la visitaba el alcalde brindándole su protección. En una de esas visitas le participó que tenía que acompañarle a Guadarrama donde era reclamada por el Cuartel General Rojo. Allí fue encerrada en la biblioteca de un hotel, comunicándole que había sido condenada a muerte. Presentándose de madrugada un oficial, el mismo que le había anunciado su sentencia, y le dijo que había sido revocada, regresando a Madrid con el alcalde que se atribuía un nuevo triunfo. El oficial referido se franqueó ante ella como fascista”

Durante los meses de octubre y noviembre de 1936 Carmen gozó de cierta libertad residiendo en la calle Toledo de Madrid. Sin embargo, a finales de año fue arrestada una vez más por la Policía republicana y trasladada hasta una especie de cuartel policial situado en la carretera de San Francisco. En el momento de su detención se encontraba acompañada por su primo Domingo García López-Hernando. Según su padre, en este “cuartelillo” solo estuvo un par de días en los que Carmen se “ganó la confianza de los milicianos” que terminaron invitándole a que “les acompañara a comer cuando quisiera”. 

¿Refugiada o engañada en la embajada de Finlandia?

Como consecuencia de esta última detención, nuestra protagonista tomó la decisión de abandonar su domicilio en la calle Toledo y refugiarse en la embajada de Finlandia en la capital, donde ya se encontraban un gran número de derechistas y militares perseguidos por las autoridades republicanas. La embajada, que estaba situada en el número 21 de la calle Zurbano, estaba gestionada por un ciudadano español llamado Francisco Cachero López (había sido trabajador de esta legación) que se autoproclamó, tras la marcha de los diplomáticos finlandeses, cónsul honorario de Finlandia en España y encargado de negocios de la misma”. Según se dijo tras la guerra y así viene reflejado en el libro 'Diplomacia, humanitarismo y espionaje en la Guerra Civil' de Moral Roncal, Cachero no acogió de manera altruista a todos los refugiados y a muchos de ellos les pidió altas cifras de dinero para acogerles en los pisos que tenían bandera finlandesa. 
Carmen Cabezuelo antes de la guerra

No sabemos si Carmen Cabezuelo pagó o no a Francisco Cachero por alojarse en la embajada de Finlandia, lo que sí sabemos es que ella estaba allí el 03 de diciembre de 1936. Justo este día, las autoridades republicanas decidieron asaltar la embajada finlandesa con la excusa de que en su interior se alojaban miembros de la Quinta Columna y que se habían producido lanzamiento de bombas desde su interior hasta la calle. No era cierto. La verdad es que tanto Cachero como algunos miembros de administración republicana se estuvieron lucrando a costa de los asilados hasta que la situación se volvió ingobernable: no había suficientes víveres para todos (se calcula que unas 2000 personas) y además, los refugiados se habían quedado sin dinero. Este fue el verdadero motivo por el que finalmente se tomó la decisión de asaltar la embajada de Finlandia y los pisos irregulares que Cachero y sus secuaces habían montando dentro de Madrid.

En una checa comunista clandestina

 Cientos de personas fueron detenidas aquel 3 de diciembre de 1936 entre ellas Carmen Cabezuelo que fue trasladada hasta la cárcel de San Rafael en Chamartín, donde se había establecido una nueva prisión para mujeres desafectas y “enemigas del régimen republicano”. En esta cárcel se encontraba ya la madre de Carmen que había sido trasladada desde El Escorial. Posiblemente también se encontraba su hermana María, aunque este término no lo hemos podido confirmar hasta el momento. 
Cabezuelo pasó algunos días en San Rafael hasta que volvió a ser puesta en libertad a principios de 1937. Desconocemos los motivos por los que consiguió su libertad, sin embargo, el 20 de enero de este año fue arrestada de nuevo, “pese a ocultarse lo máximo posible”, según comentaría su padre. Su detención se produjo en la calle Alcalá junto a las Escuelas Aguirre. En esta ocasión no fue trasladada a ninguna prisión oficial sino que sus captores se la llevaron a una checa clandestina, conocida con el sobrenombre de 'El Castillo', situada según 'Rosas y Margaritas' en la calle Alonso Heredia (frente al número 12 moderno), esquina José Picón 6.

Muchos de nuestros lectores se preguntarán, ¿quién estaba realmente detrás de esta nueva detención de Carmen Cabezuelo? Sin duda alguna, un grupo de milicianos del Radio Este comunista de la Guindalera que llevaban semanas trabajando para acabar con los falangistas y tradicionalistas que permanecían emboscados en la retaguardia madrileña. Hemos podido saber que estuvo en 'El Castillo' durante más de un mes coincidiendo en esta checa con los miembros de la organización falangista 'Del Rosal' que acababa de ser desarticulada por las seguridad republicana (doce de sus miembros serían fusilados en Valencia más adelante). 
Croquis de la checa donde estuvo recluida
Carmen Cabezuelo

Durante estos días presa, Carmen contactó con Antonio del Rosal, máximo responsable de esta organización, al igual que ella falangista. Sin embargo, mientras que a Antonio le maltrataban constantemente sus captores, el trato que recibía Carmen era distinto. Según Víctor García Martín, estudiante de Oviedo que coincidió con Cabezuelo en el 'Castillo', ella gozaba “de cierta libertad en la checa”.   Esta versión contrasta con la que el propio Del Rosal transmitiría más adelante a María Cabezuelo (hermana de Carmen) que le dijo que también ella recibió malos tratos por parte de los responsables de la checa. 

¿La inteligencia rusa tras sus pasos?

Tomás Durán González, un agente de la inteligencia republicana, que a punto estuvo de ser captado por el NVKD soviético, afirmó tras ser detenido después de la guerra, que Carmen Cabezuelo “trabajaba para la Policía” aunque los milicianos que estaban en la checa de 'El Castillo' tenían “desconfianza de ella y no se atrevían a utilizarla por creerla con inteligencia superior, capaz de engañarles, recibiendo el encargo el declarante (Tomás Durán) de hablar con ella y dar su opinión”. Asimismo también dejó claro que Cabezuelo se encontraba en esta checa al convertirse esta en prisión de la Dirección General de Seguridad, ignorando si fue sacada de allí. Que el encargo de ponerse al habla con Carmen para determinar si era utilizable para el servicio, lo recibió de Colinas o de Víctor Ronda”. 

Durán afirmó no saber lo que sucedió con Cabezuelo tras la guerra. De hecho, después de que los miembros de la organización Del Rosal fueran trasladados de 'El Castillo' a la cárcel de San Antón, tampoco supo a ciencia cierta si ella también fue evacuada de la checa. Pese a todo, volvió a oír hablar de ella más adelante  en el Hotel Gaylord (calle Alfonso XI), donde el NKVD (servicios secretos soviéticos) tenían instalado su cuartel general. Uno de los jefes de la inteligencia soviética en Madrid, Josif Grigulevinch, conocido también por el nombre de José Ocampo, se refirió a Carmen Cabezuelo (según Tomás Durán) como si estuviese viva, “relacionándola con algunos nombres del complot Golfin Corujo”. Recordamos que la organización Golfín Corujo fue un grupo falangista desarticulado por los servicios policiales de la República en colaboración con los servicios secretos rusos. Estos últimos hicieron creer a la opinión pública que el POUM de Andreu Nin  estaba relacionado con este grupo, lo que supuso la detención y asesinato de este líder catalán. 

El hecho de que Carmen Cabezuelo pudiera haber recibido un buen trato en la checa de 'El Castillo' podría estar relacionado con una declaración que hemos podido leer en la Causa General de Luis Colinas, uno de los responsables de esta checa que fue detenido tras la Guerra Civil. Según su declaración, Carmen nunca pisó 'El Castillo', sin embargo, él tuvo conocimiento de que miembros de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) querían “haberse servido de ella como colaboradora”. Esta declaración la realizó Luis Colinas ante un Consejo de Guerra tras la contienda. También comentaba que Serrano Poncela (antecesor de Santiago Carrillo en la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid) tenía “pretensiones amorosas” con Carmen. Colinas  apuntó que había escuchado alguna versión sobre la desaparición de Cabezuelo y sugirió la posibilidad de que Poncela se la hubiera llevado al extranjero. 

Teorías sobre su desaparición

Otros testimonios de chequistas de 'El Castillo' contradicen las palabras de Colinas  que sin embargo, sí afirman que Cabezuelo estuvo dentro de esta checa comunista. Su padre se atrevió a aventurar ante la Causa General que Carmen estuvo en esta cárcel clandestina hasta el 3 de marzo de 1937, fecha en la que supuestamente fue puesta en libertad. De hecho, su progenitor recoge unas supuestas declaraciones de Carmen a los milicianos en el momento en el que fue liberada: “¿Ya me dejáis?  Que lo paséis bien y no molestarme más”. Sinceramente le damos poca veracidad a estas afirmaciones, ya que Cabezuelo no volvió a encontrarse jamás con su padre después de su etapa por 'El Castillo'.

Luis Colinas, uno de los responsables de 'El Castillo'
Tras su puesta en libertad en marzo  de 1937 nunca nadie volvió a ver a Carmen Cabezuelo. Volviendo de nuevo a la Causa General, vamos a mencionar otros testimonios que pueden ser de utilidad para comprender lo que le pasó a esta joven falangista. Según dijo Fernando Valenti en el consejo sumarísimo de urgencia al que fue sometido tras la guerra (su día fue Comisario de Investigación y vigilancia de la Policía republicana), “ignora cuando se hizo cargo del local de Alonso Heredia estuviera detenida una señora llamada Carmen Cabezuelo, si bien posteriormente y con motivo de la detención de la hermana, llamada María, el Víctor Ronda (otro policía) le dijo que la citada Carmen había sido 'picada' por una Brigada comunista, sospechando que fuera el propio Víctor Ronda y su brigada quienes realizaron este hecho”. Esta declaración de Fernando Valenti la hemos podido leer en el gran blog sobre la Guerra Civil 'Carta de Batalla'. Los dos, tanto Fernando Valenti como Víctor Ronda fueron ejecutados tras la contienda por las autoridades nacionales. 

Sobre lo que le sucedió a Carmen Cabezuelo desde aquel mes de marzo de 1937, fecha en la que desapareció para siempre, hay varias teorías. La más generalizada es la de su asesinato por parte de miembros de la checa de 'El Castillo'. Sin embargo, su propio padre dijo que habían llegado hasta sus oídos rumores de que en agosto de 1937 se encontraba detenida en las dependencias del SIM (Servicio de Información Militar) republicano en el Ministerio de la Marina de Madrid. También se comentó que había sido trasladada en septiembre de 1938 a Barcelona, en concreto a la cárcel del Castillo de Montjuic. Otras versiones incluso afirmaban que podría encontrarse en Francia o en un Gulag de la Unión Soviética. Pero la versión más extendida sobre lo que le pudo pasar a Carmen es la de su asesinato. 

Otro testimonio de interés

Hemos recogido otros testimonios que serán interesantes. Un soldado republicano llamado Julio Iraola denunció tras la Guerra Civil que una miliciana de la sierra de Madrid llamada Pilar Pérez Vidal se jactaba de haber sido ella la que había asesinado a Cabezuelo. Esta mujer, de 31 años, estaba casada con Ángel Peinado Leal, concejal del PSOE y comisario del Ejército Popular (sería fusilado por los comunistas tras el golpe de Casado en 1939). Al parecer, según la versión del soldado que actuó como escribiente para el Ejército Republicano, Pilar le dijo: “Estando yo de miliciana en la sierra y por falta de valor de los milicianos para asesinar a la señorita Carmen Cabezuelo López, tomé la decisión de hacerlo”. 

Como no podía ser de otra manera, tras la Guerra Civil, Pilar fue detenida por agentes franquistas del SIMP en su domicilio de la calle Mesón de Paredes, número 51. Obviamente, ante las autoridades militares, desmintió rotundamente haber asesinado a Cabezuelo aunque sí que reconoció que entre los meses de octubre y noviembre de 1936 residió en El Escorial, pueblo al que había acudido para acompañar a su marido (Ángel Peinado) que era Comisario Político. Curiosamente, en estas fechas Carmen se encontraba en Madrid y en libertad: tras dos meses en prisión, en esos meses estaba en libertad. En su declaración Pilar sí reconoció que era amiga del alcalde de El Escorial aunque dejó claro que no conocía a Carmen Cabezuelo y que no sabía que había desaparecido. 
José María Alfaro, novio de Cabezuelo

En los archivos de la sección femenina de Falange se apunta a que Carmen murió asesinada entre los días 3 y 5 de marzo de 1937. Asimismo se sabe que el Juzgado de Urgencia número 7 de la capital solicitó una declaración de Carmen Cabezuelo en febrero de 1937 por una investigación que estaba llevando a cabo. El juzgado pensaba que Carmen estaba todavía presa en la cárcel de San Rafael, cosa que no era cierta. En un documento que tenemos en nuestro poder hemos comprobado como los responsables de la prisión contestan al juzgado diciendo a fecha de 12 de febrero de 1937 que Carmen había sido puesta en libertad por parte de la Dirección General de Seguridad. Esto significa que ni siquiera las propias autoridades republicanas sabían a ciencia cierta lo que había pasado con Carmen Cabezuelo.

Esta es la terrible historia de una víctima de la Guerra Civil, Carmen Cabezuelo, una mujer que desapareció de la faz de la tierra en la primavera de 1937 con solo 25 años. Desde www.guerraenmadrid.com hemos querido sacar a la luz su nombre y su historia época, la actual, donde parece que las víctimas solo formaban parte de un bando. Las víctimas, queridos lectores, son siempre víctimas, luchen donde luchen. Carmen ni siquiera pudo luchar. 

Fuentes consultadas:

- Archivo Histórico Nacional (Causa General: Partido Judicial El Escorial, Checa Comunista la Guindalera, Checas de Madrid)

- Consejo de Guerra contra Tomás Durán González y Fernando Valenti. 

- Blog Carta de Batalla. 

- Fotografías de Carmen Cabezuelo, cortesía de Aulencia, en el blog Caballo de Batalla. 

- Rosas y Margaritas, Laura Sánchez Blanco

- Diplomacia , Humanitarismo y Espionaje durante la Guerra Civil, Antonio Manuel Moral Roncal. 
Hemeroteca Nacional

lunes, 1 de agosto de 2016

Los secretos del laboratorio militar de Chamberí durante la Guerra Civil

Trabajos en el Taller de Precisión de Artillería en 1937
Muchos de los lectores de www.guerraenmadrid.com seguro que han pasado delante de unas enigmáticas instalaciones militares situadas en el castizo barrio de Chamberí. En concreto, la entrada a las mismas está ubicada en el número 50 de la calle Raimundo Fernández Villaverde (antiguamente llamada Paseo de Ronda) aunque estas instalaciones engloban toda una manzana: calles Maudes, Alonso Cano y Modesto la Fuente. 

A pesar de que en la actualidad esta instalación militar ha adquirido cierto protagonismo ya que se van a construir allí pisos de lujo, lo que casi nadie conoce es que durante más de un siglo en su interior se hicieron todo tipo de pruebas militares. El lugar se conoce como el TPA (Taller de Precisión de Artillería) y fue levantado en 1899 con un diseño de lo más ambicioso según el prestigioso historiador Álvaro Valdés Menéndez, que ha elaborado recientemente una investigación minuciosa sobre el TPA. 

El taller se constituyó muy poco tiempo después de la pérdida de las colonias españolas en Cuba y Filipinas. Según el informe de Valdés, el Ministerio de la Guerra quería crear un centro similar al que ya existía en Francia, dedicado a laboratorio para mejorar tanto la calidad de la fabricación del armamento artillero como a la eficacia del mismo. Por este motivo, el Ministerio adquirió un solar de casi 10.000 metros cuadrados al marques de Santo Domingo. A partir de 1899 se empezó a construir el TPA en lo que fue un ambicioso proyecto arquitectónico con un estilo neomudejar.
Imagen actual de la entrada del taller

 Estas instalaciones militares, en la actualidad en desuso, están formadas por siete edificios que durante más de un siglo han realizado un sinfín de pruebas artilleras. Cada uno de los edificios se ha dedicado a una o varias cuestiones: laboratorio de pruebas mecánicas, taller de construcción y reparación, central eléctrica, laboratorio de análisis químico, pruebas de metrología...

El laboratorio durante la Guerra Civil

Después de esta breve introducción que servirá a los vecinos y visitantes de Chamberí a conocer un poco más la historia de su barrio, vamos a centrarnos en hablar del papel que desempeñó el Taller de Precisión de Artillería durante la Guerra Civil Española (1936-1939). Un papel hasta ahora desconocido y que por primera vez en la historia verá la luz a través de nuestro blog. 

En julio de 1936, fecha en la que empezó la Guerra Civil, el TPA se había especializado en la fabricación de aparatos ópticos militares, así como laboratorio de artillería. Trabajaban en las instalaciones una docena de oficiales del Ejército (mandados por un coronel apellidado Clavijo) y unos sesenta obreros civiles.  

A través del Archivo Histórico Nacional hemos podido leer las declaraciones que hizo tras la guerra un capitán de Artillería que estaba destinado en el Taller de Precisión durante la contienda. El oficial, que se llamaba Francisco Iriarte Folache, describió que los miembros de esta unidad no se acuartelaron el 17 de julio como en otros cuarteles de Madrid puesto que la plantilla era muy reducida y las instalaciones de Raimundo Fernández Villaverde solo estaban defendidas por seis fusiles corrientes y tres ametralladoras, que eran las que se utilizaban en ensayos de pólvora.


El capitán Iriarte de mayor
El 18 de julio de 1936, cuando ya todo Madrid conocía que se habían sublevado los cuarteles de la Montaña y Campamento, el Coronel Clavijo reunió a todos sus oficiales para explicarles la situación. En un primer momento, todos los tenientes y capitanes se mostraron partidarios de la sublevación aunque optaron por mantenerse a la espera para ver de qué manera podían ser más efectivos a la sublevación. Los únicos oficiales de la plantilla del taller que se mostraron en contra del movimiento fueron el teniente Eustaquio Mendoza y el capitán Manuel Goicoechea. El primero había participado en la sublevación de Jaca, hecho por el que años posteriores fue condenado a muerte aunque su pena sería conmutada tras la llegada de la República. 

El Coronel Clavijo tomó la decisión el mismo día 18 de julio (sábado) de colocar en la entrada de las instalaciones dos de las tres ametralladoras que disponía la unidad con el fin de que no fueran tomadas por la fuerza. Los oficiales que apoyaban la sublevación decidieron quedarse unidos en el mismo cuartel siendo ellos mismos los que establecieron turnos de guardia para controlar las ametralladoras. La orden de Clavijo era clara: si alguien trataba de tomar por la fuerza la instalación, deberían abrir fuego. 

No se produjeron novedades ni durante el 19 ni el 20 de julio por lo que no fue necesario disparar las ametralladoras. El lunes acudieron los obreros a trabajar con normalidad al taller que seguía siendo mandado por el Coronel Clavijo hasta que fue destituido de su cargo a principios de agosto, al parecer porque se conocía perfectamente en el Ministerio de la Guerra que simpatizaba con los sublevados. De esta manera fue nombrado nuevo máximo responsable del TPA el Teniente Coronel Gayloso, que simpatizaba con el bando republicano. 

Las consecuencias

Los oficiales que se quedaron en el Taller de Precisión siguieron trabajando en el mismo, aunque según el capitán Iriarte decidieron "boicotear" el material optico que muy pronto empezaron a facilitar al Ejército Popular. Con la detención de un capitán del taller apellidado Casalduero, las fuerzas de seguridad republicanas supieron que la mayoría de oficiales de la unidad eran partidarios de los sublevados por lo que en octubre de 1936, casi todos fueron cesados de su cargo.

Foto INTA. Taller de Precisión en 1927

Poco después de ser cesados, un gran número de oficiales que formaban parte del taller fueron detenidos y acusados de desafectos. Algunos de ellos llegaron a ser asesinados como el Coronel Castilla o el Comandante Rexach y el teniente Sáez. También fueron ejecutados sin juicio previo los capitanes Roig y Roldán y el teniente Álvarez Rodríguez.

 En el caso del capitán Iriarte, en octubre de 1936 fue detenido y trasladado a la espera de juicio a la prisión de Duque de Sexto. El 13 de enero de 1937 fue puesto en libertad ya que no había pruebas contra él, logrando refugiarse días más tarde en la Embajada de Chile donde estuvo refugiado hasta el final de la Guerra Civil. 

Con estas detenciones y asesinatos, la plantilla del TPA cambió por completo y a medida que avanzaba la guerra, los militares profesionales fueron abandonando poco a poco el taller para terminar controlándolo un comité de obreros. Sabemos que el taller funcionó durante casi toda la guerra, pasando a formar parte del Comité de Coordinación de los Servicios de Óptica. Allí se impartían los cursos de telemetría necesarios para los oficiales de remplazo y comisarios políticos que tenían que luchar en las unidades de Artillería del nuevo Ejército Popular. 

¿Qué sucedió con los protagonistas tras la guerra?

Francisco Iriarte Folache siguió haciendo carrera militar tras la Guerra Civil Española llegando a ser General. Fue director del TPA y máximo responsable del CETME (Centro de Estudios Técnicos y Materiales Especiales). 

Francisco Casalduero (detenido por ser desafecto) también terminó siendo General de Artillería, falleciendo el 27 de octubre de 1985. Combatió en Rusia con la División Azul. 


Eustaquio Mendoza Gallo, el teniente que se opuso a simpatizar son los sublevados del taller, fue juzgado tras la Guerra Civil por un tribunal militar y condenado a penas de cárcel. Fue obligado a dejar su carrera de militar hasta que muchos años más tarde, en 1982, un tribunal consiguió que a efectos de cobrar su pensión fuera readmitido y considerado "militar retirado". 

Fuentes consultadas:

- Archivo Histórico Nacional
- Boletín Oficial del Estado
- Biblioteca Virtual de la Defensa
- Informe de Álvaro Valdés Menéndez
- Hemeroteca Nacional (Diario Crónica)

jueves, 28 de julio de 2016

Alcobendas en la Guerra Civil: escenario de 'paseos' y ejecuciones injustificadas

Imagen antigua de Alcobendas / No se puede precisar la fecha
El término municipal de Alcobendas vivió una auténtica pesadilla durante la Guerra Civil Española, especialmente durante el primer año de contienda. Los descampados y carreteras aledañas a esta localidad al norte de Madrid fueron testigo de un sinfín de asesinatos, muchos de los cuáles todavía hoy no se han podido resolver. Llama la atención que a muy pocos kilómetros de Alcobendas se encuentra situado uno de los lugares de peregrinación de los nostálgicos de la Guerra Civil, el cementerio de Fuencarral donde descansan cientos de brigadistas internacionales que murieron durante el conflicto español luchando al lado de la República. 

 Entre julio de 1936 y marzo de 1937 aparecieron más de cincuenta cadáveres cosidos a balazos en las cunetas de las carreteras cercanas a Alcobendas. La mayoría de los asesinados procedían de otros puntos de Madrid, sin embargo,  cuatro vecinos del pueblo también formaron parte de esta lista trágica de ejecuciones arbitrarias y sin juicio alguno que se llevaron a cabo.

La primera víctima mortal de la Guerra Civil que apareció en el término municipal de Alcobendas fue uno de sus sacerdotes del pueblo. El cuerpo de Andrés Rodríguez Perdiguero apareció con varios impactos de bala el 19 de agosto de 1936 en la carretera de Francia según la Causa General. Según el blog 'Historias de las calles de Alcobendas', Andrés había nacido en 1898 (durante la guerra tenía 38 años) en esta villa. Poco antes de ser tiroteado había desempeñado el cargo de sacristán en la preciosa iglesia mudéjar de San Pedro el Viejo, conocida por San Pedro el Real, situada en Madrid capital. Otras fuentes como el libro de César Vidal llamado 'Paracuellos-Katyn' indican que también había ejercido como sacristán en 'La Paloma'. Sus restos se encuentran en el cementerio de Alcobendas enterrados en el mismo nicho que sus familiares Jerónimo, Valentina, Carmen y Manuel. 
Carretera de Francia donde se encontraron muchos cadáveres

Unos días más tarde, el 1 de septiembre también aparecía asesinado José Aguado Lussón, líder de Unión Patriótica de Alcobendas y una de las personas más odiadas por los partidos izquierdistas de la localidad. Sabemos de él que era miembro de la asociación religiosa Virgen de la Paz mientras que algunas web vinculadas con la extrema izquierda califican a José Aguado como "cacique" de Alcobendas y "financiador" de la "extrema derecha" del pueblo.  

Este mismo día 1 de septiembre fue linchado hasta la muerte en la Carretera de Colmenar el otro párroco de Alcobendas, Mariano Sebastián Izuel. Algunos portales de Internet dicen de él que había hecho campaña para la CEDA en las elecciones de 1934. Pocos datos sabemos más de Sebastian Izuel, tan solo podemos aportar que en el año 1910 impartía con frecuencia misas en la Parroquia de San Miguel Arcángel de Madrid aunque en 1911 ya estaba en Alcobendas. En la actualidad hay una calle que lleva su nombre. 

El último vecino de Alcobendas que murió asesinado durante la Guerra Civil fue un capitán de Veterinaria del Ejército llamado Francisco Sánchez López que también estaba muy vinculado con la CEDA. Su familia había denunciado su desaparición el 6 de octubre de 1936, pero las autoridades no encontraron su cuerpo hasta nueve días más tarde. Presentaba numerosos impactos de bala. Una concurrida calle de Alcobendas lleva su nombre actualmente.

Lugar de paseos 

Como antes hemos dicho, mientras se producían estos crímenes de vecinos de la localidad, el término municipal de Alcobendas se estaba convirtiendo en uno de los escenarios favoritos en el que milicianos descontrolados llevaban a cabo sus temidos 'paseos'. Un gran número de personas del norte de Madrid capital y de otros pueblos de la zona, acusados de ser derechistas, católicos o militares desafectos, eran trasladados en plena noche hasta la carretera de Francia, la de Chamartín o hasta La Moraleja para ser asesinados a sangre fría. Hemos tenido acceso a través de la Causa General al registro de cadáveres que fueron encontrados en este municipio durante la Guerra Civil y la lista de muertos asciende a más de cincuenta.
Relación de los cadáveres que aparecieron en Alcobendas

La mayoría de cadáveres que se recogieron en Alcobendas durante la guerra carecían de toda documentación por este motivo las autoridades judiciales no pudieron determinar la identidad de los asesinados. Los pistoleros que les habían matado a sangre fría les robaban todas sus pertenencias, haciendo imposible la identificación. En muy contadas ocasiones, los funcionarios judiciales sacaron fotografías de los asesinados que eran trasladadas hasta el depósito de cadáveres de la calle Santa Isabel de Madrid a donde solían acudir familiares de desaparecidos para buscar si entre las imágenes de los muertos estaban la de sus seres queridos.

Uno de los asesinatos más impactantes que se produjeron en Alcobendas durante la guerra fue el de Mercedes Fernández Molano, aristócrata madrileña y abuela de Margarita Gómez Acebo (Reina de Bulgaria) que con más de 65 años fue ejecutada en la Carretera de Chamartín el 18 de agosto de 1936. Su asesinato se produjo al mismo tiempo que el de la Marquesa de Cubillas, también con una edad similar a la suya. 

El caso de Mercedes Fernández Molano fue espeluznante ya que también fueron asesinados su hija y su yerno (Mercedes Cejuela y Fernández Molano y Manuel Gómez Acebo y Monet) en su finca 'La Arboleda' de Collado Villalba en el mes de noviembre de 1936. De esta manera, Margarita Gómez Acebo se quedó sin padres y abuela en menos de dos meses. 
Margarita Gómez Acebo y el Rey de Bulgaria

Otro de los crímenes que tuvieron lugar en el término municipal de Alcobendas fue el de un conocido industrial de la zona norte de Madrid llamado Juan Mao Díaz. Se produjo en el año 1937 y se trató de una terrible confusión por parte de unos milicianos y guardias de asalto que habían montado un control de carretera en las inmediaciones del pueblo. La Audiencia Territorial de Madrid fue la encargada de investigar el error de los milicianos aunque nadie pagó por ello. Antes de la contienda, este individuo ya tenía antecedentes penales por haber cometido algún tipo de robo en los ferrocarriles. 

En septiembre de 1936 también se produjo un crimen que todavía hoy no se ha podido resolver. El día 12 de este mes aparecieron en la carretera de Chamartín, en los muros del Monte de la Moraleja, los cadáveres del matrimonio formado por David Torcal de la Cruz, natural de Hortaleza y Micaela Mateo Cuevas, de Alcalá de Henares. No se trataba ni de terratenientes ni de personas adineradas, todo lo contrario. Eran personas muy humildes que vivían en una pequeña choza de cañizos y adobe situada cerca del Arroyo de Valdebebas. 

El desenlace de David (antiguo soldado raso de las guerras de África) y Micaela fue fatídico. Sin embargo, años anteriores ambos habían tenido que soportar una terrible tragedia: la muerte de sus dos hijos tras derrumbarse la casa en la que residían. Aquel suceso, que tuvo repercusión en la prensa de la época, tuvo lugar en 1928 y acabó con la detención (varios días) de ambos por negligencia.

Los perdedores en Alcobendas

Una vez terminada la Guerra Civil, la Causa General fue la encargada de intentar esclarecer los asesinatos que se produjeron en Alcobendas durante el conflicto. Con la colaboración del puesto de la Guardia Civil de la localidad así como de la sección de la Falange, se determinó que durante la contienda en Alcobendas había funcionado una especie de Comité de Investigación e Incautación. El máximo responsable del comité era el socialista Manuel García Moreno, que también estaba vinculado con la UGT. También formaban parte del mismo Alejandro de las Heras y Delfín Homobono René y los miembros de la CNT Ángel García Moreno y Manuel Mas Guadalix. 
Publicación en el Boletin Oficial

Aunque los informes sobre los miembros de este comité no fueron excesivamente negativos (no se les acusó directamente de los asesinatos de los vecinos de Alcobendas), sí que se afirmaba que gracias a ellos se produjeron las detenciones. . García Moreno fue detenido tras la guerra y encarcelado en la prisión de Colmenar Viejo hasta el año 1946.

Sobre Delfin Homobono René tan solo tenemos a nuestra disposición una notificación publicada en el Boletín Oficial de la Provincia de Madrid (5 de mayo de 1941) en la que se decía que este año estaba en paradero desconocido tenía que presentarse ante el Juzgado Militar de Colmenar Viejo para notificarle su procesamiento y obtener de él su declaración indagatoria. En esta notificación se decía que Delfín, vecino de Alcobendas, prestó "servicios como motorista con los rojos". 


Fuentes consultadas:

- Causa General
- Hemeroteca Nacional
- Hemeroteca Comunidad de Madrid
- Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid
- Kaos en la Red (Web)
- Historia de las Calles de Alcobendas (blog)


jueves, 31 de marzo de 2016

Operación San Francisco El Grande: el guardia civil que acabó con la Falange clandestina

Nave principal de San Francisco El Grande en 1937
El guardia civil Valentín de Pedro Benítez estaba destinado durante la guerra en el 4º Tercio de la Benemérita con sede en Madrid. Su vínculo con el Instituto Armado era muy grande ya que su padre había sido también sido miembro de la Guardia Civil al igual que dos de sus hermanos. Antes de que estallara la contienda, Valentín era conductor del Ministerio de Gobernación, puesto que ocupó hasta que fue nombrado Secretario del Comité Central Depurador de la Guardia Civil, el órgano que se encargaba de comprobar el grado de lealtad republicana de los miembros de la Benemérita. Su nombramiento tuvo lugar en enero de 1937 y se prolongó hasta abril de ese mismo año. Su hermano, Francisco de Pedro, con fama de violento y colérico, también formaba parte del Comité, aunque a priori, era un hombre de más acción, encargándose de efectuar las detenciones e interrogatorios.

En apenas unos meses, Valentín de Pedro (de ideología comunista) llegó a convertirse en una persona muy influyente dentro de la Guardia Civil de la República. Debido a sus actuaciones en el Comité Depurador, dejó de ser guardia civil conductor para ascender vertiginosamente a alférez (octubre 1937), luego a teniente y más adelante a capitán de la Guardia de Asalto. Estuvo destinado como subjefe de la Delegación de Madrid del Departamento Superior de Información del Estado (DEDIDE) cuyas oficinas se encontraban situadas en el número 33 de la calle O´Donell. Su jefe directo era José Romo de la Graja, subjefe de Policía de la capital.

Para quién no conozca realmente el papel del DEDIDE, les contaremos que había sido constituido por Cazorla y tenía como objetivos primordiales la obtención de información en materia de espionaje. De esta manera, Cazorla era el primero en conocer las maquinaciones que se producían en Madrid, así como los hallazgos de explosivos y el contraespionaje. 

San Francisco El Grande como depósito de obras

Como responsable de la 3º Brigada Especial de Contraespionaje del Ministerio de Gobernación, Valentín de Pedro tuvo sospechas de que en la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid podía estar trabajando de manera encubierta un grupo de la Falange Clandestina y personas contrarias a la República. No le faltaba razón. En esta preciosa basílica (con la cúpula más grande de España) se encontraba situado un grandísimo almacén del Patrimonio Artístico Nacional. Pese a encontrarse muy cerca de primera línea del frente de combate, en las naves de San Francisco el Grande descansaban cientos de obras de arte de una belleza inconmensurable. Al frente de ese almacén se encontraba el afamado arquitecto Francisco Ordeig Ostembach. 
Valentín de Pedro como capitán

Es cierto que muchos líderes de los partidos del Frente Popular y algunos miembros del gobierno republicano hubieran estado dispuesto a vender todo el patrimonio artístico español a cambio de conseguir dinero para comprar armamento y vencer a los militares sediciosos, no obstante en cierta manera triunfó la razón y se creo la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artistico en abril de 1937. Entre las funciones de la junta estaba la de velar por las obras de arte propiedad del estado español, por este motivo, muchas de estas obras fueron destinadas hasta San Francisco El Grande, donde fueron sometidas a un minucioso censo.

Para entonces, multitud de obras de artes habían sido incautadas por las organizaciones políticas y sindicales, destruidas e incluso apropiadas por los mismos milicianos a los que se les ordenaba hacer registros en domicilios y edificios públicos y que posteriormente saldrían de nuestro país en manos de los Brigadistas internacionales (como souvenirs) o en otras menos escrupulosas de traficantes de obras artísticas. En este contexto,  San Francisco el Grande ya funcionaba como almacén de obras de arte donde llegaron a custodiarse mas de 50000 obras hacinadas en la nave central y en los sótanos de la Basílica.

Pero volvamos de nuevo a la figura de Ordeig que como antes hemos dicho había sido nombrado responsable de este almacén de obras de arte en el corazón de Madrid. Su valedor había sido el Presidente del Comité Popular del Colegio de Arquitectos y Presidente conservador del Tesoro Artístico Nacional Alejandro Ferrant Vázquez, ambos amigos desde mucho antes de que estallara la Guerra Civil.  

Los logros de Ordeig y Ferrant

Por la influencia de Ferrant Vázquez, se impidió que el Ejército del Frente Popular instalase baterías de artillería en la Basílica de San Francisco el Grande. Los militares republicanos intentaron colocar estas baterías hasta en cinco ocasiones en el huerto del convento franciscano que mantenía la Basílica. Además, gracias a Ordeig y a Ferrant también se logró desmontar un observatorio republicano en lo más alto de la iglesia que tenía como misión principal controlar la llegada de aviación enemiga y contemplar el fluir del ejército nacionalista por las riberas del Manzanares.

Ordeig logró por mediación de Ferrant que los elementos más significados de la Junta de Protección del Patrimonio Artístico desconocieran gran parte de cuadros y  objetos de arte relevantes que se encontraban en la Basílica. Gracias a este hecho, lograron evitar su evacuación y que muchas de estas obras de arte terminaran siendo fiscalizadas por la Junta. Al mismo tiempo, consiguieron que un gran número de personas que simpatizaban con los franquistas fueran destinadas al almacén de San Francisco el Grande para trabajar supuestamente en el “estudio y la catalogación” de las obras de arte. 
Camión de la Junta del Tesoro Artístico de Madrid
El hijo de Ordeig, llamado Francisco Ordeig Pastells también colaboraba con la organización que poco a poco se fue constituyendo en la Basílica de San Francisco el Grande. Antes de la Sublevación, Ordeig Pastells era miembro de la Falange y nada más empezar la Guerra Civil empezó a colaborar con la Falange Clandestina que tenía hilo directo con el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) del bando nacionalista. Gracias a su mediación, pactó que se preservase del fuego franquista la Basílica. Eran conocedores de este pacto Alejandro Ferrant y otros agentes del SIMP miembros de la Junta del Tesoro Artístico como Matilde López Serrano, bibliotecaria del Palacio Nacional y el arquitecto Luis Martínez Feduchi, afamado por haber sido el autor del edificio Capitol de Madrid, situado en la Plaza de Callao. 

Dentro del depósito de obras de arte de San Francisco el Grande trabajaban algunos sacerdotes de la Basílica que ejercían “supuestamente” como restauradores del almacén. Todos estaban protegidos por un pequeño destacamento de guardias civiles que tenía como misión principal vigilar que nadie robara las obras de arte. Casi todos los miembros de la Benemérita que estaban allí conocían perfectamente los contactos con la Falange Clandestina de la familia Ordeig y del resto de trabajadores del depósito.

El principio del fin

Como antes hemos dicho, el ya teniente de la Guardia Republicana Valentín de Pedro tuvo indicios desde su puesto en la Brigada Especial de Constraepionaje de que en San Francisco El Grande podía estar pasando algo extraño. Imbuido de las formas de actuar de la NKVD (policía rusa), destinó a algunos de sus subordinados de  confianza al destacamento de la Guardia Civil (ya Guardia Nacional Republicana) existente en dicha Basílica, con la finalidad de infiltrarse y conocer desde dentro la forma de pensar de los que se dedicaban a aquella labor en tal depósito de obras de arte.

Gerardo Sanz Monzón y Emilio de la Visitación Villa, miembros de la disuelta Guardia Civil  y subordinados de Valentín de Pedro fueron destinados al destacamento de la Basílica de San Francisco el Grande presentándose al jefe del mismo, el Cabo Asterio Espejo, no solo como nuevos componentes del destacamento sino también como hombres activistas de Falange Española dispuesto a trabajar para el Ejército nacionalista. De esta manera estos guardias seguirían una de las tácticas preferidas de los consejeros policiales rusos consistente no solo en infiltrarse en los organismos disidentes sino constituirse en auténticos agentes provocadores dirigiendo grupos que se opusieran al régimen con la intención de obtener pruebas para poder culpabilizar.
Recorte de prensa con la sentencia

 Estos 'infiltrados' hicieron su trabajo e informaban pertinentemente a De Pedro de todo lo que sucedía en San Francisco el Grande. En la noche del 26 al 27 de mayo de 1937, en una gran operación policial, se detuvo a Francisco Ordeig, a su hijo y a un numeroso grupo de personas que trabajaban en el depósito de la Basílica acusados de “organizar un grupo de Falange” y “fomentar las actividades de espionaje”. En total fueron detenidas 38 personas entre las que se encontraba Alejandro Ferrant, que cuatro días más tarde sería puesto en libertad. La detención de estas 38 personas apareció en casi todos los periódicos y emisoras de radio de la época. 

 Debido a la 'Operación Policial San Francisco El Grande' se produjo un colapso enorme en las tareas de depósito de obras de arte de la capital. La Junta de Defensa de Madrid prohibió los accesos a la Basílica y finalmente, en septiembre Miaja ordenó la evacuación del personal civil y los objetos artísticos tanto de la Iglesia como del Palacio Nacional. 

La familia Ordeig y el resto de detenidos fueron trasladados a Barcelona donde fueron juzgados por el Tribunal Central de Espionaje y Alta Traición 
Estos fueron enviados a Barcelona y Valencia donde serían juzgados por el Tribunal Central de Espionaje y Alta Traición y condenados a diversas penas.  Francisco Ordeig (hijo) y a otras cuatro personas más fueron condenados a muerte en 1938 aunque su pena sería conmutada más adelante. 

Qué sucedió con los protagonistas

Sabemos que Francisco Ordeig Pastells se hizo doctor (especialista en neuro psiquiatría) tras la guerra, contrayendo matrimonio en el año 1962 con Emilia Aguilar Aznar en la Basílica de San Francisco el Grande. Murió en el año 1990 dejando a cinco hijos. Su funeral no se celebró en San Francisco El Grande sino en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores de la calle San Bernardo. 

Valentín de Pedro fue detenido por las tropas de Franco al término de la Guerra Civil a la edad de 25 años. Estuvo preso en las prisiones de Albatera, Conde de Toreno, Yeserías y Porlier y fue fusilado en el Cementerio Este de Madrid el 15 de febrero de 1941. Su hermano, el también guardia civil Francisco de Pedro, fue fusilado en 1939. 

Fuentes consultadas

- Archivo Histórico Militar Paseo Moret
- Archivo General de Ávila
- Causa General (PARES)
- Hemeroteca nacional
- Blog: http://quineseran.blogspot.com.es

miércoles, 10 de febrero de 2016

La historia secreta de la entrega de Madrid a los nacionales

Rendición de Madrid en Ciudad Universitaria / Buscame en
el ciclo de la vida.

La fotografía de la izquierda, aunque no es muy conocida, sí que ha aparecido en algunas páginas web y libros especializados. Es el punto final de la Guerra Civil Española, un punto final honroso y ante todo castrense que se llevó a cabo el día 28 de marzo de 1939. Sus protagonistas son el coronel republicano Adolfo Prada (chaquetón de cuero) y el coronel franquista Eduardo Losas (con chilaba) ante las ruinas del Hospital Clínico. Prada, acompañado por su estado mayor rinde Madrid a los nacionales dando por concluida una guerra fratricida terrible, quizás el peor acontecimiento en la historia de España.

La historia que vamos a contar a continuación habla de los momentos previos a la toma de esta fotografía y a los personajes que desde la clandestinidad trabajaron para que la Guerra Civil terminara de una vez por todas. Ya el día antes, el 27 de marzo de 1939, el servicio de propaganda de los nacionales en el Frente de Madrid anunciaron a los republicanos que para el día siguiente se preparaba una gran ofensiva con el objetivo de “liquidar la guerra”. Aquellos altavoces enormes apostados en las trincheras de Ciudad Universitaria y la Casa de Campo pedían a los milicianos que volvieran a casa, que no opusieran resistencia y que colaboraran con la Falange Clandestina que aquel día empezaba a controlar los principales servicios de Madrid como el Metro, las centrales eléctricas, el Canal de Isabel II o Telefónica. 

Aquella noche del 27 de marzo, el director del periódico anarquista CNT, García Pradas pudo apreciar como soldados de los dos Ejércitos confraternizaban en las inmediaciones del Parque de la Bombilla. El Teniente Coronel Zuleta (republicano) también informaría aquella noche de que gran parte de sus hombres se estaban pasando al bando nacional en la zona de la Casa de Campo. 
Con la intención de ganar tiempo antes de marcharse a Valencia y huir de España, Casado ordenó al Coronel Prada que fuera dialogando con la Quinta Columna la entrega de Madrid. El médico personal de Casado, Diego Medina, llevaba meses trabajando para los nacionales desde el Estado Mayor de Casado y él fue la persona que actuó de enlace para rendir la capital. Con Casado en Valencia y Melchor Rodríguez como alcalde en funciones de Madrid se preparó la entrega de manera oficial. 
Losas había informado a Diego Medina de la hora acordada en la que el Estado Mayor del Ejército Republicano tendría que presentarse ante los nacionales. Antes de marcharse a entregar formalmente Madrid, Prada dio un pequeño discurso por radio desde el mismísimo Ministerio de Hacienda, lugar en el que se encontraba Julián Besteiro: 

“Jefes, oficiales, soldados del Ejército del Centro, madrileños, dentro de breves horas cambiará el régimen político de Madrid. Agotadas todas las posibilidades de resistencia por parte del Ejército del Centro y al objeto de salvaguardar la vida del pueblo de Madrid y evitar el derramamiento inútil de más sangre de este valeroso ejército, sin beneficio para nadie, nos hemos visto obligados a aceptar las condiciones del enemigo. Entregaremos al mando el mando del mismo a nuestros adversarios. Tened calma y obedeced las órdenes de vuestros superiores, ya que contamos con la promesa de que nada tiene que tenmer quien no haya cometido delitos comunes. Y yo sé que mis soldados solo han combatido con lealtad en el campo de batalla. Me entrego con vosotros para responder por las tropas de mi mando y mi actuación personal. Y podéis tener la seguridad de que el mayor orgullo de mi vida es el de haberos tenido a mis órdenes. Viva España, Viva la República”. 

Con lágrimas en los ojos y tras despedirse emotivamente de Besteiro, el Coronel Prada emprendió camino a Ciudad Universitaria. La expedición que lideraba el militar republicano estaba formada por dos coches del Ministerio de la Guerra con dos banderas blancas cada uno. En los coches viajaban, además de Prada, sus ayudantes más cercanos como su hermano Eduardo, su secretario el Comandante Urzaiz, el Teniente Coronel Francisco García Viñals, el capitán Médico y miembro de la Quinta Columna Diego Medina Garijo, el hermano de Prada y dos escoltas apellidados Benítez y Escobar. 
Con chaqueta de cuero el Coronel Prada. Con chilaba Losas

Del libro la Guerra Civil en Ciudad Universitaria de Fernando Calvo González hemos extraído el relato de lo que sucedió con aquellos dos coches republicanos que se aproximaban a Ciudad Universataria. Al llegar a Reina Victoria, muy cerca del cruce con Guzmán El Bueno (a la altura de la Dirección General de la Guardia Civil hoy en día), “unos moros se subieron a los estribos de los automóviles y los guiaron hasta el lugar de la cita. Allí se adelantó el coronel Prada, saludó militarmente y en posición de firmes dijo 'Se presenta el Coronel Prada y su Estado Mayor para resignar el mando del Ejército del Centro'. El coronel Losas correspondió al saludo y preguntó: '¿Responde usted de que no habrá resistencia por parte de sus fuerzas? Prada contestó: 'He sido responsable hasta este momento del mando de mis fuerzas, pero de lo que suceda de ahora en adelante declino toda responsabilidad, si bien estoy seguro de que no habrá la menor resistencia' ".

La versión de la entrega de Madrid que hace Eduardo Losas en su libro es parecida a la de Prada aunque mucho más poética y un poco exagerada. El único dato de interés que aporta el militar franquista es que la hora de la entrega de Madrid fue las 13:00 y que los oficiales republicanos que se presentaron ante él, estaban acompañaban una escolta formada por tres guardias civiles y tres milicianos. 
Algunas versiones dicen que Prada y su Estado Mayor fueron tratados con cierta desconsideración por parte del Ejército Franquista a las pocas horas de entregarse. Todos los militares republicanos pasaron varios años en prisión y fueron sometidos a intensos Consejos de Guerra. Aunque Prada fue condenado a muerte, su pena sería conmutada y en el año 1962 fallecería de muerte natural. En la clandestinidad había formado parte de la Agrupación de las Fuerzas Armadas Republicanas. 

¿Quién formaba parte del Estado Mayor de Prada y que sucedió con ellos? 

Uno de estos militares que rindió Madrid era el Teniente Coronel de Caballería Francisco García Viñals, de 41 años, que antes de que empezara la guerra trabajaba codo con codo con el Coronel Ungría, que años más tarde sería el jefe del espionaje franquista. Durante la contienda sirvió en varias unidades republicanas como la Columna Guadalajara, la Tercera Sección del Ministerio de la Guerra, las Fuerzas de Defensa de Madrid y el Ejército del Centro. 

 García Viñals también fue sometido a un Consejo de Guerra y trató de desvincularse de haber participado en acciones de guerra. De hecho, uno de los puntos en los que basó su defensa, fue su papel en la entrega de Madrid el 28 de marzo de 1939. Para defenderse también trató de hacer ver al Tribunal que en todos los destinos en los que estuvo “contribuyó” a “penar toda violencia, iniciativas y acciones ofensivas, así como crear un ambiente favorable para los nacionales”.
Ruinas del Hospital Clínico durante la Guerra Civil


En www.guerraenmadrid.com hemos descubierto como García Viñals tomó la decisión de frenar para siempre un proyecto de construcción de una mina que se estaba llevando en el Vértice La Cumbre de Las Rozas que tenía como objetivo acabar con las líneas franquistas en esa zona. Era consciente de que la guerra estaba terminada y que una acción de esas características terminaría pasando factura. 
En los combates entre casadistas y comunistas, García Viñals a punto estuvo de ser fusilado por estos últimos el día 18 de marzo aunque finalmente fue puesto en libertad. Entre las muchas órdenes que dió las horas previas a la entrega de Madrid, destaca la de “apoderarse” del subsuelo de la capital con el objetivo de evitar posibles atentados comunistas coincidiendo con la entrada de los nacionales. Una dotación de la Guardia de Asalto se apoderó del alcantarillado de Madrid hasta que fue suplida por miembros de la Falange. 

Durante el Consejo de Guerra le echaron en cara que no se hubiera pasado a zona nacional, sin embargo, García Viñals afirmó que le fue imposible por un doble motivo: tenía una madre muy mayor viviendo sola en Madrid, no tenía a ningún otro familiar y por otro lado no estuvo apenas en primera línea de combate. En un informe confidencial encargado a miembros de la Quinta Columna, estos explicaron que habían tratado de contactar con García Viñals durante la guerra para captarlo, sin embargo decidieron no acercarse a él porque se encontraba muy vigilado por “elementos del Frente Popular”. 

La sentencia contra el Teniente Coronel García Viñals fue de lo más benévola. Fue condenado a la pena de tres años de prisión menor, junto con la suspensión de empleo militar. En el año 1942 ya estaba en libertad aunque desvinculado en cierta manera de las Fuerzas Armadas por haber servido a la República.

El Comandante Urzáiz Guzmán y el capitán médico Diego Medina

El Comandante del Ejército Popular Francisco Urzáiz Guzmán estaba muy  bien relacionado con el Comité de Defensa de la CNT y jugó un papel muy importante tanto para desestabilizar a los comunistas como para negociar la rendición de Madrid. En el tramo final de la guerra, este comandante de inválidos pasó información a algunas organizaciones quintacolumnistas que operaban en la capital con el objetivo de que la contienda terminara cuanto antes y finalizara así el hambre que se vivía entre la población civil. 
Con un círculo rojo, Diego Medina Garijo

La historia del médico militar Diego Medina Garijo durante la Guerra Civil  podría ser un guión televisivo de éxito. Podemos decir sin riesgo a equivocarnos que su mediación fue fundamental para que la guerra terminara en el momento en el que lo hizo. Pese a haber colaborado durante gran parte del conflicto con los servicios de información de Franco en zona republicana, terminada la guerra Medina fue detenido por la Falange acusado de haber traicionado a las tropas sublevadas durante el alzamiento del Cuartel de la Montaña en 1936. 

Un conocido falangista reconoció a Diego Medina en el Café Gijón de Madrid pocos días después de que terminara la guerra, manteniendo con él una acalorada discusión que acabó a golpes. El falangista,  acusaba  a Medina de “haber sido de los primeros elementos que entraron en el cuartel con las hordas roas, yendo de uniforme y habiéndole visto dar órdenes a las distintas patrullas marxistas que con él entraron en el citado cuartel”. Esta denuncia provocó su detención casi de manera inmediata por lo que sería sometido meses más tarde a un Consejo de Guerra, sin tener en consideración de que el doctor Medina había sido agente franquista en la retaguardia republicana.  

Antes de que empezara la Guerra, Diego Medina Garijo ocupaba el puesto de Capitán Médico de la Escolta Presidencial de Manuel Azaña. El 20 de julio de 1936, cuando se levantó en armas el Cuartel de la Montaña, consiguió un salvoconducto del presidente de la República para ayudar a los heridos de estos primeros enfrentamientos. Pese a la denuncia de este falangista, el doctor Medina organizó el traslado y la asistencia de los heridos supervivientes al Hospital del Buen Suceso y a la Clínica Militar de Urgencia. 

No comenzaría a colaborar con los nacionales hasta abril de 1937 cuando se puso a las órdenes de Fernando Ruiz Gálvez, enlace del jefe en la calle de la Falange Luis Serrano Novo y de Manuel Valdés Larrañaga. Según un escrito que presentó la Falange durante el Consejo de Guerra contra Diego Medina, éste prestó “relevantes servicios a nuestra Causa. Ha llevado a efecto cuantas misiones se le han encomendado tales como la hospitalización de nuestros camaradas, documentaciones falsas, inutilidades totales y parciales... Es persona de nuestra absoluta confianza aunque aparentemente, por razón del cargo que ha tenido que desempeñar como director de un hospital militar, no sea considerado totalmente afecto”. 
Artículo de antes de la Guerra que habla de Diego
Medina Garijo


Este aval firmado por Valdés Larragaña junto con otros relacionados directamente por el SIMP evitaron que Diego Medina estuviera más tiempo de lo previsto en arresto domiciliario. Pero volvamos a su etapa durante la guerra civil. Además de ser el jefe sanitario de la escolta de Azaña, fue nombrado director del Hospital de Gaseados de Madrid, siendo trasladado después a la Jefatura de Sanidad de la Primera División Orgánica de Madrid. 

En su declaración ante las autoridades franquistas explicó con minucioso detalle a las personas de derechas a las que había ayudado durante toda la Guerra Civil. Habló de cómo protegió a un capellán castrense  llamado Luis Foncillas que actuó como su secretario en el Hospital de Gaseados. También ayudado a las familias de militares perseguidos como una hermana del aviador Alejandro Mas Ganiende o la hija del General Altolaguirre. Además contribuyó a la creación de un Socorro Blanco organizado por la Jefatura de Sanidad de la Comandancia de Madrid para ayudar “a los compañeros separados de servicio y a los huérfanos y viudas”. 

También fue nombrado presidente del Tribunal Médico de los remplazos del 187 y 21. En esta ocasión, dio inútiles a todos los reclutas que le recomendaban. También relató que en octubre de 1938 fue requerido por dos agentes franquistas (Antonio Luna y Abraham Vázquez) para que prestara un servicio de índole militar y estratégico a la causa nacionalista. En su juicio, Diego Medina se negó a desvelar el contenido de este servicio por considerarlo secreto e invitó a las autoridades franquistas a que preguntaran a los responsables del Primer Cuerpo del Ejército por aquellos hechos de 1938. 

En el tramo final de la Guerra Civil, Diego Medina fue nombrado médico personal del Coronel Casado que por aquel entonces mandaba al Ejército del Centro y con el que tenía una relación de amistad. Al ser amigo de Casado de antes de la contienda, Medina fue amoldando poco a poco la personalidad del militar republicano y según relatan algunos testimonios, él fue el encargado final de convencerle para que se enfrentara a los comunistas en marzo de 1939. Durante aquellos días durísimos, Medina actuó casi a cara descubierta en Madrid entrevistándose casi a diario con miembros de los servicios de información franquistas que preparaban en la capital la entrada de los nacionales. Jugándose el tipo, finalmente consiguió participar en las negociaciones celebradas en Gamonal donde mantuvieron reuniones secretas el bando republicano y el nacional para finiquitar la guerra. 

Los últimos momentos de la guerra

El 28 de marzo de 1939, casi todo el mando republicano sabía que Diego Medina era un agente emboscado de Franco en Madrid. Por este motivo, el médico militar recibió órdenes de estar al lado del Coronel Prada en la entrega de Madrid con el objetivo de “evitar vacilaciones que hubieran podido generar un serio conflicto”.

Como antes hemos dicho, a los pocos días de terminar la guerra, Diego Medina se movía con cierta tranquilidad por Madrid. De hecho, tanto él como sus familiares le consideraban un nacionalista más pese a no haber combatido en el frente de batalla sino por haber trabajado en campo enemigo. Sin embargo, el incidente con el mencionado falangista le trajo algunos problemas a nivel social. Algunas personas con las que tenía antes una muy buena relación le veían ahora como “un traidor”. 

Entre mayo y agosto de 1939, meses en los que se celebró su Consejo de Guerra Medina vivió un auténtico calvario. Las autoridades franquistas querían comprobar hasta que punto había sido leal a su bando durante la guerra y por ese motivo fue interrogado en varias ocasiones por jueces y militares. Finalmente fue absuelto por el delito de auxilio a la rebelión aunque fue condenado a unos meses de arresto domiciliario por haber sido parte de la escolta de Azaña antes de la Guerra Civil.

Fuentes consultadas

Archivo Histórico Militar de Paseo de Moret
Archivo Militar de Ávila
Hemeroteca Nacional
Madrid, 1939, Luis Español Bouché.
La Guerra Civil en Ciudad Universitaria, Fernando Calvo
Así cayó Madrid, Segismundo Casado

viernes, 15 de enero de 2016

La deserción del Comandante Lloro en marzo de 1939, ¿traición a Franco o locura transitoria?


Aunque la historia del Comandante Ramón Lloro Regales es una de las grandes desconocidas de la Guerra Civil Española, lo hechos protagonizados por este militar franquista en marzo de 1939 sirvieron de inspiración a Alberto Méndez para escribir el libro ‘Los Girasoles Ciegos’. ¿Se imaginan a un oficial de alta graduación nacional desertando al bando republicano cuando la guerra ya estaba vista para sentencia? Eso fue lo que sucedió realmente en un episodio de lo más extraño que la España de Franco trató de ocultar de todas las maneras. Desde www.guerraenmadrid.com vamos a dar un poco de luz a estos hechos tras investigar profundamente el Consejo de Guerra al que fue sometido Lloro tras la contienda.

Antes de entrar de lleno en la deserción de Lloro en la recta final de la Guerra Civil, vamos a contextualizar su biografía que como veremos más adelante, será muy útil para entender este hecho. Ramón Lloro había nacido en 1896 en Ballovar, una pequeña localidad de Huesca de casi 900 habitantes. Hijo del Doctor Francisco, un médico rural que en 1930 se encargaba de la Campaña Antipalúdica del Bajo Cinca, en 1912 ingresó en la Academia de Infantería donde se forjaría como militar. Su progenitor había querido que siguiera los pasos de su hermano Carlos para corregir su carácter “rebelde y conflictivo”: con apenas diez años se escapó dos veces de casa por divergencias con sus padres.

Su hermano Carlos años más tarde se convertiría en aviador, coincidiendo en su promoción con el as de la aeronáutica española Joaquín García-Morato. Asimismo, la madre y la hermana de nuestro protagonista padecieron sendas enfermedades mentales (esquizofrenia) por lo que estuvieron internadas en dos sanatorios psiquiátricos, la segunda murió en el manicomio de la localidad de Reus (Tarragona) Pere Mata.

Un pasado cargado de problemas

Según consta en su hoja de servicios, tras salir de la academia como Alférez, Ramón Lloro Regales ascendería a Segundo Teniente de Infantería por promoción en 1915 y en 1922 a Capitán. Años antes de ser enviado al Protectorado de Marruecos (a mediados de 1922) tuvo que cumplir una pena de varios meses en prisión militar. En 1918 estuvo seis meses arrestado sin que se pueda determinar los motivos por los que estuvo internado en una cárcel castrense. En 1924 fue sometido a un tribunal de honor por parte del Cuerpo de Aviación, donde había ingresado al igual que su hermano. También fue expulsado en esta época del Centro del Ejército de la Armada por una deuda de juego y por haber mantenido un duelo de honor con un adversario en el que resultó herido su contrincante. En 1929 contrajo la sífilis, podemos intuir los motivos.

Según un artículo publicado por el profesor Virgilio Ibarz Serrat en el periódico ‘Alto Aragón’, Ramón Lloro se encontraba destinado en ‘Los Regulares’ antes de empezar la Guerra Civil, siendo enviado al Frente de Madrid en enero de 1937 (cinco meses después del inicio de la contienda). Por aquel entonces la ofensiva franquista sobre la capital se había detenido y se empezaba a estabilizar el frente madrileño en la Casa de Campo, Parque del Oeste y Ciudad Universitaria.
Con el número 12, Carlos Lloro Regales, hermano de Ramón

Antes de llegar a la capital, encontrándose en Tetuán, Ramón tuvo conocimiento de que su hermano Carlos había sido fusilado por los republicanos tras la sublevación de algunas guarniciones de Alcalá de Henares. Carlos se encontraba destinado en esta localidad en un cuartel del Ejército del Aire participando activamente en las confrontaciones que se vivieron durante los primeros días. Tras ser detenido por el Frente Popular, Lloro tuvo conocimiento de que fue asesinado en la cuneta de una carretera en julio de 1936.

Su llegada al Frente de Madrid en 1937

En enero de 1937, Ramón Lloro era Comandante y estaba habilitado a Teniente Coronel como máximo responsable del tercer regimiento de la 16º División Franquista (mandada por el famoso Coronel Losas).Ramón mandaba a más de 1000 hombres que combatían en primera línea, principalmente en la Casa de Campo, el Puente de los Franceses y las inmediaciones de la vía férrea situada en la entrada de Madrid. Su puesto de mando se estableció en el Cerro Garabitas, el punto más alto de la Casa de Campo donde se luchó de manera encarnizada durante toda la Guerra Civil y donde la artillería franquista bombardearía la capital casi a diario.

Desde que llegó al Frente de Madrid la relación entre Lloro y su jefe, el Coronel Losas, fue de lo más tirante. Aunque no sabemos con exactitud los motivos de esta tirantez, podemos intuir que el carácter complicado de Lloro y, en ocasiones, su falta de disciplina para tratar con sus superiores fueron las principales cuestiones que ocasionaron este desencuentro que fue aumentando a medida que avanzaba la guerra.

El motivo por el que la relación entre Lloro y Losas se rompió definitivamente fue que el segundo no quiso que nuestro protagonista tuviera mayor protagonismo en la Guerra Civil; durante algunos meses se especuló que podía mandar media Brigada, aunque finalmente no se consumó. Aunque Losas hizo alusión a que Lloro era “demasiado veterano” para hacerse cargo de media Brigada (tenía 43 años),lo cierto es que sentía una antipatía enorme hacia él, motivada entre otras cosas por su afición a la bebida. Nuestro Comandante fue apercibido al menos en dos ocasiones por Losas debido a esta circunstancia.


Central de telefónica en
el Cerro Garabitas
Una de las cosas que más le ofendió a Losas del comportamiento de Lloro fue que éste se saltara todos los protocolos posibles y se quejara de él públicamente ante el General Yagüe. Tanto Yagüe como el General Bartomeu se comprometieron a estudiar su caso, sin embargo, cuando quisieron mediar entre Losas y Lloro, la situación ya era insostenible y todo se había enquistado.

La tensión en la 16º División se respiraba entre todos los oficiales. A pesar de que muchos cuestionaban el liderazgo del Coronel Losas, casi todos los mandos de los regimientos nacionales que estaban desplegados en la Casa de Campo sabían que Ramón Lloro no tenía nada que hacer en su batalla particular contra el Coronel. La afición de nuestro protagonista por la bebida terminaría siendo determinante para que finalmente fuera relevado de su cargo cuando quedaba menos de un mes para que terminara la guerra.

Su destitución al frente del regimiento

Hemos tenido acceso al Consejo de Guerra al que fue sometido Lloro al término de la contienda y en él se relata con todo lujo de detalles lo que sucedió el 7 de marzo de 1939. A las 22:00 Lloro estaba a punto de irse a dormir en su puesto de mando del Cerro Garabitas después de haber ingerido una cantidad importante de alcohol, como era habitual en él cuando caía la noche. Justo a esa hora, el responsable de transmisiones del puesto de mando, Anastasio Ruiz Barrero de 25 años, le informó de que había recibido un telegrama.

En ese telegrama se le indicaba que cumplimentase la orden número uno reservada. A su regimiento le habían ordenado que continuara con una operación llevada a cabo el 28 de febrero de 1939 y que tenía como objetivo cortar la línea de fortificaciones enemigas en caso de producirse la rendición de las guarniciones republicanas o la evacuación de las mismas. Tras leer a toda prisa la orden, Lloro hizo que llamaran a su estado mayor en el que se encontraban los también comandantes de infantería Miquel Maldonado, Pedro Nicolau y Francisco Arriaga. Mientras les explicaba la orden, la central telefónica del Cerro Garabitas recibió una llamada telefónica del puesto de mando de la Comandancia de Infantería que estaba situada en la Plazoleta de la Casa de Campo. Al parecer, Losas quería reunirse urgentemente con Lloro.

En plena noche, un vehículo del regimiento trasladó a Lloro y a Francisco Arriaga hasta la Plazoleta de la Casa de Campo. Arriaga se quedó en el coche mientras que Lloro se aproximó al despacho de Losas pensando que éste quería comunicarle algo relacionado con la operación que le habían encomendado. Según la versión que relataría en su Consejo de Guerra el propio Lloro, al entrar en el despacho, Losas mantenía una acalorada charla con otros cinco oficiales de su confianza. Se cuadró y tras presentarse ante el Coronel, éste le miró fijamente a los ojos y le dijo enérgicamente que “entregara inmediatamente el mando de su regimiento”. De acuerdo con esta versión, Losas no le dio ninguna explicación y Lloro no se la pidió limitándose a decir “a la orden” y retirándose inmediatamente.
Una historia de esta película está basada
en Lloro

Aunque guardó las formas ante su superior, el hecho de perder el mando de su regimiento con el que se había jugado la vida en la Casa de Campo le afectó considerablemente. “Sentí un fuego interior muy grande, solo deseaba morir”, declararía meses más tarde Lloro ante los servicios psiquiátricos del Ejército. También les diría que sufrió “una excitación nerviosa, sugestionado por una idea interior que me mandaba pasarme al enemigo, tratar de huir, obedecer mi instinto y consumar mi deserción”. A partir de ese instante solo una cosa se le pasaba por la cabeza de manera obsesiva: debía marcharse a zona republicana porque pensaba que los propios nacionales iban a fusilarle por orden de Losas.

Así preparó su evasión a la zona republicana

Tras recibir la orden, Lloro regresó hasta su puesto de mando donde le estaban esperando los comandantes Maldonado y Nicolau a los que apenas dirigió palabra. Se marchó inmediatamente hasta la central telefónica de Garabitas donde se encontraba operando el alférez de transmisiones Anastasio Ruiz, un joven estudiante de 25 años, natural de Griñón. Leamos ahora la declaración de este joven oficial días después ante el SIPM: “Lloro cerró la puerta de la sala del teléfono y me ordenó que dejase incomunicado el puesto de mando. Me negué por dos veces, pero el comandante tomó con sus manos el cordón del auricular del teléfono, rompiéndolo de un tirón. Me ordenó que no utilizara la radio. Después se marchó a su habitación a cambiarse de botas y me dijo que se iba a pasar al enemigo”. Indudablemente, lo que pretendía Lloro rompiendo el cable del teléfono era cortar toda la comunicación de su puesto de mando con el exterior del Cerro Garabitas para facilitar su huida.

Tras este episodio con la central telefónica, nuestro protagonista pidió a su chófer Luis Sánchez Alonso, extremeño, que le llevara hasta las inmediaciones del puesto de mando del Tambor de Regulares que estaba cerca de la carretera de Castilla. Era la 01:00 de la madrugada. El chófer obedeció sin rechistar y le dejó muy cerca de la 'Granjilla' esperando a su superior. En esa posición estuvo hasta las 3:00 de la madrugada que se marchó del lugar al comprobar que su Comandante no había regresado. Luis notó a su jefe “muy bebido” y por este motivo decidió regresar a Garabitas al considerar que Lloro se podría haber quedado a descansar en el puesto de mando del Tambor.

Pero volvamos de nuevo al momento en el que Lloro abandona su coche y se dirige caminando hacia al puesto de mando del Tambor Sexto de Larache. A los pocos metros, el chófer le pierde de vista y en lugar de encaminarse al puesto de mando, Lloro se dirige hasta primera línea de combate. Un sargento del 521 batallón de la primera compañía (llamado Gerardo Luján Durán) fue el primero en verle a la 01:15 recorriendo los puestos ocupados a los republicanos días atrás por una sección de su compañía. Tras charlar unos pocos segundos con su superior, Lloro le ordenó al sargento que se marchara porque quería recorrer en solitario los puestos ocupados para pensar. El sargento trató de explicar a su jefe que estaban en plena vanguardia y que era muy peligroso caminar en solitario por aquellas posiciones. El Comandante hizo caso omiso y le volvió a ordenar a Gerardo que se marchara del lugar inmediatamente.
En esta lugar aproximadamente desertó el Comandante Lloro

Pocos minutos después y utilizando unos alicates, Lloro cortó una parte de la alambrada que separaba la zona nacional de la zona republicana para pasarse inmediatamente al enemigo. Nuestro protagonista contó que aquella noche era muy oscura y se estaba produciendo en los alrededores de Madrid una gran ventolera.

Un centinela franquista llamado Santiago Rodríguez Casado, que estaba haciendo guardia aquella noche frente a las posiciones enemigas, pudo haber sido testigo de excepción de la fuga de Lloro hacia zona republicana. Este centinela, escuchó unos ruidos a 40 metros de donde él se encontraba y oyendo las siguientes palabras: “Soy el Teniente Coronel Lloro, que voy”. Otro centinela que hacía guardia en otro parapeto próximo (llamado Nazario Nieto Delgado de 32 años de Salamanca) vio las cosas un poco más claras: “Vi venir a tres individuos enemigos hacia la alambrada de nuestra línea. De ella, a unos 20 pasos, vi salir a un individuo. Desde la trinchera enemiga escuché: alto, 'manos arriba', saliendo acto seguido dicho individuo hacia los tres que venían a donde estaban. Abrí fuego contra el grupo sin que pueda decir nada más”.

Su llegada a zona comunista

El Comandante Lloro fue detenido inmediatamente por fuerzas comunistas que se encontraban a esa hora de la madrugada en la Casa de Campo. Hay que recordar que aquel 7 de marzo, se estaba produciendo en el interior de Madrid una especie de Guerra Civil entre los propios republicanos, enfrentándose entre sí los partidarios de Segismundo Casado y los Comunistas que pretendían seguir la guerra, respaldados por Negrín.

Una avanzadilla comunista en la Casa de Campo fue la que detuvo a Lloro. En el momento de su evasión llevaba consigo una pistola marca Stra, su carnet militar, mil doscientas pesetas franquistas y algunos documentos particulares y de poco interés. Se presentó ante los comunistas como Teniente Coronel nacional que se había puesto en rebeldía porque Losas le había retirado el mando de sus hombres y encima lo había hecho delante de otros oficiales. Sus captores se mostraron tremendamente “confundidos” por su evasión ya que los franquistas estaban a punto de ganar la guerra. Con todo, en la trinchera republicana escuchó comentarios como: “Te iban a matar los tuyos pero ahora también”, “No te va a salvar ni la caridad”...
El Coronel Barceló siendo curado por una enfermera


Lloro fue trasladado esa misma noche hasta El Pardo, donde el Coronel Barceló había establecido el Cuartel General de los Comunistas que se enfrentaban por aquel entonces a los partidarios de Casado. Allí fue interrogado por el propio Barceló que ordenó que fuera encerrado en una habitación de el Palacio Real con una cama y una estufa.

Un episodio de lo más extraño

Lo que sucedió tras el interrogatorio al que fue sometido Lloro por el propio Barceló no ha quedado demasiado claro. Según la versión de Lloro, sufrió una serie de alucinaciones de lo más extrañas que provocaron que los propios republicanos le internaran en un hospital psiquiátrico de Madrid. Al parecer, en la habitación donde había sido encerrado empezó a escuchar unas voces que salían del tubo de la chimenea que le decían: “Ya has perdido el cuerpo. Solo tienes como solución hacerte comunista”. Sus alucinaciones tenían la voz de Barceló que le pedía que renunciara a sus ideas religiosas asegurando que él tenía el secreto para ganar la guerra. “Al igual que he hecho que te pases aquí, yo puedo hacer que se pase la persona que quiera”, le decían a Lloro aquellas voces.

A duras penas Lloro consiguió dormir aquella noche. Las alucinaciones le estaban haciendo sufrir excesivamente aunque logró conciliar el suelo unas horas. Nada más despertarse vio una mancha de color blanco en la pared en la que estaba reflejada la cara de su hermano con dos cuernos. La voz de su hermano Carlos también sonó en su cabeza: “Vas a morir de todas maneras. No te apartes de lo que nos enseñaron en casa. Soy el espíritu del mal hecho bien para tí”.

Tras pasar algunos días en El Pardo y después de que las tropas de Casado se impusieran a las comunistas, Lloro fue trasladado hasta el Ministerio de Hacienda para ser interrogado de nuevo. Allí coincidió con Julián Besteiro y con algunos mandos cercanos que comprobaron de primera mano que el Comandante sufría problemas mentales. Desde allí fue llevado en un camión de víveres hasta el Hospital del Depósito de Evadidos y Prisioneros donde permaneció un día. Después fue trasladado a la sala de Psiquiatría del Hospital Militar establecido en el Provincial de Madrid donde permanecería más de quince días. Allí le sorprendió el final de la Guerra Civil y allí fue detenido por los nacionales el día 7 de abril.

Su detención por el SIPM franquista

Tras su desaparición de zona nacional, el Coronel Losas realizó una profunda investigación para averiguar el paradero de Lloro. Aunque inicialmente se pensó que se había podido extraviar y pasarse por error al enemigo, finalmente se llegó a la conclusión de que había desertado voluntariamente. Al día siguiente de su fuga, el Servicio de Información y Policía Militar franquista confirmó que había desertado y se marcó como objetivo su detención en cuando cayera Madrid.

La detención se produjo el 7 de abril de 1939 en la misma sala de psiquiatría del Hospital Militar. Hemos tenido acceso al atestado policial que redactaron los dos agentes del SIPM que detuvieron e interrogaron a Lloro: “En Madrid, a las 23:30h del 7 de abril de 1939, comparece el capitán del SIPM del Distrito de la Latina para instruir este atestado al comandante de infantería habilitado para teniente coronel, Don Ramón Lloro Regales, detenido en este día a las 14:00h en la sala de psiquiatría del Hospital Militar número cuatro, establecido en el Provincial de Madrid, por los agentes de Policia Militar don José Gómez Fernández y Don Bonifacio López Andrés en virtud de orden recibida para efectuar el servicio por el capitán mencionado”.
Casa donde pasó sus últimos días Lloro tras ser puesto en
libertad en 1944

El SIPM del distrito de Latina le tomó declaración en la que Lloro explicaría de forma pormenorizada los hechos que motivaron su deserción el 7 de marzo. En todo momento el Comandante aseguraría que su comportamiento no fue voluntario y que actuó motivado por sus alucinaciones.

El ingreso en una cárcel franquista

Horas después de prestar declaración ese mismo 7 de abril, Lloro ingresó en la cárcel Porlier de Madrid, siendo trasladado posteriormente hasta la prisión del Paseo del Cisne de la capital. Aunque ya lo había hecho con varias personas en el mismo frente de la Casa de Campo, durante estos días el SIPM tomó la decisión de volver a interrogar a los protagonistas de aquel extraño suceso. El Comandante Arriaga volvió a relatar los hechos al igual que el alférez Ruiz y el sargento Luján.

Los días 10 y 11 de mayo, Lloro salió de la Prisión del Paseo del Cisne para volver a declarar ante las autoridades republicanas. Así lo hizo de manera intensa durante estos dos días ratificando sus declaraciones anteriores y dando más detalles de sus alucinaciones sufridas a los pocos minutos de su evasión. El médico de la Cárcel del Paseo del Cisne, Luis Sánchez, pediría al director de la prisión que Ramón Lloro fuera trasladado a un lugar adecuado a su enfermedad ya que se encuentra atravesando un “proceso demencial de tipo esquizoide con manifestaciones alucinativas y manía persecutoria”. En su petición, este médico aseguraba que podría ser “un peligro” para el resto de los internos de la cárcel. Finalmente el 8 de junio de 1939 sería trasladado al Centro de Especialidades Médicas de la calle Maudes.

La vista oral del Consejo de Guerra al que fue sometido Lloro no empezaría hasta el mes de agosto de 1939. El tribunal que le juzgó pidió un informe forense a dos médicos del juzgado que reflejaron lo siguiente: “Presenta un síndrome de aspecto y fondo paranoideo que pudiera tener categoría psicótica si las interpretaciones que el reconocido da acerca de diversos hechos de su existencia y vida militar careciese de base objetiva y real. El reconocido presenta una personalidad piscopática, desequilibrada, con reacciones irrefrenables”.

Informes médicos

El tribunal que juzgó a Lloro recogió un gran número de testimonios y casi todos ellos avalaban la teoría de que este Comandante tenía problemas mentales. Sin ir más lejos, el Director del Hospital de Jaca, que conocía a Lloro y a su familia, explicó durante el juicio los antecedentes familiares de nuestro protagonista y calificó sus comportamientos como de “violencia extrema” en ocasiones.

Antonio Vallejo Nájera, psiquiatra que
trató Lloro
Durante el juicio también se valoró un informe médico que había elaborado sobre Lloro el Teniente Coronel Jefe de los Servicios Psiquiátricos del Ejército, Antonio Vallejo Nájera. Este prestigioso doctor se entrevistó muchas horas describiendo que su estado físico era realmente preocupante: larga barba, camisa sucia y desabrochada, sudores fríos... El diagnóstico que ofreció Vallejo Nájera a los tribunales es que Lloro sufre una “psicosis de situación de tipo pseudomencial alucinatorio delirante, integrada por componentes alcohólicos. Los análisis del líquedo cefalorraquídeo descartaron una neurosifilis”. Según este médico, “Lloro perpetró el hecho delictivo (la deserción) hallándose afecto a un trastorno mental transitorio”.

El 10 de agosto de 1939 se anunciaba que Ramón Lloro sería condenado a muerte, una pena que sería conmutada semanas más tarde por los treinta años de reclusión y luego veinte. Estuvo cinco años en la cárcel donde aseguran que experimentó una gran mejoría y donde no volvió a tener otro brote de alucinaciones. En 1944 obtuvo la libertad condicional y en 1946 la libertad vigilada. Tras salir de la cárcel se trasladaría a vivir a Barcelona y posteriormente a su localidad natal de Ballobar donde moriría en 1954 a la edad de 58 años. Murió solo. Sus padres habían fallecido poco después de la guerra, a su hermano lo habían asesinado en Alcalá de Henares y su hermana había perdido la vida en un hospital psiquiátrico.

Fuentes consultadas:
  • Archivo Militar de Paseo de Moret.
  • Archivo Militar de Segovia.
  • Revista de Historia Militar.
  • Artículo de 'Alto Aragón' sobre Ramón Lloro.
  • La Guerra Civil en Ciudad Universitaria de Fernando Calvo.
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