lunes, 18 de junio de 2012

Discurso eufórico de Negrín nueve meses antes de terminar la Guerra Civil


Negrín en el centro junto a Modesto y Lister
A las diez treinta de la noche de un 18 de julio de 1938, Juan Negrín pronunció en Madrid el siguiente discurso dirigido a los combatientes republicanos y a los trabajadores de la retaguardia. Este discurso, realizado para subir la moral de sus soldados, fue pronunciado nueve meses antes de terminar la guerra.
Compatriotas os hablo desde Madrid. Desde este magnífico Madrid  que por dos veces en poco más de un siglo ha conquistado la capitalidad de los pueblos hispánicos al convertirse en símbolo de la lucha por la independencia, y contra la invasión extranjera. Desde este Madrid que hace más de 400 años delinea el levantamiento comunero para destacarse siempre con su peculiar gesto de donaire.

Cuando desde este puesto de máxima responsabilidad como gobernante he hablado a mis conciudadanos, cuidé siempre de hacerlo sin ambages retóricos. Machaconamente he insistido desde el primer momento en que la guerra sería dura y larga y que sometería a difícil pruebas a los ánimos más templados. Mi convicción sigue siendo la misma: la victoria depende de nuestro tesón y su logro merece todo sacrificio, pues en ella oídlo bien, estriba no solo la independencia de nuestro suelo sino quizás la subsistencia de España como nación.

Hace cuatro meses nos encontrábamos en una crisis escalofriante de material bélico, merced a la criminal política de no intervención que favoreció a nuestros enemigos y que parece tener otro fin que asfixiar a España. A raíz de la caída de Teruel aseguraban que contando con el esfuerzo de nuestros trabajadores se podría superar el desequilibrio material tan apurado. Hoy todavía persiste este predominio del enemigo. A él se debe en gran parte sus éxitos.  Sin embargo, es cierto que nunca ha contado nuestro ejército con medios tan potentes de lucha como en la actualidad posee. El armamento de un ejército tiene su límite. De nada sirve rebasarlo para garantizar la victoria. Una y cien veces han demostrado nuestros soldados que  hasta para tomar con éxito la iniciativa, no precisa la equipación de medios materiales. Nos basta con saber a ciencia cierta que son halagüeñas las perspectivas para lograr el armamento preciso de nuestro ejército y convertirlo en elemento decisivo para la victoria"

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