miércoles, 29 de febrero de 2012

Las dos mujeres que salvaron al doctor Gómez Ulla

Gracias a la mediación de una inglesa y una cubana, el famoso médico militar evitó ser fusilado


Barcelona. Noviembre de 1938. El médico militar Mariano Gómez Ulla llevaba cerca de un año detenido. Acusado de alta traición, supuestamente por intentar abandonar la zona republicana, había pasado por varias prisiones de Madrid y Barcelona. En las próximas semanas abordaremos los detalles de la detención de Gómez Ulla y su vida en Madrid entre 1936 y 1938. En la Ciudad Condal, donde se encontraba preso, había sido juzgado en dos ocasiones y la última, los jueces le habían condenado a muerte. A partir de ese instante, decenas de personas se movilizaron para intentar salvar la vida a uno de los doctores más prestigiosos del momento en España. Dos mujeres fueron clave para su posterior puesta en libertad; la inglesa Miss Jacobson y la cubana Dolores Quintana de Angones. Podemos decir, sin riesgo a equivocarnos, que gracias a estas dos señoritas Gómez Ulla salvó la vida.
Miss Fernanda Jacobsen
Miss Fernanda Jacobsen era una joven escocesa que durante la guerra civil española ocupó el cargo de delegada para la provisión de víveres, medicamentos y ambulancias al Gobierno de la República. Era una enamorada de España al igual que sus padres. Una tía suya se había casado con un español en 1905 y por ese motivo le pusieron un nombre tan hispano como Fernanda. Durante la Segunda República visitó nuestro país en innumerables ocasiones y al estallar el conflicto se puso a disposición de Daniel Macaulay, un prestigioso profesor y político escocés, que envió varias ambulancias a España para trasladar a los heridos de la guerra. Fue nombrada Comandante de ambulancias y a su llegada a Madrid, en octubre de 1936, organizó de forma encomiable un hospital inglés donde se curaba a los voluntarios de las brigadas internacionales. Fue precisamente en ese hospital cuando conoció a Mariano Gómez Ulla con el que mantuvo una relación muy estrecha hasta que fue detenido por el SIM en enero de 1938.

Tras ser trasladado a Barcelona, Miss Jacobsen se interesó a través de la Cruz Roja por el estado de salud de Gómez Ulla sin embargo las noticias que recibía de él no eran demasiadas y estaban sesgadas. A través del cónsul español en Marsella, Tomás Bordallo y Cañizal (al que había conocido en Liverpool) intentó buscar su prisión condicional por motivos humanitarios pero las negociaciones fracasaron. Tras conocer su condena a muerte concertó a toda prisa una entrevista con Indalecio Prieto para intentar a toda costa salvarle la vida. Pese a la gestión de Miss Jacobson con Prieto, a Gómez Ulla no le conmutaron la pena de muerte. En cuatro semanas sería fusilado en el Castillo de Montjuic. En un intento desesperado por salvar la vida del médico militar, Jacobson se desplazó hasta Londres para hablar de este asunto con varios conocidos dentro del gobierno británico. Ante él y ante varios medios de comunicación ingleses, Jacobsen afirmó de forma contundente que el doctor Gómez Ulla era inocente y que se trataba de uno de los mejores médicos de España que solo luchaba por salvar la vida de sus pacientes. Gracias a las gestiones diplomáticas de la escocesa, ésta consiguió salvar la vida del prestigioso doctor militar. 
Dolores Quintana de Angones
Misss Jacobsen le había salvado la vida pero el estado de salud del médico era muy delicado en agosto de 1938. Después de casi un año de cautiverio en la cárcel del Ministerio de la Marina en Madrid (sede del SIM), los buques prisión Villa de Madrid y Uruguay en Barcelona y la cárcel seminario de la ciudad condal, en noviembre del 38, Gómez Ulla estaba encerrado en la prisión del Estado de Barcelona, acondicionada en un antiguo convento de monjas. Los milicianos que custodiaban esta prisión, al comprobar en innumerables ocasiones que la vida del doctor corría serio peligro optaron por llamar a los servicios sanitarios del ejército republicano en Barcelona. Dos prestigiosos médicos catalanes, Folch y Herráez le trataron de sus problemas renales junto con el ayudante de Gómez Ulla, el doctor Hergueta, que también estaba preso en Barcelona.
Una vez conmutada su pena de muerte, varias fueron las personalidades internacionales que solicitaron al Gobierno de la República la libertad de Gómez Ulla a través de algún canje. Fueron especialmente insistentes el doctor Marañón y el doctor Meyer, presidente de la Sociedad Internacional de Cirugía. Los contactos entre los Gobiernos de Franco y Negrín para llevar a cabo el canje se inician en octubre de 1938 pero no se alcanzó  ningún acuerdo. El ministro republicano, Manuel Irujo intercedió al comprobar que las negociaciones entre Madrid y Burgos estaban estancadas. Para ello hizo llamar al encargado de negocios de la Embajada de Cuba en Madrid quién inmediatamente se puso en contacto con la Cruz Roja cubana. Al frente de esta institución estaba la jovencísima Dolores Quintana de Angones, una aristócrata de la Habana y conocida durante toda la guerra por su humanidad en todos los sectores de la sociedad. Los que la conocieron dicen que se movía tan bien entre los aristócratas burgaleses como entre los milicianos madrileños. Dolores había llegado a España en 1929 procedente de la capital cubana. A los pocos meses,  gracias a su pasado noble, se integró perfectamente en la alta sociedad madrileña acudiendo a fiestas y cenas organizadas por el cuerpo diplomático en Madrid. En alguna de esas fiestas debió conocer a nuestro protagonista con el que le unía una estrecha amistad.

 En Burgos, Quintana de Angones solicitó una audiencia con Franco para abordar un posible canje de Gómez Ulla. Tras hablar con el Generalísimo consiguió el  permiso para iniciar por su cuenta las gestiones para canjear al doctor Gómez Ulla por el doctor Bago, medico nacionalista vasco, condenado a muerte por el Gobierno franquista. Tras reunirse también con Negrín, la delegada de la Cruz Roja en Cuba llegó a un acuerdo tanto con unos como con otros para que el canje entre los médicos se llevara a cabo.

La fecha elegida por los dos gobiernos para el canje entre presos fue el 24 de noviembre en la oficina mixta de las dos zonas establecida en Toulouse. El día 22 de noviembre de 1938 por la mañana, Gómez Ulla abandonó la cárcel de Barcelona en un coche propiedad del ministro Giral. En ese coche viajaba Ibáñez, secretario personal del ministro y el doctor Martí. Con estas dos personas atravesó la frontera de Francia hasta llegar a Perpignan que sería entregado a las autoridades de la Cruz Roja Internacional.  Allí le esperaba la señora Quintana de Angones y el señor Estalella, embajador de Cuba en Madrid. A la mañana siguiente, el 23 por la mañana se realizó el canje de Gómez Ulla y el doctor Bago. A las cuatro de la tarde de ese 23 de noviembre, nuestro protagonista entraba en la España nacional a través de la frontera de Irún. En el puente internacional le esperaban todos sus familiares. Sus más allegados recuerdan el estado físico de Gómez Ulla que a sus 59 años parecía un anciano de 80.
¿Qué sucedió tras la guerra con las dos salvadoras de Gómez Ulla?

Fernanda Jacobsen regresó a Escocia en abril de 1939. Con ella regresaron los pocos conductores de ambulancias escocesas que quedaban con vida tras el conflicto. Fue recibida en su país con todos los honores políticos posibles y concedió varias entrevistas a la prensa de Glasgow. Antes de que la guerra terminara organizó una evacuación de varias familias protestantes españolas que salieron de Barcelona rumbo a Londres.  Fue condecorada por el Parlamento Británico y falleció hace unos años en su ciudad natal.
Dolores Quintana de Angones siguió viviendo en Madrid hasta 1941. Ese año se marchó a la Habana tras ser homenajeada en el hotel Ritz de la capital. A ese homenaje acudieron los principales dirigentes de la época y también la familia Gómez Ulla. Fue nombrada por el Gobierno del Generalísimo como ‘Hija predilecta de España’. En 1942 volvió a Europa, en este caso a Francia como representante de la Cruz Roja Cubana en el país galo con motivo de la II Guerra Mundial.

martes, 21 de febrero de 2012

Los rumanos de Franco

Monumento en Majadahonda dedicado a dos rumanos muertos en el asedio a Madrid


En la carretera de Majadahonda a Boadilla del Monte, detrás al cementerio majariego, se vislumbra un extraño monumento cuyo origen se remonta a la guerra civil. Es un monumento en mitad del campo, al que se accede por un camino de tierra y que durante los fines de semana ha servido de lugar idílico para los amantes del botellón. Un monumento que convive en la actualidad entre pintadas de grafiteros y la basura que vierten en la zona los ciudadanos poco civilizados. Se trata de una construcción de piedra poco corriente en la que aparecen grabados dos nombres rumanos; Ion Mota y Vasile Marin, que según reza “cayeron por Dios, España y Rumanía el 13 de enero de 1937". En las próximas líneas vamos a relatar la historia de estos dos miembros de la Guardia de Hierro de Rumanía, que murieron en plena Batalla de la Carretera de la Coruña en este punto de Majadahonda.

La defensa del Alcázar de Toledo y su posterior liberación fue utilizada internacionalmente por Franco como propaganda de su lucha. En Rumanía, la gesta del General Moscardó no pasó desapercibida y muy rápidamente, la extrema derecha, el partido nacional campesino y la Guardia de Hierro (un grupo paramilitar fascista, ultranacionalista y antisemita) organizaron una expedición a España para homenajear a Moscardó y a los defensores del Alcázar. La delegación estaba formada por las siguientes personas:

- General Georgios Cantacuceno. Tenía unos 70 años y era el segundo jefe de la Guardia de Hierro. Pertenecía a una familia aristócrata de Rumanía y fue considerado un héroe durante la Primera Guerra Mundial.
- Banica Dobre. Tenía 20 años y había nacido en Transilvania. Su profesión era la de maestro.
- Nicolae Totu. Abogado e Ingeniero Agrónomo. Tenía 32 años y había nacido en Moldavia.
- Príncipe Alexandru Cantacuceno, de 32 años y de la misma familia del general.
- Ion Mota. Uno de los fundadores de la Guardia de Hierro. Tenía 34 años y había nacido en Transilvania. Había intentado ir a Etiopía de voluntario con los fascistas italianos.
- Vasile Marin. Abogado de 32 años y dirigente de la Guardia de Hierro en la región de Bucarest. Había estado en prisión durante algunos meses acusado de participar de alguna forma en el asesinato del Primer Ministro Rumano Ion Duca en 1933.
- Dimitru Borsa, sacerdote ortodoxo.
- Gheorge Clime. Ingeniero de 47 años

El general Cantacuzino- Granicerul lideró al grupo de ocho personas entre los que viajaba un sacerdote y el príncipe Alexandru Cantacuzino. El 24 de noviembre salieron rumbo a la España nacional previa parada en Portugal. En Lisboa la comisión rumana fue recibida por el embajador español y por numerosos simpatizantes nacionalistas lusos. Después, por carretera, se desplazaron hasta Salamanca donde fueron recibidos por los colaboradores más directos del General Franco. De Salamanca viajaron a Soria, ciudad en la que se encontraba el General Moscardó al que le regalaron el sable de honor de la Guardia de Hierro, forjado según ellos, en Toledo. El general Cantazuzino pronunció el siguiente discurso ante Moscardó, su Estado Mayor y los periodistas sorianos:

“Este es un sable de verdad, que me acompañó en la Gran Guerra y con el que gracias a su acero de Toledo podéis atravesar a miles de comunistas. Lo he traído para que os traiga suerte en la lucha para derrotar al comunismo. Os presentó a siete jóvenes, todos ellos oficiales del ejército rumano. Todos héroes. Han venido a luchar y a morir por la España nacional.”

Tras los abrazos y agradecimientos de rigor y después de hacer turismo por Castilla se marcharon a Toledo donde visitaron los restos del Alcázar. Días más tarde, los siete oficiales rumanos se presentaron voluntarios para participar en lo que ellos creían “la cruzada contra el comunismo”. En tierras toledanas se integraron en la 21 Compañía del Tercio de Yagüe y el 19 de diciembre, tras semanas de instrucción, partieron para el frente de Madrid. Su primera toma de contacto con el combate fue en Boadilla del Monte, después intervinieron en el ataque Las Rozas, la lucha por el control de la Carretera de la Coruña y después participaron en la defensa del Cerro de la Radio en Majadahonda. Así es como se llama el lugar donde se levantó el extraño monumento, puesto que allí tuvo su sede la emisora de radio Madrid – Argentina cuyas emisiones empezaron en 1929.

                                                A la izquierda ION MOTA y frente a él de uniforme su hermana

El 13 de enero de 1937 una escuadrilla de cazas rusos atacó a muy baja altura el cerro de la radio, posición defendida por un grupo de soldados nacionales entre los que estaban los rumanos Ion Mota y Vasile Marin. Un certero obús soviético impactó en la posición matando a los dos miembros de la Guardia de Hierro e hiriendo a otros tantos militares. La ofensiva republicana por recuperar Majadahonda y el Cerro de la radio fracasó pero los dos oficiales rumanos fallecieron en el combate. Tras la batalla, los cuerpos de Mota y Vasile fueron trasladados a la Capilla del Hospital Militar de Toledo donde recibieron todos los honores militares y religiosos. Tras enterarse de la noticia, Codreanu, máximo responsable en Rumanía de la Guardia de Hierro, ordenó a la delegación rumana regresar a su país, todos juntos, vivos o muertos. En febrero de 1937, la expedición rumana salía de la frontera española por Francia con los cadáveres de dos de sus miembros. Mes y medio después de llegar a nuestro país y sin demasiada participación en la contienda, se terminaba la aventura para estos ocho rumanos.

Desde aquel 13 de enero de 1937 hasta nuestros días, Ion Mota y Vasile Marin son homenajeados en este monumento de Majadahonda por la extrema derecha española y un sector de la iglesia ortodoxa en Madrid. Aquí os dejo un link en el que podéis observar un homenaje bastante reciente:

http://www.youtube.com/watch?v=oJWhJIFCwDE

jueves, 16 de febrero de 2012

Teniente Coronel Carratalá, primera víctima de la Guerra Civil en Madrid

Primer enfrentamiento armado entre militares en Madrid

 

 Mucho se ha escrito acerca de las primeras víctimas de la Guerra Civil española pero se ha profundizado muy poco sobre la figura de Ernesto Carratalá Cernuda. El Teniente Coronel Carratalá fue oficialmente la primera víctima de la guerra. Nacido en Madrid, era uno de los militares de confianza de Manuel Azaña y por eso mandaba personalmente el Batallón de Zapadores de Carabanchel. A diferencia de la mayoría de sus compañeros militares, Carratalá era socialista y formaba parte de la UMRA (Unión Republicana Militar Antifascista). También era habitual verle en compañía de los intelectuales de la época como Luis Cernuda, su primo, o Federico García Lorca.

 Hasta el 18 de julio de 1936, Carratalá había pasado por varios destinos sin pena ni gloria. Sin embargo, tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero, empezó a adquirir cierto protagonismo en las esferas militares. Muchos de sus compañeros de profesión, contrarios a su ideología socialista, intentaron hacerle el vacío durante meses. Sin embargo, él fue entablando amistad con otros militares izquierdistas. Al ser uno de los fundadores de la UMRA, mantenía reuniones semanales con otros militares de su misma ideología como el Capitán Urbano Orad de la Torre (artillero que participó en el asalto al cuartel de la Montaña), el Teniente Coronel Juan Fernández Saravia (ayudante militar de Azaña), Ricardo Burillo (jefe del Grupo de Asalto del Cuartel de Pontejos y acusado posteriormente de participar en la muerte de Calvo Sotelo) y Fernando Condés (Teniente de la Guardia Civil también acusado de matar a Calvo Sotelo e instructor de las Milicias Comunistas).

 El Gobierno de la República ya tuvo constancia del levantamiento militar en África la tarde del 17 de julio. Sin embargo, Ernesto Carratalá y otros militares esperaban desde antes la sublevación ya estaban preparados para enfrentarse a ella. En la madrugada del 18 al 19 de julio y tras hablar por teléfono con su amigo Indalecio Prieto, el Teniente Coronel Carratalá empezó a organizar la entrega de armamento de su batallón a las milicias socialistas. Sobre las 4.00 se presentaron en el cuartel de Carabanchel, sede del regimiento de zapadores, Enrique Puente, jefe de la Brigada Motorizada con tres camiones conducidos por milicianos socialistas. Cuando los soldados del depósito de armas empezaron a cargar los fusiles del depósito de armas a los camiones, aparecieron varios capitanes y tenientes que pistola en mano impidieron la carga. Uno de los soldados buscó inmediatamente a Carratalá que estaba en su despacho e instantes después el teniente coronel, también con pistola en mano, recriminó a los oficiales. Empezó así una acalorada discusión en la que Carratalá intentó imponerse como jefe del regimiento y llamó traidores a los sublevados. Acto seguido ordenó a los soldados que se encontraban allí que detuvieran a los capitanes y tenientes. En esos momentos empezó un tiroteo entre los oficiales rebeldes y Carratalá y varios militares leales. En la refriega, que duró más de veinte minutos, cayó muerto Carratalá con varios impactos en el torax. También murieron en el tiroteo el alférez Marcial Gil Gómez, el brigada Francisco Leal y el sargento Valentín González. Los tres habían intentado apoyar al teniente coronel y defendieron a su superior hasta las últimas consecuencias. Por parte de los oficiales contrarios a la entrega de armas, resultaron heridos graves los capitanes Becerril, Pelegrí y Herráiz. Fue un tiroteo fundamentalmente entre oficiales. Los soldados y cabos que presenciaron la refriega estaban atónitos y no participaron de ninguna manera en la pelea.

 Algunos investigadores se han referido al autor de los disparos que causó la muerte al Teniente Coronel Carratalá y señalan al capitán Álvarez Paz. Desde aquí podemos confirmar que Álvarez Paz participó en el tiroteo aunque es muy precipitado acusarle directamente de los disparos. Si hubiera sobrevivido a la guerra hubiéramos podido formularle esa pregunta, sin embargo, Álvarez Paz murió horas después del tiroteo defendiendo el cuartel de Campamento junto con el General García de la Herrán.

 La odisea de su hijo, el profesor Carratalá.
 La familia de Carratalá, tras recibir la noticia personalmente por Indalecio Prieto quedó completamente destrozada. Su hijo, también llamado Ernesto, se alistó en las Juventudes Socialistas Unificadas para luchar en el Frente de Somosierra donde resultó herido y posteriormente hecho prisionero. Él mismo, con más de 90 años, y siendo un prestigioso profesor universitario de Barcelona, contaba en una entrevista su calvario: "En Somosierra me ametrallaron las piernas y caí preso. Éramos 40 presos y los falangistas querían matarnos. Lo evitó María Rosa Urraca Pastor, comisaria requeté, enviándonos al penal de Burgos. Fue la primera de las tres veces que he estado al filo de la muerte. Después fui juzgado por un consejo de guerra y condenado a morir por culpa de un médico. Al alegar ser menor de edad suponía no me pedirían pena de muerte, no obstante el médico que me exploró, estudio mis vellos corporales y palpó mis testículos, dictaminó que yo tenía casi 20 años. En realidad tenía 17. El general Cabanellas, masón como mi padre, conmutó la pena".

 Tras pasar por Burgos, Ernesto fue trasladado al Fuerte de San Cristobal, en Navarra. Allí participó en la fuga más importante de presos republicanos durante la guerra. Más de 2000 personas se fugaron del fuerte aunque casi todos fueron detenidos posteriormente por las autoridades nacionales. Entre los fugados estaba Ernesto, que al encontrarse solo en el momento, sin nada de comer y sin calzado adecuado, se dio cuenta de que no llegaría muy lejos: decidió volver al fuerte. Muchos de sus compañeros de fuga fueron condenados a muerte, él también, pero su pena le fue conmutada.


Ernesto Carratala hijo (foto reciente)

viernes, 10 de febrero de 2012

Las primeras 72 horas de Guerra en Madrid. Cronología del alzamiento frustrado

Todos los pasos de la sublevación militar en Madrid desde el 17 de julio de 1936



El patio del Cuartel de la Montaña tras el ataque final.

17 de julio.
 Melilla. Tarde. La Ciudad Autónoma es la primera en sublevarse.

Madrid. Tarde. La Primera División Orgánica del Ejército da orden de acuertelar las tropas.

 Madrid. Tarde. El Coronel, Segismundo Casado, jefe de la escolta de Azaña, da orden de registrar el Palacio Nacional para evitar un posible atentado.


18 de julio
Mañana. Los madrileños se empiezan a enterar de la sublevación militar.

 Mañana. Por radio, las ejecutivas socialistas y comunistas piden a la clase trabajadora que acuda a sus locales para prepararse para un "posible enfrentamiento".

Mañana. Casares Quiroga aconseja al obispo de Madrid, Monseñor Eijo Garay que abandone la ciudad por su seguridad.

Tarde. La Dirección General de Seguridad llama a la cúpula de la CNT para saber como piensan actuar.

 Tarde. Parque Artillería. El Teniente Coronel Rodrigo Gil entrega 5000 fusiles disponibles a partidos políticos y sindicatos. . Los cerrojos de otros 50.000 están en el cuartel de la Montaña.

 Tarde. Cuartel de la Montaña. Un ayudante de Casares Quiroga le lleva al Coronel Serra, uno de los jefes del cuartel, una orden de entrega de los cerrojos. El emisario volvió con las manos vacías. El Coronel Serra consiguió una contraorden de Miaja que anulaba la anterior.

Tarde. Patrullas de milicianos empiezan a sumir funciones de vigilancia por las calles de Madrid.

 Noche. Oficiales leales ocupan puestos de mando y centros de comunicación. Se constituye un improvisado Estado Mayor.

 Noche. Calle San Justo 2, Círculo Socialista del Puente de Segovia. Se forma el primer Batallón de Milicias.

 Noche. El Coronel Julio Mangada recibe la orden de formar otros cinco Batallones.

Noche. La CNT y la MAOC (Milicias Antifascistas Obreras Comunistas) piden públicamente que se arme al pueblo.

Noche. El Obispo de Madrid abandona la capital rumbo a Vigo.

 19 julio
 Madrugada. Casares Quiroga deja la presidencia del Consejo de Ministros. Le sustituye Martínez Barrio.

 Mañana. Las calles de la capital ya estaban en poder de las masas.

 Mañana. Campamento Carabanchel. El General García de la Herrán se hace con el control del Campamento. Ha visitado antes el Regimiendo Wad Ras. Los dos están con los sublevados.

 Mañana. Cipriano Mera, dirigente de la CNT, es liberado de la cárcel Modelo.

Mañana. Asaltado del Obispado de Madrid y acribillado a balazos el retrato del obispo.

 Mañana. Madrileños anónimos empiezan a cercar el Cuartel de la Montaña.

 Mañana. El Comandante Castillo, uno de los oficiales del Cuartel de la Montaña, llama al General de División Joaquín Fanjul para que se haga cargo de la sublevación en Madrid. El General tenía previsto marcharse a Burgos.

 Mañana. Martínez Barrio contacta telefónicamente con varios militares y les invita a deponer las armas. La mayoría no acepta.

 Mediodía. El General Fanjul de paisano junto con su hijo entran en el Cuartel de la Montaña. Tras ponerse el uniforme redacta un bando declarando el estado de guerra.

 Tarde. Fuerzas de la Guardia Civil, de Asalto, el Batallón Socialista y muchos madrileños se agoltan junto al Cuartel de la Montaña. No saben de que lado están los militares. El capitán artillero Urbano Orad de la Torre llevó dos cañones a la Plaza de España apuntando al Cuartel.

Tarde. Esa misma tarde y tras lanzar octavillas al Cuartel de la Montaña, varios aviones leales lanzan un intenso bombardeo al Cuartel. La Batalla ha comenzado.


Noche. A las 23.50 el General Fanjul consigue establecer comunicación telefónica con García de la Herrán, el general sublevado en Carabanchel. La comunicación se corta por un tiroteo en Carabanchel.

 Noche. Carabanchel. García de la Herrán pide ayuda para contener a los milicianos al Coronel Bianor Mesas, director interino de la Escuela de Aplicación y Equitación de Campamento. Mesas no acepta y no le presta ayuda.


Noche. Tras intensos combates, los rebeldes de Campamento se entregan. Muere en el combate en extrañas circunstancias García de la Herrán. Hay versiones que dicen que le matan sus propios hombres porque no quería entregarse, otras versiones afirman que murió luchando y otras que se suicidó. Nunca lo sabremos con exactitud.


El general Fanjul
 20 de julio

 Mañana. Martínez Barrio presenta la dimisión. Le sustituye José Giral.

 Mañana. Resiste el Cuartel de la Montaña pese a los bombardeos y disparos de los milicianos desde las azoteas cercanas. Fanjul espera la ayuda de Campamento sin saber que se han rendido sus colegas. Tampoco sabe que García de la Herrán ha muerto.

 Mañana. Cuartel de la Montaña. Aparecen en su fachada varias banderas blancas. Hay soldados fieles a la República que quieren rendirse. Varios milicianos pensando que se rinde el acuertelamiento intentan entrar por la puerta principal. Son abatidos más de veinte por disparos de ametralladoras. Los combates en este momento se recrudecen.

Mañana. Regimiento Wad Ras. Pacífico. Primeros combates entre los sitiados de este acuartelamiento y las fuerzas leales a la República. Bombardeo por tierra y aire.

Mediodía. El Cuartel de la Montaña no pude resistir más. La superioridad de los atacantes ha hundido a los pocos defensores que quedan. Asaltan el Cuartel la Guardia Civil y la Guardia de Asalto. Tras ellos una masa enfurecida de madrileños. Pocos de los alzados sobreviven a la masa. Son hechos prisioneros Fanjul y su segundo, De la Quintana. Semanas después serían fusilados. El patio del Cuartel está lleno de cadáveres.

Mediodía. Cae el Regimiento Wad - Ras, el último reducto del alzamiento en Madrid. La sublevación en la capital ha fracasado.


 El parque del templo Debod es el lugar donde
estuvo levantado el Cuartel de la Montaña

jueves, 9 de febrero de 2012

La maldición de la Agrupación Morata

Triste final para los dos jefes de este Batallón que luchó en la Batalla del Jarama




 La agrupación Morata fue una de las más activas durante la Batalla del Jarama pero también la que sufrió una mayor aniquilación por parte del enemigo. Sus componentes tuvieron que resistir a duras penas la ofensiva nacionalista con pocos efectivos y en unas condiciones climatológicas adversas. El número de muertos de esta agrupación durante los primeros días de ofensiva fue enorme (hasta un 70%). De hecho, su jefe, el coronel Chordá resultó herido grave en la batalla y tuvo que ser evacuado. Una vez terminada la guerra fueron pocos los supervivientes de la Agrupación Morata que pudieran contar su historia. Ni siquiera los dos máximos responsables de esta unidad se pusieron a salvo en 1939. Este fue el triste final de los dos coroneles que dirigieron la Agrupación.

 Eliseo Chordá
 Era un militar español de los de toda la vida. Había ingresado en la Academia de Infantería en 1896 coincidiendo durante sus primeros años de estudios con Joaquín Fanjul y Manuel Goded, responsables del alzamiento militar en Madrid y Barcelona respectivamente. En 1936 se encontraba retirado pero se incorporó (suponemos que voluntariamente) nada más comenzar la Guerra Civil para ponerse al servicio de la República. Pronto fue ascendido a Coronel y su primer destino fue el Batallón de Castellón número 1, una unidad que formaba parte del Ejército de Voluntarios que intentaba crear la República para frenar el avance de los sublevados.

En 1937 recibe la orden de dirigir una agrupación que se está creando en el frente del Jarama para atacar a los nacionales cortando la carretera de Madrid a Toledo. El ataque se retrasa por las condiciones del tiempo y son los sublevados los que inician la ofensiva en Ciempozuelos y San Martín de la Vega. Es aquí cuando entra en escena su agrupación, que pasó a denominarse Agrupación Morata. Junto con el comandante Joaquín Otero Ferrer como mano derecha esta unidad defendió el puente de Pindoque y San Martín de la Vega. El 14 de febrero resultó herido y fue sustituido en la batalla por el general Gal.

Tras recuperarse de las heridas sufridas en el Jarama fue nombrado jefe de la subinspección de transportes en el Servicio de Inspección del Ejército. Terminada la guerra fue detenido en Alicante donde fue juzgado por las autoridades franquistas que le fusilaron en el mes de agosto de 1939.


Nido de ametralladoras en el Jarama
Joaquín Otero Ferrer
 Durante las operaciones del Jarama fue el hombre de confianza de Eliseo Chordá. Nada más estallar el alzamiento se puso al servicio de la República ya que era miembro de Izquierda Republicana. El 18 de julio era comandante de ingenieros y de Estado Mayor. Tras controlar la sublevación es destinado a la 4º Brigada Mixta que combatió en el Frente de Ciudad Universitaria. Tuvo actuaciones destacadas en la facultad de Bellas Artes y también en el hospital Clínico.

Asciende a teniente coronel en 1937 y participa en la Batalla del Jarama junto a su amigo Chordá. Terminadas estas operaciones pasó a ser jefe del Estado Mayor del II Cuerpo de Ejército (frente de Madrid). De hecho, los especialistas en estrategia militar aseguran que fue uno de los artífices de la ofensiva republicana en la Batalla de Brunete.

Tras la caída de Cataluña, en enero de 1939, se une al coronel Segismundo Casado en el golpe de estado contra los comunistas. Como militar profesional, sabía que la guerra estaba perdida y sentía la necesidad de negociar una paz digna con Franco. Sin embargo, el día 6 de marzo, en plena lucha entre casadistas y comunistas es detenido en la posición Jaca junto a José Pérez Gazzolo. Los dos serían fusilados en el Pardo.

Este fue el triste final de los dos máximos responsables de la Agrupación Morata que tan brillantemente resistió durante la ofensiva nacional en el Jarama. Al igual que ellos, cientos de sus hombres cayeron, sin embargo, estos lo hicieron en el campo de batalla y no ante un pelotón de fusilamiento.

miércoles, 8 de febrero de 2012

El francotirador de Gózquez

Alcanzó al menos a seis miembros de la caballería franquista durante la Batalla del Jarama


Foto clásica de la batalla del Jarama

 La noche del 7 de febrero la plana mayor de la caballería nacional había tomado la determinación de instalar su puesto de mando junto a un caserío del pueblecito Gozquez de Arriba. Pese a la lluvia caída durante todo el día, la ofensiva nacionalista en el Jarama estaba siendo un éxito. Hasta el momento dominaban Ciempozuelos, San Martín de la Vega, las alturas de la Marañosa, su fábrica química y otras cotas elevadas. Algunas avanzadillas franquistas ya tenían a tiro la carretera de Valencia, circunstancia ésta que hizo cambiar de planes a los estrategas republicanos.

La moral de la caballería nacional era muy alta. Su jefe, el teniente coronel Fernández Barrón Ortiz había tomado la decisión de acampar en Gozquez tras eliminar las últimas defensas republicanas en la zona. La tropa acampada, en su mayoría era tropa mora aunque también había partidas de regulares y requetés. Los oficiales de mayor graduación junto con Fernández Barrón se alojaron entre las ruinas del caserón, que al menos se tenía en pie y podía resguardarlos de la lluvia. El resto se agolpaba en los alrededores y en el porche. A última hora de la tarde sonó un disparo seco de la nada. Un soldado moro cayó desplomado. Cundió la alarma entre los allí presentes. Posteriormente sonó otro disparo y otro militar nacional se fue al suelo malherido. Un francotirador republicano tenía a su alcance a la plana mayor de la caballería franquista en el Jarama por lo que los oficiales organizaron una batida para localizarle a toda costa.


La caballería carga en el Jarama

 Los soldados en ese momento empezaron a hablar del ‘duende de Gozquez’ que asesinaba en la oscuridad a los nacionales. Con extremo cuidado y moviéndose con mil precauciones la caballería de Fernández Barrón registró casa por casa el pueblo. No encontraron a nadie. El francotirador seguía haciendo de las suyas y de madrugada ya había malherido y matado a seis soldados nacionalistas. Ante este panorama, la batida se suspendió esperando la luz del día y una mejoría de las condiciones climatológicas.

El 8 de febrero despertó con la misma lluvia torrencial que el día anterior. De nuevo los oficiales organizaron una batida para dar caza al francotirador que seguía actuando contra las tropas sublevadas. Tras varias horas de búsqueda, por fin localizaron al autor de los disparos. Era un joven miliciano que no pudo replegarse cuando sus compañeros abandonaron el pueblo y que se escondió en una pequeña casa de labranza, casi a las afueras de Gózquez. En un desván, completamente escondido, disparó por medio de la hendidura del muro alcanzando como antes hemos dicho a más de seis soldados nacionales. La decisión del Estado Mayor de la Caballería tras la detención del ‘Duende de Gózquez’ fue contundente: había que fusilarle. Y eso hicieron, a media mañana, el francotirador republicano fue fusilado en las inmediaciones del puesto de mando.



martes, 7 de febrero de 2012

El misterioso caso del soldado extremeño desaparecido

Al soldado Francisco Jaime le perdemos la pista en octubre de 1938
Hace unos días, comentaba en twitter un amigo que “en los personajes anónimos es donde realmente se encuentra la historia”. Y no le falta razón. La historia que voy a contar me impresionó tanto o más que las que hablan de los grandes estrategas de la Guerra Civil. No es una historia de heroísmo ni una hazaña bélica digna de ser contada. Es una historia cruda que refleja la evolución de una persona durante un conflicto como el español. La historia de un completo desconocido al que le perdemos la pista en enero de 1937. Las siguientes líneas nos llevarán a Extremadura, Teruel, Barcelona y el Cerro Garabitas de la Casa de Campo de Madrid.



Francisco Jaime se alistó a las Flechas Negras

Verano de 1936

A Francisco Jaime le sorprendió la guerra en su localidad natal, Barcarrota (Badajoz). En julio de 1936 tenía 17 años y trabajaba como aprendiz en una carpintería propiedad de su tío. A los pocos días del alzamiento militar, se formó en su pueblo un Comité Revolucionario que detuvo a 43 personas, afines políticamente hablando a los sublevados, y el asesinó a dos individuos del partido tradicionalista. Francisco presenció con estupor como detenían a varios de sus mejores amigos por el simple hecho de ir a misa todos los domingos o por pertenecer a la Falange. Él se libró de la detención por ser primo segundo de uno de los cabecillas del Comité por lo que siguió haciendo su vida con normalidad aunque con el temor de ser detenido en cualquier instante.

24 agosto de 1936
Se había cumplido un mes del inicio de la Guerra Civil cuando los nacionales habían tomado prácticamente toda la provincia de Badajoz. Los milicianos de Barcarrota establecieron unas defensas muy simples para intentar contener al tambor de regulares que se aproximaba a la localidad. Los combates fueron durísimos, especialmente en las inmediaciones del cementerio. Al final, los frentepopulistas nada pudieron hacer para contener a los hombres del General Yague que entraron en Barcarrota a primera hora de la mañana del 25 de agosto. Antes de la cruda batalla, Francisco y dos amigos decidieron huir del pueblo. No querían ser testigos de una lucha sin sentido y menos aún que el Comité Revolucionario les obligara a luchar. Por la zona sur del pueblo, consiguieron burlar a las patrullas de la CNT y se encaminaron rumbo a la Sierra del Potril. Entre cortijos y bosques, Francisco y sus acompañantes se escondieron varias noches aprovechando el buen tiempo hasta que fueron detenidos. Una patrulla de reconocimiento franquista localizó a los tres huidos y los llevó de vuelta a Barcarrota para ser interrogados. Tras comprobar que estaban limpios, fueron puestos en libertad y Francisco siguió haciendo su vida normal, aunque con su pueblo tomado por los nacionales.

Verano de 1937
Tras cumplir los 18 años Francisco fue llamado a filas con otros chicos de Barcarrota y en la misma caja de reclutas decidió alistarse en las Divisiones Italianas, más conocidas por Flechas Negras. ¿El motivo de formar parte de los batallones fascistas italianos? Simplemente económico. Mientras que la infantería nacional pagaba poco más de una peseta y media al mes, las Flechas Negras pagaban 2,5, una cantidad que le vendría de maravilla tanto a él como a su familia.

En septiembre de este año le enviaron a Zaragoza para hacer la instrucción con los voluntarios italianos y un mes más tarde le destinaron a Teruel con la 2 Bandera de Flechas Negras, formada sobre todo por extremeños salvo los oficiales que seguían siendo italianos. Tras el fiasco italiano en la Batalla de Guadalajara, Musollini quería recobrar el honor perdido y sus tropas voluntarias participaron en el otoño e invierno de 1937 en numerosísimas operaciones en el Frente de Aragón. El bautismo de fuego como soldado de Francisco fue en Peñarroya aunque las actuaciones destacadas de su unidad tuvieron lugar en el Frente de Aragón.



Ofensiva de Aragón. Francisco participó en ella
Marzo 1938

Cerca de Belmonte, un grupo expedicionario de las Flechas Negras en el que estaba Francisco cayó en una emboscada de comandos republicanos. Casi todos los compañeros de unidad murieron en el combate salvo algunos, como nuestro protagonista, que fueron hechos prisioneros. Junto a otros presos nacionalistas, Francisco fue trasladado a Barcelona donde sorprendentemente no ingresó en la cárcel ni fue juzgado por ningún tribunal. Durante todo el viaje a la ciudad condal convenció a sus captores de que “tenía intención de pasarse a los republicanos cuando tuviera la oportunidad porque desde siempre había sentido simpatía hacia las ideas izquierdistas”. Francisco con su gran oratoria y su gracejo extremeño se presentó en la oficina de evadidos en Barcelona y le dijo al sargento responsable que “quería luchar por la República”.

Con varios guardias civiles pertenecientes a la Columna Escobar, Francisco es destinado, ya como soldado republicano, a Madrid. Allí forma parte de la 43 Brigada Mixta que por aquel entonces estaba liderada por Victoriano González Marcos. Las posiciones de esta Brigada se ubicaban en la casa de Campo, muy cerca del Cerro Garabitas, uno de los puntos más altos de Madrid y en poder de los nacionales.

En mayo de este año, la situación bélica de la Casa de Campo era mucho más tranquila que en noviembre de 1936. Los dos ejércitos habían cavado trincheras y se habían construido incluso fortines y nidos de ametralladoras. El frente, por lo tanto, se había estabilizado y los combates entre nacionales y republicanos brillaban por su ausencia salvo escaramuzas aisladas. Con este contexto y pese a las incomodidades de la guerra, Francisco vivió varias semanas tranquilo en las que hizo amistad con varios jóvenes como él, sobre todo extremeños. Llegó incluso a colaborar en la elaboración de un periódico que editaba la propia Brigada Mixta. Fue allí cuando conoció a Luis Fernández, un madrileño de 25 años con aspecto retraído que trabajaba como mecanógrafo de la Brigada. Sin darse cuenta, Francisco fue adquiriendo confianza con el mecanógrafo hasta que cierto día surgió el tema de evadirse a la zona nacional. Sin tapujo alguno, nuestro extremeño reconoció que en la zona nacional se vivía mejor y le propuso pasarse con varios compañeros a los nacionales. El interés de Francisco por cambiar nuevamente de uniforme era tan grande que delante incluso de otros soldados se atrevió a mostrar 250 pesetas franquistas que guardaba todavía de su paso por las Flechas Negras.



Restos actuales de trincheras en la Casa de Campo, allí estuvo Francisco
en la 43 Brigada Mixta. Allí fue detenido por el SIM


Mayo 1938

Durante los primeros días de mayo, Francisco y Luis prepararon de forma meticulosa la posible fuga hasta que llegó el día 6. Después de terminar una guardia diurna en una trinchera próxima a Garabitas, Luis apareció con un grupo de agentes del SIM (Servicio de Información Militar de la República). Su compañero mecanógrafo resultó ser un agente del servicio de información del Ejército del Centro que le estaba siguiendo la pista desde que aterrizó en la Casa de Campo. Tras identificarse como miembro del SIM y ponerle los grilletes, se lo llevaron al puesto de mando de la Brigada donde fue interrogado y golpeado durante horas. Al final tuvo que reconocer que se había planteado la evasión y que había recomendado a otros soldados que se pasaran a los nacionales. Una vez firmada la declaración, Luis (su nombre real no era ese. Tampoco lo conocemos. En los archivos del SIM aparece como el agente Francia), telefoneó a su superior, Ángel Pedrero para anunciarle que ya se había efectuado la detención y que trasladarían al detenido a la cárcel del SIM en el Ministerio de la Marina.



Dinero real franquista intervenido a Francisco Jaime en mayo
de 1938. Lo hemos encontrado en su ficha judicial en el Archivo
Histórico Nacional

 En el mes de julio Francisco pasó a disposición judicial por el Tribunal Especial de Guardia número 2. Pese al interés de su abogado defensor, Francisco Jaime fue condenado a muerte por traición, una sentencia posteriormente ratificada por el Tribunal Especial de Espionaje y Alta traición en septiembre de ese mismo año aunque el Tribunal de Espionaje de Barcelona tendría que abrir de nuevo diligencias. Los delitos por los que le condenaban eran de traición, propaganda a favor del enemigo e intento de evasión. Mientras esperaba las diligencias de Barcelona, Francisco fue trasladado a la cárcel de San Antón. Finalmente fue llevado a Barcelona en octubre de 1938, tres meses antes de que Cataluña cayera en poder de las tropas nacionales. Sabemos que estuvo preso en el Buque Prisión Villa de Madrid pero es aquí cuando le perdemos la pista.


Condena a muerte de Francisco Jaime

Tras varias semanas de investigación hemos leído listas inmensas de condenas a muerte en Barcelona pero no figuraba en ninguna de ellas el nombre de Francisco Jaime. También hemos estudiado el traslado de presos a otros puntos de Cataluña o el envío incluso a campos de trabajo y no hemos localizado nada. De hecho, hemos dialogado con todas las personas apellidadas Jaime en la provincia de Badajoz y nadie tiene noticias de lo que le pudo pasar al soldado Francisco tras llegar a Cataluña. Esta misteriosa desaparición nos hacer elaborar algunas teorías:

1) En octubre de 1938, fecha en la que llega a Barcelona, los nacionales estaban iniciando la ofensiva de Cataluña. La ciudad condal cayó en poder de Franco en enero de 1939. Conocemos muchos casos de presos que fueron liberados por sus carceleros antes de que llegaran los nacionales buscando un trato de favor por parte de las autoridades franquistas. Es factible que Francisco fuera uno de ellos y echara raíces en Barcelona o incluso que volviera a Madrid.  
2) Fue evacuado al igual que otros presos rumbo a Francia. Muchos de ellos no llegaron a su destino y fueron fusilados por los Republicanos antes de cruzar la frontera.

3) Escapara en alguna de esas expediciones como lo hicieron varios presos nacionalistas como Rafael Sánchez Mazas.
El final de la historia de Francisco Jaime está todavía por escribir y nosotros seguiremos investigando para escribirlo lo antes posible.

Fuentes:

AHN
AHM Guadalajara
Familia Gerard



lunes, 6 de febrero de 2012

Los diez libros de la Guerra Civil en Madrid que no hay que perderse

Ranking de las mejores publicaciones que hablan de la contienda en la capital

 No son los diez mejores libros de la Guerra Civil Española pero estos títulos que ofrecemos a continuación os servirán para conocer mejor lo sucedido en Madrid entre 1936 y 1939. No son publicaciones al uso. De hecho, la mayoría de estos libros no los encontrareis en librerías normales (algunos sí pero no todos). Si realmente estáis interesados en leer por ejemplo ‘Así cayó Madrid’ o ‘En las trincheras de Madrid’, tendréis que olfatear las tiendas de segunda mano y las librerías menos populares. Cuando leáis estos libros tendréis que intentar hacerlo como meros lectores o historiadores. En ‘Brunete’ del general Casas de la Vega no podéis pedir objetividad por parte del autor porque a su padre lo asesinaron varios exaltados del Frente Popular. A Vicente Rojo Lluch, con su obra ‘La Defensa de Madrid’, tampoco podéis echarle en cara su parcialidad republicana porque toda la guerra defendió los intereses de la República. Esperemos que disfrutéis con estas recomendaciones y con las que nos han ido ofreciendo en twitter varios de nuestros amigos.


LA BATALLA DE MADRID. Jorge Martínez Reverte. A pesar de ser un estudio riguroso de la Batalla de Madrid, el autor ha conseguido que muchos lectores devoremos el libro sin darnos cuenta. Utiliza un estilo sencillo y sin la pedantería de aquellos escritores que piensan tener la verdad absoluta. Son 576 páginas divididas en capítulos, equivalentes a los días que dura la batalla entre septiembre de 1936 y enero de 1937.



MADRID EN GUERRA, LA CIUDAD CLANDESTINA. Javier Cervera. Estudio minucioso sobre la ciudad de Madrid durante los tres años de guerra. Cervera aborda, fundamentalmente, las actividades clandestinas de los ‘otros madrileños’ que no apoyaban al bando republicano durante la contienda. Publicación rigurosa y muy bien documentada.




LA DEFENSA DE MADRID. Manuel Chaves Nogales. El autor escribió ese libro hace más de 70 años y parece que fue ayer. Nogales era un adelantado a su tiempo. Además, el hecho de ser periodista y de haber vivido en primera persona el comienzo de la guerra, le dio mucho rigor para escribir el libro. Lenguaje novelesco pero basados en hechos reales, todas las cosas que se relatan en este libro están muy bien documentadas. Interesante el perfil que hace del General Miaja durante todas sus páginas.



 ASÍ CAYÓ MADRID. Segismundo Casado. En su particular exilio en Londres, el Coronel Segismundo Casado relató sus vivencias personales, especialmente durante los días finales de la guerra. El libro es bueno aunque el lenguaje empleado deja un poco que desear. Sin embargo sirve para conocer a la perfección como se produjo el golpe contra los comunistas y las consecuencias que tuvo.


LA DEFENSA DE MADRID. Vicente Rojo Lluch. El general Vicente Rojo publicó su obra en México en 1967. Con tintes subjetivos explica con detalle la Batalla de Ciudad Universitaria y las Ofensivas en la Casa de Campo por recuperar el Cerro Garabitas.




EN LAS TRINCHERAS DE MADRID. MEMORIAS DE UN CAPELLÁN DE REQUETÉS. Juan Urra. El libro fue editado en 1942 por lo que refleja solamente el punto de vista de los vencedores. Sin embargo, es un buen libro para entender la vida en las trincheras y la vida cotidiana de los soldados en plena Batalla de Madrid.



 LA BATALLA DEL JARAMA. Jesús González de Miguel. Es un libro fundamentalmente de testimonios, por eso se hace ameno. Aborda el intento de las tropas nacionales de cortar las comunicaciones de Madrid.




BRUNETE. General Casas de la Vega. Este general de Caballería escribió este libro en 1967. Lógicamente es afín a los nacionales aunque no por ello desprestigia a los estrategas republicanos. Tuve la ocasión de conocerle personalmente y escuchar de su voz toda la cronología de la batalla de Brunete. Fue un verdadero placer. Nos ha dejado recientemente. Descanse en paz.



 MEMORIAS DE SANTIAGO CARRILLO. Publicadas en la década de los noventa, el líder del PCE relata la su vida y responsabilidades durante la guerra civil en Madrid. Al ser un libro de memorias, no podemos poder objetividad porque Carillo relata “su verdad”. Es un buen libro para entender determinados comportamientos durante la guerra civil.



 PARACUELLOS, KATYN. UN ENSEYO SOBRE EL GENOCIDIO DE LA IZQUIERDA. César Vidal. Buen estudio sobre las matanzas de Paracuellos del Jarama aunque a mi juicio demasiado partidista. Aún así, César Vidal explica muy bien y con buena documentación este triste episodio de nuestra guerra.




 Recomendaciones de los amigos de twitter:
 Ana Martínez recomienda: ‘La Voz Dormida’ de Dulce Chacón y ‘Dime quién soy’ Julia Navarro.

 Ignacio Gil recomienda: ‘Los cipreses creen en Dios’ de José María Gironella.

 Juan López García recomienda: ‘Diario de un pistolero anarquista’ de Miquel Mir e ‘Idealista bajo las balas’ de Paul Preston

 Miguel Chicapar R recomienda: ‘Los años del miedo’ de Juan Eslava Galán.

 Javier nos recomienda: ‘La Batalla del Ebro’ de J. Reverte

 Juan Javier Martín recomienda: ‘Los Mitos de la Guerra Civil’ de Pio Moa y ‘La Guerra que ganó Franco’ de César Vidal.

viernes, 3 de febrero de 2012

Queipo de LLano: "Los déspotas bolcheviques encadenan a los milicianos junto a sus ametralladoras para que mueran a su lado"

Discurso del General franquista en Unión Radio Sevilla




 Tal día como hoy en 1937 el General Queipo de Llano ofrecía por radio el siguiente discurso:

 Buenas noches señores:

 El tiempo tiende a mejorar. Las altas y bajas del barómetro influyen de una manera extraordinaria en la actuación de los ejércitos, sobre todo cuando estos, por sucesivas movilizaciones no han alcanzado la perfección de los ejércitos regulares. Es necesario mucho tiempo para instruir a la tropa. Hay que aprovechar todos los momentos y el agua y el mal tiempo retardan mucho esta instrucción. Después de este enorme temporal que hemos sufrido, es necesario cuando se quiera operar, emplear bastantes días en acumular elementos necesarios para los planes que se han de desarrollar.

Pero por encima de todos los elementos, por encima de todas las circunstancias que rigen los destinos de la vida como la de los ejércitos, por encima de todo, se encuentra el estado moral de las tropas. Cuando una tropa carece de moral, la lluvia persistente, las mojaduras terribles en el campo disminuyen más esa moral.

Por eso Miaja se encuentra en una situación de perfecta euforia ante el mal tiempo reinante y le ha dado por hacer declaraciones. El parte oficial dice que el general Miaja afirma que ahora tiene absoluta seguridad en el triunfo de la República. Yo creo lo contrario. Creo que lo que él llama República, ese conglomerado de socialistas, anarquistas, comunistas, peristas, ladronistas y asesinistas no puede triunfar. También ha hecho otras declaraciones al recibir al mediodía a los periodistas a los que dijo que no tenía que señalar nada nuevo a no ser el valor y el tesón de los milicianos. De modo, que según Miaja, esto es lo único nuevo que hay y ello quiere decir que es una novedad que los milicianos empiecen ahora a sostener las posiciones. No deja de llamarme la atención semejantes declaraciones porque yo, que hablo todos los días, que he visto a los soldados batiéndose como buenos, no se me ha ocurrido hablar nunca aquí en las charlas de su espíritu y de su valor. Yo creo que estas cualidades son algo así como decía el cantar de la novia que “cuanto más se la quiere, tanto menos se la nombra”.

 Constantemente están diciendo que nuestros soldados se pasan a sus filas. Nuestros soldados no pueden pasarse a ellos porque no son idiotas. Nuestros soldados están compenetrados con nosotros en la seguridad de que con su esfuerzo han salvado a la patria. Tienen el convencimiento de que nuestra victoria es segura. Los déspotas africanos encadenaban a sus esclavos, armados con lanzas para que no pudieran escaparse en la batalla. Hoy, los déspotas bolcheviques, encadenan a los milicianos, junto a sus ametralladoras para que mueran a su lado.

Sauto, el jugador mexicano del Real Madrid que sobrevivió a una checa


Imagen de Sauto, cedida por su familia

Aunque José Ramón Sauto había nacido en México, llevaba casi toda la vida en España. El verano de 1936 estaba siendo intenso para él porque tenía que compaginar el fútbol con el servicio militar en el Cuartel de la Montaña. Ser futbolista del Madrid le daba ciertos privilegios aunque seguía haciendo guardias con normalidad. El 18 de julio, inicio del alzamiento, sorprende a Sauto fuera del cuartel por lo que no participó en los enfrentamientos del Cuartel de la Montaña. Allí se había hecho fuerte el general Fanjul con unos 150 oficiales del ejército, cadetes, militares sin destino y retirados así como falangistas y monárquicos. Tras los intensos tiroteos del día 20 y con decenas de muertos por parte de los sitiados y sitiadores, el cuartel cae definitivamente con la entrada en el recinto de las Fuerzas de Asalto y de la Guardia Civil así como por una turba descontrolada de personas que estaba combatiendo desde hacía horas en las calles aledañas al cuartel. El alzamiento en Madrid había fracasado y el intento de rebelión había sido sofocado por las fuerzas leales a la República.

Asaltado el Cuartel de la Montaña y con muchos de sus compañeros de mili muertos o detenidos, Sauto se escondió en diferentes viviendas de Madrid antes de ser detenido por pertenecer a la guarnición de La Montala. Fue trasladado a la checa de la Plaza de Santa Barbara donde permaneció varias horas antes de ser puesto en libertad. Esta prisión dependía del cuartel Spartacus, un centro militar anarquista que se encargó, entre otras cosas, de depurar a los guardias civiles cercanos a los franquistas. En esta checa fue interrogado por varios milicianos aunque el responsable de la misma, que era aficionado del Real Madrid, le reconoció y decidió ponerle en libertad.


“Este hombre le advirtió, además, de que su vida podía correr peligro si seguía en la calle” nos cuenta la hija del futbolista, María Inés Sauto"
Al tener la nacionalidad mejicana y tras recibir la advertencia del responsable de la checa, Sauto se refugió en la Embajada de México inmediatamente. Allí coincidió con varios conocidos suyos, como el abogado mexicano Rodolfo Reyes Ochoa, cuyos dos hijos, pertenecían a la Falange y habían luchado en el cuartel de la Montaña. En los edificios pertenecientes a la diplomacia mexicana en Madrid se alojaron también Luis Carrero Blanco, años más tarde presidente del Gobierno; Alberto Martín Artajo, que llegó a ser Ministro de Exteriores con Franco y el intelectual Ramón Menéndez Pidal. Tras meses refugiados en los edificios y pisos de la embajada, se organizó una expedición a Valencia para salir desde allí en barco a Francia. 

El Ministerio de Estado se encargó de ofrecer garantías de seguridad para el viaje, y a finales de febrero de 1937 la expedición formada por unas 800 persones abandonaba Madrid en 40 camiones y escoltada por casi 200 guardias de asalto en motocicletas. No sin sobresaltos, Sauto partió rumbo a Francia, aunque estando allí tomó la decisión de volver a España, pero en esta ocasión a la zona nacional. Llegó a Pamplona donde se enroló, en compañía de su hermano Ángel, en el Batallón de Camilo Alonso Vega como enlace motorizado. Según su hija, a Sauto no le gustaba pegar tiros y por ese motivo decidió pagarse de su bolsillo la moto. En este batallón y con la IV Brigada Navarra, Sauto era siempre el primero en transmitir las órdenes de sus superiores en todos los extremos del frente. Formó parte activa de la Batalla de Brunete y del Ebro, donde arriesgó su vida pasando en motocicleta a toda velocidad por las líneas enemigas.

El momento más amargo para Sauto fue cuando su hermano cayó herido de gravedad. Durante varios días el jugador del Madrid temió por su vida ya que había desaparecido de la noche a la mañana del frente. Según María Inés: "
"Fueron jornadas muy duras porque pensaba que estaba muerto. Al final lo encontraron en un hospital de campaña malherido del brazo. Terminada la guerra visitaron muchos médicos, incluso fuera de España, para intentar recuperar ese brazo que había quedado inutilizado"

Terminada la guerra siguió jugando en el Madrid pero por pocos años. A diferencia de otros jugadores de su equipo, el contrato de José Ramón Sauto era amateur y no profesional. Cobraba poco y su contrato terminaba cada 30 de junio, por lo que se renovaba año tras año. El problema, pese a todo, no era su contrato como futbolista sino su forma de ser. Según su familia, "le horrorizaba la disciplina y no le gustaban los entrenamientos". Cuando terminó la guerra, Santiago Bernabeu le llamó para incorporarle al equipo y Sauto le dijo que sí siempre y cuando no tuviera la obligación de ir a entrenar. Bernabeu, con el que tenía buena relación aceptó y jugó algunos partidos más con el equipo de sus amores. Sin embargo, Sauto retomó los estudios de medicina que había abandonado con motivo de la guerra pero no pudo terminarlos. Culpa de ello tuvo un capítulo que nos relató de la siguiente manera la hija del jugador: 
"Mi padre tenía alquilada una casa a unos universitarios en la calle Ríos Rosas. Cierta noche, en la década de los cuarenta, esos universitarios nos advirtieron de que se había producido un robo allí. Mi padre, lo primero que hizo, fue llamar a la policía y una dotación se presentó en este piso que teníamos alquilado. Al entrar comprobaron que efectivamente se había producido un robo pero es que además se encontraron con el uniforme y la pistola de mi tío Ángel, el que había luchado en la guerra. Una de las leyes que se impusieron tras la guerra obligaba a todos los combatientes a entregar el armamento y los uniformes. Mi padre, que era muy despistado, se olvidó de ese pequeño detalle y tuvo problemas con la justicia. Por este motivo no le dejaron licenciarse cuando le quedaba una o dos asignaturas para terminar medicina. Le hubiera encantado ejercer de médico"

Aunque siguió jugando algún año después de 1939, la guerra le había marcado enormemente. La final de Copa disputada en Mestalla antes de la contienda no fue su último partido pero si el último gran título que consiguió levantar como futbolista profesional. Sus allegados recuerdan la rabia que sintió Sauto en aquel partido ante el Barcelona cuando tuvo que retirarse lesionado. Dicen que era cercano, divertido y sobre todo muy buena persona. Ese carácter extrovertido y fácil tanto dentro como fuera del campo hizo que el Madrid y el Sevilla le dedicaran un partido homenaje en 1943 para despedirle como futbolista. Fue una retirada dulce, como siempre había soñado.

jueves, 2 de febrero de 2012

Miaja: "Ahora puedo afirmar que tengo absoluta seguridad en el triunfo"



El Heraldo de Madrid entrevistó a Miaja un 2 de febrero de 1937

 Una vez estabilizado el Frente de Madrid tras la ofensiva frustrada del Ejército Nacional, el Heraldo de Madrid entrevistó al General Miaja tal día como el de hoy; 2 de febrero de 1937. La entrevista muy breve puesto que se celebró justo antes de comenzar una reunión relacionada con los víveres de la Junta de Defensa de Madrid
 Con sinceridad General ¿Qué situación vivimos realmente en Madrid ahora mismo?
 La situación de Madrid es dura. Que nadie se haga ilusiones de que el peligro ha pasado porque la quietud del enemigo está impuesta por la inclemencia del tiempo. Pero que nadie lo dude y lo diremos muy alto para que llegue a los oídos de todos: Madrid continuará en su puesto, sin ceder un solo paso al enemigo.
 ¿Qué moral tienen nuestros hombres, los que se baten en el campo de batalla?
 Alta, muy alta. Los elementos con los que cuenta Madrid para su defensa para ser vencidos requiere muchas cosas. No creo que en las trincheras de enfrente dispongan de esas cosas para derrotar al ejército del pueblo.
 Cómo presidente de la Junta de Defensa de Madrid ¿Qué tiene que decir a todos los madrileños?
 Como presidente de la Junta Delegada de la Defensa de Madrid diré con gran satisfacción, que con el espíritu, valor y la abnegación de mis colaboradores no solo rechazaremos al enemigo sino que lo llevaremos a muchos kilómetros. A pesar de los alemanes e irlandeses que tienen en sus filas.

¿Qué puede comentar acerca de la disciplina del Ejército del Pueblo?
 Verá, le puedo decir que las Milicias van entrando en caja y disciplinándose. Llegarán a constituir, si es que no se ha logrado ya, un formidable ejército que tendrá en su haber, la sensación del deber cumplido. Quienes supusieron que la disciplina estaba relajada o mintieron a sabiendas, han cometido un grave error. No quieren tener en cuenta que nosotros tuvimos que improvisarlo todo. Ahora puedo afirmar de una manera rotunda y categórica que tengo absoluta seguridad en el triunfo.

La supervivencia de dos religiosos anónimos en el Madrid republicano

Los padres Vicente Serrano y José Luis Peñuela sobrevivieron a la guerra



El padre Vicente Serrano.


Vicente Serrano, seminarista madrileño, de retiro espiritual la tarde del 18 de julio de 1936. En su barrio, Pacífico, ya pudo comprobar ese mismo día como se estaban armando las milicias que se preparaban para combatir el alzamiento. El domingo 19 acudió a misa con normalidad y el 20 también, aunque este día tuvo muchos problemas para llegar al convento de los Dominicos de Atocha al haberse iniciado el asedio al Cuartel de la Montaña. En una entrevista, el padre Serrano relató:
 

"nada más llegar al convento, éste se encontraba cerrado por lo que me abrieron la puerta de atrás. En el exterior ya se empezaba a aglutinar gente que gritaba contra la Iglesia y la religión. Tras la comunión me marché. A las doce del mediodía, la Basílica estaba ardiendo y la mayoría de Dominicos habían sido asesinados”
 Impactado por los acontecimientos que se sucedían en aquel convulso verano de 1936, Vicente Serrano tuvo que dejar el seminario en el que estudiaba tras haber sido asaltado. Regresó a su casa paterna y allí su familia le recomendó que se alistara al ejército, que de lo contrario, llamaría mucho la atención. Y eso fue lo que hizo. Acudió al Cuartel de la Montaña, ya en poder de la República y fue destinado a la Oficina de Organización:
“No me lo podía creer. Solo tenía 18 años en 1936 y me encargaron coordinar todo lo referente a los reclutas”.
El padre Vicente todavía recordaba con miedo los ataques de los Junkers alemanes a las posiciones republicanas:
“A los pocos días de empezar a trabajar como Jefe de la Oficina de Organización los bombarderos alemanes hicieron caer sobre el Cuartel toneladas de bombas. Lo destrozaron por completo y sobreviví de milagro. Después nos llevaron al cuartel de María Cristina que también fue alcanzado por los morteros nacionales”.

Pasados unos meses y tras la estabilización del frente de Madrid, Vicente Serrano tuvo que marcharse al frente a luchar. Por sus estudios, sus superiores le colocaron como ayudante del Comisario Político, por lo que personalmente “no tuve que pegar un solo tiro en el frente. Estaba en la 68º División que participó más adelante en la Batalla de Teruel” recordaba.

 Preguntado por un periodista de Alfa & Omega sobre si seguía sintiéndose seminarista, Serrano afirmaba rotundamente que sí:
“buscaba mantener contacto con la Iglesia clandestina de Madrid en los permisos. Mantuve mucha relación con el padre José María Lahiguera. A partir de 1937 las cosas se empezaron a serenar un poco y fue en esa época cuando se pudo establecer una red de ayuda. La eucaristía se celebraba en una casa y la comunión se llevaba a los enfermos de forma clandestina, claro. El padre José María, por ejemplo, estuvo viviendo un tiempo en el Hotel Laris, en la plaza de Santa Bárbara y allí celebramos misa en más de una ocasión. A los seminaristas que estábamos en el frente, por ejemplo, para rezar el rosario, nos decían que utilizáramos una cuerda de diez nudos para rezarlo”.
Terminada la guerra, el padre agustino Serrano terminó sus estudios en el seminario y recientemente ha participado muy activamente como confesor en las Jornadas Mundiales de la Juventud.


Quema de Iglesias durante la guerra en Madrid
 
Un sacerdote escondido en las catacumbas

José Luis Peñuela era un joven sacerdote nada más estallar el alzamiento de Franco. Su parroquia en Vallecas, fue las primeras en ser asaltada por las milicias descontroladas, y tuvo que huir a toda prisa. Lo primero que hizo fue buscar a un refugio seguro, ya que en Madrid no tenía familia. Con el auxilio de otros sacerdotes consiguió entrar en la Embajada de Finlandia. Al frente de esta Legación, sorprendentemente no había ningún diplomático finlandés (todos habían huido a Francia o Portugal) por lo que gestionó la entrada de refugiados un trabajador español de la Embajada llamado Francisco Cachero. Esta persona, además de gestionar la entrada de refugiados, tomó la decisión de abrir varios pisos en Madrid ‘supuestamente con bandera finlandesa’ para albergar a personas huidas de la justicia republicana.

No es descartable que para acceder a la Embajada de Finlandia el padre Peñuela tuviera que pagar alguna cantidad de dinero ya que en cierta manera, Cachero extorsionó a los refugiados. La noche del 14 de noviembre de 1936 los edificios de la Embajada fueron asaltados por la Policía y por miembros de las brigadas internacionales. La excusa que pusieron las autoridades republicanas fue, la de siempre en estos casos, “alguien había lanzado una bomba desde el interior de la embajada”, algo que no era cierto. Cientos de personas fueron detenidas y la mayoría de ellas trasladadas a la cárcel de San Antón. Entre los detenidos figuraban varios oficiales del ejército simpatizantes del alzamiento, falangistas, comisarios de policía, sacerdotes y religiosas. Ese mismo día, el sacerdote Pedreñuela y un grupo de diez personas pudo eludir el asalto. Él se encontraba en uno de los pisos de la embajada dando misa cuando escucharon que por las escaleras subía la policía republicana. El lugar donde se celebraba la eucaristía era una pequeña habitación, a la que se accedía por un pequeño agujero en la pared, tapado por un aparejador. Durante 18 días estuvieron escondidos sin poder hacer ruido ya que en las habitaciones contiguas estaban las milicias haciendo guardia. El día 22 de diciembre, tras 18 días de cautiverio, el padre Peñuela pudo salir a la calle, sin documentación, por supuesto. El padre José Luis, como le llamaban en su barrio de toda la vida, Vallecas, sobrevivió a la guerra civil y murió en 1998.

miércoles, 1 de febrero de 2012

El extraño fenómeno de las bombas que no explotaban en Madrid

Sabotajes republicanos en la España franquista


No es muy frecuente encontrar en los archivos españoles noticias sobre sabotajes republicanos en zona rebelde, pero existieron. No nos referimos a determinados ataques guerrilleros en cordilleras montañosas ni siquiera a las acciones contra las carreteras y vías férreas nacionales. Hablamos de sabotajes en toda regla en polvorines y centros de armamento muy similares a los que hacía la Quinta Columna en la retaguardia madrileña.
El 15 de enero de 1937, en Pozuelo de Alarcón varios proyectiles lanzados por la artillería franquista no explotaron puesto que carecían de espoletas. Dentro de estos proyectiles había notas tan elocuentes como la que se lee a continuación:
“Compañeros, de los proyectiles de este cañón no temáis, que no explotarán ninguno. Soy de la vuestros, UHP (Uníos Hermanos Proletarios)”.

Las bombas que no explotaron en Pozuelo trajeron de cabeza a las autoridades franquistas hasta el punto de que el SIPM (Servicio de Información y Policía Militar) envió una nota al Cuartel General de Burgos pidiendo una “vigilancia más exhaustiva para los artificieros con el objetivo de encontrar a los saboteadores”. Desconocemos si se produjeron o no detenciones.El 9 de mayo de 1938 nuevamente los servicios de información franquistas ponían en alerta al Cuartel General de Burgos con el siguiente telegrama:
“Los proyectiles del Ejército del Centro del 15,5 calibre que disparan nuestras baterías sobre Madrid no explotan en un 80%. Igual pasa con los morteros. Se ponen trozos de periódico en la espoleta para evitar que exploten”.

Esto tiene dos lecturas: o bien los encargados de cargar los proyectiles saboteaban las cargas explosivas o bien los propios artilleros nacionales se encargaban de hacerlo en el mismo frente de combate. Esto sería comprensible teniendo en cuenta que en 1938, casi todos los militares nacionales eran conscientes de que la guerra estaba ganada y no tendría sentido castigar Madrid las veinticuatro horas del día.


También existieron sabotajes similares en la aviación. El 27 de noviembre de 1938, el Cuartel General del SIPM, al frente de él estaba el famoso coronel Ungría, alertaba de nuevo a Burgos del siguiente hecho:
 “Agentes del exterior nos comunican que la mitad de las bombas de aviación nacional no explotan.”

Un guardia de asalto sostiene un artefacto que no llegó a explotar

El 13 de diciembre de 1938, los servicios de información de Franco en la sección destacada de Yuncos, descifraron un mensaje republicano con la siguiente estadística:
 12 de diciembre 1938. Ataque faccioso:
 - 10.45 horas. De 19 disparos de cañón faccioso calibre 10,5 = 9 sin explotar

- 13.30 horas. De 20 disparos de cañón faccioso calibre 10,5 = 5 sin explotar.

- 16.15 horas. De 37 disparos de cañón faccioso calibre 10,5 = 7 sin explotar

 - 17.15 horas. De 21 disparos de cañón faccioso de calibre 10,5 = 14 sin explotar.

Con estos números hay que extraer una simple conclusión: o los artilleros franquistas tenían muy mala puntería o dentro de sus filas se encontraban saboteadores republicanos.

Independientemente de las bombas que no llegaron a explotar en determinados momentos de la contienda, Madrid fue víctima de crueles bombardeos, en muchos casos indiscriminados que acabaron con la vida de cientos de civiles. En próximos días nos ocuparemos de estos ataques.

Esta bomba de la aviación italiana sí explotó en plena Gran Vía

Fuente: AHM (SIPM)

El Holocausto Español, Paul Preston

Diario El Correo

Petit Pastor