lunes, 19 de marzo de 2012


El historiador hispano-argentino que escapó de la cárcel Porlier

Llegó a ser Ministro de Información de Argentina y representante de Bolivia ante la ONU




Aunque había nacido en Sevilla, Carlos Angulo Cavada llevaba media vida viviendo en Buenos Aires hasta el punto de tener la doble nacionalidad. En la capital argentina había desarrollado una importante carrera como historiador, periodista y escritor. Pese a llevar veinticinco años viviendo en América, Carlos no olvidó nunca sus orígenes. Por eso, en la primavera de 1936, decidió regresar a España varios meses para impartir una serie de conferencias relacionadas con la colonización española en 1492. Tenemos constancia a través de la prensa de la época que ofreció charlas coloquio en Santander, Ciudad Real, Sevilla, Tarragona, Huesca y Madrid.
Curiosamente, el 18 de julio de 1936, Angulo Cavada estaba en Madrid. Él fue testigo del frustrado intento de sublevación en la capital y a las pocas semanas, como ciudadano argentino, acudió a la embajada de su país para pedir asilo diplomático. La guerra ya había comenzado y el pánico se empezó a desatar entre la colonia extranjera por los bombardeos de los aviones franquistas y los paseos llevados a cabo por milicianos descontrolados. El aluvión de peticiones para entrar en la embajada argentina y ser evacuados de España fue enorme, por eso el embajador evacuó de la capital a los casos más extremos. Carlos solicitó la evacuación pero los trámites eran lentos al tener él la doble nacionalidad. Así que mientras esperaba ser evacuado, en la legación diplomática le ofrecieron un brazalete con los colores de la bandera argentina y un salvoconducto para adquirir víveres durante los meses que tendría que esperar para salir de Madrid.
Se alojó en una pensión ubicada en el número 33 de la calle la Cruz, muy cerca de la Puerta del Sol. Durante los meses de septiembre y octubre de 1936 la gran mayoría de personas que se alojaban en las pensiones madrileñas eran sospechosas de colaborar con la Quinta Columna o simplemente de ser desafectos al régimen. Las principales chekas de la capital y los agentes de la Dirección General de Seguridad vigilaban de forma intensa a todos los inquilinos de estas pensiones, asesinándolos en muchísimos casos si eran considerados contrarios a la República. Angulo Cavada ni una cosa ni la otra. Llevaba casi toda la vida viviendo lejos de España y no estaba muy interesado de la situación política de nuestro país. Pese a todo, un inquilino de su pensión le denunció por espía ante la Dirección General de Seguridad. ¿El motivo de la denuncia? El brazalete que lucía a todas horas. Por aquel entonces, las embajadas no eran muy bien vistas por gran parte de la sociedad madrileña que acusaba a las legaciones diplomáticas de ser nidos de espías fascistas.
Después de tramitar la denuncia, la Brigada de Investigación Criminal se puso tras la pista de Carlos. Durante algunos días, dos agentes de policía de paisano se convirtieron en su sombra. Le siguieron las 24 horas por las calles de Madrid hasta que recibieron la orden de detenerlo por ser un posible desafecto. El inspector que lideraba la investigación se hizo con los antecedentes penales de Angulo Cavada y comprobó como en 1909 fue procesado en Granada por un presunto fraude a la compañía de trenes (no tenemos más detalles). Otro hecho que llamó la atención a los investigadores fue que en 1910 se presentó ante la policía de Madrid porque no  había acudido a hacer el servicio militar. Con estos antecedentes, la Dirección General de Seguridad dio orden de detenerlo y eso hicieron dos agentes uniformados la noche del 23 de agosto de 1936.
En su interrogatorio, Carlos manifestó que tenía la doble nacionalidad y que llevaba el brazalete con la bandera argentina porque se lo habían dado en la embajada. Los interrogadores no le creyeron y le acusaron de apropiarse del brazalete de forma fraudulenta porque él no era argentino sino sevillano. Nuestro protagonista manifestó también que conocía al Ministro Álvarez del Vayo al que había conocido en Montevideo cuando los dos ejercían como periodistas. Tras dos días en la Brigada de Investigación, Angulo Cavada ingresó en la segunda galería de la cárcel Porlier a la espera de pasar a disposición judicial. En esos momentos, los tribunales populares de Madrid estaban cargados de juicios pendientes a militares que habían participado en las sublevaciones del cuartel de la Montaña y Campamento.
Los meses fueron pasando hasta el juzgado de instrucción número cinco de Madrid, cuyo secretario era Rafael González Toledo, abrió un proceso por presunto delito de desafección contra Carlos. El juicio se llevaría a cabo el 27 de enero de 1937. Sin embargo, un grave error judicial en la notificación del proceso hizo que el director de la cárcel Porlier pusiera al historiador argentino en libertad. Ni el juzgado ni la cárcel se pusieron de acuerdo en la notificación del juicio por lo que en un momento de confusión Angulo Cavada fue puesto en libertad (estos errores judiciales fueron muy frecuentes en los primeros meses de guerra).
Una vez en libertad y ante el temor de ser detenido de nuevo por la policía, Carlos acudió de nuevo a la embajada argentina para pedir de nuevo asilo diplomático y alojarse en el interior de la misma hasta ser evacuado de Madrid. Eso hizo hasta el mes de abril de 1937 que abandonó España en una de las muchas expediciones de evacuación llevadas a cabo por Argentina en el torpedero Tucuman. Desde el 3 de febrero de este año, la policía republicana tenía orden de buscar y detener a Carlos Angulo Cavada por haberse fugado de la cárcel.
Tras su aventura por España, Angulo Cavada regresó a Buenos Aires, ciudad en la que volvió a trabajar como periodista. Años después se metió de lleno en el mundo de la política y llegó a ser Ministro de Información. En los años cincuenta se marchó a Bolivia como asesor del presidente llegando a ser representante ante la ONU por este país. En 1954 regresó a España. La situación había cambiado completamente desde su última visita en 1936. Durante varios años, el ya profesor Angulo Cavada, como todos le conocían, siguió impartiendo conferencias en los principales centros culturales de la península.


EL GENERAL MELÉNDEZ: SOLDADO POR UN DÍA

TRAYECTORIA Y EVACUACIÓN A ZONA NACIONAL



“Son las cuatro de la mañana de un día de agosto de 1937 en Madrid, en la esquina de la calles Velázquez y Goya  se encuentra un soldado con mono gris y emblemas de intendencia; la oscuridad de la noche oculta lo extraño que puede parecer ver a un soldado con más de 50 años y de porte distinguido, con su pelo canoso cubierto con una boina negra. A lo lejos se acerca un vehículo con matrícula de Albacete y un cartel con las siglas de la CNT-FAI en el parabrisas delantero: en su interior se encuentran varias personas. El soldado se aproxima al vehículo y tras reconocer al conductor sube a él, circulando inmediatamente por las calles de Goya y Alcalá hasta emprender la dirección de la carretera de Aragón. Tras dejar atrás la ciudad y las granjas y huertas de la periferia de Madrid, introducen el vehículo en un descampado solitario, próximo a la carretera, permaneciendo los ocupantes en él con las luces apagadas.
Apenas transcurren quince minutos cuando ven aparecer una camioneta del Ejército que se detiene en las proximidades del vehículo; rápidamente los soldados ocupantes del vehículo bajan  y suben inmediatamente a la parte trasera del camión donde ya se encontraban otros, emprendiendo ambos vehículos la marcha dirección Alcalá de Henares.
Transcurrirán  16 horas de viaje, sufriendo los rigores del calor de un mes de agosto, para llegar a su destino en las inmediaciones de Totanes un pequeño pueblo al sur de Toledo. El vehículo turismo y la camioneta detrás, formando una caravana silenciosa, han debido realizar más de 300 kms. por un itinerario zigzagueante, por carreteras de cuarto orden evitando los controles de la CNT y en los que no fueron posible evitar, mostrando los necesarios salvoconductos obtenidos de formar legal. Han circulado por varias provincias y cruzados muchos pueblos: Alcalá de Henares, Pastrana, Tarancón, Corral de Almaguer, Tembleque y ya al atardecer, cuando el sol se ocultaba por la sierra de Noez llegan a las inmediaciones de Totanés, donde apresuradamente bajan de la camioneta en las inmediaciones de un bosque.
Oculto entre los árboles un campesino espera a los catorce soldados, entre ellos se encuentra el mayor de 50 años, les indica con una señal que se apresuren y emprenden, ocultos entre los árboles, una larga caminata  en la noche hasta las orillas del Tajo. En su margen, oculta entre los juncos y otros arbustos,  suben a una barca  que le llevará a la zona controlada por los nacionales”

            Aquél sorprendente soldado mayor de 50 años era el General de Intendencia ADOLFO MELENDEZ CADALSO, Intendente General del Ministerio de la Guerra cuando era presidente de Gobierno CASARES QUIROGA, y el cuál sin otra razón que un cambio de gobierno, fue cesado por el nuevo ministro de la Guerra General Castelló a finales de julio del 36, a pesar que los militares golpistas nunca contaron con el General  Melendez para rebelarse contra el régimen republicano. El 6 de agosto de 1936 fue detenido en casa de un hermano suyo por unos Milicianos que habían recibido la denuncia de un particular y tras pasar por las dependencias de la Dirección General de Seguridad  que dirigía Manuel Muñoz, fue encerrado en las Cárceles de San Antón primero y Alcalá de Henares después, hasta que fue absuelto del delito de desafección al régimen por los Juzgados Populares y de Urgencia, gracias a la influencia de un Juez del Tribunal Supremo que eligió un jurado de jueces afines.

            Tras salir de la Cárcel en Marzo de 1937 y tras algunas peripecias fuera de ella, logra introducirse en un edificio de la calle Velázquez, alquilado por la Legación de Rumanía y bajo la protección de este país, gracias a la mediación de la Organización Quintacolumnista de Rodríguez Aguado. Posteriormente en el mes de agosto, miembros de esta Organización logran evacuarlo a las líneas nacionalistas como se narra anteriormente.



            La vida militar del General MELENDEZ transcurre simultáneamente con la trayectoria del equipo de futbol del Real Madrid, donde fue uno de los primeros jugadores y posteriormente Presidente del Club antes de la Guerra Civil y terminada la contienda. Fueron grandes sus logros en la Junta Directiva del Real Madrid, desde la inauguración de nuevo campo del Club en la calle O’Donnell con Narváez en 1912. Terminada la guerra en abril de 1939 se decide reanudar las actividades del Club y es nombrado de nuevo Presidente de la Junta Directiva logrando conseguir un plantel de jugadores que le permita iniciar la andadura del Club, cediendo la presidencia en noviembre de 1940.