lunes, 21 de mayo de 2012

Los negociadores de la Guerra Civil española

Martínez Barrio al habla con Mola

El 19 de julio el alzamiento franquista empezaba a triunfar en algunos puntos de la geografía española, sobre todo en el protectorado español de Marruecos y Melilla. En las principales ciudades de nuestro país como Madrid y Barcelona, el alzamiento se estaba produciendo aunque aparentemente con menos fuerza de la esperada por los generales Mola, Sanjurjo y Franco. En esos momentos frenéticos, el Presidente de la República, Manuel Azaña, nombró a Diego Martínez Barrio nuevo Presidente del Gobierno en destitución de Casares Quiroga que había presentado su dimisión. Martínez Barrio, en realidad, fue el primero en intentar negociar la paz entre los dos bandos de la Guerra Civil. Si Azaña le nombró presidente en la  noche del 18 al 19 de julio, lo primero que hizo este político republicano fue contactar telefónicamente con los principales líderes de la sublevación. A día de hoy, sabemos que telefoneó personalmente a los generales Mola y Cabanellas para negociar una salida pacífica. Esta fue la conversación exacta entre Mola y Martínez Barrio:

Saludo a usted, general. Soy Martínez Barrio.

¿Don Diego Martínez Barrio? Le escucho respetuosamente.

General, he sido encargado de formar gobierno. Y he aceptado. Al hacerlo me mueve una sola consideración: la de evitar los horrores de la guerra civil, que ha empezado a desencadenarse. Usted, por su historia y por su posición, puede contribuir a esta tarea. Desconozco las ideas políticas de los generales, entre ellos usted, que están al frente del Ejército. Supongo que por encima de todo otro estímulo colocan su amor a España y el cumplimiento de su deber militar. En esta confianza me dirijo a usted, para excitarle a que la tropa a sus órdenes se sostenga dentro de la más estricta disciplina y bajo la obediencia de mi Gobierno.

Agradezco a usted mucho, señor Martínez Barrio, las palabras lisonjeras e inmerecidas que le inspiran mi condición y mis servicios. Con la misma cortesía y nobleza con que usted me habla voy a contestarle. El gobierno que usted tiene el encargo de formar no pasará de intento; si llega a constituirse, durará poco; y antes que dé remedio, habrá servido para empeorar la situación.

Habría de tener las mismas desconfianzas que usted, que no las tengo, y la conveniencia general me impondría el deber de aceptar la tarea. Lo que pido a todos es que como yo cumplo el mío, cumplan el suyo. España quiere tranquilidad, orden, concordia. Pasadas que sean las horas de fiebre, el país agradecerá a sus hombres representativos que le hayan evitado un largo período de horror.

No lo dudo. Pero yo veo el porvenir de distinta manera. Con el Frente Popular vigente, con los partidos activos, con las Cortes abiertas, no hay, no puede haber, no habrá gobierno alguno capaz de restablecer la paz social, de garantizar el orden público, de reintegrar a España su tranquilidad.

Con las Cortes abiertas y el funcionamiento normal de todas las instituciones de la República estoy yo dispuesto a conseguir lo que usted cree imposible. Pero el intento necesita de la obediencia delos cuerpos armados. Ésa es la que pido, antes de ser poder, y la que impondré e intentaré imponer cuando lo sea. Espero que en este camino no me falte su concurso.

No, no es posible, señor Martínez Barrio.

¿Mide usted bien la responsabilidad que contrae?

Sí. Pero ya no puedo volver atrás. Estoy a las órdenes de mi general don Francisco Franco y me debo a los bravos navarros que se han colocado a mi servicio. Si quisiera hacer otra cosa me matarían. Claro que no es la muerte lo que me arredra sino la ineficacia, mi nuevo gesto y mi convicción. Es tarde, muy tarde.

No insisto más. Lamento su conducta que tantos males ha de acarrear a la Patria y tan pocos laureles a su fama.

¡Qué le hemos de hacer! Es tarde, muy tarde

Después de esta conversación ni que decir tiene que no llegaron a ningún acuerdo para alcanzar la paz. La guerra había comenzado.

Gregorio Marañón intenta pactar una reunión desde Paris
Tras proclamarse la República en 1931 el doctor Marañón se mostró partidario del nuevo régimen. Sin embargo, a medida que el clima de violencia iba incrementando en España, se fue desencantando poco a poco. Los asesinatos del teniente Castillo y de Calvo Sotelo hicieron que protestara personalmente por el clima de inseguridad que reinaba en la Republica y que estaba a punto de desencadenar la Guerra Civil. Pese a todo, al estallar el conflicto , junto con otros intelectuales, firmó un manifiesto en el que se decía:
"Ante la contienda que se está ventilando en España, estamos al lado del Gobierno de la República y del pueblo, que con heroísmo ejemplar lucha por sus libertades”.

Al poco tiempo Gregorio Marañón cambió drásticamente de parecer. El asalto de una turba descontrolada a la cárcel Modelo y el posterior asesinato de varias personalidades de derechas, entre ellas su amigo el capitán médico Fernando Primo de Rivera, provocaron en él un sentimiento descorazonador que le obligó a abandonar España. Tras el asesinato de su amigo Fernando, la viuda de éste le visitó en su domicilio para pedirle que intercediera para recuperar el cadáver de su esposo. Marañón quedó completamente impresionado por los acontecimientos que estaba adquiriendo la guerra en Madrid y en ese momento empezó a gestionar su salida de Madrid.
En los meses de septiembre y octubre de 1936 sabemos que el doctor Marañón tuvo algún problema con las milicias comunistas. Según contó él mismo tras exiliarse de España a la prensa francesa, un grupo comunista le obligó a punta de pistola a impartir un discurso radiofónico en pro de la república destinado a los antifascistas americanos. Sabemos también que al menos en dos ocasiones pasó por diferentes checas de Madrid para ser interrogado en relación a algunas amistades de derechas que él conservaba. Su última aparición pública en el Madrid republicano fue en diciembre de 1936 cuando acudió a la boda de un hijo de Menéndez Pidal en la sede del Quinto Regimiento. En 1937 abandonó España para instalarse en Paris, al igual que otros intelectuales tanto de derechas como de izquierdas.
La casa del doctor Marañón en la capital francesa se convirtió en un ir y venir de españoles de los dos bandos. Por el comedor de su preciosa vivienda almorzaban tanto altos ejecutivos del Gobierno de Burgos como personas muy influyentes del bando republicano. Siendo Juan Negrín presidente del Gobierno de la República, Marañón se puso en contacto con uno de sus hombres de confianza, Indalecio Prieto (por aquel entonces ostentaba la cartera de Ministro de Guerra) para que éste mantuviera una conversación secreta con Serrano Suñer, hombre de toda confianza de Franco. En este contexto, Negrín autorizó esas conversaciones aunque si alcanzaba publicidad el contacto, él mismo negaría haber tenido conocimiento de ellas. Indalecio Prieto, por lo tanto, no quiso participar en esas posibles negociaciones y quedaron zanjadas drásticamente antes de que se hubieran producido. En el lado franquista, Serrano Suñer pidió autorización a Franco para mantener una entrevista con Prieto y el Generalísimo se opuso a tales conversaciones por lo que del lado nacional tampoco se mostraron partidarios. El inicio de la conversación de paz entre nacionales y republicanos que habían promovido Gregorio Marañón había fracasado.

Julián Besteiro a la caza de interlocutores en Londres
Durante toda la Guerra Civil, el presidente de la República, Manuel Azaña, se caracterizó por su incapacidad a la hora de tomar decisiones. Pese a todo, el 12 de mayo de 1937 envió personalmente a Londres a uno de sus asesores más cercanos, el político socialista Julián Besteiro. Como excusa de representar a España en la coronación de Jorge VI, Besteiro acudió a Reino Unido para negociar con los ingleses su intermediación en una posible conversación de paz. Se reunió con la Foreign Office que se comprometió a interceder en secreto con el gobierno franquista que se negó, una vez más, a negociar un alto el fuego.

Negociaciones al final de la guerra
El mes de marzo de 1939, cuando los nacionales estaban a punto de entrar en Madrid, se mantuvieron numerosos contactos entre el Gobierno de Burgos y el Consejo Nacional de Defensa (lo que quedaba del estado republicano) que presidía el Coronel Segismundo Casado. La guerra estaba ya terminada para los republicanos y la Quinta Columna negociaba directamente con Casado la entrada en Madrid de las tropas franquistas. La entrada en Madrid de los nacionales, el derrumbe del frente y la intervención de la Quinta Columna será tratado más adelante en este blog de investigación histórica.