sábado, 22 de junio de 2013

Sandro Pistolesi, de espía en Madrid a corresponsal en el Vaticano



Pistolesi de mayor / ABC
En la mañana del día 10 de diciembre de 1936,  Alessandro Pistolesi Manzoni, aterido de frío y siempre alerta ante la posibilidad de que los milicianos abordaran su casa para darle el clásico “paseo”, permanecía en su habitación descifrando un conjunto de números escritos en una cuartilla y a la vez consultando un viejo y hojeado libro. Días antes, la Policía había detenido a su padre, Euralio Pistolesi, tras efectuar un registro en la casa familiar, situada en la calle de Jorge Juan nº 21, y acusarlo directamente de espionaje. La Guerra Civil Española estaba a punto de cumplir sus primeros seis meses de conflicto.

Finalmente, pasadas las once de la mañana de aquel 10 de diciembre del 36, la puerta de la casa de Alessandro se vino abajo. Un grupo de policías acompañados por varios milicianos irrumpieron inmediatamente en el salón de su casa anunciándole que se encontraba detenido acusándolo, al igual que su progenitor, de ser un espía al servicio de los italianos y por lo tanto, partidario de los sublevados de Franco.

Aquel joven de apenas 17 años estaba muy unido a su padre; de él se había imbuido de las ideas fascistas de los camisas negras seguidores de Benito Mussolini junto a aquellos años que pasó internado en el Lyceo Italiano de Barcelona, dado que en Madrid domicilio familiar, no existía escuela italiana.  Alessandro junto a sus padres Euralio Y Giulia llegaron a Madrid en el año 1930; su padre había sido destinado como asistente del agregado aeronáutico de la Embajada de Italia en España, el cual como técnico electricista se encargaría de las comunicaciones con Italia, además de otras labores menos técnicas pero más dirigidas a la obtención de información.

La Voz, 1937
Durante la convulsa década de los años treinta, Euralio frecuentaba habitualmente un edificio de la calle Cervantes 22 en el Barrio de las Letras de Madrid. Se trataba del domicilio de un importante abogado y en el que se reunían asiduamente opositores a la República para conspirar contra ella. 

 Descendiente de un grande de la literatura italiana

 Su madre Giulia Pistolesi Manzoni, ama de casa, era descendiente del escritor Alessandro Manzoni,  autor de una obra cumbre en la literatura italiana “I promessi sposi” (“Los novios” en su traducción española) en la que se narraba con gran crudeza la historia de unos enamorados en el norte de Italia durante la época de la ocupación española. Curiosamente, aunque en la cultura italiana la mujer pierde sus apellidos adoptando el del marido, Giulia no quiso dejar de llevar el suyo, “Manzoni”, de aquel gran escritor. 

 La peculiar profesión del padre

Euralio con 38 años, padre de Alessandro, decidió en el año 1935 dejar su puesto en la Embajada italiana y tratar de ganarse la vida como comercial en el ámbito de los negocios del Madrid de aquella época; no se sabe si esa decisión fue tomada de “motus propio” o bien a propuesta de los Servicios de Información de Italia que ya en aquella época podían vislumbrar fácilmente la crudeza de los años que se avecinaban, con la finalidad de situar un agente informador fuera de los cauces oficiales habituales; como comercial, Pistolesi pasaría mas desapercibido. El caso es que continuó frecuentando los ambientes monárquicos y falangistas al mismo tiempo que solicitaba y obtenía una Licencia de Radiodifusión; de hecho cuando la policía registró su domicilio por segunda vez deteniendo a su hijo, le aprehendieron también  un aparato receptor de radio, de ocho lámparas,  de onda larga, extracorta y normal,  marca R.C.A. (cerebro humano). Este aparato podía captar las emisiones de radio a larga distancia, por ejemplo desde Italia, con una simple manipulación nada difícil para un técnico en electrónica como Euralio, podía fácilmente utilizarse como emisor de radio, aspecto éste que la Policía Española en tiempos de la guerra civil,  poco preparada técnicamente, no fue capaz de detectar.
Declaración de Pistolesi en el juicio

 El joven Alessandro Pistolesi no tuvo ningún pudor en sustituir a su padre cuando éste fue detenido en aquellas labores informativas. De hecho antes de tal detención ya colaboraba con él turnándose en la recepción de los mensajes que recibían unas veces desde Gijón y Salamanca y otras desde la península italiana. Es sintomático que unos de los motivos por los que acusaron de espionaje a Alessandro fue por encontrar en su poder además de la radio unas notas que estaban en un cuaderno referidas a claves de comunicaciones por radio así como diferentes croquis que señalaban la situación de Mérida, Madrid, Siguenza, Villalba, Toledo, Jaca y Huesca. Es importante señalar que en el plano de Madrid que la Policía le arrebata a Alessandro se señalaban con lápiz rojo los diversos puentes sobre el río Manzanares y otros lugares de Madrid donde habían hecho blanco las bombas de la aviación nacional, y con lápiz negro los Ministerios de Marina y Aire.

Fueron muchas las pruebas que el jurado analizó a la hora de inculpar por el delito de espionaje a Alessandro Pistolesi y a su padre Eurialo, pero estas pruebas se hicieron más evidentes si contemplamos las relaciones que poco antes, la familia mantenía con la Aeronáutica italiana y mucho más si consideramos que prácticamente los primeros pilotos de la aviación nacionalista eran casi todos italianos, dado que el Ejército del Aire había permanecido fiel a la República, casi en su totalidad.

Padre e hijo estuvieron detenidos durante toda la contienda española. Durante varios meses estuvieron en la cárcel de San Antón en Madrid hasta que a Alessandro lo enviaron a la Prisión Reformatorio de Alicante. Allí le sorprendió el final de la guerra. Durante sus meses en esta prisión, el joven dibujó un mapa de su puño y letra en las que señalaba diariamente el progreso que hacían las tropas nacionales en el frente de Cataluña y Levante. El citado mapa lo guardó con orgullo durante años consiguiendo que meses después del conflicto se lo firmara el mismísimo Franco en una audiencia que le concedió en el Palacio de El Pardo. 
El mapa que dibujó en la cárcel

Su mapa estuvo a la venta por Internet

Hemos encontrado hace unos meses el citado mapa a través de las redes sociales y cuál ha sido nuestra sorpresa de que ha sido subastado por una conocida página de Internet. El mapa de Pistolesi hijo durante su cautiverio y firmado por el Generalísimo se vendió recientemente por la nada desdeñable cantidad de 1.000 euros. Desconocemos quién pudo ponerlo a la venta aunque intuimos que podría ser un descendiente suyo. 

Al término de la guerra civil Alessandro Pistolesi(“Sandro” como era conocido) fue condecorado dos veces al mismo tiempo que estudia en la Universidad Ciencias. Posteriormente fue contratado por el periódico ABC y otros medios para ejercer como periodista en Italia.  Cubrió en el país transalpino la II Guerra Mundial y mantuvo una relación muy estrecha con el Vaticano. Todos los corresponsales españoles que visitaban Roma destacaban de él su gran humanidad y su importante papel como anfitrión. Murió en el año 2000. 

Fuentes utilizadas:
 - AHN (FC-CAUSA_GENERAL,287,Exp.10)
 - Madrid en guerra, la ciudad clandestina, Javier Cervera
 - Hemeroteca Nacional (La Voz)
 - Hemeroteca ABC
  - Todo Colección
 

miércoles, 5 de junio de 2013

Los refugios antiaéreos de Madrid 75 años después de la Guerra Civil Española

Refugio junto a Ventas /http://artedemadrid.wordpress.com
Todavía hoy se pueden ver en Madrid algunos de los túneles subterráneos más representativos de la Guerra Civil Española. Se tratan por lo general, de refugios antibombardeos que decidió construir la Junta de Defensa ante las oleadas de ataques aéreos nacionalistas durante el invierno de 1936.

Uno de los mejores blog sobre la capital,( http://artedemadrid.wordpress.com), explica de manera minuciosa donde estaban situados dos de los refugios más importantes de Madrid que todavía hoy se conservan. En los alrededores de la Plaza de Toros de las Ventas, situado junto al Arroyo del Abroñigal y muy cerca del Puente de Ventas se levantó un refugio para uso militar. Nuestros amigos de ‘artedemadrid’ han conseguido localizar y visitar esa fortificación cuyo acceso es de lo más complicado. “Después de bajar unos doce metros, primero por un pozo estrecho con una serie de pates y luego por una vieja escalera oxidada, se llega a la galería principal de grandes dimensiones”, relatan.
El refugio de Ventas debe medir unos 200 metros de largo, con una sección de cuatro metros de altura por tres de ancho. Años atrás, la galería debería ser más grande puesto que una zona parece derrumbada. Los compañeros de este blog han conseguido fotografiar las galerías con imágenes de lo más sorprendentes. En estas imágenes exclusivas de artedemadrid.wordpress.com vemos como hay unos raíles entre las galerías, seguramente para transportar munición así como también encontramos restos de una especie de jarra.

El Refugio de Cuatro Caminos

El otro refugio del que hablan nuestros amigos es ubicado en la calle Raimundo Fernández Villaverde, muy cerca de la Glorieta de Cuatro Caminos. Justo enfrente del antiguo Hospital de Jornaleros, ahora ocupado por unas dependencias de la Comunidad de Madrid. Se conserva francamente bien y se accede por un colector del alcantarillado.
“El refugio antiaéreo construido para los habitantes de Cuatro Caminos tiene la belleza de la arquitectura sencilla con sus bóvedas de ladrillo. Es difícil mirar con frialdad los bancos tan pobres y no pensar en las escenas que debieron ocurrir en aquellos años tan dramáticos”, reflexiona ‘Arte de Madrid’.

Estos dos refugios no son ni mucho menos los únicos que han aparecido tras la contienda. Sabemos que justo debajo de la Plaza de Chamberí existen un par de refugios cuyo acceso hoy en día está tapiado por el Ayuntamiento.
Olfateando por Internet, me he encontrado en un importante foro una información espectacular sobre un túnel de la guerra que todavía sigue en pie entre la Dehesa de la Villa y el Hospital Clínico. Un par de famosas, a las que no pongo nombre por mi incultura relacionada con la prensa rosa, lo mostraron recientemente ante la revista Hola. Estas famosas tienen justo la entrada del túnel en el jardín de su exquisito chalet.

Refugio  Cuatro Caminos / http://artedemadrid.wordpress.com
Los primeros bombardeos en Madrid capital tuvieron lugar durante la noche del 27 al 28 de agosto de 1936. Aunque los aviones franquistas ya habían atacado previamente los aeropuertos de Getafe y Cuatro Vientos, nunca hasta ese momento se habían producido bombardeos de la aviación. Esa noche, un Junkers Ju52 alemán lanzó varias bombas contra el Ministerio de la Guerra y la Estación Norte (Príncipe Pío).


Refugio Dehesa de la Villa /Foro

Desde octubre los bombardeos pasaron a ser diarios y el día 4 tuvo lugar el primer gran ataque contra la población civil. El general Alfredo Kindelán, jefe de la aviación nacionalista, llegó a escribir: “Franco me ordenó un ensayo de actuación desmoralizadora de la población civil mediante bombardeos aéreos”.

Este es el testimonio de una madrileña, secretaria de profesión, que explicaba los ataques de la siguiente manera: “Sabiendo que en cualquier momento podían matarte desde el aire, te decías que daba lo mismo morir combatiendo. Los bombardeos no le sirvieron de nada al enemigo. Sólo ponían furiosa a la gente, aumentaban su decisión de resistir. Se crearon comités de casa para controlar los movimientos de los residentes, para impedir los saqueos durante las incursiones aéreas. Era una forma de control civil, aunque no pasó de eso. Al cabo de un tiempo te volvías fatalista. Yo me negaba a bajar al refugio cuando sonaba la sirena”.

Fuentes utilizadas: Fundamentalmente el fantástico blog
http://artedemadrid.woedpress.com y un conocido foro de la Guerra Civil Española.