domingo, 24 de noviembre de 2013

La maldición rojiblanca: el trágico final de seis jugadores del Atlético de Madrid durante la Guerra Civil

El once del Atlético de Madrid en los años veinte / Crónica

Si un equipo de fútbol se vio golpeado por la irracionalidad de la Guerra Civil española ese fue el Atlético de Madrid. Hasta seis futbolistas del equipo rojiblanco perdieron la vida violentamente entre 1934 y 1939 con motivo, tanto de la Revolución de Asturias como del conflicto fraticida que asoló nuestro país. Hombres como el portero García de la Mata o Monchín Triana murieron asesinados en Madrid por sus ideales derechistas.

Otros jugadores del Atlético como el defensa Alfonso Olaso o Vicente Palacios murieron en el frente de batalla: el primero en la batalla de Teruel y el segundo en la capital de España. Pololo, el mítico capitán rojiblanco en los años veinte sería asesinado dos años antes de la Guerra Civil en la Revolución de Asturias.

Pololo, el capitán rojiblanco que murió en la Revolución de Asturias

Nacido en un pueblo asturiano llamado Lugones, Miguel Durán, más conocido por el sobrenombre de Pololo, vino a Madrid muy joven para estudiar la carrera de Ingeniero de Minas. Presionado por su padre que era director de la Fábrica de Explosivos de Coruño, Pololo decidió cursar esta ingeniería para no defraudar a su progenitor, sin embargo, en la capital descubrió su gran pasión, el fútbol. Cuando el balompié todavía no era un deporte profesional en España y ni siquiera se había puesto en marcha oficialmente el Campeonato de Liga, Pololo encontró su verdadera vocación en el deporte. En 1919, con apenas 18 años, ya estaba jugando con el Atlético de Madrid.


Pololo, capitán del Atlético
Defendiendo los colores rojiblancos, Pololo llegó a ser capitán del equipo e incluso formar parte del once que inauguró el Metropolitano en mayo de 1923. En 1924, tras finalizar sus estudios se marchó otra vez a Asturias aunque durante dos años siguió defendiendo con el Atlético de Madrid. Cuentan desde Asturias que este habilidoso defensa cogía la moto todos los fines de semana y se desplazaba hasta la capital durante los fines de semana para seguir jugando en su equipo de toda la vida. En 1926, cansado de tantos viajes, se incorporó a la disciplina del Real Oviedo donde se le pierde la vista como jugador de fútbol. También fue internacional con España disputando dos partidos amistosos ante Portugal.

Como futbolista era un hombre de carácter. Sus compañeros aseguraban de él que su carisma y su optimismo tanto dentro como fuera del campo "podían hacer cambiar el rumbo de un partido adverso". Tenía las ideas claras y era un gran lanzador de penaltis. En una entrevista llegó a decir que se tenían que lanzar de la siguiente manera: "Disparar a toda fuerza y atacando el balón para que entre con fuerza aproximadamente a un metro del suelo".

En octubre de 1934, fecha en la que se produjo la Revolución de Asturias, Pololo ya se había desvinculado casi completamente del fútbol. Aunque seguía practicando otros deportes como la natación y la hípica, el balompié era para él agua pasada. Con 33 años, una mujer y una hija, su vida había dado un giro por completo. Trabajaba como ingeniero de la Unión Española de Explosivos en Lugones (una parroquia de Siero), la localidad en la que se había criado de niño.

 Al llegar la sublevación a su localidad, el exfutbolista del Atlético de Madrid intentó por todos los medios que la fábrica en la que él trabajaba como responsable no cayera en poder de los revolucionarios. Era una misión imposible. Solo defendían la fábrica tres parejas de la Guardia Civil y varios de los empleados: enfrente había cientos de mineros que querían hacerse con los explosivos para enfrentarse de tú a tú con el Ejército.

En un momento de desesperación, Pololo trató de huir de la fábrica con el resto de defensores. En una pequeña camioneta, propiedad de su empresa, consiguió recoger a su mujer e hija y a toda velocidad emprendió la huida buscando la protección en un cuartel cercano de la Guardia Civil. Estuvo a punto de conseguirlo. En su camino, se encontró en plena carretera con una barricada obrera. El que fuera capitán del Atlético de Madrid no se lo pensó dos veces y pisó el acelerador a fondo tratando así de continuar su camino: se llevó por delante todos los sacos de arena y a un par de enemigos, sin embargo, a los revolucionarios les dio tiempo a disparar. Dos balas le perforaron el pecho, pero consiguió llegar conduciendo al cuartel de la Guardia Civil. Allí moriría pasadas tres horas. Tenía 33 años.

Alonso Olaso y su muerte en el asedio de Teruel

Alfonso Olaso en primer plano / Mundo Gráfico

Siempre estuvo a la sombra de su hermano Luis Olaso Anabitarte, una de las estrellas del Atlético de Madrid en la época de los años veinte. Alfonso llegó al conjunto colchonero en 1922 y a diferencia de su hermano, jugó toda la vida como defensa. Al igual que Pololo, Alfonso Olaso fue internacional con la selección española con la que disputó un partido amistoso en Bolonia ante Italia. Curiosamente, aquel 29-5-1927, los hermanos Olaso se convertirían en los primeros hermanos en jugar a la vez un partido internacional con España: después les llegaría el turno a Luis y Pedro Regueiro. Nuestro protagonista también pasaría a la historia por ser el primer futbolista en marcarse un gol en propia puerta.

En 1936, al empezar la Guerra Civil, Alfonso Olaso llevaba dos años retirado del fútbol. Se alistó a los requetés navarros con los que combatió durante toda la Guerra Civil, participando activamente en la Batalla de Brunete. Un documento del Ministerio de Defensa en nuestro poder demuestra que en noviembre de 1937 fue ascendido a Alférez siendo trasladado hasta el frente de Teruel pocos días después.

Sabemos que el día 15 de diciembre de 1937 estaba al frente de un batallón de infantería defendiendo las posiciones franquistas en la Muela, un alto que se encontraba en las proximidades de Teruel, muy cotizado por el enemigo.Durante aquellos días de diciembre el frío estuvo a punto de acabar con la vida de Olaso y sus hombres. Situados en lo alto de una loma, tuvieron que afrontar casi a la intemperie temperaturas de veinte grados bajo cero. Cuentan las crónicas que murieron congelados cientos de soldados de los dos bandos; para evitar la congelación, los militares optaban con dormir apretados (semiabrazados) para darse calor los unos con los otros.
Varios soldados en el frente de Teruel / Batallón Lincold

Al iniciarse la ofensiva republicana en Teruel ese 15 de cieimbre, Olaso tenía una única misión, defender hasta las últimas consecuencias su posición. Con apenas tres piezas de artillería, tanto él como sus hombres intentaron resistir los ataques de un Ejército Republicano mucho más curtido que en fechas anteriores. Los hombres de líder cominista Etelvino Vega, de la 34 división, fueron los encargados de combatir de manera encarnizada en ese alto de la Muela. La tarde del 18 de diciembre, después de una intensa nevada y tras un asedio de lo más contundente, la posición franquista cayó. La suerte de Teruel estaba decidida a favor del bando republicano.

Olaso recibió un disparo en el torso y otro en el hombro, pero no murió. Fue hecho prisionero junto a varios de sus hombres y asistido inicialmente por los doctores republicanos. Fueron trasladados al interior de Teruel, ciudad que estaba a punto de caer en manos de la República. Solo un puñado de militares dirigidos por el Coronel Rey D´Harcourt en el Gobierno Militar y otros edificios esperaban la llegada de refuerzos. La ayuda llegó a los pocos días pero fue ineficaz. El General Aranda no pudo reconquistar la plaza y los pocos franquistas que seguían con vida en el interior de Teruel decidieron arrojar la toalla y rendirse el 7 de enero de 1938 después de 20 días de intenso asedio.
Un periódico confirma la muerte de Olaso


De Olaso no hay casi noticias durante ese tiempo en el que estuvo cautivo y solo se sabe que murió en el interior de Teruel. Algunas fuentes aseguran que falleció desangrado como consecuencia de la herida de bala sufrida en los enfrentamientos de la Muela mientras que otras afirman que fue ejecutado por los hombres del Campesino al ser oficial. En cualquier caso, el que había sido defensor del Atlético de Madrid perdía la vida en Aragón a los 32 años.

Tras la Guerra Civil, la prensa le rindió tributo en más de una ocasión y desde los años cincuenta la Federación Española de Fútbol decidió poner en marcha el premio Alfonso Olaso en su recuerdo. El premio Olaso galardonaba al mejor juvenil de la temporada futbolística.

Manuel García de la Mata, asinado en el túnel de la muerte

García de la Mata, portero del Atlético. 100 años del ATM

No hay muchos datos sobre Manuel García de la Mata durante la Guerra Civil Española. Fue el portero del Atlético de Madrid cuando se inauguró el Metropolitano en mayo de 1923 y durante varias campañas jugó como titular compaginando el deporte con su profesión, la de ingeniero.

De los pocos datos que hemos podido extraer, sabemos que durante la Guerra Civil vivía o pasaba varios días en una pensión que estaba situada en el centro de la capital, regentada por una señora de ideología derechista. Conscientes de que esta señora tenía amistad varios individuos con pasado falangista o tradicionalistas, un grupo de oficiales de la 36 Brigada Mixta decidieron tenderla una trampa. Hemos sabido que el capitán Juan Cabrera, de dicha Brigada, y Casimiro Durán Muñoz, del Servicio de Información Militar fingieron pertenecer a la causa de los nacionales engañando a varias de las personas que residían en esta pensión así como otros individuos que se encontraban como refugiados políticos en embajadas.

Aprovechando la desesperación de sus víctimas, estos dos oficiales aseguraron a sus nuevos 'amigos' que ellos sabían como pasarse a la zona nacional a través del Barrio de Usera. De una manera muy convincente le dijeron al guardameta del Atlético y a otros residentes de la pensión que ellos habían construido un túnel subterráneo que atravesaba la zona 'roja' y llegaba hasta la zona franquista. Era una trampa de lo más macabra.
Dos cadáveres exhumados del tunel de la muerte


Desde principios de octubre de 1937 estos dos militares republicanos ayudados por otros miembros de la 36 Brigada Mixta iniciaron unas  expediciones que tuvieron un final de lo más trágico. En grupos de cuatro y previo pago de cientos de las antiguas pesetas, los expedicionarios salían de la pensión pensando que se pasarían a la zona nacional puesto que se encontraban perseguidos por su ideología. Nunca llegaron a su destino. Aún engañados, sus captores les llevaban en automóviles hasta un chalet de tres plantas de Usera, allí se darían cuanta del engaño que habían sufrido. En las bodegas, el capitán Cabrera había preparado una especie de cárcel clandestina: en ella las víctimas sufrían todo tipo de torturas tras un interrogatorio brutal. Tras ser desposeídos de sus pertenencias, sus verdugos les ejecutaban a sangre fría con varios disparos a muy poca distancia. Manuel García de la Mata formó parte de una de estas expediciones: el 30 de octubre de 1937 fue trasladado hasta este chalet de Usera donde fue ejecutado junto a otras siete personas.

El 29 de octubre de 1939, siete meses después de terminar la Guerra Civil, los forenses Piga y Aznar, representando a la Escuela de Medicina Legal de Madrid, se encargaron de la exhumación de los cadáveres que se encontraban en fosas comunes de Usera. Casi todas las víctimas habían muerto como consecuencia de "disparos de armas de fuego", pero muchos de ellos "presentaban síntomas de asfixia o de estrangulamiento". Uno de los cadáveres apareció rodeado  de una cuerda en forma de lazo.
Cripta donde están enterrados los asesinados en el túnel

De los 67 cadáveres que localizaron las autoridades franquistas solo 26 pudieron ser identificados por sus familiares.
Casi todas las víctimas del túnel de la muerte, como fue conocido desde entonces, fueron enterradas en los sótanos del Convento-Colegio de las Religiosas Teatinas de la Inmaculada Concepción, situado en el Barrio de Usera. Allí se conserva un trozo de pared del chalet en el que fue asesinado García de la Mata en la que un compañero suyo de cautiverio escribió con la hebilla de su cinturón: "Me han preparado una encerrona y traído a esta casa con otros quince más, espero nos fusilarán. Cúmplase la voluntad de Dios".


La historia de Manuel García de la Mata apenas tuvo repercusión tras la Guerra Civil. No era un jugador tan tan famoso como Monchín Triana, además, su trayectoria futbolística había sido mucho más corta ya que había dejado el fútbol muy pronto para dedicarse a su verdadera profesión, la de ingeniero.

Monchín Triana, el futbolista que murió fusilado en Paracuellos


Monchín Triana
Cuando estalló la Guerra Civil Española, Ramón 'Monchin' Triana tenía 34 años. Nacido en Fuenterrabía en 1902, siendo prácticamente un adolescente empezó a defender la elástica del Atlético de Madrid. Antes incluso de que el Metropolitano fuera construido, este habilidoso centrocampista ya vestía de colchonero, equipo en el que estuvo un total de nueve temporadas y con el que ganó varios títulos regionales así como dos subcampeonatos de Copa. En 1928 se marchó fichado al eterno rival, equipo en el que terminaría su carrera como futbolista en 1931 para dedicarse a negocios familiares.

Al pertenecer a una familia de clase adinerada y residente en el Barrio de Salamanca de Madrid, a los pocos días de estallar la Guerra Civil tanto 'Monchín' Triana como sus hermanos fueron objetivo de una terrible persecución por parte de milicianos exaltados. El periodista de Marca, Miguel Ángel Lara, reconstruyó en 2012 en su sección 'El poder del balón' el acoso que sufrió la familia Triana tras la sublevación militar del 18 de julio de 1936. Cuenta Lara que durante días Triana se tuvo que esconder de los milicianos en diferentes lugares de Madrid mientras que su domicilio era registrado y arrasado casi a diario.

El padre de Monchín Triana, conocido por Don Luis, también se encontraba perseguido por la milicia puesto que había sido secretario general de la Cofradía de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón. Un familiar afiliado al Partido Comunista le escondió en su casa aunque los tres hermanos tomaron la determinación de presentarse ante las autoridades ya que se encontraban en busca y captura. Miguel Ángel Lara, relata que fueron encerrados en la cárcel Modelo de la capital "sin saber de qué se les acusaba".
Posiblemente, en la cárcel Modelo coincidió con Ricardo Zamora, el mítico portero madridista que también fue encerrado en esta preisión acusado de haber escrito crónicas deportivas para el diario católico Ya.

Cementerio de Paracuellos del Jarama

 En la madrugada del 7 de noviembre, 'Monchín' Triana y otros cientos de presos fueron sacados de su celda, subidos a un autobús de dos plantas y trasladados a Paracuellos del Jarama. El gran jugador del Atlético y del Real Madrid murió fusilado junto a a un gran número de personas que tenían alguna vinculación con la derecha o con la religión católica. Sus hermanos fueron trasladados a la calle General Porlier y también terminaron fusilados en Paracuellos del Jarama.

Por mediación de la embajada de Cuba, los padres de Monchín Triana y sus dos hijas consiguieron salir de la España republicana e instalarse posteriormente en San Sebastián hasta que terminó la Guerra Civil. Tardaron tiempo en enterarse de la trágica muerte de los tres varones de la familia. Al igual que con Olaso, Monchín Triana también dio nombre a un premio deportivo. Entre 1952 y 1968 el diario Marca y el Arriba entregaban el trofeo Triana a la deportividad y a la fidelidad a su equipo.

Las otras tragedias de colchoneras 

Ángel Arocha murió en la Batalla del Ebro

Aunque no jugó en el Atlético de Madrid de los años veinte, Ángel Arocha sí defendió la casaca atlética durante los años treinta tras pasar por el Barça. Este gran delantero canario, alistado durante la Guerra Civil en un batallón falangisca de intendencia, murió como consecuencia de un bombardeo republicano durante la Batalla del Ebro en 1938.

Vicente Palacios fue un jugador del Atlético de Madrid que pasó a la historia tras anotar el primer gol rojiblanco en la competición oficial d Liga en el año 1929. Aunque había nacido en Gijón (Asturias), la Guerra Civil le sorprendió en Madrid trabajando como frutero. Con sus ahorros del fútbol había montado una pequeña frutería en el Barrio de Chamberí. No hemos podido averiguar detalles de su muerte, solamente hemos sabido que murió en agosto de 1936 en la capital. Desconocemos si murió en combate o si por el contrario falleció asesinado.

Joaquín Ortiz de la Torre era otro de los grandes jugadores del Atlético de los años veinte. Él no murió durante la Guerra Civil sino que falleció de muerte natural en otoño de 1929. Su muerte no fue trágica pero sí que fue sorprendente y conmocinó al fútbol ya que solo tenía 31 años. Murió de manera súbita, creemos que de un infarto, cuando trabajaba en África como ingeniero.

Gómar, uno de los ilustres deportistas del Atlético de Madrid de los años veinte, también murió de manera prematura antes de empezar la Guerra Civil Española. Su muerte también fue natural tras una larga enfermedad a los 34 años.

Fuentes consultadas: 

- El deporte durante la Guerra Civil, Julián García Candau
- Causa General, Túnel de la Muerte de Usera
- Hemeroteca Mundo Deportivo
- Diario Marca, artículo de Miguel Ángel Lara
- Hemeroteca de La Vanguardia
- Tesis universitaria 'El fútbol en Madrid'

martes, 19 de noviembre de 2013

Émilienne Morin, la francesa que amó a Buenaventura Durruti

Durruti y Morin en el año 1928
Compartir la vida con Buenaventura Durruti no siempre era fácil. Su duro carácter, su increíble rudeza y sobre todo, su implicación en la lucha anarquista le convertían en una persona con la que era muy complicado vivir. A Émilienne Morin le daba igual. Ella se enamoró del revolucionario leonés tal y como era, con sus "muchas virtudes y sus muchos defectos".

Nacida en Angers (Francia) en 1901 en el seno de una familia humilde con orígenes sindicalistas, Emilienne se instaló en París cuando apenas tenía 15 años. Primero trabajó como secretaria del periódico 'Ce Qu´il faut diré' y más adelante pasó a formar parte del Círculo de Jóvenes Sindicalistas del Sena. En 1924 se casó con el famoso anarquista italiano Mario Cascari, conocido en algunos círculos con el nombre de Cesario Tafani con el que terminaría separándose pasados tres años.

Fue en 1927 cuando conoció a Durruti en la librería anarquista de París situada en la rue des Praires. Por entonces, Buenaventura se encontraba en la capital francesa trabajando en la Renault después de haber huido de España donde se le acusaba de asesinato y de pertenencia a grupos terroristas. Desde principios de esta década, el líder sindicalista había formado partes de grupos como 'Crisol' o los 'Justicieros' que habían asesinado entre otras personas al gobernador de Vizcaya o el cardenal Soldevila, personas muy activas en la lucha contra el 'pistolerismo'.

Antes de llegar a París y antes de conocer a Émilienne, Durruti y su amigo Ascaso estuvieron en América trabajando en Cuba, México, Perú, Chile y Argentina, paises en los que protagonizaron algunos asaltos espectaculares a bancos con intereses españoles. En 1927, ya en Francia, fueron detenidos por la Gendarmería gala después de que el Gobierno de Primo de Rivera solicitara su extraditación. El movimiento anarquista francés se movilizó al máximo impidiéndolo.
A la iquierda Morín y Durruti en 1929

Fue en este contexto cuando Durruti y Émilienne empezaron a conocerse. Nunca llegaron a contraer matrimonio, pero fue prácticamente un amor a primera vista. Así recordaba la mujer de su vida los primeros pasos de su relación.
"Durruti y yo no nos casamos nunca, por supuesto. ¿Qué se figura usted? Los anarquistas no van al registro civil. Nos conocimos en París. Él acababa de salir de la cárcel. Había habido una campaña inmensa en toda Francia y el gobierno hacía cedido. Fue liberado. Durruti salió esa misma tarde, visitó a unos amigos. Yo estaba llí, nos vimos, nos enamoramos a golpe de vista y así seguimos" 

En julio de 1927 el gobierno francés cedió a las presiones y terminó expulsando a Durruti que fue acogido por Bélgica, marchándose a vivir a Bruselas. Morín, con 26 años, decidió seguir sus pasos viviendo los dos en la capital belga como podían: allí se quedó embarazada del líder anarquista. Así fueron sus años en Bruselas según una carta que escribió nuestra protagonista a un periódico español en 1937:

"Las autoridades belgas nos dejaron vivir casi tranquilos. Vivimos muy dignamento de nuestro trabajo esperando a que llegara nuestro momento de regresar a España. La caída de la monarquía española fue como un rayo de luz para nosotros"

En 1931, tras la proclamación de la II República en España, la pareja regresó hasta Barcelona donde nació la hija de ambos (Colette). Durruti siguió teniendo problemas con la justicia durante el periodo republicano, sobre todo con el mandato de las derechas, quedándose Émilienne a cargo de su hija durante largos periodos. Sabemos que antes de estallar la Guerra Civil la joven francesa trabajaba como acomodadora en el Teatro Goya de Barcelona.
Durruti con su pareja y su pequeña Collet en Barcelona

Al empezar la contienda, Morin se enroló en la Columna Durruti, dirigida por Buenaventura en el Frente de Aragón. La pequeña Colette se quedó con la amiga de la pareja Teresa Margalef mientras su madre trabajaba como responsable de prensa de la Columna. Cuando Durruti decidió marcharse a Madrid para defender la capital del avance franquista, Émilienne optó por marcharse a Barcelona y quedarse al cuidado.
La noticia de la muerte de Durruti el 20 de noviembre de 1936 le sorprendió en su casa de Barcelona. Un importante dirigente de la CNT acudió en persona hasta su casa para comunicarle que Buenaventura había muerto en combate en las inmediaciones del Hospital Clínico de Madrid. A ella siempre le dijeron que Durruti había fallecido como consecuencia de un enfrentamiento armado con una avanzadilla franquista. No fue así. Su muerte, casi 80 años después, todavía hoy sigue siendo un misterio.

Morin siguió trabajando para la CNT en España hasta 1938, fecha en la que decidió volver a Francia donde siguió trabajando en tareas propagandísticas a favor de la República Española. Colaboró años más tarde con Solidaridad Internacional Antifascista trabajando desde la clandestinidad después de que los alemanes tomaran París durante la II Guerra Mundial. Finaliza la contienda, Émilienne se marchó a vivir a la Bretaña muriendo en Cornualles el 14 de febrero de 1991, a los 90 años.

Trece años antes de fallecer (1978), Morin contrató a un abogado parisino para solicitar su pensión de viudadad commo familiar de "español fallecido a consecuencia de la Guerra Civil Española". Este letrado escribió una carta al periódico El País en la que daba a conocer el interés de la viuda de Durruti de ampararse al real decreto ley del 16 de noviembre de 1978. El abogado reconocía que la "prueba más difícil sería hacer ver a las instituciones la existencia de Buenaventura. Efectivamente, no estaban casados ni civil ni canónicamente. No obstante su unión fue una realidad, una cuestión de hecho, cierta y contrastable, existiendo incluso una hija, Colette, inscrita en el Registro Civil de Barcelona"

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Salvador de Híjar, el fraile 'republicano' que desafió a Franco durante la Guerra Civil


Salvador de Híjar en 1937
El fraile Salvador de Híjar llegaba al Puerto de Valencia en una situación lamentable a mediados de octubre de 1937. Vestido todavía con su  manchado hábito y con unas sandalias medio rotas se bajaba con cierta dificultad del vapor inglés que lo había trasladado desde Gibraltar. En el muelle le esperaban una treintena de personas, entre ellas el gobernador de la ciudad y varios responsables de segunda línea del Gobierno de la República. También le esperaban algunos reporteros gráficos que querían cubrir en primicia la llegada a la España republicana del 'cura rojo' como muchos ya empezaban conocer a este capuchino de 28 años.

Antes de su llegada a Valencia, Manuel Cardona Íñigo, más conocido por todos con el nombre de Fray Salvador de Hijar, tuvo que hacer frente a un calvario que a punto estuvo de acabar con su vida. El inicio de la Guerra Civil Española sorprendió a este capuchino en su convento de Zaragoza situado en el precioso barrio de Venecia. El triunfo del alzamiento militar en la capital aragonesa en 1936, propició que desde el principio que las patrullas de falangistas y de requetés dominaran las calles de la ciudad, tomándose en muchas ocasiones la justicia de su mano. Los asesinatos y ajustes de cuentas se prolongaron durante todo ese verano como relataba el propio fraile a su llegada a la zona republicana:
"Una extraña congoja se apoderó de nosotros. Nadie dormía en la comunidad pensando en lo que de puertas afuera del convento se desarrollaba durante aquellas interminables noches lúgubres de tiroteos. Alguien nos dijo que a pocos metros del convento llegaban automóviles todos los días y sin respeto a la ley de dios asesinaban a la gente por no pensar como ellos"

Fray Salvador de Hijar, que había sido muy conocido en Zaragoza antes de la Guerra Civil por sus intensos y emocionantes sermones, vivía con angustia los primeros días de la contienda. Con otro fraile de su convento escuchaban durante muchas noches casi todas las emisoras de radio posibles, incluidas las republicanas. Su objetivo era enterarse "absolutamente de todos los detalles de la guerra".
Artículo periodístico de Salvador de Híjar en 1937


Uno de los episodios más dramáticos que tuvo que vivir a finales de 1936 fue la ejecución de una persona a cien metros de su convento acusada de distribuir propaganda comunista. Un grupo de falangistas le detuvo con unas cuantas cuartillas fusilándole casi en el acto: antes de la ejecución el detenido solicitó la confesión, por lo que fue requerido el fraile superior del convento, el padre Ruperto de Arizaleta. Salvador de Híjar escuchó escondido la confesión del presunto comunista, algo que le llenó de tristeza al fraile capuchino que no entendía todavía lo injusto de una guerra:
"Al día siguiente se discutió con violencia en nuestro comedor lo que había pasado. Nueve de nuestros religiosos eran navarros y eran fervientes partidarios del requeté. Protesté con demasiada vehemencia de aquellos asesinatos y el superior me miró con una frialdad de hielo diciendo: No faltaría más que entre los frailes de esta casa hubiera uno partidario de los rojos"

Después de aquel incidente, nuestro protagonista dio misa en la SEO de Zaragoza criticando durante la homilía a los exaltados que asesinaban sin razón de ser porque "aquellas matanzas eran más propias de gentes sin creencias que de seres cristianos". Cuando regresó al convento, su superior le anunció que debía abandonar la ciudad y descansar lejos durante una temporada. El 30 de julio de 1936, doce días después de arrancar la sublevación militar de Franco, Salvador de Híjar se marchaba a Pamplona donde también quedó traumatizado por las ejecuciones:
"Cierta mañana volví horrorizado al convento de Pamplona. Había contemplado dos montones de cadáveres de más de sesenta, muchos estaban completamente mutilados. Volví a protestar ante mi superior de allí. Acabaron enviándome a Tudela. Era inútil, en nuestra orden no se discuten los mandatos superiores"

Desde el 17 de agosto de 1936 hasta el 29 de junio de 1937 estuvo en Tudela haciendo vida contemplativa y rezando casi las 24 horas del día. Por medio de terceras personas, Fray Salvador de Híjar escuchó que "Franco y los militares sublevados estaban dando un escarmiento al claro vasco por su apoyo a los nacionalistas". Su situación allí empezaba a ser angustiosa hasta que tomó la decisión de marcharse al frente voluntario como capellán castrense. "Me parece muy acertada la idea. Así verá usted la guerra y la pureza de los ideales del Generalisimo", le dijo su superior en el convento.

Carta del Cardenal Gomá sobre Manuel Cardona
El 30 de junio de 1937 ya estaba en Escalada, un pequeño pueblo burgalés situado en la carretera de Burgos a Santander donde estaba el centro de operaciones del General Sagardia. Fue nombrado capellán del sexto batallón de la Falange donde le sorprendió enormemente , según él, "lo blasmemos que eran los falangistas".


Es aquí donde se le pierde la pista. Sabemos por medio del Archivo del General Gomá que a mediados de septiembre de 1937 consiguió abandonar la zona norte de España y desplazarse (no sabemos muy bien como) hasta Algeciras consiguiendo pasar a Gibraltar a través de La Línea. Según Gomá, Manuel Cardona (Fray Salvador de Hiijar) había pedido a la Oficina de Información del Cuartel General de Franco un documento para salir de España que nunca le fue entregado. En cualquier caso, el 27 de septiembre de 1937 se encontraba en Gibraltar, alojado en Workers Union.

Por mar y a bordo de un barco con bandera inglesa, consiguió llegar a Valencia en octubre de 1937, ciudad en la que le estaba esperando su hermano. Hasta el final de la Guerra Civil Española se convirtió en un personaje de lo más notorio dentro del bando republicano. Sus conferencias en las que entremezclaba la religión, el comunismo y el republicanismo llenaban los cines y los ateneos. El periódico La Vanguardia, decían de él que "era la luminosa floración del espíritu de tolerancia religiosa y de libertad de conciencia de este sublime pueblo español". Merece la pena rescatar un fragmento de un artículo suyo publicado en la prensa madrileña en invierno de 1938 bato el título de "Franco ní, Cristo sí.
"La santidad de las constumbres no se logra con la violencia de las armas, sino por el retorno de los corazones al evangelio. Lo ignoraban aquellos hombres que alzaron bandera de guerra al grito de ¡ Por Dios y por la Patria! Supongo que la Patria no quería la sangre de sus hijos para disfrutar de paz.Porque la Iglesia, cuando sale de su atmósfera, que es lo espiritual, y se sumerge en los asuntos terrenos, atenta contra su vida"

Pasaporte de Fray Salvador tras salir rumbo a México en 1939
Sabemos que nuestro protagonista abandonó España cruzando la frontera por Cataluña rumbo a Francia en enero de 1939, fecha en la que Franco decidé avanzar sobre Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona. Al igual que otros muchos republicanos españoles, en el país vecino estuvo recluido en un campo de concentración hasta que consiguió un barco para marcharse a México. El 27 de julio de 1939, cuatro meses después de terminar la Guerra Civil, estaba entrando en el puerto de Veracruz como exiliado español, país en el que residiría hasta el fin de sus días dedicado a la escritura y a la enseñanza. En su nuevo pasaporte, en el apartado dedicado a su profesión, no aparecía nada que le identificara como sacerdote. Su única distinción era la de escritor.






Fuentes consultadas: 

- Archivo Histórico Nacional
- Archivo Gomá
- Ministerio de Asuntos Exteriores
- Hemeroteca Nacional de México

Noticias relacionadas:

- Fernando de Santiago, el capuchino que se convirtió en Beato tras ser asesinado en el Cuartel de la Montaña:
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2013/10/fernando-de-santiago-el-capuchino-que.html

- La supervivencia en el Madrid republicano de dos religiosos anónimos:
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2012/02/la-supervivencia-de-dos-religiosos.html

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Carlo Alberto Maccagno, el piloto italiano abandonado a su suerte en Vicálvaro en noviembre de 1936

Carlo Alberto Maccagno en su CR32 antes de ser derribado
El nombre de Carlo Alberto Maccagno nunca apareció en los libros de texto, ni siquiera en los periódicos de su país, pero su historia bien podría ser el utilizada como el guión de una película de Hollywood.

Al igual que otros pilotos italianos, el capitán Maccagno formaba parte de las escuadrillas de cazas franquistas que se dedicaban a atacar Madrid durante los primeros días de octubre y noviembre de 1936. Tras pasar por los frentes de Andalucia, Extremadura y Castilla la Mancha, su grupo fue traslado hasta Talavera de la Reina donde sus veloces cazas Fiat CR32 empezaban a prestar servicio a los bombarderos que atacaban Madrid mañana, tarde y noche.

El 5 de noviembre de 1936, el ejército nacional se encontraba a las puertas de Madrid. Tras la conquista de Leganés, Alcorcón y Getafe el Ejército del Norte se encuentraba a tiro de piedra de Cuatro Vientos, Villaverde y los Carabancheles. Los bombardeos a la capital eran frecuentes y ese mismo día cayeron decenas de bombas incendiarias en el Barrio de las Delicias produciéndose un aparatoso fuego que calcinó por completo el cine de la calle Tortosa. Fue en ese contexto cuando la patrulla del capitán Maccagno tuvo que enfrentarse a una de sus peores batallas de la Guerra Civil.

Esa tarde del 5 de noviembre el capitán Maccagno, que dirigía una patrulla de escolta con otros dos cazas CR 32 pilotados por otros dos italianos Chianese y Avvico, tuvo que hacer frente a un combate en toda regla con los temidos cazas rusos Polikarpov, llamados por entonces, los chatos. El capitán de la escuadrilla, que volaba demasiado alto en ese momento, no se percató de la presencia de varios aviones soviéticos hasta que fue demasiado tarde; pese a las advertencias de los otros cazas italianos que no paraban de agitar sus alas en señal de aviso, Maccagno se vio rodeado en poco tiempo por el enemigo.
Varios CR32 italianos de la Guerra Civil

En total fueron nueve los chatos que habían emprendido el ataque contra la escuadrilla italiana. Los dos CR32 consiguieron huir trepando en contrapicado en dirección al sol para hacerse menos visibles a los atacantes aunque se llevaron varias ráfagas de ametralladora. Maccagno estuvo menos hábil que sus compañeros y tras derribar a un Polikarpov, su caza fue alcanzado de lleno por las balas. Los disparos soviéticos atravesaron el fuselaje de su avión impactando hasta tres balas en su pierna derecha.

En pocos segundos perdió el control de su CR32 que a toda velocidad iba en picado hacia el suelo. Malherido por los disparos, consiguió saltar en paracaidas mientras su avión se estrellaba en la Dehesa de Moratalaz. Él, sin embargo, fue arrastrado por las rachas de viento hasta la zona de Vicálvaro cayendo en un lugar en la que había varios civiles y milicianos que se encontraban presenciando el combate entre los aviones de los dos bandos. Casi sin poder caminar por tener la pierna destrozada, Carlo Alberto Maccagno trato de huir arrastrándose por el suelo. No pudo avanzar casi ni cinco metros. Una gran masa de personas se acercaba enfurecida hacia él que ni siquiera tuvo tiempo para desenfundar su pistola.


Los golpes y las patadas contra su maltrecho cuerpo se convirtieron en una constante durante varios minutos hasta que apareció Giuseppe Di Vittorio, un comisario político de las Brigadas Internacionales que años más tarde se convertiría en el jefe de la Confederación Italiana del Trabajo. Este político comunista fue la persona que le salvó la vida en un momento en el que el pueblo de Madrid odiaba enormemente a los "piratas italianos" por sus bombardeos indiscriminados contra la población civil de la capital.

A la izquierda Chianese, el piloto que le abanndonó
Por orden de Di Vittorio, una patrulla de la CNT lo trasladó a Madrid. El piloto había perdido muchísima sangre tras ser derribado y su pierna presentaba un aspecto lamentable como consecuencia de las balas. Un miliciano anarquista tuvo que emplearse a fondo gracias a sus conocimientos de enfermería para que pudiera llegar con vida hasta el hospital de sangre de O´Donnell. Allí mismo, a los doctores no les quedó más remedio que amputarle la pierna. Entre sus pertenencias encontraron 8.000 pesetas franquistas, varias fotos de sus familiares y un mapa de Madrid.

Hasta una semana más tarde, los responsables del Ejército del Centro no pudieron interrogar a Maccagno. El aviador italiano no les dijo inicialmente su nombre verdadero. Todos los voluntarios transalpinos de la Guerra Civil tenían un nombre en clave por si eran derribados en pleno combate, el suyo era Alfredo Pecari. Curiosamente, en la prensa de la época, los periódicos y hasta el parte de guerra republicano hablaban de él con ese nombre. Tras pasar todo el invierno de 1936 en la cárcel de Conde Duque, donde coincidió con otro piloto italo americano llamado Vincent Patriarca, terminó siendo canjeado a mediados de 1937 en Francia por un aviador soviético que había caído en territorio franquista.

En 1939, terminada la Guerra Civil Española, Maccagno coincidió en una reunión de pilotos italianos con su viejo compañero Chianese al que acusó de "abandonarlo" para "salvarse el pellejo" tras el ataque de los chatos soviéticos. La respuesta de Chianese al que fue su antiguo capitán, fue de lo más contundente: "La primera regla de un piloto de caza es volar siempre con un ojo en la espalda y usted no estuvo atento aquel 5 de noviembre".

Fuentes consultadas:

- Hemeroteca Nacional
- Causa General
- La Batalla de Madrid, Jorge M. Reverte
- Archivo Gorizia, aviación italiana

Artículo relacionado:

Vincent Patriarca, el piloto del Bronx que luchó con Franco (Artículo publicado por el autor de este Blog en el periódico La Razón)
http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/670312/el-piloto-del-bronx-que-lucho-con-franco#.Unqu7_nmO_M

lunes, 4 de noviembre de 2013

Diez canciones imprescindibles de la Guerra Civil Española

Durante la Guerra Civil Española los combatientes de los dos bandos pasaban muchas de las horas muertas cantando canciones e himnos para levantar la moral antes de la batalla. Muchas de ellas han quedado guardadas para siempre en la memoria de todos después de que hayan sido versionadas por intérpretes más actuales. Estas son diez de las mejores canciones que se podían escuchar entre 1936 y 1939.

1.- 'Ay Carmela' o también conocida como 'El paso del Ebro': de la Guerra Civil al cine




Esta canción que se conoce originalmente con el nombre de Ay, Carmela, también era conocida con 'El paso del Ebro', ya que fue muy cantada por las tropas republicanas durante la famosa Batalla del Ebro. Sin embargo, el verdadero origen de esta cancioncilla popular no se remonta a la Guerra Civil Española sino a la invasión napoleónica en 1808. Al parecer, los anarquistas del conflicto español usaron casi la misma música y parte de la letra que cantaban los guerrilleros españoles que trataban de expulsar a los franceses de nuestro país. Una película de Carlos Saura, 'Ay Carmela', heredó el título de esta canción.


2.- Ya hemos 'pasao'. La mofa de Celia Gámez a los perdedores


El vídeo que mostramos a continuación fue difundido por el servicio de propaganda de Franco pocas semanas después de finalizar la Guerra Civil. A los pocos segundos podremos escuchar la canción de la actriz y cantante hispano argentina que se mostró favorable durante toda la contienda al bando sublevado. 'Ya hemos pasao' es una burla al "No pasarán" de las milicias republicanas que defendieron madrid desde noviembre de 1936. En la canción se autoproclama "facciosa" y llama "miserables a los derrotados". 

3.-' Jarama Valley', una emotiva canción de la Brigada Lincoln



Se trata de una de las canciones más representativas cantada por los miembros de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil Española. Basada en la melodía de la canción del folklore americano 'El Valle del Río Rojo, está dedicada a los combates que tuvieron lugar en el Valle del Jarama de Madrid entre el 6 y el 27 de febrero de 1937 a pocos kilómetros de Madrid. Existen varias versioes pero la más conocida fue escrita por Alex McDade, un músico del batallón británico incluido en la XV Brigada. También se realizó una versión más corta adaptada por los hombres de la Brigada Lincoln, el grupo de soldados norteamericanos que tuvieron una participación muy activa en la Guerra Civil. La canción narra las penalidades de los soldados durante la batalla del Jarama.

4.- Himno del Alcázar de Toledo, la canción del asedio


El asedio del Alcázar de Toledo fue uno de los episodios más apasionantes de la Guerra Civil Española por los tintes épicos de su defensa. Los sucesos que se vivieron en el coloso toledano fueron convertidos en canción por el compositor de música y director de la banda militar de infantería, José Martín Gil. El himno está repleto de reseñas de los combates con una palabra que tiene más protagonismo que otras: "resistir". También hay dardos contra las personas y enemigos que dudaban de la defensa del Alcázar de Toledo durante la Guerra Civil a los que llaman literalmente "rufianes". 

5.- 'A las barricadas', un himno que tiene su origen en Varsovia


Así es como se conoce a una de las canciones más populares relacionadas con los anarquistas durante la Guerra Civil Española. El himno de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) tiene su origen en Polonia y fue compuesto por el poeta Waclaw Swiecicki cuando estaba encerrado en la prisión de Varsovia. El autor pretendía dar mucha más fuerza al movimiento polaco que sostenía luchas reinvindicativas contra la ocupación rusa. Esta canción llega a España en 1933 recibiendo ya el nombre de 'A las barricadas'. La primera vez que se publicó su partitura fue en el periódico anarquista Tierra y Libertad de Barcelona. En 1936 fue grabada por el Orfeó Catalá de Barcelona bajo la dirección de Francesc Pujol. 

6.- 'Falangista soy', una canción eclipsada por el 'Cara al Sol'


Durante la Guerra Civil Española esta canción falangista tuvo mucho protagonismo, sin embargo, en la posguerra cayó en cierta manera al olvido. 'Falangista soy' fue una canción compuesta por Fernando Molareda y en ella se puede escuchar el orgullo de algunas personas por formar parte de la FE: "Falangista soy, falangista hasta morir o vencer y por eso estoy al servicio de España por placer. Alistado voy en la juventud, paladín de nuestra fe. Mi camisa azul con el yugo y las flechas en haz, garantía son en la España inmortal de triunfar". 

7.- 'La Internacional', el referente movimiento comunista en el mundo


Es el emblema musical del movimiento obrero. Se considera el himno oficial de los trabajadores del mundo así como de la mayoría de los partidos socialistas y comunistas. Aunque llegó a España en el siglo XX, la letra origital fue escrita en 1871 por el francés Eugène Pottier y fue musicalizada casi veinte años después por Pierre Degeyter. Esta gran canción o himno, que se escuchaba a diario en el frente de batalla y en mítines políticos durante la Guerra Civil, tiene múltiples versiones en todos los idiomas. En español expresa la necesidad de lucha por parte de la clase obrera para acabar con la opresión.

8.- 'Oriamendi', los carlistas y requetés también tuvieron su himno en la Guerra Civil


Aunque este himno fue utilizado por los batallones de requetés durante la Guerra Civil, su verdadero origen está en los conflictos carlistas del siglo XIX. Es el himno del carlismo que viene de una batalla que tuvo lugar en el monte homónimo situado muy cerca de San Sebastián. El 27 de febrero de 1937, justo cuando finalizó la Batalla del Jarama, fue aprobado por Franco como canto nacional de España junto con el Cara al sol y la Marcha Real.

9.- 'Si me quieres escribir', la canción republicana que tiene su origen en la guerra de África



Fue otra de las canciones que más pudieron escucharse principalmente la zona republicana aunque algunos batallones nacionales también hicieron su particular adaptación. Alcanzó una gran popularidad con este nombre aunque también fue conocida con otros como "Ya sabes mi paradero" o "El frente de Gandesa". Curiosamente en la zona republicana tuvo también adaptaciones diferentes: por ejemplo, muchos madrileños la cantaban con letras tan sigulares como esta: "Cuando entras en Madrid... lo primero que se ve... son los chulos con bigote...sentados en el café..."El verdadero origen de esta complilla popular está en la guerra de África de 1920.

10.- 'Cara al sol', el himno de la Falange que nació antes de la Guerra Civil Española



El himno de la Falange Española de la Jons fue otro de las canciones más utilizadas por el bando nacional durante y después de la Guerra Civil Española. Casi un año antes de estallar la contienda, José Antonio Primo de Rivera convocó a los poetas e intelectuales más próximos a la FE para explicarles la necesidad de escribir un himno que identificara a "todos los falangistas". "Nuestro himno tiene que se runa canción alegre, exenta de odio, pero a la vez de guerra y amor", fue lo que dijo el líder de la Falange. El 2 de febrero de 1936 sería cantado por primera vez a la salida de un mitin del cine Europa. Participaron en la elaboración de la letra: José María Pemán, Dionisio Didruejo, José María Alfaro, Jacinto Miquelarena, Rafael Sánchez Mazas y José María Pemán.