domingo, 29 de diciembre de 2013

El doctor Bethune y la primera transfusión de sangre de la Guerra Civil


El doctor Bethune en el año 1937 / PCE
A muchos de los lectores de este blog, el nombre de Norman Bethune seguro que no les suena de nada, sin embargo, para cientos de personas su papel durante la Guerra Civil Española fue decisivo. Este doctor canadiense salvó la vida a un número elevadísimo de soldados republicanos que resultaron heridos en el frente de batalla de Madrid. Además de ser un médico brillante, con una amplia experiencia en medicina de guerra por haber ejercido durante la I Gran Guerra, fue el pionero de las transfusiones de sangre en pleno campo de batalla. Gracias a ellas, muchos milicianos que resultaron heridos de gravedad en la Casa de Campo, Usera o la Ciudad Universitaria pudieron recuperarse de una manera milagrosa.

El doctor Bethune había llegado a España en noviembre de 1936 procedente del hospital Sacré-Coeur de Montreal. Afiliado al partido comunista, decidió venir a nuestro país con la idea de ayudar a la República y combatir el avance del autoritarismo: aterrizó en España después de haber comprado en París una ambulancia e instrumentos médicos de lo más novedosos. Su llegada a Madrid se produjo cuando los nacionales se encontraban a las puertas, por lo que el médico cadaniense tomó la decisión de enrolarse inmediatamente en las Brigadas Internacionales. Con su ambulancia trabajó intensamente, sobre todo en el frente de la Casa de Campo formando parte del Batallón Mackenzie-Papineau, una unidad norteamericana formaba por canadienses y ciudadanos de Estados Unidos con ideas izquierdistas.

Sabemos que rechazó hacerse cargo de la dirección de los servicios médicos de la República porque lo que a él le gustaba realmente era el trabajo de campo. Por eso, decidió poner en marcha un Servicio de Transfusión de Sangre cuya sede se instaló en la calle Príncipe de Vergara, en un precioso edificio requisado al asesor jurídico de la embajada alemana. Por medio de una  impresionante campaña de radio y prensa, cientos de madrileños, sobre todo mujeres, acudieron hasta este servicio de transfusión para ayudar con su sangre a la causa republicana.

Las autoridades de la Junta de Defensa de Madrid nunca le pusieron problemas para que pudiera ejercer su trabajo en los diferentes frentes de Madrid. Nadie dudaba de los ideales del doctor Bethune y aunque pocos creían que las transfusiones pudieran salvar vidas, le dejaron trabajar a sus anchas en las trincheras de la capital. En diciembre de 1936 ya disponía de refrigeradores e incubadoras que actuaban con gasolina y keroseno, es decir, sin necesidad de corriente eléctrica: ideales para ser transportados en la unidad móvil de transfusión.
Uno de los frigoríficos médicos de la unidad 

La Junta de Defensa de Madrid entregó a Bethune una camioneta Ford que estaba equipada con un frigorífico y un estirilizador para trasladar la sangre de los madrileños al punto de transfusión en el frente de batalla. Con el doctor canadiense trabajaban codo con codo los médicos españoles Goyanes y Sanz y Cecilio Greenpan y una americana que tenía la misión de conducir la camioneta anteriormente mencionada hasta la zona de combate. Otra de las personas que más creyó en las transfusiones de sangre del médico canadiense fue el checo Bedrich Kisch, el responsable médico de las Brigadas Internacionales.

La hora de la verdad

El 23 de diciembre de 1936 se produjo el gran acontecimiento. Bethune, acompañado por Kisch acudió a la Casa de Campo donde se había producido una ofensiva republicana contra posiciones franquistas que ha sido un fracaso. Los muertos se cuentan por docenas y los heridos se amontonan sobre el barro de esta zona de Madrid. Era el momento de intentarlo. Bethune eligió a su candidato. Se trataba de un joven anarquista de veinte años que tenía el brazo completamente destrozado tras sufrir la detonación de un mortero. El chaval presentaba todos los síntomas de shock por pérdida de sangre: piel fría y húmeda, labios flojos y las mejillas hundidas. No había tiempo que perder, el galeno canadiense le hizo la transfusión de dos bolsas de sangre y el miliciano consiguió sobrevivir. Un testigo explicaba de la siguiente manera la primera transfusión de la Guerra Civil:

"El chaval tenía el brazo izquierdo muy destrozado. Era joven y fuerte, pero había perdido tanta sangre que apenas podía mover los ojos. Cuando comenzamos la transfusión el paciente me recordaba al Cristo yacente. Conforme la sangre entraba en sus venas, su rostro cambiaba de color. Desde la blancura de la muerte hasta el rosa pálido. Cuando Bethune le cosía el brazo se quejaba, cosa que no había hecho cuando se lo abrían. Trató de hablar, pero estaba muy débil. Al dejarle, se vendaba él mismo y levantaba el puño hasta la frente"

La ambulancia del doctor Bethune / Crónica

A partir de ese instante, las transfusiones en el Frente de Madrid fueron un éxito y la unidad canadiense se ganó todos los elogios de la prensa. Más adelante, un investigador inglés llamado John Burdon se incorporó al equipo de trabajo de Bethune en la unidad canadiense de transfusión de sangre. Este científico británico explicaba en una entrevista el modus operandi de nuestro protagonista:

"En la clínica donde yo trabajaba en compañía de mis amigos canadienses, iban a donar sangre con un intervalo de quince días una docena de camaradas, sobre todo mujeres. Las diferentes clases de sangre, convenientemente preparadas, eran enviadas rápidamente a los diversos hospitales donde se necesitaba. El hospital que yo más frecuentaba estaba dirigido por un doctor alemán. Ocupaba un edificio escolar a pocas millas del frente y era bombardeado con frecuencia sin que hasta entonces hubieran acertado".

El doctor Bethune ya era una eminencia en España cuando tuvo que hacer frente a una tragedia inconmensurable en 1937. El canadiense se desplazó hacia Málaga cuando la ciudad andaluza estaba a punto de caer en manos de los franquistas: su objetivo era socorrer a la población civil que huía de la Costa del Sol. Durante tres días, él y sus ayudantes ayudaron como pudieron a los civiles que estaban siendo masacrados en la carretera de Málaga a Almería. Esta traumática experiencia le llevó a escribir un artículo en la prensa titulado el 'Crimen de la carretera':
Una mujer donando sangre en 1936 / Crónica
"Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos. Nuestro coche se abría paso a duras penas… Los refugiados pasaban al lado del camión, como si no lo vieran. Seguían caminando cansinamente, con los ojos entornados hacia el suelo como síntoma inconsciente de extenuación… Las mujeres avanzaban lentas con sus vestidos oscuros… Tenían la cara y los ojos congestionados por el polvo y el sol de cuatro días, y levantaban hacia nosotros, en sus brazos cansados, los cuerpecitos de sus hijos… Los niños llevaban solamente su pantalón y las niñas su vestido ancho, medio desnudos todos bajo el sol… Niños con los bracitos y las piernas enredados en trapos ensangrentados: niños sin zapatos, con los pies hinchados; niños que lloraban desesperados de dolor, de hambre, de cansancio… uatro días perseguidos por los aviones de los bárbaros fascistas. Esos aviones pasaron sobre nuestras cabezas. Brillantes aviones plateados: bombarderos italianos y  Heinkels alemanes. Se lanzaron hacia la carretera y, como una maniobra de tiro rutinaria, sus ametralladoras trazaban dibujos geométricos entre los refugiados que huían…"

Meses después de aquello Bethune abandonó España. El 6 de junio de 1937 comenzó una gira mundial para recaudar fondos para la lucha contra el fascismo en España. Sabemos que en 1938 viajó hasta China para reunirse con los comunistas de este país que estaban liderados por Mao Zedong en su lucha contra los japoneses. Allí volvió a prácticar la medicina de guerra realizando operaciones quirúrgicas en el frente y formando a médicos y enfermeros chinos. A finales de 1939 sufrió un percance durante una operación: se produjo una herida en el dedo de una de sus manos lo que le provocó una infección en la sangre que se propagaría por todo su cuerpo. Murió el 12 de noviembre de 1939 muy cerca de Pekín.

domingo, 22 de diciembre de 2013

La Navidad en el Frente de Madrid durante la Guerra Civil Española

Ilustración del periódico Crónica, diciembre 1936

La Navidad durante la Guerra Civil española se celebró de una manera bien distinta en las zonas de Madrid controladas por la República y en aquellas que estaban en poder de los sublevados. Aunque los hombres de uno y otro bando festejaron, como pudieron, estos días tan señalados, fueron los militares franquistas los que vivieron con más intensidad los días de Nochebuena y Navidad.

El 24 de diciembre de 1936, casi todo el hospital Clínico de Madrid estaba controlado por los nacionales. Una bandera de la Legión vigilaba entre cascotes sus posiciones intentando olvidar la pesadilla que se había vivido días atrás: varias minas republicanas habían estallado en el corazón del hospital sepultando para siempre a casi cuarenta legionarios. Las ruinas de este hospital madrileño se habían convertido en el punto de vanguardia más adelantado de los franquistas y uno de los lugares más peligrosos de la Guerra Civil. Pese a ello, entre piedras, cascotes y polvo se celebró una emotiva Misa del Gallo impartida por el famoso padre Huidobro, que moriría en abril de 1937 en la Cuesta de las Perdices (hoy carretera de La Coruña).

Aquella Misa del Gallo del hospital Clínico estuvo marcada por el silencio y la emoción de todos los presentes. Ante el temor de alertar al enemigo, el padre Huidobro dirigió la ceremonia religiosa entre susurros y velas. Pese a ello, los legionarios consiguieron traer del antiguo Asilo de Santa Cristina un altar, una virgen de metro y medio, candelabros y hasta un belén. Peiró SJ, autor del libro 'Fernando de Huidobro, legionario y jesuita', recordaba lo siguiente en su obra:
"Los legionarios llevaron unos Reyes Magos al Clínico montados en caballos orientales, la mula y el buey, y como centro de todo, el Niño Jesús reclinado en su cunita. Ante este altar improvisado por unos legionarios que vivían a dos pasos de la muerte, con permiso del sepulturero, como ellos festivamente decían, el padre Huidobro festejó la Misa del Gallo en el Clínico, con villancicos y adoración del Niño cuyos pieceditos fueron besando muy lentamente todos los miembros de la IV Bandera de la Legión"

No todos los militares franquistas que estaban en el Clínico pudieron celebrar la misa. Los hombres que estaban de guardia en las zonas más elevadas del mismo tuvieron que quedarse sin ella aunque cuentan las crónicas que el padre Huidobro también les llevó la comunión a aquellos soldados que estaban situados en uno de los puntos favoritos para barrer por las ametralladoras republicanas.
Misa de campaña del Ejército Nacional en Madrid


En la zona republicana, la Nochebuena también se celebró aunque sin apenas tintes religiosos. Los soldados que se encontraban en las avanzadas de Ciudad Universitaria, Parque del Oeste y la Casa de Campo tuvieron ración extra de comida, en lo que se llamó la cena del miliciano. Socorro Rojo Internacional repartió en el frente de Madrid más ve 20.000 tabletas pequeñas de turrón, así como mazapanes. Esta institución entregó a cada uno de los soldados que estaban en las trincheras de Madrid un quit que estaba formado por turrón, ración de frutas, embutidos y algo de tabaco. Además, contaban con una felicitación navideña escrita en varios idiomas, destinada directamente a los miembros de las Brigadas Internacionales.

Un portavoz del Socorro Rojo Internacional aclaró sobre la celebración de la Navidad al periódico La Voz de Madrid que estos festejos no tenían absolutamente nada que ver con la Religión:
"No es una cena de Nochebuena, nosotros no tenemos que celebrar una fiesta católica. Es un recuerdo sentimental que expresa la gratitud de todos los hombres antifascistas"

Al día siguiente, algunas dotaciones republicanas tuvieron un rancho de Navidad de lo más suculento.
Aunque no todas las trincheras comieron los siguientes manjares, algunas de ellas, sobre todo las de Usera y las de Carabanchel sí que disfrutaron de una buena comida el 25 de diciembre de 1936. La Intendencia de Madrid publicó el siguiente menú en todos los periódicos de la época:
Cena de Nochebuena del Miliciano. Diciembre 1936 / Cronica

- Desayuno: Pan con mantequilla, galletas y café.
- Comida de Navidad: Tortilla de jamón, cordero asado con patatas y arroz con leche.
- Cena: Fabada asturiana y carne con guisantes y jamón

Los bombardeos en Nochebuena

No todo fueron misas y turrones durante el día de Nochebuena. Aunque en las trincheras de la Casa de Campo y Ciudad Universitaria hubo poco movimiento en cuanto a ofensivas de infantería, este día, la aviación jugó un papel muy importante. Los partes de guerra informaron de una internada de varios chatos republicanos en Leganés, una de las zonas de la retaguardia franquista donde se habían establecido algunos cuarteles generales. Allí, los aviones soviéticos dejaron caer algunas bombas incendiarias, ametrallando posiciones enemigas. Ha llegado hasta mis oídos por medio del Coronel Solans, un veterano militar ya retirado hace muchos años, una historia conmovedora, la de su padre.

Con poco más de 25 años, el padre de este Coronel, que era teniente nacionalista durante la Guerra Civil, se desplazaba en su coche junto a un sacerdote y su conductor al frente de la Casa de Campo para entregar turrón a los soldados que se encontraban en las trincheras más avanzadas. A la altura de Cuatro Vientos, muy cerca de Leganés, hicieron su aparición los chatos republicanos que ametrallaron el coche de este oficial. El sacerdote y el conductor consiguieron, in extremis, sobrevivir, el padre del Coronel Solans no. Murió casi en el acto en plena Navidad de 1936. Su triste y anónima historia es una de tantas de las que se produjeron durante la contienda española en etas fechas.

Aunque lejos de Madrid, otro bombardeo aéreo marcó la vida de otras tantas familias. Durante la mañana del día de Nochebuena de 1936, la aviación de Franco se percató que a la altura del pueblo de Villanueva de la Reina (Jaén), se encontraba circulando un convoy de once camiones de campaña que trasladaba a Bailén a un centenar de personas procedentes de pueblos como El Carpio, Villa del Rio, Montoro y Bujalance. Ante el avance de los nacionales, muchas mujeres, ancianos y niños fueron evacuados de estos puntos en estos camiones que estaban perfectamente identificados con los símbolos de la Cruz Roja. Pese a ello, una escuadrilla de cazas franquistas ametrallaron el convoy junto a un olivar matando a una treintena de personas de ellas niños de corta edad.

Fuentes consultadas

- Hemeroteca Nacional: periódicos La Voz, el Sol y Crónica
- La Batalla de Madrid, Jorge M Reverte
- La Guerra Civil en Ciudad Universitaria, Fernando Calvo González Regueral
- Fernando de Huidobro, legionario y jesuita, Fernando SJ
- Archivo Rojo

jueves, 12 de diciembre de 2013

El cementerio militar musulmán de Griñón, un lugar mágico donde descansan cientos de moros muertos en la guerra

Imagen actual del cementerio militar musulmán de Griñón

Los cementerios de la Guerra Civil Española tienen algo de magia. Independientemente del bando, pisar uno de los camposantos en el que yacen cientos de soldados que perdieron la vida durante la contienda tiene algo enigmático. Quién diga lo contrario miente. El cementerio musulmán de Griñón tiene algo de especiál. Aquí las lápidas brillan por su ausencia. Las fotografías a inscripciones tampoco son comunes entre las tumbas de este pequeño rincón de la Comunidad de Madrid en el que se encuentran enterrados más de 200 'moros' de Franco que murieron en la Casa de Campo, el Parque del Oeste o Ciudad Universitaria.

Aunque todavía se siguen realizando enterramientos de musulmanes en el cementerio de Griñón, fue durante la Guerra Civil Española cuando los enterradores tuvieron más trabajo. Una vecina de origen hispano-marroquí fue la encargada de ceder un terreno de su propiedad a las tropas de Franco en noviembre de 1936 después de tener conocimiento de que sus compatriotas estaban muriendo en un número muy elevado en los combates del Frente de Madrid. Ahora mismo, el Consulado d Marruecos en España se ha hecho cargo de la gestión del cementerio que a diferencia de un camposanto católico es menos ostentoso y más austero. Pequeñas placas colgadas verticalmente e inscritas en árabe indican el nombre del fallecido y el año en el que perdió la vida. Todas están orientadas a la Meca.
Cementerio católico junto al musulmán


En 2013, el cementerio militar musulmán de Griñón todavía sigue operativo. A diferencia de épocas anteriores, los enterramientos que aquí se registran nada tienen que ver con el Ejército: aquí hay marroquíes, iraníes, egipcios, sudaneses y españoles que se han abrazado a la fe musulmana.


La Guerra Civil y el cementerio musulmán

Nada más estallar la Guerra Civil el 18 de julio de 1936, la localidad madrileña de Griñón se puso del lado de la República, siendo controlada por unos 200 milicianos anarquistas y socialistas. El colegio de La Salle fue convertido en cuartel general de la FAI después de que se produjeran varios asesinatos de sus hermanos-profesores. El 27 de octubre de este año, el General Varela consiguió llegar a Griñón después de haber controlado los municipios de Illescas y Torrejón de Velasco.

Muy pronto, los oficiales franquistas convirtieron el colegio de La Salle en hospital de campaña en el que se instalaron varios quirófanos. En noviembre de 1936 los muros de este imponente edificio empezaron a recibir heridos de todos los frentes de batalla de Madrid: pese a encontrarse en retaguardia, este hospital tenía muy buenas comunicaciones con la zona de combate. Los heridos nacionalistas llegaban tanto por carretera como por tren a este hospital que pasó a ser uno de los más importantes de la Guerra Civil. Un ramal del ferrocarril llegaba hasta la mismísima puerta del hospital.
Varios soldados moros en la Guerra Civil


Muchos de los heridos que llegaban al hospital fallecían al poco tiempo de entrar. Otros perdían la vida como consecuencia de virus e infecciones que se propagaban por sus enormes habitaciones. La morgue llegó a ser de grandes dimensiones a finales de 1936, por eso, las autoridades nacionales decidieron construir un cementerio con su parte católica y con su parte musulmana. Se cree que en total, allí estuvieron enterrados unos 20.000 combatientes de Franco, aunque este dato me da la impresión de que es una exageración de los historiadores.

Sabemos que muchas familias decidieron tras la Guerra Civil sacar a sus familiares del que era conocido como el cementerio militar de Griñón. Poseemos un recorte del 7-11-1968 en el que el Ministerio de Defensa autorizaba, de nuevo, a los familiares de los fallecidos a trasladar (si querían) los restos de los soldados al Valle de los Caídos. Mientras tanto, en este enigmático lugar se seguían produciendo enterramientos, en este caso de los miembros de la Guardia Mora de Franco que seguían protegiendo al Caudillo tras la contienda fratricida.

domingo, 8 de diciembre de 2013

El misterioso avión derribado que convirtió Paracuellos en un enigma

Potez derribado durante la Guerra Civil Española

Muy poco se ha escrito sobre un suceso que conmocionó a Francia durante la Guerra Civil Española pero que fue silenciado prácticamente en nuestro país pese a ocurrir en Guadalajara. Este mes de diciembre se han cumplido 77 años del misterioso derribo de un avión de la embajada francesa en el término municipal de Pastrana. A bordo del Potez 54, propiedad del gobierno francés, iba el delegado de la Cruz Roja Internacional Georges Henny, los periodistas Louis Delaprée y André Chateu y dos niñas menores de doce años.

El derribo del avión francés, que actuaba semanalmente como correo entre Madrid y Toulouse, fue tachado por la prensa republicana como "una nueva salvajada de la aviación franquista". Durante toda la Guerra Civil la propaganda republicana hizo creer a la población de la capital que los cazas de Franco habían abatido a un avión civil francés de una manera "indiscriminada y premeditada". Muchos años más tarde se ha podido comprobar que no fueron los cazas de Franco los que protagonizaron el ataque. Casi con toda seguridad podemos decir de que se trató de una operación dirigida directamente por los servicios secretos de la Unión Soviética que operaban en España durante la contienda. Pero no anticipemos acontecimientos y repasemos cronológicamente como sucedieron los hechos.

 07 de diciembre de 1936, antes del ataque

El avión que tenía que trasladar al doctor Henny y a los periodistas franceses desde Madrid hasta Toulouse iba a salir este día rumbo a Francia, sin embargo, una 'supuesta' avería en uno de los motores retrasó el despegue 24 horas. Se trataba de un aparato militar francés transformado y controlado por la compañía Air France. Tenía el número 228 del catálogo castrense galo y la matrícula F-A000.  Antes de ese día, Henny se había relacionado durante su estancia en Madrid con Edgardo Pérez Quesada, encargado de negocios de la Embajada Argentina en Madrid y Félix Schlayer, cónsul de la Legación de Noruega. Los tres habían recabado gran cantidad de datos sobre las sacas de Paracuellos habiendo llegado a reunirse incluso con el general Miaja y Carrillo para expresarles su inquietud por los presos derechistas encerrados en las cárceles de Madrid y el gran número de asesinatos que se producían en la capital.
El doctor Henny junto a Schlayer y Quesada


De forma paralela a las investigaciones del doctor Henny se desarrollaba la historia del periodista Delaprée. El informador galo había llegado a España justo al empezar la Guerra Civil como enviado especial del periódico de tendencia derechista Paris-Soir. Una de sus entrevistas más importantes durante el conflicto se la hizo al General Kleber, una de las figuras más destacadas de las Brigadas Internacionales. Aunque Delaprée era  uno de los periodistas más objetivos del momento, los bombardeos contra la población civil por parte de la aviación de Franco le hicieron ponerse muy pronto del lado de la República. Esto generó un importante tira y afloja con la línea editorial de su periódico hasta el punto de enviar un cable de lo más duro a su editor anunciando que se despedía después de haber sido censurado en más de una ocasión. El cable decía lo siguiente:
"Usted sólo ha publicado la mitad de mis artículos. Yo sé que es su derecho. Me hubiera gustado que me hubiera avisado para ahorrarme un trabajo inútil. Durante las últimas tres semanas me he estado levantando todos los días a las cinco de la mañana para que usted pudiera obtener las noticias de Madrid en sus primeras ediciones. Ya he está bien. Boy a volvar de vuelta el domingo a menos que sufra el mismo destino que Guy de Traversay. De esta manera ya tendría usted su propio mártir. Hasta entonces no le voy a enviar otra cosa. No vale la pena. El asesinato de un centenar de niños es menos importante que un suspiro de la señora Simpson, la puta del rey" (Se refería a un lío de faldas de la familia real inglesa). 

Louis Delaprée en 1936
 De esta manera se despidió Delapree de su editor y de Madrid. Sus contactos con la embajada francesa en la capital de España le permitieron coger el avión que le tenía que trasladar a Toulouse dejando para siempre la Guerra Civil. Arturo Barea, jefe de prensa de la Junta de Defensa de Madrid y encargado de la censura en la capital durante ese mes de diciembre, explicaba cómo fue la despedida de Delaprée de Madrid:
"Me dijo que iba a tener unas palabras serias con sus amigos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia sobre la conducta claramente fascista del consulado francés en esta guerra. Me dijo que odiaba la política que era un hombre liberal y humanista. Así se marchó".

08 de diciembre de 1936, el derribo

El avión despegó a primera hora de la tarde de un aeródromo de la capital. Además del doctor Henny, los dos periodistas franceses y dos niñas pequeñas formaban la expedición que también estaba formada por dos pilotsos galos, uno de ellos apellidado Boyer. El aeroplano era perfectamente reconocible para cualquiera con un poco de vista. Además de llevar la bandera francesa en el timón de cola, en el fuselaje también se podía leer perfectamente una inscripción que decía "Ambassade de France".
Un caza republicano en la guerra


A la altura de Pastrana, sobre las 18:00, un avión de guerra se puso muy cerca del Potez francés. Lo que podía ser un acercamiento amistoso de un posible caza republicano se convirtió muy pronto en una pesadilla para todos los ocupantes del avión. Sin agresión de ninguna clase por parte del avión francés, un caza que también se encontraba próximo abrió fuego con su ametralladora contra el Potez causando graves destrozos en un ala así como en el fuselaje. La metralla impactó en la pierna del doctor Henny y también en el periodista Delaprée.

Pese a estar terriblemente dañado por los impactos de ametralladora, el piloto del Potez logró hacerse con el control del aeroplano. De manera casi milagrosa, consiguió hacer un aterrizaje de emergencia en un campo de cereales de Pastrana aunque al tocar tierra, dio varias vueltas hiriendo todavía más a sus pasajeros. El diplomático noruego Felix Schlayer realizó una investigación del derribo y así lo reflejó en su libro 'Diplomático en el Madrid rojo':
"...A la altura de Guadalajara, es decir, a pocos kilómetros de Madrid, se cruzó de frente con otro avión que al principio le pasó a bastante distancia. Llevaba los distintivos del gobierno rojo. El francés lo saludó como es habitual haciendo señas con las alas, es decir, moviendolas dos veces arriba y abajo para ser reconocido a pesar de que tenía grandes dinstintivos franceses. El avión rojo pasó de largo, se alejó, giró, volvió y se colocó bajo el francés. Después le disparó desde abajo con su ametralladora. Luego escapó con rapidez. El asustado piloto francés me hizo personalmente esta narración"

Los heridos y las atenciones médicas
Transfusión de sangre / Archivo Rojo


Felipe Ezquerro, un prestigioso periodista e investigador de la Guerra Civil, consiguió hablar con el doctor Cortijo, el médico de Pastrana que atendió a los heridos primeramente:
"El aparato estaba panza arriba con las ruedas al aire. Tenía unos 30 impactos de bala en dos filas que agujereaban la cabina a ambos lados de la parte central. En cuanto a los pasajeros, estaban semitumbados, abrigados y reflejándose en el rostro el miedo y el terror pasado en el aire, recelando también de las personas que llegaban. Los heridos de bala eran tres hombres jóvenes y dos niñas cn lesiones pequeñas. Los dos pilotos estaban ilesos y atendían y animaban a todos los heridos".

Según leemos en la apasionante página web 1936-1939 , el doctor Cortijo relataba también que los heridos, para soportar el frío, habían hecho una fogata prendiendo un maletín de cuero y varios papeles. Es más que posible que los papeles que estaban quemando los supervivientes del ataque fueran las pruebas reales que quería mostrar Henny a la Cruz Roja de los fusilamientos en masa que se habían hecho en Paracuellos del Jarama.

Los heridos trasladados a los hospitales

La noche del 8 de diciembre, después de conocer el ataque que había sufrido el avión francés, se presentaron en Pastrana unos cincuenta responsables políticos y militares del Frente Popular. Todo el mundo quería saber que había sucedido y cómo se encontraban los heridos tras el derribo del Potez 54. Entre las personalidades que estuvieron en esta localidad alcarreña se encontraba Mihail Koltsov, miembro de la inteligencia soviética que trabajaba en Madrid de forma encubierta como periodista del periódico Pravda.

9 de diciembre de 1936

El espía soviético Mihail Koltsov escribió en su libro 'Diario de la Guerra de España' que el 9 de diciembre de 1936 también acudió a los hospitales militares de Guadalajara para ver a los heridos del avión derribado en compañía de Georges Soria, periodista francés de origen tunecino. Así lo reflejó en su diario:
"Los periodistas heridos yacen en una habitación en dos camas contiguas. Su estado es grave. A Chateu, una bala explosiva le ha roto y deshecho la tibia. Ayer se habló de amputarle la pierna, hoy parece que su estado ha mejorado (días más tarde se la terminarían cortando). A Delaprée la bala le penetró por la ingle y le salió por detrás después de haberle roto los órganos internos. Sólo se le puede operar en Madrid. El dolor le deforma el pálido y hermoso rostro. Me ha dicho que posiblemente, de ésta no me levanto. Ha agradecido la visita y el haber llamado a su mujer en París" 

Al parecer, Delaprée relató al propio Koltsov con todo lujo de detalles como vivió el derribo por parte de aquellos enigmáticos cazas. Según él, las reflexiones del francés fueron las siguientes: "No llevábamos en el aire más de diez minutos. De repente, sobre nosotros apareció por un lado un caza. Dio una vuelta, por lo visto nos estuvo contemplando a su gusto. Es imposible que no viera las señales distintas. Desapareció por unos minutos y luego de golpe, por abajo, a través del piso de la cabina, empezaron a penetrar las balas. Caímos heridos por los primeros disparos. El piloto quedó ileso. Se dirigió bruscamente al aterrizaje. El avión dio un golpe muy fuerte contra el suelo, se puso vertical sobre la proa. Gravemente heridos, desangrándonos, caímos uno encima de otro. Me parece que se inició un incendio, ya no comprendía nada. Unos minutos después aparecieron unos campesinos, rompieron la portezuela y nos sacaron con todo cuidado".
Mihail Koltsov, espía ruso

Las víctimas del ataque

Delaprée fue el peor parado del ataque. Tras varios días hospitalizado, el periodista francés había perdido mucha sangre y falleció como consecuencia de las heridas el 31 de diciembre de 1936. Así recordaba Arturo Barea la triste muerte del periodista francés:
"Murió en un hospital de Madrid. Fue una muerte lenta y dolorosa. Corrían rumores de que el atacante era un avión republicano, pero el mismo Delaprée negó en sus horas finales esa posibilidad. Yo tampoco podía creerlo"

El otro periodista, Chateu, sufrió la amputación de su pierna y por últiimo, el doctor Henny se pudo recuperar casi al completo y a los pocos días abandonaba España a través de Barcelona en otra expedición de la Cruz Roja.

¿Quién protagonizó el ataque?

Aunque la prensa republicana calificó el ataque como un atentado franquista contra la Cruz Roja Internacional e incluso contra el Gobierno de Francia, se ha demostrado muchos años después que fueron los propios cazas republicanos los que derribaron el Potez. García Lacalle, jefe de la caza de la República, reconoció en su propia biografía que los pilotos que habían derribado el avión francés eran los soviéticos G. Zajarov y N. Shimelkov. Hemos podido investigar algo sobre estos dos pilotos que pudieron derribar el Potez y estas son las conclusiones que hemos extraido. Gueorgui Zajarov era teniente aviador de caza cuando vino a España en octubre de 1936. Nacido en 1908, tenía 28 años durante la Guerra Civil, y poseía la condecoración de la orden de la Estrella Roja. Volvió a la Unión Soviética en abril de 1937. El otro piloto se llamaba Nikolai Shmelkov y también era teniente aviador. Al igual que Zajarov, llegó a nuestro país en octubre de 1936 aunque regresó a la URSS por enfermedad el 23 de enero de 1937. Más adelante se convertiría en un héroe de la aviación soviética.

L´Humanite confirma la muerte Delapree

Además de García Lacalle en su libro, el periodista Sefton Delmer (amigo de Delaprée) también confirmó que el ataque contra el Potez francés había sido realizado por la aviación republicana. Este informador confesó en uno de sus libros que Delaprée le había confesado en el hospital que los responsables del derribo habían "sido dos cazas rojos". Este periodista, que años más tarde pasaría a la historia por haber entrevistado a Hitler, se atrevió a asegurar en los años sesenta que Alexander Orlov (jefe de los espías rusos en España, NKVD) había ordenado el derribo a dos pilotos soviéticos. ¿El motivo? Las indagaciones que había estado realizando el doctor Henny de la Cruz Roja sobre los asesinatos en masa de Paracuellos del Jarama.

Curiosamente, el derribo del Potez se produjo el 8 de diciembre de 1936, tres días antes del famoso discurso de Julio Álvarez del Vayo ante Naciones Unidas en el que atacaba directamente a Alemania e Italia de intervenir en España y causar la muerte a miles de mujeres y niños a través de bombardeos indiscriminados. ¿Cómo hubiera reaccionado Naciones Unidas si el doctor Henny hubiera aportado sus datos objetivos de la represión republicana en Madrid y de las ejecuciones en masa que se estaban llevando a cabo en Paracuellos? Nunca lo sabremos.

Hasta hace unos años, los archivos de la Cruz Roja Internacional durante la Guerra Civil Española eran un auténtico misterio. Tras su última desclasificación, se ha podido comprobar que hay un documento escrito de puño y letra de Henny bajo el título de 'Lista 208'. Se trata de una lista que llevaba el responsable de la Cruz Roja durante el derribo del avión en la que se hablaba de 973 prisioneros derechistas que fueron sacados de la cárcel Modelo de Madrid en noviembre de 1936.
Segundo a la izquierda, Sajarov, el piloto que derribó el Potez


La revista Tiempo publicó hace dos años un reportaje en el que se decía, entre otras cosas, que los ocupantes del Potez derribado quemaron algunos documentos en tierra, algunos de los cuáles eran de vital importancia sobre las sacas de las prisiones; lo hicieron mientras esperaban a las autoridades de Madrid. Todavía no se sabe si lo hicieron por frío o por temor a posibles represalias. De la quema se libró la 'Lista 208' en la que aparecían los nombres de los asesinados durante los días 6,7 y 8 de noviembre. El documento al que tuvo acceso Tiempo tenía una nota manuscrita en francés en varios folios con el membrete de la CICR que decía: "Los días 6,7 y 8 de noviembre estos 973 hombres fueron sacados de la cárcel Modelo y sus cuerpos encontrados unos días más tarde en los alrededores de Madrid".

Fuentes consultadas:

- La Forja de un rebelde, Arturo Barea
- Morir en Madrid, Louis Delaprée
- Diario de un diplomático en el Madrid rojo, Felix Schlayer
- Artículo Felipe Ezquerro 1991: Revista Historia Militar
- Artículo Revista Tiempo 2011
- Artículo 1936-1939
- Archivo de la Guerra Civil de Salamanca
- Hemeroteca Nacional
-Los rusos en la Guerra Civil, Fundación Pablo Iglesias
- Diario de la Guerra de España, Mihail Koltsov
- Mitos y verdades, García Lacalle

Otros artículos relacionados

- El capitán Maccagno, el piloto italiano abandonado en Vicálvaro
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2013/11/carlo-alberto-maccagno-el-piloto.html

- Vincent Patriarca, el piloto del Brox que luchó junto a Franco
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2013/02/vicent-patriarca-el-piloto-del-bronx.html

- El primer kamikaze de la historia fue un aviador republicano
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2012/11/el-primer-kamikaze-de-la-historia-fue.html



domingo, 1 de diciembre de 2013

Los 'pacos' durante la Guerra Civil, ¿francotiradores reales o invención republicana?

Imagen de un francotirador

Santiago Carrillo aseguraba en una entrevista que durante su época como responsable de orden público de la Junta de Defensa de Madrid, uno de sus principales "quebraderos de cabeza" eran los 'pacos'. El famoso dirigente comunista se refería indiscutiblemente a los francotiradores franquistas que se emboscaron en la retaguardia republicana durante la Guerra Civil Española atacando desde ventanas y azoteas  tanto a los milicianos como a las fuerzas de seguridad.

Antes de entrar en materia es conveniente explicar de donde viene el término paco, una palabra que nada tiene que ver con el nombre propio Francisco y sí está relacionada con el sonido de un disparo. El origen de este término viene de las guerras de África. Los soldados españoles utilizaban el sobrenombre de 'paqueo' como sinónimo de la palabra tireoteo. ¿Por qué? Por el sonido de los disparos de fusil. El paco, por lo tanto, era el tirador enemigo que por norma general disparaba oculto entre las rocas de las montañas.

Muchos historiadores han puesto en duda la existencia de los pacos durante la Guerra Civil Española. Muchos de ellos acusan, y con razón, a la República de inventarse la existencia de falsos francotiradores como excusa a las detenciones y asesinatos en masa de derechistas. En algunos caso fue así. En otros, podemos decir todo lo contrario. En una conversación con el profesor de historia Javier Cervera, Carrillo explicaba quiénes eran y cómo actuaban estos tiradores contrarios al bando republicano:
“Te freían desde los tejados y muchas personas lo atribuían a la Quinta Columna. Lo cierto es que estas personas disparaban desde allí porque pensaban que los nacionales iban a entrar en Madrid muy pronto"

Carrillo se refería sobre todo a los primeros meses de la Guerra Civil Española. Algunos nacionalistas, a los que el inicio de la contienda les sorprendió en Madrid, estaban convencidos de que la capital iba a caer en cuestión de semanas en manos de Franco, por eso quisieron poner de su parte ayudando a los sublevados desde dentr de la ciudado. Por norma general eran militares sin destino o  agentes de Policía que habían sido declarados "desafectos" por las autoridades republicanas. A continuación, veamos algunos casos de pacos que sí actuaron como francotiradores durante el conflicto fraticida.
Milicianos en la Guerra Civil Española


Un periodista alcanzado por un francotirador

La guerra acababa de comenzar el Madrid. El 23 de julio de 1936, sólo cinco días después de que empezaran los combates, el periodista de 'El Liberal' Alfonso Cerradas fue alcanzado por un paco en las inmediaciones de la zona de Pacífico. El informador se encontraba a punto de cubrir una información en uno de los cuarteles que hay cerca de la estación de Atocha cuando fue alcanzado por un disparo de un rifle en el pecho. Las autoridades no pudieron encontrar al francotirador pero sí que descubrieron que la bala procedía de una azotea próxima.

Un niño falangista cazado por los milicianos

Antonio solo tenía 16 años cuando estalló la Guerra Civil. En agosto de 1936 dos de sus hermanos, también afiliados a la Falange como él, fueron detenidos y trasladados a la cárcel Modelo. Durante casi una semana el joven 'Antoñito', como le conocía su familia, estuvo disparando en plena noche desde su ventana a patrullas de milicianos que pasaban en vehículos en plena noche; nunca hizo pleno. El chico solo buscaba venganza por la detención de sus hermanos y utilizaba una escopeta de caza propiedad de su padre que se encontraba fuera de Madrid al estallar la contienda. La casa de Antonio, situada en la calle Covarrubias, en pleno barrio de Chamberí, fue asaltada de madrugada por las milicias de retaguardia tras comprobar que los disparos venían desde el tercer piso. El joven murió luchando tras un intenso tiroteo con los milicianos.
Joven aprendiendo a disparar


Los francotiradores de la Policía contra la República

En noviembre de 1936 las fuerzas de seguridad de la República consiguieron localizar y detener a dos policías que se habían convertido en pacos durante los primeros meses de la Guerra Civil. Los dos fueron detenidos en el barrio de Arguelles en dos operaciones diferentes. Un inspector que residía en el número 31 de la calle Gaztambide fue detenido el 11 de noviembre tras atacar a una patrulla de milicianos a pie. Dos días más tarde, otra patrulla de las milicias de retaguardia detuvo en el número tres de la calle Alberto Aguilera a otro agente de Policía que había realizado varios disparos desde un tejado.

El francotirador asesinado en Barcelona

El 24 de julio de 1936, solo unos días después de que la sublevación fracasara en Barcelona, el comerciante falangista José Forcada se escondió en una especie de prostíbulo situado en la Ronda de Santa Mónica. El hombre, que conocía bien aquella 'pensión', al sentirse perseguido decidió esconderse en el negocio de Madame Irurita, la mujer que regentaba el local, un piso inmenso de cerca de 200 metros cuadrados con varias habitaciones.

El 26 de julio, dos días después de llegar al prostíbulo, José empezó a sentir un pánico exacerbado. Armado con una pistola ametralladora, que tenía de antes de la guerra, se pasaba las horas mirando por la ventana esperando ser detenido por los milicianos. Un vehículo del POUM se paró justo delante del prostíbulo y Forcada, pensando que los milicianos iban a detenerle, abrió fuego desde la ventana contra ellos. Alcanzó a uno en una pierna pero no al resto que se refugiaron en un portal.

Desde ese instante, el francotirador de la Falange y los milicianos empezaron un intenso tiroteo que acabó en tragedia. Apoyado por otra patrulla del sindicato metalúrgico, los milicianos consiguieron acceder al prostíbulo empeando, en ese instante, un tiroteo dentro de las habitaciones. Forcada fue alcanzado por los disparos muriendo casi en el acto. Madame Irurita también se vio envuelta en el fuego cruzado siendo alcanzada por las balas. Ella, sin embargo, sobrevivió para contarlo.
Declaración de Sebastian / AHN


El falso paco y el odio de una portera

Sebastián Alcalde Careta se encontraba ya retirado cuando estalló la Guerra Civil Española. Nunca había estado afiliado a ningún partido político y nunca se había sido excesivamente militarista, sin embargo, en 1936 fue detenido acusado de Auxilio a la Rebelión. El 19 de octubre de 1936 fue arrestado por las milicias en su casa de la calle Tutor acusado de realizar disparos desde una de las ventanas de su domicilio. Era falso. Ni siquiera tenía armas en su domicilio. Los falsos disparos que se habían realizado desde su casa eran una invención de aquellos anarquistas que pretendían detener a uno de los hijos de Sebastián, que era sacerdote y que  estaba en la casa junto a su padre aquellos meses. La portera de la vivienda había realizado la denuncia motivada por unas rencillas personales.

Sebastian fue encerrado en la Prisión de Hombres número 5 de Madrid durante unos meses. Fue sometido a un juicio por parte de un Tribunal Popular que decidió ponerlo en libertad en marzo de 1937 tras las presiones realizadas por todos los vecinos del inmueble que aseguraron ante las autoridades que los disparos "fueron una invención de la portera".

Fuentes consultadas:

- Fiscalía del Tribunal Supremo
- Causa General: Tribunales Populares de Madrid
- Hemeroteca de La Vanguardia
- Hemeroteca Nacional: periódicos El Liberal, El Sol
- La Guerra Civil en Ciudad Universitaria

Noticia relacionada:

El duende de Gózquez: el francotirador republicano de la Batalla del Jarama:

http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2012/02/el-francotirador-de-gozquez.html