viernes, 11 de julio de 2014

El carnicero de Usera y los crímenes del Túnel de la Muerte

Fotografía inédita de Casimiro Durán / CG 

El nombre de Casimiro Durán no suele aparecer en las investigaciones históricas relacionadas con los asesinatos perpetrados por el bando republicano durante Guerra Civil Española. A diferencia de otros personajes mucho más mediáticos, la historia del capitán Durán no se ha analizado lo suficiente y sus andanzas en el frente de Madrid se han olvidado de un plumazo. Después de casi 80 años de la finalización del conflicto, muchas familias siguen reclamando justicia por los sucesos del Túnel de la Muerte, sucesos en los que este individuo estuvo directamente relacionado.

Nacido el 04 de marzo de 1905, Casimiro Durán Muñoz se crió durante toda su infancia en la mínúscula localidad de Boadilla de la Sierra en la provincia de Ávila. Hasta los quince años ayudó a sus padres trabajando como jornalero hasta que decidió abandonar el campo y desplazarse hasta Madrid donde se especializó en otros quehaceres. Hasta el inicio de la Guerra Civil trabajó en varias sastrerías de la capital especializándose en todo lo relacionado con los nuevos sistemas de planchado que estaban llegando a España desde Reino Unido y Estados Unidos. En el año 33 consiguió sin lugar a dudas su mejor empleo después de entrar a trabajar en la sastrería Flomar, uno de los gigantes de la confección madrileña que años más tarde se convertiría en un gran imperio de la costura y el planchado. En esta década de los treinta, coincidiendo con la proclamación de la II República, fue cuando se afilió al Partido Comunista participando muy activamente en mítines, manifestaciones e incluso en algún enfrentamiento armado con grupos de falangistas.

Pese a sus ideales y su actividad política, hemos podido averiguar que en la sastrería Flomar, situada en plena Gran Vía, nunca se caracterizó por expresar airadamente su manera de pensar. Sin embargo, uno de los socios de este negocio reconoció en la Causa General que antes de la guerra Durán acudía con frecuencia a la Casa del Pueblo.
Dos miembros de la 36 Brigada Mixta (AGA)


Su trayectoria como agente de Policía

Empezada la Guerra Civi,l Durán participó en los enfrentamientos armados de la capital,  intentando sofocar el levantamiento militar en los cuarteles de Campamento. Después, y a petición del Partido Comunista, se incorporó a las Milicias de Retaguardia donde participó en numerosas detenciones y registros domiciliarios en busca de "derechistas encubiertos". Entre las viviendas que registró en esta nueva faceta como 'improvisado policía' destaca la de Víctor Blasco Oller, su antiguo jefe en la sastrería Flomar. ¿El motivo del registro? Durán lo consideraba un burgués que posiblemente tenía algo que ocultar en su casa. No encontró nada.

Tras suprimirse las Milicias de Retaguardia por la cantidad de asesinatos que se produjeron en Madrid entre el verano y el otoño de 1936, Casimiro Durán fue enviado directamente al frente de batalla. Al ser un hombre de confianza dentro del Partido Comunista y sabiendo leer y escribir fue destinado como oficial a la 36 Brigada Mixta que se encontraba en toda la zona de Usera. Allí, en especial en 1937, se combatió con una especial dureza aunque a Durán no se le veía demasiado en primera línea de frente. Lo suyo era la guerra secreta. Los enfrentamientos ocultos que poco tienen que ver con el choque cuerpo a cuerpo. Mientras que otros milicianos trataban de frenar las ofensivas franquistas y combatían en Usera casa por casa defendiendo cada milímetro de terreno, Durán se dedicaba a "cazar fascistas" dentro de sus propias filas. Primero se centró en sus propios hombres, sobre todo aquellos que no tenían un espíritu obrero como tal.  Después confraternizó con aquellos que podían convertirse en desertores haciéndose pasar al igual que ellos por desafecto para posteriormente detenerles y llevarles ante un pelotón de fusilamiento.

Aunque Durán no participaba directamente en los combates con los franquistas, solía moverse por las trincheras del emplazamiento elevado del Zofio como pez en el agua. La línea de fortificaciones dentro de los mismos edificios de Usera solía ser un escenario idóneo, sobre todo por la noche, para que los desertores intentaran pasarse al enemigo. El oficial comunista casi siempre se adelantaba a sus planes y justo antes de abandonar la zona republicana terminaban siendo arrestados y ajusticiados casi al instante.
Zona centro de Madrid. Gran Vía /AGA


El plan más ambicioso

Sin embargo, por lo que pasó verdaderamente a a la historia Casimiro Durán durante la Guerra Civil fue por haber diseñado una "ambiciosa" operación para acabar de un plumazo con casi un centenar de enemigos de la República que se escondían en varias embajadas extranjeras en Madrid. Para llevar a cabo su cometido, no sería de extrañar que contara con el permiso y la autorización de Justo López de la Fuente,  el mayor comunista que se encontraba al mando de los regimientos 141 y 144 y que en los años sesenta sería detenido por la Policía de Franco. Como había hecho con los desertores de la 36 Brigada Mixta, el capitán Durán se hizo pasar de nuevo por una persona de derechas para ganarse la confianza de varios individuos partidarios de los nacionales que se encontraban escondidos en varias legaciones diplomáticas. En esta ocasión no lo hizo solo sino que confeccionó todo un equipo de colaboradores que le ayudaron a tramar este plan buscando al mismo tiempo una vía para lucrarse. El objetivo era engañar a un gran número de derechistas, especialmente de clase alta, y hacerles creer que él podía llevarles a la zona franquista a través de un túnel bajo tierra de Usera que sólo él y unos pocos sabía donde estaban. Todo era una farsa. Su verdadero propósito era robarles todas sus pertenencias y ejecutarles sin piedad alguna.

La mano derecha de Casimiro Durán en su despiadada misión era otro capitán comunista apellidado Cabrera. En realidad este otro oficial aprovechó su amistad con un famoso novillero que se encontraba hospedado en una pensión del centro de Madrid (C/ Ventura de la Vega) para acercarse a varios personas de derechas que se encontraban hospedadas allí. La pensión era propiedad de Nicolasa Sánchez Pindado, una mujer de carácter abierto que confraternizaba con sus huéspedes por afinidad ideológica. En poco tiempo, Cabrera se había ganado la confianza de la señora y de varios sacerdotes que se encontraban allí escondidos. Fue en ese instante cuando Durán entró en escena.
Gregorio Caballero, ayudante de Durán /CG


Durante varias semanas Casimiro Durán se dejó ver por la pensión comentando a todos sus residentes que él podía hacerles llegar a zona nacional a través de un tunel secreto ubicado junto al frente de Usera. Muy pronto, las intenciones de Durán y Cabrera se difundieron por casi todas las embajadas de Madrid donde se escondían cientos de religiosos, militares, falangistas y aristócratas. Los desafectos de la capital ya habían picado en el anzuelo y un gran número de los refugiados se pusieron en contacto con los oficiales comunistas para que estos les intentaran llevar hasta ese túnel y acceder a zona nacional.

Los macabros asesinatos

Entre los días 18 de octubre de y 13 de noviembre de 1937 este grupo de militares de la 36º Brigada Mixta organizaron hasta ocho falsas expediciones hasta zona nacional. La primera tuvo lugar durante la noche del día 18 de octubre. Pasadas las dos de la madrugada, un coche con las insignias del Partido Comunista conducido por el capitán Durán paró justo delante de la Embajada de Paraguay. Un hombre de unos 30 años salió del edificio con el rostro cubierto y se subió al coche a toda prisa.  Antes de que el coche se pusiera en marcha, el hombre entregó un reloj de oro y un anillo a Durán: era el precio que debía pagar para ser trasladado a la 'supuesta otra' zona. En menos de treinta minutos el vehículo llegó hasta las inmediaciones del frente de batalla de Usera deteniéndose junto a un pequeño hotel situado en el número cuatro de la calle Alfonso Olivares. Nada más bajar del coche fue encañonado a punta de fúsil por otro militar comunista llamado Juan Ruiz Llamas, por un soldado catalán llamado Víctor y por otro individuo de procedencia rumana. En la misma calle le comunicaron que estaba detenido acusado de alta traición después de golpearle con la culata del fusil en la cabeza.

Aquel hombre de unos 30 años fue la primera víctima del túnel de la muerta, tal y como relató uno de los colaboradores más cercanos de Durán tras ser detenido por la Policía franquista después de la guerra. Esta es parte de su declaración policial:

"Un día el declarante vio a este individuo siendo golpeados con palos y vergajos por Juan Ruiz Llamas y Joaquín de la Huerta mientras que le decían que todos los fascistas debían morir. Esta persona sangraba abundantemente. Estuvo detenido en la calle Alfonso Olivares durante veinte días. Fue asesinado a tiros  finalmentepor los fusiles de los militares comunistas Gregorio Caballero, Francisco Román Sánchez, Antonio Torres y José Domingo Garzón. Fue enterrado en una gran fosa que hay en la casa. Antes de echar su cuerpo allí, el soldado rumano le robó los zapatos"

Tras esta primera expedición, Durán decidió ser más ambicioso ya que necesitaba que el número de personas que formaban parte de estos viaje fuera más numeroso. Al día siguiente Dionisio Celestino Martín Sánchez y dos personas más que estaban en la embajada de Paraguay también corrieron la misma suerte.
El día 22 de octubre se produjo la siguiente expedición de la que formaba parte Serafín Sánchez Pindado, familiar de la propietaria de la pensión que era capellán del Hispital General. Fue asesinado nada más llegar a la calle Alfonso Olivares en una especie de cueva que había en su interior que se convirtió durante varias semanas en cárcel improvisada.
Chalet de Usera en el que se cometían los asesinatos /CG


La confirmación de la trampa

De acuerdo con la declaración de Judith Sánchez en la Causa General, cuyo novio también fue asesinado en el Tunel de la Muerte de Usera, la expedición del 31 de octubre fue más numerosa que las anteriores:

"La expedición la componían ocho ingenieros refugiados en la embajada de Noruega, el novio de la dicente, Francisco Tejero del Barrio y un joven llamado Horacio Martínez Alonso, empleado de banca y secretario particular de Melquiades Álvarez. Todos fueron recogidos por Durán y su enlace y de todos se recibieron noticias de estar prestos para traspasar las líneas del frente"

Sin embargo, ninguno de los miembros de esta expedición pudieron llegar hasta zona nacional. Cuando Judith llegó hasta territorio franquista comprobó que ni su novio ni ninguno de sus compañeros de viaje habían conseguido llegar hasta el otro lado. A mediados de noviembre de 1937, las autoridades franquistas alertaron por radio a los derechistas escondidos en Madrid y el General Queipo de Llano les pidió prudencia asegurando que los "rojos estaban engañando a gente de bien".

Durante casi un mes Casimiro Durán dirigió las expediciones de estos falsos evadidos hasta el barrio de Usera. La última expedición fue la más numerosa (unas veinte personas) y sabemos que formaban parte de ellas dos mujeres, una de avanzada edad y otra de unos veinte años. Las veinte personas fueron asesinadas en el interior de una trinchera próxima al chalet de Alfonso Olivares. Según la declaración de un miembro de la 36 Brigada Mixta, "todos perecieron el mismo día en el que llegaron hasta Usera y en esta ocasión no fueron maltratados".
Pared en la que Manuel Toll realizó su escrito / Internet

Después de confirmarles a las víctimas que habían sido engañados, los asesinos solían "pelearse" por bien quién protagonizaba las ejecuciones. El sumario al que fueron sometidos varios miembros de esta brigada comunista tras la guerra asevera que Durán no solía participar en las ejecuciones en sí, "ese trabajo sucio es cosa de otros", decía otro de sus colaboradores detenidos tras la guerra.

Uno de los casos más espeluznantes de los que se vivieron en el Tunel de la Muerte de Usera tiene nombre propio y es el de Manuel Toll Messía, uno de los jóvenes que al igual que otros sesenta fueron engañados por los hombres de Durán. Manuel, consciente del engaño al que había sido sometido y tras permanecer preso algunos días en el interior de la cueva del chalet de Alfonso Olivares escribió con la hebilla de su cinturón en un trozo de pared de yeso: "Me han preparado una encerrado y traído a esta casa con otros quince más. Espero nos fusilarán. Cúmplase la voluntad de Dios. Manuel Toll Messía, calle Carbonero y Sol 4 de Madrid". El muro original se encuentra en la actualidad en una cripta del convento-colegio de las religiosas Teatinas de la Inmaculada Concepción.

Bien entrado el año 1938 la 36º Brigada Mixta fue destinada a otro punto de España. Al estabilizarse más o menos el frente de Madrid sabemos que los miembros de sus batallones participaron en los combates del Ebro y defendieron Castellón hasta que cayó prácticamente en manos de las tropas de Franco. Casimiro Durán, que estaba casado y era padre de dos niños pequeños, terminó abandonando España junto a su familia exiliándose en Francia, al menos durante varios años. La última noticia que pudo recabar la justicia franquista de él fue que una persona le vio en septiembre de 1938 en Valencia, siete antes de que terminara la contienda. Nunca más se ha vuelto a saber nada de él.

Al menos tres milicianos que participaron directa o indirectamente en los asesinatos del Túnel de la Muerte de Usera fueron ejecutados por la justicia de Franco. Como antes se ha dicho, Justo López de la Fuente, jefe de la 36º Brigada Mixta fue detenido en los años sesenta en España acusado de entrar en nuestro país de una manera ilegal para encargarse de la propaganda del PCE de manera clandestina. Fue enjuiciado también por los crímenes del Túnel de Usera y condenado a una pena de prisión aunque moriría en la cárcel de Soria en 1967 víctima de un cáncer.

Las autopsias de las víctimas del Túnel de la Muerte
Mano de una víctima /CG

En varios sumarios de la Causa General hemos podido encontrar las autopsias que hicieron dos doctores de reconocido prestigio a los cuerpos encontrados por las tropas franquistas junto a la calle Alfonso Olivares. Se trataba de las víctimas de Casimiro Durán y sus hombres: en total eran 67 cadáveres más otros restos humanos pertenecientes a otros individuos. Algunos de los informes de las autopsias son demasiado elocuentes y reflejan el padecimiento que tuvieron que soportar estos hombres y mujeres. Estos son dos ejemplos significativos de los 67 informes que se redactaron en la Escuela de Medicina Legal.

Cuerpo A "Cadaver de un hombre de edad media, entre 40 y 45 años. Talla entre 1,70 y 1,75. En el cadáver se encontraron unas gafas de celuloide. En un trozo de camiseta de aprecian manchas de lo que puede ser sangre. Los restos de este cadáver estaban desarticulados pudiéndose observar una fractura craneal al parecer producida por disparos de arma de fuego".

Cuerpo B "Cadaver de sexo masculino de entre 35 y 40 años. Talla aproximada 1,62 centímetros. Se recogieron pelos de pubis y restos del cuero cabelludo. Conserva en su cuello una cuerda en forma de lazo".

No todas las autopsias que se llevaron a cabo pudieron llegar a buen puerto. Casi el cincuenta por ciento de las mismas determinaron el nombre y el apellido de los asesinados. El otro cincuenta por ciento de los cuerpos estaban en tan mal estado que no pudieron comprobar su verdadera identidad.


Entre los 67 asesinados en el Tunel de la Muerte podemos destacar algunos nombres ilustres, muchos de ellos vinculados con la aristocracia madrileña. Se encontraban entre otros: el marqués de Fontalba y su hijo Pepe Hoces y Cubas (20 años), dos hijos del Marqués de Urquijo, el marqués de Peramán (Fernando Díaz de Mendoza), los cinco hermanos Méndez y González Valdés, el señor Navarrete, hermano del Director del Banco Español de Crédito, el fiscal del Tribunal de Casación de Cataliña (González Prieto), el presidente de lo Civil de la Audiencia Territorial de Madrid o el canónigo de la Catedral de Málaga. 

10 comentarios:

  1. Artículo muy elaborado e interesante.

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  2. Gracias muy interesante

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  3. Cualquier asesinato es difícil de entender,pero es que vamos.. han tenido 80 años para darse todo la publicidad de martires y santificar la "cruzada".Escriban algun articulo de la depuracion nacional desde el dia 18 de julio del 36 hasta la muerte del dictador franco,tendran muchas paginas que escribir,empiecen por esto http://m.eldiario.es/andalucia/represion-franquista-calificada-Andalucia-genocidio_0_558894601.html

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    1. Escribiremos lo que nos venga en gana que para eso gestionamos nosotros el blog, al igual que hacen los redactores de eldiario.es Entiendo que la investigación histórica a veces no siente demasiado bien, pero amigo, la vida es así. Y no, no formamos parte (ni mucho menos) de Falange

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    2. Muy bien dicho.

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    3. Muy bien dicho, Anonimo 9 de diciembre de 2016

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  4. Ante crímenes tan aberrantes como este, ¿por qué se molestan tantos los de la izquierda? Porque sus crímenes son tan horrendos, tan miserables y ruines; que es casi para no creer si ha siso o no posible. Ellos empezaron matando sin ton ni son y ¿qué pueden esperar? Si caen luego en manos de la justicia, piensan que eso es para olvidar. No, no señor. Murió un sacerdote amigo mío y me quedé con las ganas de ver la cripta donde descansan los engañados y asesinados. Duermen en la paz del Señor, pero los sin Dios y sus perseguidores, ¿qué esperan?

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  5. A ver, la gentuza tiene la mala costumbre de estar en todos los ámbitos y signos políticos. Al igual que la gente buena. Es muy sano conocer tanto las heroicidades como los crímenes que ambos signos cometieron. Lamentable este caso y lamentables tantos otros casos. Siempre hay gente que escudándose en diferentes signos políticos, lo único que realmente les importa no son los ideales, si no su propio provecho y beneficio.

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    1. Gracias por tu comentario Mayte. Estoy de acuerdo contigo al cien por cien. Saludos y gracias por tu mensaje

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