domingo, 27 de abril de 2014

Los 'inquietantes' amistosos de la selección española en plena Segunda Guerra Mundial


Los jugadores de la selección antes del choque en Berlín
 Aunque este blog se centra fundamentalmente en la Guerra Civil, hoy hemos decidido adentrarnos en un episodio que tuvo lugar tres años después de que acabara el conflicto. En 1942, las consecuencias de la contienda seguían haciendo mella en la sociedad de nuestro país aunque justo en esa época se desarrollaba otra guerra a nivel mundial y a una escala superior. El hambre y las malas condiciones de vida afectaban al día a día de casi todos los españoles que encontraban en el fútbol y una de las pocas vías de escape posible.

En plena II Guerra Mundial, el presidente del Consejo Nacional de Deportes, el famoso General Moscardó (héroe del Alcázar de Toledo) recibió la invitación de la Alemania de Hitler para que las dos naciones disputaran un partido de fútbol amistoso. Se trataba de un duelo que serviría para homenajear a los combatientes españoles de la División Azul que luchaban junto a los germanos en el frente soviético y ya de paso para conmemorar la ayuda de la Legión Cóndor a la España de Franco durante la Guerra Civil.

En menos de diez días el General Moscardó y Javier Barroso, presidente de la Federación Española de Fútbol, tuvieron que organizar una expedición de futbolistas para viajar a Berlín, el corazón del nazismo con lo que ello significaba. El partido no solo supondría un riesgo por el desplazamiento en plena II Guerra Mundial sino que también significaba un acto propagandístico para la Alemania del III Reich.

El viaje a Berlín de la selección española fue el primer desplazamiento serio del combinado nacional después de la Guerra Civil. Desde 1939, España solo había disputado un encuentro amistoso lejos de nuestras fronteras y fue en Portugal en el año 1941. El resto de duelos disputados por la 'Roja' hasta 1942 se disputaron en territorio español ante Suiza y ante Francia. La expedición española que iba a viajar a Berlín en 1942 tan solo estaba formada por una treintena de personas. Ante todo pronóstico, el areropuerto de Barcelona fue el designado como punto de partida: dos aviones del Ministerio del Aire trasladaron a futbolistas, cuerpo técnico y políticos que eran los que formaban el grupo que disputaría su partido amistoso en la Alemania de Hitler.

El General Moscardó tuvo que preparar una expedición

Cuentan algunas fuentes que Eduardo Teus, seleccionador español por aquel entonces, tuvo que hacer malabares para convencer a muchos de sus jugadores para que acudieran a la cita berlinesa. Con su exquisita educación -era abogado del Estado- supo hacer ver a sus propios hombres que lo más "sensato" era participar en el amistoso de Berlín, sobre todo para no tener problemas con la justicia franquista. Algunos de los futbolistas que afrontaron 'casi obligados' el partido en Alemania habían tenido, en cierta manera, un pasado republicano. Es el caso del portero Alberto Martorell que durante la Guerra Civil había ejercido como médico en un hospital anarquista de Barcelona y que fue inhabilitado durante una temporada por haber "colaborado con los rojos". También fue el caso de Andrés Mateo Vilches, un gaditano que a los pocos meses de estallar el conflicto decidió huir a Gibraltar para evitar participar directamente en los combates.

Del partido entre Alemania y España no hay demasiados datos en los archivos. A través de las hemerotecas hemos podido leer varias crónicas de lo que supuso aquel duelo disputado el 14 de abril de 1942 en el Estadio Olímpico de Berlín, el mismo escenario en el que se desarrollaron los JJOO de 1936. El mítico periodista de ABC, Alberto Martín (conocido con el seudónimo de Juan Deportista) contaba en su crónica que más de 100.000 espectadores siguieron in situ el encuentro al que asistieron un gran número de personalidades del régimen nazi:
"El aspecto de las graderías del enorme Estadio, coronado por las banderas española, alemana e italiana, es sencillamente imponente, como no se recordaba desde la Olimpiada de 1936. El sitio de honor era para los soldados de la División Azul que se encuentran en Berlín, algunos de ellos acompañados por enfermeras" 
Los espectadores del Alemania - España / Archivo Polaco

Entre los espectadores de lujo que presenciaron el partido y participaron en los actos previos al mismo se encontraba el teniente coronel Gómez de Zamalloa, todo un héroe para el Ejército franquista durante la Guerra Civil y que se encontraba en esos instantes dirigiendo un destacamento de la División Azul. Vemos de nuevo otro fragmento de la crónica de Juan Deportista:
"La bandera española ocupó un sitio preferencial, colocada entre la italiana y la alemana. Suenan en primer término los acordes del Himno Nacional español y el público en pie saluda con el brazo en alto. El espectáculo es impresionante, coreándose al terminar, vítores de viva España. Después, en medio de un silencio absoluto se interpretó el himno alemán, produciéndose después vivas a Alemania y a Hitler" 

El partido en Berlín entre España y Alemania transcurrió futbolísticamente sin contratiempos salvo la lesión de Mundo (unos años más tarde sería todo un ídolo en Valencia) que fue sustituido por el delantero del Barça Martín. El duelo terminó con empate a uno. Aunque el guardameta Martorell estaba siendo el mejor de la 'Roja', el cancerbero del Espanyol nada pudo hacer para evitar el 1-0 alemán tras una gran jugada de contrataque en el minuto quince de la segunda mitad. En la recta final del choque, España lograba el empate gracias a un penalti que transformó el canario del Atlético Aviación Paco Campos tras una caída de Emilín en el área contraria.

Tras el partido, los jugadores españoles participaron en diversos actos de promoción realizados por el departamento de propaganda nazi. Toda la expedición de nuestro país visitó el Ayuntamiento de Berlín acompañados en todo momento por el embajador de España, el presidente de la Federación Española de Fútbol y el teniente coronel Zamalloa. Los responsables del equipo tuvieron, además, una reunión con Von Tschammer und Osten, el presidente del Comité Olímpico Nazi, que moriría un año más tarde víctima de una pulmonía.
A la izquierda, Gabilondo, capitán de España / Libro todo
sobre la selección

Cinco días más tarde de jugar en Berlín, la expedición española se desplazó hasta Milán para disputar otro amistoso en Italia. En esta ocasión, los componentes del equipo nacional tendrían que jugar un partido de exhibición ante una selección italiana plagada de militares y con la presencia en las gradas de los más altos responsables del Gobierno de Musollini. El choque fue un esperpento para la selección que perdió por 4-0, uno de los resultados más humillantes que había sufrido España en los últimos tiempos. Cuentan que la humillación fue tal por el 4-0, que los responsables deportivos del régimen franquista prohibió los partidos fuera de nuestro país hasta tres años más tarde. Efectivamente, ese encuentro en Milán fue el último de la selección hasta 1945.

¿Quién formaba parte de la expedición?

- Alberto Martorell. Portero del Espanyol y uno de los grandes guardametas que ha tenido España a lo largo de su historia. Su presencia en aquella expedición creó algunas suspicacias ya que durante la Guerra Civil estuvo trabajando como médico en un hospital anarquista de Barcelona. Pese a  no haber participado en ningún combate, fue sancionado tras la guerra, a un año de inhabilitación por no haberse pasado a la zona 'nacional'.

- Ricardo Teruel, defensa nacido en Asturias aunque afincado en Barcelona desde que era un niño. En 1942 tenía 25 años. Antes de la guerra jugó en el Espanyol y después del conflicto continuó haciéndolo en el equipo perico.

- Juan Ramón Santiago: defensa vizcaino nacido en 1912. Jugó en el Valencia, equipo en el que fue capitán en la década de los cuarenta.

Estos son varios de los expedicionarios españoles / Archivo
Polaco
- Ramón Gabilondo. Nació en 1913, por lo que tenía 29 años cuando se disputó el encuentro.  Tras jugar en el Valladolid y en el Atlético de Madrid, este defensa ejerció como médico llegando a trabajar en el Hospital Niño Jesús de Madrid. También fue presidente de la Federación Castellana de Fútbol y durante varios meses fue seleccionador nacional.

- Germán Gómez Gómez. Este medio cántabro nacido en 1914 era Junto a Gabilondo y Machín  los tres mosqueteros del Atlético de Madrid, como eran apodados por la prensa. Antes de la guerra había jugado en el Rayo Cantabria y el Racing. Durante la guerra estaba enrolado en el Atletico Aviación.

- Andrés Mateo Vilchez. Gaditano de Algeciras de 24 años. Antes de la guerra vistió la camiseta del Algeciras, Linense y Tetuán. Después de la misma jugó en el Cádiz y en 1941 en el Sevilla. Disputó algunos partidos amistosos en la zona de la Línea para Franco hasta que se metió en el Peñón de Gibraltar.

- Epifanio Fernández 'Epi': tenía 20 años cuando acabó la Guerra Civil. Su carrera futbolística se forjó en los años 40 llegando a ser uno de los mejores laterales de la historia. Jugó en el Valencia aunque antes lo había hecho en el Donosti. Durante la contienda participó en el partido de exhibición que disputó España ante Portugal en 1937.

- Mundo: (Edmundo Suárez Trabanco): Baracaldo. En 1942 tenía 26 años. Fue un histórico del Valencia. Uno de los máximos goleadores de la historia solamente comparado con Di Stefano, Quini, Messi, Zarra, Hugo Sánchez. Fichó por el Athletic Club, pero al realizarse esta incorporación en territorio republicano no fue considerada válida por el régimen franquista por lo que al finalizar la guerra quedó libre. En el año 1939 el ejército franquista creó un equipo, el Recuperación de Levante, del que formaron parte diversos jugadores que habían batallado en la región militar de Levante. Dicho equipo fue el elegido por el Valencia C. F. para debutar después de la contienda. El Valencia C. F., tras verlo en acción, no desaprovechó la oportunidad y lo fichó.

- Francisco Campos Salamanca, Paco Campos. Jugó en equipos canarios hasta que fichó por el Atlético despues de la guerra. Fue también entrenador. En la guerra había estado en aviación con Franco.

- Emilín: 30 años. Natural de Asturias. Jugó en el Oviedo, después se marchó un año cedido al Barça y en 1941 vuelve a Oviedo.

- Jesús 'Chus' Alonso: futbolista de origen cubano que militaba en 1942 en las filas del Real Madrid.

- Gorostiza: jugador mítico del Athletic de Bilbao. Aunque no jugó en Berlín, sí que lo hizo en Milán algunos minutos. Durante la Guerra Civil hay que recordar que participó en la gira extranjera de Euskadi para recaudar fondos a favor de la República aunque luego desertaría y conseguiría pasarse a la España nacional donde combatiría con los requetés.

Fuentes consultadas:

- Hemeroteca Nacional
- Todo sobre la selección española, Emilio Martialai
- Bdefutbol
- Hemeroteca Mundo Deportivo

Noticias relacionadas:

- La maldición rojiblanca durante la Guerra Civil
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2013/11/la-maldicion-rojiblanca-el-tragico.html
- Ángel Arocha, el ídolo olvidado del Atlético de Madrid:
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2013/10/angel-arocha-el-idolo-olvidado-del.html
- La verdadera historia de Ricardo Zamora en la Guerra Civil:
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2012/01/tuvo-que-huir-de-espana.html
- Los futbolistas vascos del Real Madrid que dejaron España para jugar con Euskadi
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2012/10/la-guerra-trunco-la-carrera-de-tres.html

martes, 8 de abril de 2014

Diez fotografías impactantes de la Guerra Civil Española

Soldado republicano muerto mientras
tiraba un cable telefonico (Capa)

La fotografía jugó un papel esencial durante la Guerra Civil Española. Los mejores profesionales del momento captaron con sus cámaras un gran número de momentos históricos entre 1936 y 1939. Las personas que hacemos este blog hemos elegido diez de las mejores imágenes del conflicto español que definen a la perfección lo que supuso la contienda para la sociedad de nuestro país.
Soldado muerto en el árbol

Muerte en el árbol

Robert Capa consiguió fotografiar el cadáver de este militar republicano en diciembre de 1937 en las afueras de Teruel. Al parecer, el soldado intentaba reparar en lo alto de un árbol una línea telefónica que había quedado averiada durante la batalla de Teruel. La imagen fue publicada el 13 de enero de 1938 en la revista francesa Regards con un texto posiblemente erróneo: "En su puesto de observador, un soldado republicano que ha muerto ha fijado sus ojos abiertos en el cielo de la victoria. Estaba tendiendo los hilos de un teléfono de campaña cuando un francotirador le disparó".

Esta fotografía ha levantado una profunda polémica entre los especialistas en fotoperiodismo. De nuevo Capa ha vuelto a estar en el ojo del huracán, como ya sucedió con la imagen del miliciano caído en Córdoba (nos hemos negado a sacar esa foto aquí). Muchos expertos en fotografía se atreven a asegurar que en realidad, el soldado republicano no estaba muerto sino que estaba gritando. Nosotros no somos especialistas en imagen, pero dejamos plasmada la controversia.

Las consecuencias de un bombardeo sobre Madrid
Varios muertos tras un bombardeo / AGA

Fotografía impactante tras una incursión aérea del bando nacional sobre Madrid. En el suelo yacen los cuerpos sin vida de varias personas de diferentes edades después de un ataque con bombas sobre el centro de la capital. Es más que posible que las víctimas no tuvieran tiempo para esconderse en algunos de los refugios antiaéreos o en el metro.

El primer bombardeo oficial sobre Madrid tuvo lugar la noche del 27 al 28 de agosto de 1936. Aunque los franquistas ya habían bombardeado las bases aéreas de Getafe y Cuatro Vientos, este día, un Junkers alemán lanzó varias bombas incendiarias sobre el Ministerio de la Guerra y la Estación Norte. A partir de ese día, empezaron a producirse un gran número de ataques aéreos, en muchas ocasiones dirigidos directamente a la población civil buscando una desmoralización del bando republicano.

La República también intentó utilizar los bombardeos enemigos como arma propagandística. A través de espeluznantes fotografías y algunos montajes, el departamento de propaganda dirigido por Arturo Barea pretendía demostrar al mundo la barbarie de los franquistas que "atacaban de manera indiscriminada a los civiles".

Fusilamiento desconocido en el Frente de Aragón
Fusilamiento desconocido y autor desconocido

El autor de esta fotografía nunca se ha dado a conocer. De hecho, no tenemos demasiado claro si se trata de una imagen real o bien de un montaje. En ella vemos como cuatro personas, vestidas aparentemente de uniforme, se preparan para fusilar a otra vestido de civil. Todo eso ante la atenta mirada de un supuesto oficial que con pistola en mano se prepara para rematar al ejecutado.

Aún sin saber si es real o no esta fotografía de la Guerra Civil, podemos decir que la mirada del fusilado es valiente y hasta cierto punto arrogante; con la cabeza bien levantada y sin aparente miedo. Algunas versiones afirman que es un fusilamiento franquista al amanecer. Podría ser. Sin embargo, la vestimenta, un tanto irregular de los ejecutores nos hace sospechar ligeramente.

Otras versiones afirman afirman lo contrario e insinúan que el fusilado fue Martín Martínez Pascual, el prebisterio de la Sociedad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, que murió asesinado por milicianos el 18 de agosto.

Ataque sobre Telefónica de la Gran Vía
El obús cayó sobre el edificio de la Telefónica

El edificio de la Telefónica de Madrid, sede de la sección de prensa y propaganda de la Junta de Defensa de la capital, fue objetivo de innumerables ataques por parte de la aviación y la artillería franquista. En esta imagen vemos como un artefacto impacta en una de las plantas superiores, lugar en el que estaba un observatorio republicano.

La Telefónica fue un lugar clave de la Guerra Civil Española. En las primeras plantas estaba el departamento de censura, prensa y propaganda dirigido inicialmente por Arturo Barea, autor de la 'Forja de un Rebelde'. En sus inmensos salones también estaban los mejores corresponsales de la guerra de la época. Desde allí enviaban a sus respectivos países las crónicas de la contienda.

Personajes tan ilustres como Hemingway o Dos Pasos estuvieron muchas horas en la Telefónica de Madrid tratando de contar en sus crónicas lo que sucedía en Madrid durante la guerra. Todos ellos, contaban en más de una ocasión, haber tenido que tirarse al suelo allí mismo cuando se producían los ataques.

Profanando tumbas en Toledo durante 1936
Varias momias de monjas en Toledo / Alfonso

A los pocos días de comenzar la sublevación, se produjeron en las principales ciudades republicanas una oleada de ataques contra todo lo relacionado con la Iglesia. Aunque la persecución religiosa se había producido tiempo atrás, las escenas que se vivieron en Madrid y Barcelona  en 1936 fueron espeluznantes.

En la imagen podemos observar a varios milicianos posando con las momias de unas monjas que procedían de la Iglesia y convento de las Salesas de Barcelona, del Paseo de San Juan. El fotógrafo, captó esta y otras imágenes que se encuentran en estos momentos custodiadas en el Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares.

No tenemos constancia de que estas fotos aparecieran publicadas en algún medio de comunicación durante la Guerra Civil. Desde luego hubiera sido un puñetazo en la cara de la República que pretendía demostrar al mundo su "tolerancia religiosa". Aunque los responsables de la Dirección de Seguridad hicieron, por lo general, oídos sordos a estas imágenes, algún mando policial sí que investigó estas profanaciones. Sabemos que al menos un anarquista que había participado en un acto similar, murió ejecutado en Madrid en diciembre de 1936 por los propios republicanos.

Una broma muy 'macabra' en una caja de madera
Los restos del aviador republicano / AGA

Con un simple vistazo, muchos de nuestros lectores no sabrán demasiado bien lo que significa esta fotografía. Sí, no le den más vueltas. Se trata de los restos humanos de un aviador republicano abatido durante la Guerra Civil Española en zona franquista. El piloto, aparentemente de nacionalidad soviética, llegó a tierra ya cadáver en el interior de su aeroplano. La explosión, tras impactar con el suelo, destrozó el cuerpo del ruso. 

La propaganda franquista, con la intención de enviar un mensaje de desánimo tanto al ejército republicano como a la población de Madrid, decidió devolver los restos del piloto a la zona 'roja'. Varios aviadores nacionalistas introdujeron los restos desmenuzados del aviador en una caja de manera y le pusieron un paracaídas para lanzarlo sobre Madrid capital. 

Unos días después, la caja de madera con el piloto soviético fue lanzada sobre Madrid. Lo que parecía, aparentemente una posible trampa de los franquistas, terminó siendo una broma de muy mal gusto. Calló en una calle del barrio de Chamberí y varios niños acudieron hasta la zona en la que había caído esa especie de ataud. Al abrirlo comprobaron que dentro había un cadáver.

La Junta de Defensa de Madrid decidió fotografiar ese esperpento. La idea era enseñar al mundo la salvajada y la poca elegancia 'guerrera' de los militares sublevados el 18 de julio. Periódicos de todo el mundo recogieron esta fotografía que se encuentra en la actualidad en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares.

Un prisionero aterrorizado en Guadalajara
Ortiz de Zárate, antes de ser fusilado en Guadalajara /Albero
y Segovia

El estudio de Albero y Segovia realizó esta fotografía que también pasó a la historia de la Guerra Civil. Se trata de los primeros compases de la contienda en Guadalajara. El prisionero es el Comandante Ortiz de Zarate, uno de los responsables de la sublevación militar en la ciudad alcarreña que fue capturado tras la toma del puente del Henares.

En la imagen vemos a milicianos, guardias de asalto y un guardia civil llevando al oficial rebelde. El miliciano que está a la izquierda lleva aparentemente una pistola semiautomática civil/comercial marca Joloar. El rostro de Ortiz de Zárate lo refleja absolutamente todo. Tras morir casi todos sus hombres en la defensa del puente del Henares, él mismo estuvo manejando durante veinte minutos una ametralladora hasta que sucumbió.

El oficial nacionalista sabía perfectamente lo que le esperaba cuando fue detenido por las avanzadillas republicanas. El rostro muestra a la perfección el miedo o temor que debía sentir tras comprobar que el enemigo se había hecho con el control de Guadalajara. Como si fuera un trofeo de caza, los milicianos se fotografiaron junto a Ortiz de Zárate hasta minutos antes de su ejecución. Cuentan que el miliciano que tiene la pistola es Toribio Díaz, un miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas de Guadalajara aunque este término no lo hemos podido confirmar. Quizás fue él el que ejecutó directamente al comandante de ingenieros. No lo sabemos. Solo podemos confirmar que Díaz moriría unos meses más tarde en los combates que se produjeron en las inmediaciones de Madrid.

El desastre del Cuartel de la Montaña en 1936
El patio del Cuartel de la Montaña repleto de cadáveres/
Alfonso

La sublevación en Madrid resultó ser un fracaso el 18 de julio de 1936. Esta instantánea muestra cómo quedó el patio del Cuartel de la Montaña de Madrid tras los combates que tuvieron lugar durante los primeros días de la Guerra Civil Española. Este patio de armas estaba repleto de cadáveres, sobre todo de militares y falangistas que intentaron defender esta instalación militar hasta las últimas consecuencias.

Lo que sucedió en el Cuartel de la Montaña de Madrid fue una auténtica carnicería. Con números en la mano, podemos decir sin riesgo a equivocarnos que la mortandad fue elevadísima por parte de los defensores. En total murieron entre 250 y 300 personas, muchos de ellos en los combates que se produjeron dentro del cuartel. Se combatió habitación por habitación y sobre todo en el patio. Cuenta la Causa General que algunos de los heridos fueron rematados en el suelo. También se produjeron muchas muertes entre los prisioneros tras ser ejecutados días más tarde. Algunos, como el general Fanjul, serían sometidos a consejos de guerra y fusilados marcialmente. Otros ni siquiera eso. Entre las víctimas de Paracuellos del Jarama hay muchos nombres de defensores del Cuartel de la Montaña.

Curiosamente, la rebelión militar del 18 de julio fracasó en las dos principales ciudades de España. Tanto Madrid como Barcelona quedaron en manos de la República hasta casi el final de la Guerra Civil.

¿Muerte real o montaje propagandístico republicano?
El piloto caído en combate, hizo aterrizar el avión antes de
morir / Anónimo


El autor de esta fotografía es totalmente desconocido 75 años después de que terminara la Guerra Civil. En la imagen vemos como varios republicanos consiguen sacar el cuerpo sin vida de un piloto de la aviación leal. Aún estando herido, el aviador consiguió aterrizar su aeroplano en un aeropuerto de Madrid falleciendo poco después de la llegada.

Casi todos los profesores de historia de la Guerra Civil coinciden en señalar que esta fotografía es falta. Al igual que sucedió con la imagen de Capa del miliciano muerto en combate, esta fotografía pretendía ensalzar el valor y la entrega de los pilotos de la República. En realidad no le hacía falta. Todo el mundo sabía que los aviadores republicanos eran tremendamente valerosos y no nos estamos refiriendo solamente a los soviéticos. Muchos pilotos españoles se entregaron a la causa republicana tanto o más que los rusos.

Felix Urtubi era un piloto vasco que en un combate aéreo, tras haber perdido un ala su avión, prefirió chocar con el enemigo antes que tirarse del paracaidas. El piloto con el que se chocó, era un americano de origen italiano que se puso del lado de Franco durante los primeros días de la guerra.

La sonrisa de una miliciana de Barcelona
Marina Ginestá en 1936 / Gutman, Agencia EFE


Hace pocos días saltó la noticia en Francia. La protagonista de esta foto, una joven llamada Marina Ginestá, fallecía en Paris a los 94 años el pasado seis de enero. En esta imagen, Marina posaba orgullosa justo delante del Hotel Colón de Barcelona, uno de los lugares en los que se combatió con intensidad durante los primeros días de la Guerra Civil.

Ella tenía 17 años y vestía sin complejos con un uniforme de miliciano. Era la primera vez que cogía un fusil. El fotógrafo Gutman le hizo posar durante varios minutos. Era afiliada de las juventudes socialistas unificadas. Tras la contienda tuvo que marcharse a Francia donde terminó su vida.

La agencia EFE consiguió localizarla en su casa de París en 2008 haciéndole una entrevista que también pasó a la historia. "Es una buena foto, refleja el sentimiento que teníamos en aquel momento. Había llegado el socialismo, los clientes del hotel se habían marchado. Había euforia. Nos aposentamos en el Colón, comíamos bien, como si la vida burguesa nos perteneciera y hubiéramos cambiado de categoría rápidamente", afirmaba Ginestà

martes, 1 de abril de 2014

Las últimas horas de la Guerra Civil en el Ministerio de Hacienda


Imagen antigua del Ministerio de Hacienda en la calle Alcalá
28 de marzo de 1939. La Guerra Civil española estaba a punto de finalizar. Aunque no habían entrado formalmente en Madrid las tropas de Franco, en los frentes de la capital confraternizaban los soldados de los dos Ejércitos llegándose a producir intercambio de botellas de vino e incluso algún partidillo de fútbol. En la ciudad, mientras tanto, muchas personas ya se atrevían a colgar banderas y símbolos franquistas en los balcones y en determinadas zonas se empezaban a corear canciones relacionadas con los vencedores.

El Ministerio de Hacienda era un auténtico hervidero de personas aquel 28 de marzo de 1939. El imponente palacio, situado en la calle Alcalá, muy cerca de la Puerta del Sol, se había convertido en cuartel general de Segismundo Casado durante los combates entre el Consejo Nacional de Defensa y los comunistas que terminó con triunfo de los casadistas. A primera hora de la mañana, consciente de que los falangistas más atrevidos iban a llegar en cuestión de minutos al Ministerio, el Coronel Casado abandonó Madrid en uno de los pocos aviones que quedaban en Barajas. En él se desplazó hasta Valencia, donde horas más tarde embarcaría en un barco inglés con el que saldría de España, acompañado de su familia, de sus colaboradores más inmediatos y de casi todo su Estado Mayor.

La soledad de los últimos republicanos

A media mañana, los salones del Ministerio de Hacienda se habían quedado desalojados casi por completo. Allí solo quedaban un puñado de políticos republicanos y militares que esperaban a su suerte ser detenidos por las avanzadillas nacionales que ya empezaban a romper el frente. Entre las personas que estaban en los sótanos del Ministerio se encontraba el socialista Julián Besteiro, sin lugar a dudas una de las personas que más influyó en la finalización de la Guerra Civil. El 'viejo profesor' no quiso acompañar a Casado en su salida de España y decidió quedarse estoicamente en Madrid acompañado por Rafael Sánchez Guerra, ex presidente del Real Madrid, político y militar. Junto a ellos también se encontraban Melchor Rodríguez (el ángel Rojo), que había salvado a cientos de derechistas de morir asesinados durante la guerra, el Coronel Prada, el teniente coronel Antonio Garijo (había participado en las conversaciones de Gamonal), el teniente coronel Zulueta y el comandante de aviación Luis Hortelano.
Con traje de cuero, el Coronel Prada rindiendo Madrid ante
el militar nacional Losas


Eran en total unos veinte políticos y militares los que se encontraban en Hacienda, protegidos por un centenar de Carabineros, todavía fieles a la República. Poco antes de las 13:00, el Coronel Prada abandonó el Ministerio junto con sus hijos (eran sus ayudantes) y una escolta formada por tres milicianos y tres guardias civiles. En dos vehículos de color negro, la expedición se dirigió hacia Ciudad Universitaria. Allí, el militar republicano efectuó junto a las ruinas del Hospital Clínico la rendición formal de Madrid a los franquistas dirigidos por Losas.

La protección de un falangista

Conscientes de que la vida de las personalidades que estaban en Hacienda podía correr peligro, ya que empezaban a controlar las calles de Madrid jóvenes falangistas y requetés, Besteiro decidió telefonear a su antiguo compañero Antonio Luna. Se trataba de otro catedrático universitario que durante los últimos meses de la Guerra Civil había trabajado para la Falange Clandestina preparando la llegada de los franquistas a la capital. Luna acudió tras almorzar al Ministerio, algo que dio seguridad a todos los presentes, ya que se trataba de una persona muy bien relacionada con el régimen.
De oscuro, Antonio Luna / Archivo Fotográfico CAM

La tarde del 28 de marzo se estaba haciendo insoportable para los presentes en Hacienda. Sánchez Guerra explicaba en uno de sus libros que los discursos falangistas de Antonio Luna eran "insufribles" en todos los aspectos.
"Queremos-nos decía- crear un nuevo Imperio: hacer una España unificada, grande y libre. Hemos de lograr una España para todos, donde no haya un solo hogar sin pan y sin lumbre, donde todo el mundo encuentre trabajo, en la que no sea posible el estraperlo ni el favoritismo político ni los negocios sucios". 

A media tarde, un grupo de adolescentes vestidos con el uniforme de requetés se adentró en el Ministerio de Hacienda preguntando por Rafael Sánchez Guerra. El que fuera presidente del Real Madrid, que vestía el uniforme del Ejército por haber sido ayudante de Casado, contestó que era él. Los jóvenes le invitaron a que saliera de la sala a lo que él contestó: "Lo siento mucho pero no les conozco. Estoy muy a gusto aquí". El mandatario tenía claro que se entregaría a una autoridad legítima y responsable, no a unos jóvenes exaltados. "Quien quiera sacarme de Hacienda tendría que hacerlo por la fuerza y después de dejarme reducido a una imposibilidad física para la defensa", llegó a decir. Ante todo pronóstico, aquellos niños-requetés no pretendían hacerle daño, todo lo contrario. Sánchez Guerra había protegido en el Madrid republicano a la tía de uno de ellos, la marquesa Maria Luisa de Borbón, por eso, ahora pretendían devolverle el favor y "llevarle a un lugar seguro".  No fue así. Tras agradecer su comportamiento, Don Rafael dijo que prefería quedarse hasta el final con Julián Besteiro pasara lo que pasara aunque sí pidió a los muchachos que "de vez en cuando se interesaran por él".

Un incidente nocturno
Rafael Sánchez Guerra / Real Madrid

Pasadas las nueve de la noche se vivió otro momento de tensión en el Ministerio de Hacienda. Una veintena de falangistas, sin armas, se presentó en las instalaciones con la intención de hacerse con el control del edificio. Los pocos carabineros que quedaban encargados de la seguridad del ministerio (muchos ya se habían ido a su casa) no pusieron problema alguno aunque no entregaron sus armas: siguieron portándolas y tratando con el mismo respeto  a los republicanos allí presentes, algo que irritó al jefe de la Falange que se llamaba Ángel Luque. Nada más encontrarse con Julián Besteiro le dijo levantando el brazo derecho:

- ¿No ha aprendido usted el saludo de la Nueva España?

- No señor - respondió Besteiro - y lo que es peor, ya a mis años, me temo que me va a costar mucho aprenderlo

El incidente no pasó a mayores ya que Antonio Luna estaba allí. El catedrático, que como hemos dicho antes era amigo de Besteiro, aseguró que todos los presentes en el Ministerio estaban bajo su protección y les pidió que les dejaran tranquilos hasta la llegada de las autoridades militares.

Sánchez Guerra relata en su obra que el jefe falangista resultó ser una "buena persona" que llegó a tomarse un café con los republicanos la misma noche del 28 de marzo. Todos los allí presentes tiraron unas colchonetas en el suelo y durmieron en los mismos despachos del Ministerio pasadas las doce de la noche.

La mañana del 29 de marzo, Madrid amaneció con otra cara. La Falange ya controlaba absolutamente todos los servicios de Madrid (metro, tranvía, Unión Radio, luz, agua...) y los militares de Franco habían ido ocupando poco a poco los barrios de la capital. Esa mañana en Hacienda se volvió a vivir otro altercado de interés entre los falangistas y los requetés. Un grupo de requetés acudió al Ministerio para interesarse de nuevo por los allí presentes, algo que enfadó considerablemente a los falangistas que se creían dueños y señores de la zona. La cosa no pasó a mayores. Los carabineros seguían con sus armas, leales a Julián Besteiro y Sánchez Guerra.

La toma del Ministerio por parte del Ejército

A las 16:00 llegó una compañía de infantería mandada por un capitán. Lo primero que hizo el oficial franquista fue desarmar pacíficamente a los carabineros y posteriormente elaborar una lista de todas las personas que se encontraban en el interior del Ministerio de Hacienda para enviarla a la "autoridad judicial militar". Para entonces, los soldados nacionalistas ya habían cortado las comunicaciones telefónicas del palacete con el exterior, por lo que ninguno de los republicanos allí presentes se pudo despedir de sus seres queridos.
Besteiro, leyendo un discurso antes de terminar la
guerra

A las 20:00 de este 29 de marzo se presentó en Hacienda un capitán de la Guardia Civil acompañado por varios guardias que leyeron a toda velocidad una relación de 21 hombres. Se trataba de los últimos republicanos que aguantaron en Madrid en un Ministerio que días atrás había alcanzado su mayor apogeo. Los agentes tenían la obligación de trasladar en autobús a los allí presentes hasta la cárcel Porlier y así fue.

¿Qué sucedió tras la guerra con los hombres del Ministerio de Hacienda?

- El expresidente del Real Madrid, Sánchez Guerra fue condenado a 30 años de prisión, sin embargo, pasó tan solo dos años entre rejas. Estuvo en diferentes prisiones españolas en Madrid, León y Cádiz hasta que su pena le fue conmutada. En 1946 pasó a Francia donde escribió el libro 'Mis prisiones'. En 1959 regresa a España para ingresar como fraile en el convento de los Padres Dominicos de Villava en Navarra. Falleció en 1964.

- Julián Besteiro fue juzgado inicialmente por el juez militar Carlos de Sabater en lo que fue el procedimiento sumarísimo de urgencia número 1. El consejo de guerra bajo la acusación de "Delito de Adhesión a la Rebelión Militar" tuvo lugar en julio de 1939; el fiscal, pese a reconocer que era un hombre honesto e inocente de cualquier delito de sangre, pidió la pena de muerte. Sin embargo, fue condenado a 30 años de cárcel. Inicialmente estuvo en Madrid y más adelante fue trasladado a la prisión de Carmona (Sevilla) donde llegó tremendamente enfermo. El 27 de septiembre de 1940, un año y medio después de ser detenido, murió en el presidio como consecuencia de una septicemia.
Vestido de civil, Melchor Rodríguez

- Melchor Rodríguez, el anarquista director de prisiones que salvó la vida a cientos de derechistas y que también se encontra en Hacienda el 29 de marzo de 1939, también tuvo que pasar por la cárcel. Fue condenado a 20 años y un día de los que cumplió cinco. Gracias al General Muñoz Grandes, que presentó miles de firmas de personas que había salvado, fue puesto en libertad provisional en 1944. En la calle siguió siendo libertario, lo que le acarreó más problemas con la justicia. Trabajó en varias aseguradoras y escribiendo letras de canciones populares.  Murió en 1972.

- El Coronel Adolfo Prada, que había sido el encargado de rendir las tropas republicanas en Ciudad Universitaria el 28 de marzo, fue condenado a muerte por un tribunal militar. Aunque su pena quedó conmutada por varios de cárcel, sufrió un aislamiento total dentro de los presidios en los que estuvo. Una vez en libertad formó parte de la organización clandestina Agrupación de Fuerzas Armadas Republicanas. Murió en 1972 a los 81 años.

Tras la Guerra Civil, Antonio Luna siguió perteneciendo a la Falange y continuó con su labor docente como catedrático de Derecho Internacional. Escribió varios artículos y pronunció un sinfín de conferencias, una de las cuáles se hizo muy famosa por su radicalismo. "Para edificar a España una, grande y libre, condenados al fuego los libros separatistas, los liberales, los marxistas, los de la leyenda negra, los anticatólicos, los del romanticismo enfermizo, los pesimistas, los pornográficos, los de un modernismo extravagante, los cursis, los cobardes, los seudocientíficos, los textos malos y los periódicos chabacanos. E incluimos en nuestro índice a Sabino Arana, Juan Jacobo Rousseau, Carlos Marx, Voltaire, Lamartine, Máximo Gorki, Remarque, Freud y al Heraldo de Madrid”, dijo.

Fuentes consultadas

- Mis prisiones, Rafael Sánchez Guerra
- Melchor Rodríguez, historia de un anarquista, Adolfo Domingo
- El final de la Guerra Civil, Javier Cervera, Ángel Bahamonde
- Madrid 1939. Del golpe de Casado al final de la guerra. Luis Español Bouché
- Archivo Militar Paseo Moret