domingo, 27 de julio de 2014

Las fotografías más dramáticas del asalto al Cuartel de la Montaña

El patio de armas del Cuartel de la Montaña tras el asalto

No hace falta recordar que la sublevación militar de Madrid durante el 18 de julio de 1936 fue un auténtico fracaso. La falta de coordinación entre los mandos de los principales acuartelamientos de la capital dejó mucho que desear, circunstancia que fue aprovechada por el Frente Popular. En pocas horas, el Gobierno republicano se hizo con el control de las principales unidades de la ciudad, permitiendo armar a los partidos políticos de izquierdas que pretendían "frenar a toda velocidad" el avance de los rebeldes.

Los combates que se produjeron durante las primeras 72 horas de la Guerra Civil en Madrid fueron terribles, especialmente en el Cuartel de la Montaña. Ubicado en las proximidades de la calle Ferraz, el cuartel se levantaba justo en la zona del actual Templo de Debod. Allí lucharon hasta las últimas consecuencias poco más de 1.500 hombres que aunque aprovecharon sus conocimientos militares, nada pudieron hacer para resistir los ataques republicanos. De los combates que se registraron en este ya desaparecido acuartelamiento, hemos obtenido diez imágenes impactantes que no suelen apreciarse con demasiada frecuencia en los libros de historia.

 Un mapa muy valioso del Cuartel de la Montaña en 1936
Mapa de la época de la ubicación del cuartel

Como puede apreciarse en este mapa de incalculable valor, el Cuartel de la Montaña estaba situado muy cerca de Plaza de España. Podría decirse que la fachada principal daba al Paseo de Pintor Rosales aunque el acuartelamiento también podía apreciarse con normalidad desde Ferraz y desde la calle Irún. Cuando empezaron los combates entre asaltantes y defensores, los republicanos tuvieron a tiro de cañón a sus enemigos desde la Plaza de España.

El Cuartel de la Montaña estaba defendido por varios regimientos que se encontraban situados en diferentes zonas de la instalación militar. El principal problema que tuvo que hacer frente el General Fanjul, el militar de más alta graduación que accidentalmente tuvo que encargarse de la defensa, fue la mala ubicación del cuartel. La calle Ferraz y Pintor Rosales se encontraban en una zona elevada en comparación con la Montaña, por lo tanto, los soldados que participaban en su defensa eran blanco fácil para los milicianos.

Hay que recordar que en la actualidad, en el lugar en el que estaba levantado el cuartel se encuentra ubicado uno de los parques más bonitos de Madrid, el parque de la Montaña o del Templo de Debod. Sobre las ruinas del antiguo cuartel se colocó, pieza a pieza, un templo de origen egipcio, que todavía hoy puede ser visitado. 

Las milicias se preparan para el asalto del cuartel
Varios madrileños corrían hacia el Cuartel de la Montaña

Cuando la población de Madrid se percató de que se había producido una sublevación militar, cientos de madrileños pertenecientes a organizaciones del Frente Popular acudieron hasta diferentes cuarteles con la intención de conseguir armamento. Pronto descubrirían que en Madrid también se había producido un amago de sublevación. De manera improvisada, muchos de esos milicianos se armaron de valor y se enfrentaron a un enemigo mucho mejor preparado militarmente.

En la fotografía podemos ver a varios de los hombres que intentaban asaltar el Cuartel de la Montaña en los primeros momentos de la Guerra Civil. Ninguno lleva uniforme militar ya que la gran mayoría de los asaltantes formaban parte de la población civil. Eso sí, contaron con el apoyo incondicional de Guardia Civil y Guardia de Asalto para terminar derrotando a los sublevados.

Los asaltantes contaron también, aunque no de manera definitiva, con el apoyo de la aviación y con varias piezas de artillería que se habían colocado de manera estratégica en las inmediaciones de Plaza de España. Pese a todo, el éxito del asalto se debió fundamentalmente a la ofensiva protagonizada por ciudadanos anónimos, muchos de los cuáles entraron a cuerpo descubierto en el cuartel.

La masacre de los militares y falangistas sublevados
Varios defensores muertos durante y después del asalto

La sublevación en Madrid fue un auténtico fracaso. Ni los militares ni los falangistas que defendían las instalaciones del Cuartel de la Montaña pudieron frenar la ofensiva de los milicianos del Frente Popular que les superaban en número y poseían una posición mejor para la ofensiva. De los cerca de 150 oficiales que dirigieron la defensa, 98 murieron en el combate o fueron asesinados a sangre fría en el mismo patio de armas. El resto de los muertos en la lucha fueron unos 300 pertenecientes a diferentes graduaciones militares y afiliados a la Falange Española.

Esta imagen corresponde al fin de los combates en el Cuartel de la Montaña. Se puede ver el patio de armas repleto de cadáveres, muchos de ellos muertos durante los tiroteos, sin embargo, muchos testimonios aseguran que la gran mayoría de los muertos fueron asesinados después de rendirse por una masa airada que buscaban "su particular venganza" por los milicianos caídos. Cuentan que muchos de los militares (sobre todo oficiales) que habían defendido el cuartel, murieron a bayonetazos y cuchilladas por parte de individuos exaltados sedientos de sangre. 

En esta fotografía puede apreciarse un poco más de cerca el baño de sangre que se vivió en el Cuartel de la Montaña. Los caídos que se aprecian en la fotografía desprendían mucha cantidad de sangre, por lo que no sería de extrañar que hubieran recibido más de un impacto de bala. Jóvenes y veteranos yacían en el suelo del cuartel ante un calor abrasador que asolaba Madrid en el verano de 1936.

Al final podemos divisar la imagen en solitario de un agente de la Guardia Civil. Pese a su naturaleza militar, los miembros de la Benemérita de Madrid fueron los primeros junto a la Guardia de Asalto en tomar el Cuartel de la Montaña. Tras acabar con las dos ametralladoras sublevadas de una de las puertas, los guardias civiles fueron los primeros en entrar en el Cuartel de la Montaña para poner fin a los combates. Tras ellos entró la masa de milicianos.

Los oficiales fueron la presa más cotizada por los milicianos
El cuerpo sin vida del oficial tras el asalto 

La fotografía muestra el cuerpo sin vida de uno de los oficiales que defendió el Cuartel de la Montaña hasta las últimas consecuencias. Tumbado hacia abajo y observando el charco de sangre, todo apunta a que el militar fue ejecutado a sangre fría con un disparo en la cabeza a muy poca distancia. Aún así, determinar con exactitud la forma en la que perdió la vida este militar sublevado es una tarea ardua y difícil.

Los milicianos que tomaron el Cuartel de la Montaña buscaban a toda consta a los oficiales que habían dirigido la sublevación en Madrid. La muerte de 98 de los 150 oficiales participaban en la defensa, demuestra la alta tasa de mortandad entre los jefes del alzamiento en la capital. Con todo, algún oficial consiguió huir in extremis del cuartel quitándose la guerrera en el momento en el que entraron los milicianos en el cuartel y haciéndose pasar por un simple soldado de remplazo.

De la fotografía en sí no hay muchos datos aunque hay algunas versiones que insinúan que por la posición del cuerpo sin vida del militar, dicen que éste se podría haber quitado la vida antes de haber sido detenido por los milicianos del Frente Popular. 

Los interrogatorios de los detenidos tras el asalto

A la izquierda un oficial detenido y a la derecha un suboficial
La caras del oficial y del suboficial de las fotografísa lo dicen absolutamente todo. No tenemos duda de que el de la izquierda es un oficial por la vestimenta: las botas y el tipo de pantalón que estaba utilizando. Al arrestado le rodean un gran número de individuos de lo más variopintos que le piden explicaciones sobre lo acaecido en el Cuartel de la Montaña. Sin embargo, librarse de la muerte en el mismo patio del cuartel no significaba ni mucho menos la salvación para el militar.


Muchos de los oficiales detenidos en el Cuartel de la Montaña fueron condenados a muerte en agosto, como sucedió con el General Fanjul, el militar que se encargó accidentalmente de la defensa. Al igual que él, otros oficiales terminaron fusilados en la Casa de Campo o en el Cementerio Este. Otros, sin embargo, también morirían pero sin juicio previo: perderían la vida en las ejecuciones en masa de Paracuellos del Jarama. 

Un depósito de cadáveres saturado tras el fracaso del alzamiento

El depósito de cadáveres del Hospital Central de Madrid
Tras los enfrentamientos del Cuartel de la Montaña, los depósitos de cadáveres de los principales hospitales de Madrid se llenaron completamente. Las autoridades de la República tuvo que anunciar por radio que no se llevaran más cuerpos a determinados hospitales porque se encontraban saturados de personas. Además, durante esa primera semana de guerra también hubo otro problema: la falta de ataúdes en la capital. Las funerarias no disponían de tantas cajas de madera por lo que todo valía para enterrar a los difuntos.

Pese a ello, lo peor estaba por llegar. Durante los meses siguientes Madrid fue una auténtica carnicería. Agosto, septiembre y octubre fueron los meses de los paseos: cada mañana aparecían muchísimos cadáveres en las cunetas de la capital de personas vinculadas con los partidos de derechas o el clero. Fueron víctimas de las entonces llamadas checas, grupos de personas de las Milicias de Retaguardia que asesinaron sin juicio previo a presuntos enemigos.

Por otro lado, en noviembre se producirían las ejecuciones en masa de Paracuellos del Jarama, así como los primeros bombardeos aéreos sobre la capital por parte de la aviación franquista. Los combates en la Casa de Campo y en Ciudad Universitaria también dejarían un largo reguero de cadáveres.

Noticias relacionadas

1.- Cronología exacta de las matanzas de Paracuellos del Jarama:
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2012/09/6-de-noviembre-exhumaciones-de.html

2.- El Teniente Coronel Carratalá, la primera víctima de la Guerra Civil:
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2012/02/teniente-coronel-carratala-primera.html

3.- Las primeras 72 horas de la Guerra Civil en Madrid:
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2012/02/las-primeras-72-horas-de-guerra-en.html


sábado, 19 de julio de 2014

El último Real Madrid - Barcelona antes de la Guerra Civil Española

Zamora y Vantolrá antes de la final
Ya se han cumplido justo 77 años del último gran partido de fútbol antes de la tragedia. Un 21 de junio de 1936, un mes antes de que estallara Guerra Civil, Real Madrid y Barcelona se enfrentaban entre sí con motivo de la final de la Copa de la República. El espectáculo prometía de sobremanera; además de jugar los dos mejores equipos de España, también medirían sus fuerzas los dos crack del momento.Ricardo Zamora, portero y capitán de los madridistas se vería las caras con Martí Vantolrá, el atacante más preciado del conjunto blaugrana.
El campo de Mestalla en Valencia fue designado como el escenario de aquella histórica final. Nunca antes un partido en España había generado tanta expectación como aquel Madrid – Barça. Los periódicos de la época ya aseguraban en su edición del 20 de junio, un día antes del partidazo, que la reventa estaba jugando un papel muy importante y que los billetes que se estaban vendiendo a “precios desmesurados”.
El partido se disputó con una entrada memorable para la época: más de 20.000 personas siguieron la contienda desde las gradas de Mestalla. En el palco de honor se dieron cita un gran número de políticos y aunque se especuló sobre la posible asistencia de Manuel Azaña, la máxima autoridad que presenció el partido fue el ministro de agriculturaRuiz Funes. Junto a él se sentaron en el palco el subsecretario de Gobernación Osorio y Tafall, el Gobernador Civil de Valencia, Braulio Solsona y los presidentes del Barca y del Madrid CF.
“El supermach”, como tildaba la prensa al partido, arrancó pasadas las cinco de la tarde. Además de Zamora, en el conjunto blanco jugaban todas sus estrellas del momento: Ciriaco, Quincoces, Lecue, Eugenio, los hermanos Regueiro o Emilín. Por parte de los azulgranas también jugaban sus mejores hombres a excepción de Zabalo que se encontraba lesionado. El choque no defraudó a nadie y según relatan los cronistas de la época, los dos equipos pusieron toda la carne en el asador para dar un gran espectáculo a los aficionados. Los fotógrafos captaron a la perfección los paradones de Zamora, los regates de Vantolrá o el tanto del madridista Lecue.
Gol de Simón Lecue en el Clásico previo a la guerra
Al término de los noventa minutos, el Madrid CF, que es como se llamaba en aquellos años en lugar de ‘Real’ se alzaba con la Copa de la República tras ganar por 2-1 a merced de los tantos de Eugenio y Lecue; Escolá anotaba para el Barcelona. Gracias a sus intervenciones, Zamora se convirtió en el héroe de los madrileños y fue recibido como tal a la llegada del equipo a la estación Atocha.
Ese Clásico entre Madrid y Barcelona del 21 de junio fue el último gran espectáculo deportivo antes del conflicto bélico español. El inicio de la guerra sorprendió de vacaciones a madridistas y culés: ninguno de ellos podía imaginar lo que iba a suceder en los próximos años.

El Madrid CF dividido por ideologías

El conjunto blanco fue incautado por el Frente Popular y el estado de Chamartín se utilizó para la celebración de desfiles así como para la formación de milicianos. Ricardo Zamora, el ídolo de los blancos, estuvo preso en la cárcel Modelo acusado de “faccioso” aunque consiguió refugiarse en una embajada gracias a la mediación de un diplomático argentino; después conseguiría salir de España y exiliarse un tiempo en Francia. Los hermanos Regueiro y Emilín, al ser vascos, se marcharon con una selección de Euskadi a jugar por Europa, la Unión Soviética y América. El objetivo de aquel equipo era el de recaudar fondos a favor del gobierno vasco. A Ciriaco y Quincoces la guerra les sorprendió en zona nacionalista y los dos jugaron algunos partidos propagandistas a favor de Franco. Antes de aquellos encuentros Quincoces había participado en la Batalla de Brunete como conductor de ambulancias en un batallón de requetés.
Periódico El Sol tras la final de Mestalla
El presidente del Madrid CF en 1936 era Rafael Sánchez Guerra, un político republicano muy cercano a Manuel Azaña. Al estallar la guerra estuvo siempre cerca del General Segismundo Casado al que ayudó en su golpe contra los comunistas en marzo de 1939. Una vez terminada la contienda fue condenado a muerte aunque su pena quedó conmutada; tras salir de la cárcel se marchó a vivir a París y más adelante a Navarra haciéndose fraile franciscano.
Terminada la contienda, la vida había cambiado por completo a los futbolistas blancos. Zamora, que no regresó hasta que no terminó el conflicto, fue tildado de “poco patriota” por los franquistas por no haber regreso a la España nacional tras exiliarse en Francia. No volvió a vestirse de corto aunque empezó a desarrollar su carrera como entrenador. Lecue, sin ir más lejos, fue sancionado algunos meses por la nueva Federación Española por haber participado en algún partido benéfico a favor de la República. Emilín y los hermanos Regueiro no pudieron regresar a España y se quedaron a vivir en México donde echaron raíces. Ciriaco y Sañudo se quedaron tan impactados que no volvieron a  vestirse de corto; el primero trabajó en el Banco Guipuzcoano y el segundo desarrolló su carrera de abogado.
La historia de Josep Sunyol, presidente del Barcelona durante la guerra fue de lo más dramática. Al estallar la sublevación, compaginaba su cargo como mandatario blaugrana con la política: estaba afiliado a Izquierda Republicana. El 6 de agosto de 1936 se desplazó hasta Madrid para animar a los milicianos catalanes que combatían en el frente de Guadarrama. Sin darse cuenta, su coche entró en una zona controlada por el ejército franquista siendo detenido inmediatamente y fusilado sin juicio previo. Su asesinato todavía hoy sigue siendo un misterio ya que algunos investigadores han llegado a insinuar que “fue traicionado” por su conductor.
El club quedó en manos de los empleados entre los que destacó Rossend Calvet que fue uno de los encargados de preparar una gira por el extranjero que reportará a las arcas del club unos 12.000 dólares. Consciente de que ese dinero podía peligrar en España, Calvet decidió depositarlos en un banco de París.
Sánchez Guerra y Josep Sunyol
Antes de emprender la gira, el Barcelona disputó algunos partidos amistosos e incluso una Lliga Mediterránea que contó con la participación de clubes de Cataluña y la Comunidad Valenciana. El técnico irlandés, Patrick O´Connellseguía dirigiendo a los blaugranas en una competición muy poco competitiva.

La gira azulgrana por México

En marzo de 1937 la sede del club fue bombardeada por la aviación de Franco y la entrada principal del edificio quedó completamente en ruinas. Ningún trabajador del Barça se encontraba en las oficinas durante esos minutos aunque sí un gran número de personas que pasaban por allí y que murieron casi en el acto.
Por fin, ese verano de 1937 gran parte de los jugadores del Barcelona se marcharon a México vía Francia. El presidente mexicano, Lázaro Cárdenas, se involucró en las gestiones y ayudó enormemente a que las estrellas del Barça llegaran hasta su país para poder huir de las bombas. En Centroamérica, la escuadra azulgrana ganó cuatro partidos y perdió dos; después de aquellos enfrentamientos y con la guerra ya perdida para los republicanos, casi todos los componentes de la plantilla del Barcelona se quedaron a vivir en México. Casi ninguno regresó jamás a España. Martí Vantolrá, el ídolo de los aficionados blaugranas, se quedó para siempre en América; su hijo también fue futbolista y en los años setenta defendió los colores mexicanos de su seleccion nacional.  

viernes, 11 de julio de 2014

El carnicero de Usera y los crímenes del Túnel de la Muerte

Fotografía inédita de Casimiro Durán / CG 

El nombre de Casimiro Durán no suele aparecer en las investigaciones históricas relacionadas con los asesinatos perpetrados por el bando republicano durante Guerra Civil Española. A diferencia de otros personajes mucho más mediáticos, la historia del capitán Durán no se ha analizado lo suficiente y sus andanzas en el frente de Madrid se han olvidado de un plumazo. Después de casi 80 años de la finalización del conflicto, muchas familias siguen reclamando justicia por los sucesos del Túnel de la Muerte, sucesos en los que este individuo estuvo directamente relacionado.

Nacido el 04 de marzo de 1905, Casimiro Durán Muñoz se crió durante toda su infancia en la mínúscula localidad de Boadilla de la Sierra en la provincia de Ávila. Hasta los quince años ayudó a sus padres trabajando como jornalero hasta que decidió abandonar el campo y desplazarse hasta Madrid donde se especializó en otros quehaceres. Hasta el inicio de la Guerra Civil trabajó en varias sastrerías de la capital especializándose en todo lo relacionado con los nuevos sistemas de planchado que estaban llegando a España desde Reino Unido y Estados Unidos. En el año 33 consiguió sin lugar a dudas su mejor empleo después de entrar a trabajar en la sastrería Flomar, uno de los gigantes de la confección madrileña que años más tarde se convertiría en un gran imperio de la costura y el planchado. En esta década de los treinta, coincidiendo con la proclamación de la II República, fue cuando se afilió al Partido Comunista participando muy activamente en mítines, manifestaciones e incluso en algún enfrentamiento armado con grupos de falangistas.

Pese a sus ideales y su actividad política, hemos podido averiguar que en la sastrería Flomar, situada en plena Gran Vía, nunca se caracterizó por expresar airadamente su manera de pensar. Sin embargo, uno de los socios de este negocio reconoció en la Causa General que antes de la guerra Durán acudía con frecuencia a la Casa del Pueblo.
Dos miembros de la 36 Brigada Mixta (AGA)


Su trayectoria como agente de Policía

Empezada la Guerra Civi,l Durán participó en los enfrentamientos armados de la capital,  intentando sofocar el levantamiento militar en los cuarteles de Campamento. Después, y a petición del Partido Comunista, se incorporó a las Milicias de Retaguardia donde participó en numerosas detenciones y registros domiciliarios en busca de "derechistas encubiertos". Entre las viviendas que registró en esta nueva faceta como 'improvisado policía' destaca la de Víctor Blasco Oller, su antiguo jefe en la sastrería Flomar. ¿El motivo del registro? Durán lo consideraba un burgués que posiblemente tenía algo que ocultar en su casa. No encontró nada.

Tras suprimirse las Milicias de Retaguardia por la cantidad de asesinatos que se produjeron en Madrid entre el verano y el otoño de 1936, Casimiro Durán fue enviado directamente al frente de batalla. Al ser un hombre de confianza dentro del Partido Comunista y sabiendo leer y escribir fue destinado como oficial a la 36 Brigada Mixta que se encontraba en toda la zona de Usera. Allí, en especial en 1937, se combatió con una especial dureza aunque a Durán no se le veía demasiado en primera línea de frente. Lo suyo era la guerra secreta. Los enfrentamientos ocultos que poco tienen que ver con el choque cuerpo a cuerpo. Mientras que otros milicianos trataban de frenar las ofensivas franquistas y combatían en Usera casa por casa defendiendo cada milímetro de terreno, Durán se dedicaba a "cazar fascistas" dentro de sus propias filas. Primero se centró en sus propios hombres, sobre todo aquellos que no tenían un espíritu obrero como tal.  Después confraternizó con aquellos que podían convertirse en desertores haciéndose pasar al igual que ellos por desafecto para posteriormente detenerles y llevarles ante un pelotón de fusilamiento.

Aunque Durán no participaba directamente en los combates con los franquistas, solía moverse por las trincheras del emplazamiento elevado del Zofio como pez en el agua. La línea de fortificaciones dentro de los mismos edificios de Usera solía ser un escenario idóneo, sobre todo por la noche, para que los desertores intentaran pasarse al enemigo. El oficial comunista casi siempre se adelantaba a sus planes y justo antes de abandonar la zona republicana terminaban siendo arrestados y ajusticiados casi al instante.
Zona centro de Madrid. Gran Vía /AGA


El plan más ambicioso

Sin embargo, por lo que pasó verdaderamente a a la historia Casimiro Durán durante la Guerra Civil fue por haber diseñado una "ambiciosa" operación para acabar de un plumazo con casi un centenar de enemigos de la República que se escondían en varias embajadas extranjeras en Madrid. Para llevar a cabo su cometido, no sería de extrañar que contara con el permiso y la autorización de Justo López de la Fuente,  el mayor comunista que se encontraba al mando de los regimientos 141 y 144 y que en los años sesenta sería detenido por la Policía de Franco. Como había hecho con los desertores de la 36 Brigada Mixta, el capitán Durán se hizo pasar de nuevo por una persona de derechas para ganarse la confianza de varios individuos partidarios de los nacionales que se encontraban escondidos en varias legaciones diplomáticas. En esta ocasión no lo hizo solo sino que confeccionó todo un equipo de colaboradores que le ayudaron a tramar este plan buscando al mismo tiempo una vía para lucrarse. El objetivo era engañar a un gran número de derechistas, especialmente de clase alta, y hacerles creer que él podía llevarles a la zona franquista a través de un túnel bajo tierra de Usera que sólo él y unos pocos sabía donde estaban. Todo era una farsa. Su verdadero propósito era robarles todas sus pertenencias y ejecutarles sin piedad alguna.

La mano derecha de Casimiro Durán en su despiadada misión era otro capitán comunista apellidado Cabrera. En realidad este otro oficial aprovechó su amistad con un famoso novillero que se encontraba hospedado en una pensión del centro de Madrid (C/ Ventura de la Vega) para acercarse a varios personas de derechas que se encontraban hospedadas allí. La pensión era propiedad de Nicolasa Sánchez Pindado, una mujer de carácter abierto que confraternizaba con sus huéspedes por afinidad ideológica. En poco tiempo, Cabrera se había ganado la confianza de la señora y de varios sacerdotes que se encontraban allí escondidos. Fue en ese instante cuando Durán entró en escena.
Gregorio Caballero, ayudante de Durán /CG


Durante varias semanas Casimiro Durán se dejó ver por la pensión comentando a todos sus residentes que él podía hacerles llegar a zona nacional a través de un tunel secreto ubicado junto al frente de Usera. Muy pronto, las intenciones de Durán y Cabrera se difundieron por casi todas las embajadas de Madrid donde se escondían cientos de religiosos, militares, falangistas y aristócratas. Los desafectos de la capital ya habían picado en el anzuelo y un gran número de los refugiados se pusieron en contacto con los oficiales comunistas para que estos les intentaran llevar hasta ese túnel y acceder a zona nacional.

Los macabros asesinatos

Entre los días 18 de octubre de y 13 de noviembre de 1937 este grupo de militares de la 36º Brigada Mixta organizaron hasta ocho falsas expediciones hasta zona nacional. La primera tuvo lugar durante la noche del día 18 de octubre. Pasadas las dos de la madrugada, un coche con las insignias del Partido Comunista conducido por el capitán Durán paró justo delante de la Embajada de Paraguay. Un hombre de unos 30 años salió del edificio con el rostro cubierto y se subió al coche a toda prisa.  Antes de que el coche se pusiera en marcha, el hombre entregó un reloj de oro y un anillo a Durán: era el precio que debía pagar para ser trasladado a la 'supuesta otra' zona. En menos de treinta minutos el vehículo llegó hasta las inmediaciones del frente de batalla de Usera deteniéndose junto a un pequeño hotel situado en el número cuatro de la calle Alfonso Olivares. Nada más bajar del coche fue encañonado a punta de fúsil por otro militar comunista llamado Juan Ruiz Llamas, por un soldado catalán llamado Víctor y por otro individuo de procedencia rumana. En la misma calle le comunicaron que estaba detenido acusado de alta traición después de golpearle con la culata del fusil en la cabeza.

Aquel hombre de unos 30 años fue la primera víctima del túnel de la muerta, tal y como relató uno de los colaboradores más cercanos de Durán tras ser detenido por la Policía franquista después de la guerra. Esta es parte de su declaración policial:

"Un día el declarante vio a este individuo siendo golpeados con palos y vergajos por Juan Ruiz Llamas y Joaquín de la Huerta mientras que le decían que todos los fascistas debían morir. Esta persona sangraba abundantemente. Estuvo detenido en la calle Alfonso Olivares durante veinte días. Fue asesinado a tiros  finalmentepor los fusiles de los militares comunistas Gregorio Caballero, Francisco Román Sánchez, Antonio Torres y José Domingo Garzón. Fue enterrado en una gran fosa que hay en la casa. Antes de echar su cuerpo allí, el soldado rumano le robó los zapatos"

Tras esta primera expedición, Durán decidió ser más ambicioso ya que necesitaba que el número de personas que formaban parte de estos viaje fuera más numeroso. Al día siguiente Dionisio Celestino Martín Sánchez y dos personas más que estaban en la embajada de Paraguay también corrieron la misma suerte.
El día 22 de octubre se produjo la siguiente expedición de la que formaba parte Serafín Sánchez Pindado, familiar de la propietaria de la pensión que era capellán del Hispital General. Fue asesinado nada más llegar a la calle Alfonso Olivares en una especie de cueva que había en su interior que se convirtió durante varias semanas en cárcel improvisada.
Chalet de Usera en el que se cometían los asesinatos /CG


La confirmación de la trampa

De acuerdo con la declaración de Judith Sánchez en la Causa General, cuyo novio también fue asesinado en el Tunel de la Muerte de Usera, la expedición del 31 de octubre fue más numerosa que las anteriores:

"La expedición la componían ocho ingenieros refugiados en la embajada de Noruega, el novio de la dicente, Francisco Tejero del Barrio y un joven llamado Horacio Martínez Alonso, empleado de banca y secretario particular de Melquiades Álvarez. Todos fueron recogidos por Durán y su enlace y de todos se recibieron noticias de estar prestos para traspasar las líneas del frente"

Sin embargo, ninguno de los miembros de esta expedición pudieron llegar hasta zona nacional. Cuando Judith llegó hasta territorio franquista comprobó que ni su novio ni ninguno de sus compañeros de viaje habían conseguido llegar hasta el otro lado. A mediados de noviembre de 1937, las autoridades franquistas alertaron por radio a los derechistas escondidos en Madrid y el General Queipo de Llano les pidió prudencia asegurando que los "rojos estaban engañando a gente de bien".

Durante casi un mes Casimiro Durán dirigió las expediciones de estos falsos evadidos hasta el barrio de Usera. La última expedición fue la más numerosa (unas veinte personas) y sabemos que formaban parte de ellas dos mujeres, una de avanzada edad y otra de unos veinte años. Las veinte personas fueron asesinadas en el interior de una trinchera próxima al chalet de Alfonso Olivares. Según la declaración de un miembro de la 36 Brigada Mixta, "todos perecieron el mismo día en el que llegaron hasta Usera y en esta ocasión no fueron maltratados".
Pared en la que Manuel Toll realizó su escrito / Internet

Después de confirmarles a las víctimas que habían sido engañados, los asesinos solían "pelearse" por bien quién protagonizaba las ejecuciones. El sumario al que fueron sometidos varios miembros de esta brigada comunista tras la guerra asevera que Durán no solía participar en las ejecuciones en sí, "ese trabajo sucio es cosa de otros", decía otro de sus colaboradores detenidos tras la guerra.

Uno de los casos más espeluznantes de los que se vivieron en el Tunel de la Muerte de Usera tiene nombre propio y es el de Manuel Toll Messía, uno de los jóvenes que al igual que otros sesenta fueron engañados por los hombres de Durán. Manuel, consciente del engaño al que había sido sometido y tras permanecer preso algunos días en el interior de la cueva del chalet de Alfonso Olivares escribió con la hebilla de su cinturón en un trozo de pared de yeso: "Me han preparado una encerrado y traído a esta casa con otros quince más. Espero nos fusilarán. Cúmplase la voluntad de Dios. Manuel Toll Messía, calle Carbonero y Sol 4 de Madrid". El muro original se encuentra en la actualidad en una cripta del convento-colegio de las religiosas Teatinas de la Inmaculada Concepción.

Bien entrado el año 1938 la 36º Brigada Mixta fue destinada a otro punto de España. Al estabilizarse más o menos el frente de Madrid sabemos que los miembros de sus batallones participaron en los combates del Ebro y defendieron Castellón hasta que cayó prácticamente en manos de las tropas de Franco. Casimiro Durán, que estaba casado y era padre de dos niños pequeños, terminó abandonando España junto a su familia exiliándose en Francia, al menos durante varios años. La última noticia que pudo recabar la justicia franquista de él fue que una persona le vio en septiembre de 1938 en Valencia, siete antes de que terminara la contienda. Nunca más se ha vuelto a saber nada de él.

Al menos tres milicianos que participaron directa o indirectamente en los asesinatos del Túnel de la Muerte de Usera fueron ejecutados por la justicia de Franco. Como antes se ha dicho, Justo López de la Fuente, jefe de la 36º Brigada Mixta fue detenido en los años sesenta en España acusado de entrar en nuestro país de una manera ilegal para encargarse de la propaganda del PCE de manera clandestina. Fue enjuiciado también por los crímenes del Túnel de Usera y condenado a una pena de prisión aunque moriría en la cárcel de Soria en 1967 víctima de un cáncer.

Las autopsias de las víctimas del Túnel de la Muerte
Mano de una víctima /CG

En varios sumarios de la Causa General hemos podido encontrar las autopsias que hicieron dos doctores de reconocido prestigio a los cuerpos encontrados por las tropas franquistas junto a la calle Alfonso Olivares. Se trataba de las víctimas de Casimiro Durán y sus hombres: en total eran 67 cadáveres más otros restos humanos pertenecientes a otros individuos. Algunos de los informes de las autopsias son demasiado elocuentes y reflejan el padecimiento que tuvieron que soportar estos hombres y mujeres. Estos son dos ejemplos significativos de los 67 informes que se redactaron en la Escuela de Medicina Legal.

Cuerpo A "Cadaver de un hombre de edad media, entre 40 y 45 años. Talla entre 1,70 y 1,75. En el cadáver se encontraron unas gafas de celuloide. En un trozo de camiseta de aprecian manchas de lo que puede ser sangre. Los restos de este cadáver estaban desarticulados pudiéndose observar una fractura craneal al parecer producida por disparos de arma de fuego".

Cuerpo B "Cadaver de sexo masculino de entre 35 y 40 años. Talla aproximada 1,62 centímetros. Se recogieron pelos de pubis y restos del cuero cabelludo. Conserva en su cuello una cuerda en forma de lazo".

No todas las autopsias que se llevaron a cabo pudieron llegar a buen puerto. Casi el cincuenta por ciento de las mismas determinaron el nombre y el apellido de los asesinados. El otro cincuenta por ciento de los cuerpos estaban en tan mal estado que no pudieron comprobar su verdadera identidad.


Entre los 67 asesinados en el Tunel de la Muerte podemos destacar algunos nombres ilustres, muchos de ellos vinculados con la aristocracia madrileña. Se encontraban entre otros: el marqués de Fontalba y su hijo Pepe Hoces y Cubas (20 años), dos hijos del Marqués de Urquijo, el marqués de Peramán (Fernando Díaz de Mendoza), los cinco hermanos Méndez y González Valdés, el señor Navarrete, hermano del Director del Banco Español de Crédito, el fiscal del Tribunal de Casación de Cataliña (González Prieto), el presidente de lo Civil de la Audiencia Territorial de Madrid o el canónigo de la Catedral de Málaga. 

miércoles, 2 de julio de 2014

Cinco lugares que hay que visitar para entender la Batalla del Jarama

Cueva-refugio cerca de Morata de Tajuña

La Batalla del Jarama fue uno de los episodios más trágicos de la Guerra Civil Española. Las consecuencias del combate, que se libró con especial dureza entre el 6 y el 27 de febrero de 1937, fueron miles de muertos entre los dos bandos y cientos de campos de cultivo devastados por las bombas y los morteros. En esta entrada, sin embargo, no vamos a hablar de la batalla como tal sino de los lugares en los que se combatió, que todavía hoy se pueden visitar. Para nosotros, que recientemente hemos recorrido esta zona de Madrid junto a Goyo Salcedo (el inconfundible director del Museo de la Batalla del Jarama de Morata de Tajuña) es un auténtico placer describir ‘nuestros’ cinco lugares imprescindibles de la batalla.

Cuevas refugio cerca de Morata

A lo largo del frente del Jarama se suceden un gran número de cuevas-refugio, empleadas fundamentalmente por el Ejército Republicano. Normalmente, estas cuevas solían levantarse en líneas de trincheras aunque no se encontraban directamente en la primera línea de combate. Esto no quiere decir que la vida en estas cuevas fuera sencilla ya que sus ‘habitantes’ solían sufrir los efectos de la artillería y la aviación enemiga.
Interior de una cueva en la que se refugiaban los militares

Todavía hoy se pueden visitar estas cuevas, algunas de ellas en buen estado, aunque advertimos que se debe tener cuidado porque siempre hay un riesgo de derrumbe. Dependiendo del lugar en el que estén levantadas estas cuevas-refugio, la red de túneles puede ser más o menos extensa. Nosotros hemos visitado varias de ellas en el Frente del Jarama y nos hemos topado con varias de cientos de metros.

En estos lugares solía descansar y dormir la tropa cuando no se encontraban en la línea de trincheras. Todavía se conserva en cada una de las cuevas lugares en los que solían colocarse las lámparas de aceite y velas que iluminaban el interior de la cueva.  En su interior se conservan dormitorios de los soldados y antiguos polvorines donde se almacenaba la munición. En alguna incluso se observa el hueco que dejó el impacto de un mortero que atravesó la pared de la cueva. Dentro de ellas se ha encontrado en los últimos años todo tipo de utensilios que usaban los militares republicanos para su día a día y que hoy pueden ser visitados en el Museo de la Batalla del Jarama que se encuentra en Morata de Tajuña.

Cota 700, un lugar estratégico para entender la batalla

Se llama Cota 700 al núcleo de defensa del Ejército de la República que apuntaba de manera incisiva al Pingarrón, uno de los enclaves más estratégicos del combate. Se trata de un lugar elevado repleto de restos de trincheras donde se pueden ver los restos de varias fortificaciones que apuntaban directamente al Pingarrón. En sus alrededores nosotros encontramos restos de munición y también trozos muy importantes y bien conservados de metralla.
Vistas de las fortificaciones de la Cota 700

Las fortificaciones que se pueden visitar son de piedra, como las que hemos visitado en otros puntos de la Comunidad de Madrid, y estaban conectadas directamente con la línea de trincheras. Estas fortificaciones conservan un pequeño ventanuco, donde solía colocarse una ametralladora.

Estas posiciones, que en principio fueron levantadas por las tropas republicanas, terminaron siendo abandonadas por éstas ante la proximidad de los nacionales. Precisamente, el Ejército de Franco terminaría tomando esta Cota 700 donde se hicieron fuertes hasta el final de la Guerra Civil. Eso sí, una vez que los franquistas tomaron esta posición, los combates se recrudecieron, ya que los republicanos se encontraban en otras posiciones muy cercanas (a unos 200 o 300 metros).

La colina del suicidio

En Internet hay documentación suficiente para que el lector de este blog pueda visitar in situ la Colina del Suicidio, uno de los puntos más emocionantes de la Batalla del Jarama. Hay mucha literatura alrededor de esta colina y de los combatientes ingleses que estuvieron defendiéndola hasta las últimas consecuencias.

La historia del ‘Suicide Hill’, como el Batallón Británico de las Brigadas Internacionales conocía a esta colina, empezó el 12 de febrero de 1937. Varios batallones de la XI y la XV Brigada Internacional ocuparon este lugar y entraron en contacto armado con las tropas de Buruaga. El Batallón Británico fue el que más aguantó en esta posición y lo hizo durante casi ocho horas soportando fuego directo de la artillería y las ametralladoras franquistas que estaban casi delante. 

Monumento a los caídos en la Colina del Suicidio
Los ingleses no solo tuvieron que defenderse de manera heroica sino que también hicieron frente a una organización lamentable del mando de las Brigadas Internacionales. Muy pronto se quedaron sin la munición para sus armas: se ha confirmado que disponían de varias cajas con cartuchos que no eran compatibles con sus armas largas y ametralladoras. En total, se dice que de los 400 defensores británicos de la Colina del suicidio, solo sobrevivieron 125. El resto resultaron muertos o fueron hechos prisioneros.

En la actualidad, en este lugar en el que murieron cientos de hombres de los dos bandos (el Ejército de Franco también sufrió enormemente para tomar la colina), se levanta un extraño monumento que recuerda a las personas que perdieron la vida hace casi 80 años. Se trata de varias piedras colocadas de forma piramidal y de manera anárquica. Hasta hace no demasiado tiempo, muchos veteranos brigadistas internacionales se acercaban hasta aquí para rendir tributo a sus compañeros caídos. De hecho, todavía podemos encontrarnos con algunos restos de la batalla en este mismo lugar: balas, trozos de metralla y alguna lata de conservas con la que se alimentaban los republicanos.

Monumento a la Batalla del Jarama de Martín Chirino

En lo alto del cerro de Casas Altas, perteneciente a la localidad de Morata de Tajuña, se levanta una fantástica escultura realizada por el famoso artista Martín Chirino. Se trata de un monumento que trata de rendir homenaje a “todos” los que participaron en la Batalla del Jarama. Conviene aclarar que lejos de lo que muchos puedan pensar, esta escultura no tiene tintes políticos: se trata de dos manos agarradas entre sí como señal de hermandad.
Monumento de Martín Chirino en el cerro de Casas Altas

El monumento a la Batalla del Jarama de Martín Chirino ha sufrido en los últimos años la barbarie de los energúmenos que no respetan ni el arte ni saben lo que representa la escultura. Individuos de la extrema derecha y de la extrema izquierda han intentado acabar con esta obra realizando pintadas y símbolos totalmente fuera de lugar.

La escultura está levantada en una zona de trincheras y cuevas refugio. Es un lugar mágico que hay que visitar sí o sí de la Batalla del Jarama para recordar a todos aquellos hombres que perdieron su vida y su juventud luchando por unas ideas bien diferentes.

El Museo de la Guerra Civil de Morata de Tajuña

A diferencia de otros países, España sigue avergonzándose de su Guerra Civil. Aunque cada vez somos más los que nos interesamos por el conflicto fratricida, las autoridades siguen dándole la espalda a una guerra que 80 años después sigue levantando ampollas. Encontrar un museo de la Guerra Civil en España es realmente complicado, sin embargo, en la localidad de Morata de Tajuña existe uno que es “impresionante”. Sin apoyo de las instituciones, un jubilado llamado Goyo Salcedo, apasionado de la guerra, ha conseguido poner en marcha un pequeño museo con cientos de piezas que él mismo ha encontrado en el frente de la Batalla del Jarama.
Artefactos encontrados en la zona del Jarama

En el Museo de la Batalla del Jarama podemos encontrar todo tipo de piezas del combate. Allí hay gran variedad de armamento extraído de la tierra del Jarama como rifles, armas cortas e incluso algún mortero. Además de los clásicos cartuchos y metralla, también podemos observar una colección impresionante de artefactos: desde granadas de mano, a minas anti carro o incluso obuses de un gran tamaño.

El museo también cuenta con los utensilios que utilizaban día a día los soldados de los dos ejércitos. Se pueden ver casi veinte cantimploras, gran variedad de cubertería de campaña, candiles que se utilizaban en las cuevas, monedas, tinteros, hebillas de cinturón e incluso medallitas religiosas que perdieron durante el combate, sobre todo los militares nacionales.

Visitar el museo de la Batalla del Jarama es lo más parecido a viajar al pasado por la cantidad de material bélico que uno puede contemplar. Se encuentra situado junto al asador El Cid, uno de los restaurantes que hay que visitar al acercarse a Morata de Tajuña. Gracias a la amabilidad de su propietaria Pilar y al tesón de Goyo, rememorar esta batalla es mucho más fácil.
Armas cortas encontradas por Goyo Salcedo en el Jarama
Por último, conviene no perder detalle dentro del museo de las esculturas que ha realizado el propio Goyo con los restos de metralla que él mismo ha recogido del frente del Jarama. 

Noticias relacionadas

- El duende de Gozquez, la historia del francotirador republicano de la Batalla del Jarama:
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2012/02/el-francotirador-de-gozquez.html

- La maldición de la Agrupación Morata:
http://guerraenmadrid.blogspot.com.es/2012/02/la-maldicion-de-la-agrupacion-morata.html