martes, 23 de septiembre de 2014

El trágico final de José Robles, el mejor amigo de John Dos Passos


José Robles trabajando en su despacho
Cuando el Tribunal del Jurado de Urgencia nº 3 decretó la libre absolución del Capitán de Infantería Ramón Robles Pazos el 27 de febrero de 1937, por creerle adicto al régimen y destinado en el frente de Teruel, éste se encontraba refugiado en la Embajada de Chile en la calle del Prado de Madrid, oculto a las redes policiacas y a la propia acción de la Justicia. Mientras tanto, su hermano José Robles Pazos, se encontraba en una prisión para extranjeros en Valencia, después de haber servido lealmente al estado republicano.

Esta es la paradójica historia de dos hermanos de ideales diferentes desde su juventud. Por un lado Ramón, monárquico y de derechas, en consonancia con el pensamiento de sus padres y José, republicano y de izquierdas  que desde muy joven mostró su rebeldía ante sus mayores por sus ideas liberales. El tiempo, les llevó a dos finales diferentes, ya que José moría asesinado por aquellos a quienes defendía y con quiénes se identificaba y Ramón que murió en la vejez tras haber conseguido la máxima graduación en el Ejército como Teniente General.

El Capitán Ramón Robles, profesor en la Academia de Infantería de Toledo al inicio de la sublevación, se encontraba con su mujer e hijos en Madrid. Estaba de permiso al producirse el alzamiento. Al mismo tiempo, el profesor de español de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore José Robles también se encontraba con su mujer e hijos en Madrid disfrutando sus vacaciones anuales. Ambos hermanos con sus familias y padres compartían esos primeros días del verano madrileño de 1936.

El inicio de la guerra para los hermanos Robles

El ascendido a Capitán (Ramón) por méritos de guerra en África, al enterarse de la sublevación intentó incorporarse a su unidad y unirse a sus compañeros en la defensa del Alcázar de Toledo. Sin embargo, cuando lo intentaba fue detenido por una Checa en Getafe y, en la confusión de aquellos primeros días, logró convencer a los milicianos que lo arrestaron para hacerles ver que era un Oficial del Ejército leal a la República; posteriormente sería detenido por policías de la Comisaría de Buenavista de Madrid el 20 de octubre de 1936, mientras se encontraba oculto en su domicilio.
El militar Ramón Robles

Al mismo tiempo, su hermano José ya en esas fechas, trabajaba como traductor para la Embajada soviética en Madrid, dependiente del Agregado Militar Vladimir Gorev en un despacho que para éste se había habilitado en el Ministerio de la Guerra, cerca del Estado Mayor. Allí fue donde José Robles conoció al General Vicente Rojo, compañero profesor de su hermano Ramón en la Academia de Toledo y al que comunicará la detención del mismo.

Seguramente la intervención del entonces Comandante Vicente Rojo ante los Tribunales y Juzgados fue esencial para que trataran benévolamente a Ramón Robles y creyesen que éste era adicto al régimen republicano y además que había sido destinado al frente de Teruel, motivo que le impedía estar presente en el juicio en el que fue absuelto el 27 de febrero de 1937. Pese a ello, la realidad era bien distinta ya que ni había mostrado su adhesión a la República ni había sido destinado a dicho frente. La verdad era que se encontraba refugiado en la Embajada de Chile y posteriormente, a través de la Embajada de Francia y con nombre falso, se trasladaría a zona nacional.

José Robles y el GRU

 Mientras que su hermano estaba en prisión, José Robles continuaba al servicio de la Embajada soviética en Madrid. Sin embargo, cuando el Gobierno de la República decidió cambiar su residencia a Valencia, dada la proximidad de las tropas nacionales a la capital,  José se marchó también con los funcionarios soviéticos a dicha ciudad siguiendo al lado de su protector y amigo Vladimir Gorev.

Gorev era un Coronel miembro del GRU (Servicio de Inteligencia Militar) que había estado destinado en la Embajada soviética en Estados Unidos. Allí, en su labor de obtención de información y captación de colaboradores, había conocido a José Robles y a su íntimo amigo John Dos Passos. La amistad entre José y John la iniciaron en España cuando eran ambos muy jóvenes con ocasión de una visita que Dos Passos realizó a Toledo. Era tal la amistad que  Robles mantenía con Dos Passos que éste le encargo tradujese su obra al castellano; José era un especialista en traducciones y ya había realizado trabajos similares con una novela de Sinclair Lewis.
Dos Passos y Ernest Hemingway en Madrid

Una vez iniciada la guerra, José Robles no quiso regresar a Estados Unidos porque, sus ideales izquierdistas, le empujaban a esperar el devenir de los acontecimientos, y en su caso luchar por la República. La oportunidad de trabajar a favor del Frente Popular se le presentó en agosto del 36 cuando se enteró de que su viejo conocido Gorev acudiría a España con la representación diplomática soviética que dirige el embajador Rosemberg, como Agregado Militar. Robles que había estudiado ruso, se ofreció a Gorev para trabajar con él, aceptando éste de buen grado y utilizándole como traductor en sus primeros enlaces con el Ministerio de la Guerra.

Competencia entre servicios de inteligencia soviéticos

A medida que los nacionales se aproximaban a Madrid en otoño de 1936, la Unión Soviética envió, además de material de guerra, un conjunto de asesores tanto militares como policiales, así como traductores del ruso al castellano. De este modo, con el paso de los meses la labor de José Robles en la Embajada soviética (ya en Valencia) se hacía cada día más inútil. Por otra parte se desconfiaba de él por diferentes motivos: por su hermano militar del qué nadie sabía dónde se encontraba, por sus relaciones con reporteros de guerra y escritores y por el temor a que puediera difundir problemas y asuntos internos de la Delegación soviética. Todos estos aspectos hicieron que el NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), servicio siempre en rivalidad con el GRU, fijara su atención en José Robles, al que veían con gran recelo; además, en esa época finales del 1936 , Stalin había desencadenado en Moscú las purgas contra todo componente, real o imaginario, que se opusiera a su ideario.
Gorev junto a Vicente Rojo y otros militares

Alexander Orlov, jefe del Destacamento de la NKVD en España, en diciembre del 1936 decidió la detención de José Robles aprovechando que su protector Gorev se encontraba ocupado en la defensa de Madrid. Su detención por espionaje obedece a varias hipótesis: por una parte podría obedecer a la rivalidad entre los Servicios de Inteligencia NKVD y GRU representados respectivamente por Orlov y Gorev. Y por otra parte, podría obedecer también a la envidia del primero hacia el segundo dado el carisma de éste. Gorev sufriría las purgas stalinistas a su regreso a Moscú. Otra de las hipótesis que corría por las tertulias de los cafés de Valencia se basaban en la idea de que Robles había revelado información militar, bien a su hermano u otros conocidos suyos bien por descuido a los tertulianos que frecuentaban estos establecimientos. De hecho, Louis Fischer, que contaba con acceso privilegiado tanto a las jerarquías rusas como del gobierno republicano, manifestó que en la ejecución de éste no tuvo nada que ver el gobierno español, dejando entrever que era una cuestión de los rusos. Otra hipótesis respondería a la consecución de uno de los objetivos que se habían encargado específicamente al NKVD: la lucha contra los partidarios de Trotsky representados en España por el POUM y los anarquistas.

Para Orlov, los contactos que Gorev mantuvo con los miembros del POUM en los que una veces, en los primeros meses de la guerra, utilizaba a Robles como traductor, significaron la oportunidad para desprestigiarle ante Moscú. También sirvieron, en cierta manera, para acusar a Robles de partidario de los libertarios. Muchos fueron los asesinatos que la policía política soviética cometió en España durante la Guerra Civil: Kurt Landau (antiguo colaborador de Trotski, en España colaboró con NIN), Hans Freund  (profundo antiestalinista y trotskista), Erwin Wolff (antiguo secretario de Trotsky), Marc Rhein, etc., siendo Andreu Nin el más claro exponente de los objetivos ocultos que persiguieron los soviéticos en contra de la disidencia troskysta.

Opiniones sobre Gorev y Orlov

Respecto a los dos Jefes de los Servicios soviéticos, de Gorev decían los que le conocieron que era “todo un caballero”. Adelina Abramson, traductora del ruso al español de los aviadores rusos, llegó a decir de Gorev “…que se oía decir por entonces, y por lo que todos los que lo conocieron le dijeron después, que fue probablemente la persona más capacitada y mejor preparada”. Sin embargo de Orlov aseguraba “… fue una de las personas de más negro rastro que hubo en España... Era el residente NKVD e hizo cosas graves, aunque luego más tarde quiso presentarse como inocente y desconocedor de los capítulos más sombríos del paso de los Servicios de Seguridad Interior por España …A los que dependíamos del GRU, la NKVD no nos gustaba demasiado. Incluso diría que entre ambos organismos hubo una verdadera competencia… Desde luego, la gente del GRU era mucho más culta y preparada que “nuestros vecinos” así llamaban coloquialmente a la gente de la NKVD”.
Orlov, jefe del NKVD en Madrid

“No tenía ni con mucho 40 años pero poseía una gran experiencia militar; inteligente, reservado y al mismo tiempo extremadamente apasionado, pudiera decirse que poético, se hacía querer por todos, que no creían solamente en él, sino también en su buena estrella” comentaba el periodista de Izvetia Ehrenburg de Gorev. Mientras que Arturo Barea de la Oficina de Propaganda y Prensa comentaba de Gorev: “El general ruso me perturbaba e impresionaba. Era rubio, alto y fuerte, con pómulos salientes, los ojos azules frígidos, la cara una superficie de calma con una alta tensión debajo de la piel. No se interesa por las gentes a no ser que se le forzara a considerarlos como individuos”.

Vicente Rojo decía de Gorev “Se trataba de un jefe extraordinariamente inteligente, correctísimo, discreto, activo, sincero y leal. Fue un valiosísimo auxiliar en las horas difíciles de la batalla de Madrid, así como durante las batallas del Jarama y de Guadalajara…y pese a nuestra amistad, que llegó a ser muy cordial, ni una sola vez abusó de la confianza con que llegué a tratarle…”

El asesinato de José Robles tuvo consecuencias inmediatas sobre la conducta y la actitud de John Dos Passos respecto a la Guerra Civil española y a la actuación de los asesores soviéticos. Cuando el escritor americano supo de su ejecución antes de finales de abril del 1937, después de la intensa búsqueda que había desplegado en aquellos meses, estalló presa de la furia y cuando comentando el caso con su colega Ernest Hemingway, éste se burlara de sus escrúpulos justificando el asesinato de Robles como necesario y correcto para la causa, se rompió la amistad entre ambos.

Este desencuentro y enemistad consiguiente tuvo repercusiones inmediatas porque dejó de rodarse la película “Tierra española” de la que serían guionistas los dos intelectuales americanos. A nivel político también pudo tener consecuencias de peso porque los EEUU empezaron a contemplar con desconfianza al régimen republicano español y su subordinación a los intereses de la Unión Soviética que parecía ser elemento muy influyente ante el Gobierno.

BIBLIOGRAFIA

-"ENTERRAR A LOS MUERTOS" Ignacio Martínez de Pisón. Seix Barral.
-Del capítulo “La traición revolucionaria. Los escándalos soviéticos en la guerra civil española y los orígenes de la Guerra fría” de ENRIC UCELAY DA-CAL Universitat Pompeu Fabra. Recogido en el libro “LOS RUSOS EN LA GUERRA DE ESPAÑA” Fundación Pablo Iglesias
- “EL HOLOCAUSTO ESPAÑOL” Paul Preston. Debate
-“LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA” Hugh Thomas.Grijalbo
-“EL CASO ORLOV” Boris Volodarsky. Crítica

-“LOS ASESORES SOVIETICOS EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA” Jose Luis Alcofar Nassaes. Dopesa