jueves, 1 de enero de 2015

Así se fugó de Madrid el Regimiento de Transmisiones de El Pardo

Convoy del Regimiento de Transmisiones en la guerra

Juan Cervantes Martín y Francisco Aznares Barrena hablaban en un rincón de un calabozo habilitado en el Ministerio de la Guerra en los último días de julio de 1936; ambos, soldados de cuota haciendo el servicio militar en el Regimiento de Transmisiones de El Pardo, reflexionaban sobre su vida en los últimos tiempos. Los dos se encontraban presos en esos momentos en el Palacio de Buenavista de Madrid. La vista que contemplaban ahora, con una luz tenue y paredes oscuras, era distinta de la que tenían desde su litera en el Regimiento: la fachada principal de aquél hermoso Palacio de El Pardo difuminada entre la fronda arbórea de sus jardines.

Cervantes y Aznares, sin experiencia de guerra, habían sido hecho prisioneros en una avanzada de las tropas republicanas en el Alto del León el día 27 de julio, sin saber siquiera en qué bando luchaban; ambos estaban enrolados en la Sección que dirigía el Teniente Luis Díez-Alegría y no habían oído las órdenes de retirada de sus oficiales; sin siquiera saber qué ideales habían abrazado ni prever las consecuencias a la que los acontecimientos recientes les habían llevado, fueron cercados por unos milicianos que rápidamente tras desarmarlos les llevaron a la retaguardia republicana. De familias humildes y escaso bagaje cultural, obligados por la necesidad familiar a dejar la escuela y trabajar a temprana edad, estaban realizando el servicio militar en el Regimiento de Transmisiones y habían aprendido que en la milicia la órdenes no eran discutidas, sino cumplidas.

En esos momentos, aquellos jóvenes soldados no imaginaron siquiera el futuro de su Jefe, aquél joven Teniente Luis Díez-Alegría, que llegaría a ostentar con el tiempo los cargos más importantes del Ejército siendo el Teniente General más joven de la historia militar española y tachado por los conservadores más radicales, durante el mandato de Franco, como un general demasiado progresista tal vez influido por las ideas de su hermano el Padre Jesuita Diez-Alegría.
Luis Díez-Alegría como Teniente General. Era Teniente
en el Regimiento de Transmisiones


Los dos soldados en su celda, empezaban a explicarse muchas de las cosas que ocurrieron en el Regimiento desde el mes de abril de 1936 cuando se produjo la muerte de un Alférez de la Guardia Civil y los sucesos que tuvieron lugar en su entierro. Desde aquél momento los Oficiales del Regimiento frecuentaban con más asiduidad el Cuartel, realizaban más actividades lúdicas con sus soldados, mantenían frecuentes reuniones en el Cuarto de Banderas y cambiaban de conversación o callaban cuando algún suboficial o soldado se acercaba a ellos. Cervantes recordaba como después de dicho entierro transportó junto a otros compañeros diversas estaciones radiotelegráficas, receptoras y transmisoras y también ópticas, comunicándose con todos los cuarteles de Madrid y sus cantones. Pasado aproximadamente un mes las retiraron, pero días antes del inicio del movimiento poco más o menos a raíz de la muerte de Calvo Sotelo, volvieron a reinstalarse en diversas Unidades agregando al mismo tiempo a un Suboficial u Oficial a cargo de dicha estación.

La preparación de la Sublevación Militar

Ya desde las elecciones de febrero de 1936 empezaron los trabajos preparatorios de la sublevación militar en la unidad, enlazando por medio del Capitán Luis Anel Urbez con otras unidades de Madrid, el cual daba cuenta de todo al Comandante Enrique Gazapo Valdés y éste a su vez al Jefe del Regimiento el Coronel Juan Carrascosa, por la parte que pudiera interesarle, teniendo en cuenta el puesto que tenía y dado su entusiasmo por un levantamiento que pusiera fin al estado de subversión existente. La compenetración de los Jefes y Oficiales del Regimiento con la idea del alzamiento era total, solo a algunos izquierdistas como los capitanes Bugalló Orozco y Cistué De Castro se les obligó a coger el permiso durante el mes de julio no presentándose cuando se dio la orden de acuartelamiento de todas las unidades. El Capitán Bugalló fue fusilado por los nacionales en Pontevedra donde se encontraba de permiso de verano. Otros más indefinidos con la sublevación como el Teniente Coronel, Segundo Jefe del Regimiento Hernández Vidal y el Comandante Leandro García, días antes del alzamiento se comprometieron totalmente con éste al poco tiempo de dar comienzo.

Aunque comprometidos con el sublecación en Madrid, los Jefes y Oficiales del Regimiento de Transmisiones intentaban ocultar su compromiso con la finalidad de evitar suspicacias tanto en el Regimiento, por parte de los suboficiales y tropas, como en la propia localidad de El Pardo así como en otras instancias militares superiores. Precisamente, por esta circunstancia organizaban competiciones y festejos de hermanamiento con otras unidades para aprovechar la ocasión de contactar con oficiales con ideas afines. Semanas antes del acuartelamiento de las unidades con ocasión del levantamiento de África, ya muchos oficiales se acuartelaban o como en el caso del Regimiento de Transmisiones, con la complicidad de guardas del Monte de El Pardo, se acuartelaban en las casas de guardería próximas a su unidad, para evitar alertar prematuramente el momento de inicio.
Uno de los accesos del Regimiento de Transmisiones

Era tal el deseo de mostrarse activos y deseosos de iniciar algún tipo de actividad que ya en la tarde del 16 de julio se reunieron varios Oficiales con el propósito de asaltar el Palacio de La Quinta, lugar de residencia accidental de Azaña, presidente de la República, ya que sabían (gracias al Teniente de la Guardia Civil de El Pardo) con qué fuerza de protección contaba así como la distribución de la misma. Sin embargo, cuando este puñado de oficiales propusieron esta idea a la superioridad, finalmente les fue denegada la autorización, como al día siguiente también le denegaron la autorización para secuestrar a Largo Caballero con ocasión de la visita que éste realizó al Regimiento para ver a su hijo Luis que realizaba allí el servicio militar.

¿Por qué no triunfo el alzamiento en Madrid?

Algunas semanas antes el Comandante Enrique Gazapo comenzó a adquirir protagonismo enlazando y relacionándose repetidas veces con el General García de la Herranz, el cual incluso le visitó varias veces en su domicilio, y le diría, según declararía dicho Comandante en la Causa General, que tomaría el mando en Madrid para posteriormente indicarle que lo haría en provincias como lo hizo el General Saliquet en Valladolid. Finalmente el día 19 el General García de la Herranz llamó por teléfono al Comandante Gazapo comunicándole que había tomado el mando y que estuviera el Regimiento de Transmisiones preparado: de hecho el día 19 por la tarde en conversación telefónica que mantuvieron, el General García de la Herranz le encargó la misión de salir con el Regimiento y abrir el cerco del cuartel de la Montaña que estaba asediado por las milicias; el Comandante Gazapo le hizo ver que solo tenían fusiles y que en tales condiciones no podía salir, replicándole el General que si estaría dispuesto a salir en el caso de que le mandara una escuadra con ametralladoras y fusiles ametralladores, a lo que el declarante repuso pidiéndole un plazo para responder, comunicándole posteriormente que no estaban en condiciones de librar del cerco al Cuartel de la Montaña, tras consultar con el Coronel Carrascosa.

Tal vez una de las causas por las que el Movimiento no triunfó en Madrid fue por la falta de una cabeza dirigente con la categoría de General que se erigiera en el líder de este alzamiento, dado que todos los preparativos los llevaban un Comité de Coroneles, que comunicaban con Generales como Mola y Goded los cuales se encontraban fuera de la capital. En Madrid nunca se supo si el Jefe del Movimiento sería el General Fanjul, el General Villegas o el General García de la Herranz, como se demostró una vez fracasado el intento de levantamiento, tal vez porque este Comité de Coroneles no logró convencer totalmente a un General de prestigio.
Regimiento de Transmisiones de El Pardo


Recibida la orden de acuartelamiento se incorporaron todos los efectivos al Regimiento esperándose las instrucciones de Madrid, donde se rumoreaba que estaba una de las Jefaturas del Movimiento. Ya desde el 18 de julio se procedió a desarmar por parte de elementos del Regimiento de Transmisiones de El Pardo a las milicias del pueblo y a retirar todas las armas que habían acumulado en la Casa del Pueblo de la localidad; este hecho comunicado el día siguiente por las Milicias y el Alcalde de El Pardo al General Riquelme, que había sustituido en la División al General Miaja en esos días de confusión, confirmó a las Autoridades Militares leales que el Regimiento de Transmisiones estaba sublevado. El General Riquelme el día 20 de julio conminó a la obediencia y a que se devolviera el armamento a las milicias armadas por el Gobierno.

Desde el Regimiento no se tenía comunicación con Madrid y además los Oficiales, viendo desde el monte de El Cristo de El Pardo los bombardeos que se producían en la capital, llegaron a la certeza la tarde del día 20 de julio de que la sublevación en Madrid estaba fracasada y no se podía hacer nada útil dada la carencia de material de fuego (sin ametralladoras ni artillería, solo fusiles). Desde ese momento empezaron a planear unirse a las fuerzas nacionales dirigiéndose hacia Segovia. El detonante último para poner en marcha dicho plan fue la llamada del Comandante Fernando Peña, recientemente nombrado Jefe de Transmisiones del Ministerio de la Guerra, indicándoles que era preciso tomasen una actitud decidida de adhesión al Gobierno, dado que ya se habían rendido el Campamento, los Cantones y el Cuartel de la Montaña.

La huida de Madrid en dirección zona nacional

Decidida la partida de El Pardo hacia zona nacional, el Teniente Coronel Hernández Vidal reunió a los Oficiales primero y después a los Suboficiales indicándoles la decisión tomada, diciéndoles que se declaraban partidarios de los sublevados y que debían partir inmediatamente pues corrían el riesgo de ser bombardeados por la aviación y la artillería afines al Gobierno, decisión de la que todos fueron partícipes. Al mismo tiempo los Capitanes de Compañías esa tarde del día 20 lo comunicaron a sus subordinados y le entregaron el armamento, la dotación correspondiente de munición y los cascos, procediéndose al repostaje de las camionetas.

A las tres de la madrugada del día 21 de julio, los soldados fueron despertados en sus dormitorios y sobre las cuatro de la mañana se inició la marcha nombrándose como director del convoy abriendo la marcha el Comandante Martínez Maldonado. El itinerario que tomó el Regimiento de Transmisiones de El Pardo en su huida de Madrid fue el siguiente itinerario: El Pardo, Torre de la Parada, Goloso, salida del monte de El Pardo por la portillera que da acceso a la carretera de Colmenar, cruzar este pueblo, Hoyo de Manzanares, Torrelodones, Villalba, Puerto de Navacerrada y La Granja. Durante todo el itinerario sufrieron múltiples incidencias y paradas. El convoy incluso llegó a ser detenido en más de una ocasión por grupos de milicianos que todavía no eran conscientes de que el Regimiento se encontraba sublevado, para ello utilizaron excusas como la de ser unidades que iban a guarnecer el frente en la Sierra de Guadarrama e incluso dando vivas a la República, al Frente Popular y saludando con el puño en alto.
Convoy militar durante la Guerra Civil

En Colmenar la carretera estaba cortada con troncos de árboles y custodiada por un numeroso grupo de milicianos, consiguiendo el Comandante Martínez Maldonado que abría la caravana convencerles, alegando que marchaban al Puerto de Navacerrada por orden del Gobierno para ocuparse de su defensa. En vista de lo cual, los milicianos quitaron los troncos a pesar de que el Alcalde les dijo que consultaría con Madrid. Finalmente, les dejó seguir.

El último escollo lo encontraron poco antes de llegar a la cota del puerto de Navacerrada, ya ocupado por grupos de milicias que esperaban la anunciada llegada de las tropas del General Mola, indicando la avanzadilla del Regimiento de Transmisiones y concretamente el Comandante Martínez Maldonado que ellos iban por orden del Gobierno a ocupar por sorpresa la población de La Granja de San Ildefonso que estaba en poder de los nacionales; a las milicias le sorprendió las indicaciones del Comandante Maldonado dado que ellos tenían la orden, y para ello había nombrado a un delegado (por orden el Gobierno) que era un Comandante de Ingenieros llamado Valencia. También se había desplazado un Teniente de artillería para volar el puente de la Venta de los Mosquitos, situado unos metros después de las curvas de las siete revueltas antes de llegar a La Granja lugar donde se establecería las líneas defensivas. Como quiera que estas órdenes parecían contradictorias el Comandante Maldonado comunico al Jefe de las Milicias que tomarían La Granja y una vez realizado esta acción de guerra mandarían un enlace para comunicárselo con la contraseña “ASTURIAS Nº 1” que era la imperante aquél día en la zona leal de Madrid, contraseña que fue determinante para dejarles pasar. Pese a todo, una patrulla de milicianos se encargaría de vigilar el final del convoy.

Pasada la pradera, el Coronel Carrascosa se adelantó en un coche ligero para explicar a las fuerzas de la Guardia Civil, que había en La Granja, la situación y evitar así el derramamiento de sangre. La dotación de la Benemérita en esta localidad recibió con gran júbilo al Regimiento, al igual que los ciudadanos que muy rápidamente se echaron a la calle. Después, el Regimiento esperó la llegada de las autoridades de Segovia con las que acordaron, una vez llegadas al lugar, mantener una guarnición en la localidad y el resto del Regimiento dirigirse hacia Segovia para incorporarse a las fuerzas que se dirigirían a Madrid.

Muertos del regimiento durante la fuga: un camión perdido

Esta exitosa fuga para los nacionales tuvo un incidente de cierta relevancia. Ya desde el inicio de la marcha en la localidad de El Pardo, uno de los camiones que componían el convoy tuvo problemas según relató uno de los supervivientes, el sargento Cipriano Fernández Gordo. Era el último de los camiones que cerraría la marcha de la caravana, en el que marchaba este Sargento y que era mandado por el Capitán Salas Gabarret y los Tenientes Barcena de Castro y Arbex Gussí. Allí también estaban montados los últimos soldados que habían estado realizando la Guardia de las instalaciones del Regimiento, un total de 29 personas. A unos quinientos metros de iniciado el recorrido, se rompió el embrague de este camión averiándose, siendo preciso sustituirlo mientras el grueso de la expedición seguía su marcha. El Teniente Sánchez Aguiló que desempeñaba la función de jefe de automovilismo y marchaba en una motocicleta, trasladó con ésta inmediatamente a un chófer para que condujera otro camión existente en el Regimiento y recogiese a los ocupantes para reiniciar la marcha.
Camión militar llegando a un pueblo serrano de Madrid

Pero la suerte para esta pequeña guarnición iba a ser distinta. Ya antes de llegar al pueblo de Colmenar sufrieron varios tiroteos con milicianos que iban en vehículos ligeros y camiones en dirección a Madrid, y al llegar a Colmenar Viejo se encontraron, como el grueso de la expedición, la carretera cortada por árboles. Se enzarzaron en un tiroteo con unos milicianos que custodiaban la carretera, logrando pasar la camioneta y no haciéndolo el vehículo. Reorganizada la fuerza pasado el obstáculo al final del pueblo con algunos heridos continuaron la marcha equivocando el itinerario y en lugar de tomar dirección Hoyo de Manzanares lo hicieron dirección Manzanares del Real, tomando una carretera que finalizaba en la Presa de Santillana.

A las nueve de la mañana del 21 de julio de 1936, perseguidos por los milicianos y llegados a un punto donde continuar con el camión era imposible, el Capitán Salas ordena abandonar el vehículo y dirigirse hacia el cerro denominado Cabeza Illescas frente a la presa: un Capitán, tres Tenientes, un Sargento, tres Cabos y 19 soldados se desplegaron por el pequeño cerro aprestándose para la defensa. Solo faltaban de los que iban en la camioneta retrasada, el chófer herido (al que dejaron en una casa junto a la presa) y un cabo que había muerto en el tiroteo de Colmenar.

A las 13 horas observaron la llegada de gente armada iniciándose el combate; poco a poco, el pequeño grupo perdido del Regimiento de Transmisiones de El Pardo iba siendo rodeada por el enemigo. Los supervivientes tomaron la decisión de replegarse hasta una pequeña casa de labranza , en la cual entraron gravemente heridos los tenientes Bárcenas y Sánchez Aguiló. La casa fue rodeada y atacada por milicianos. El combate daba a su fin con el Capitán Salas y el Teniente Arbex saliendo a la desesperada de la casa haciendo fuego con sus pistolas. Se cuenta que los dos murieron matando. Algunos de los soldados supervivientes, dispersos por el cerro y agotadas sus municiones, se entregaron a los milicianos.Al final de la guerra al Capitán Salas Gabarret le fue concedida la Medalla Militar Individual, así la Medalla Militar colectiva les fue conferida a las 1ª y 2ª Compañías de componentes del Regimiento de Transmisiones por su participación en la defensa del Alto del León y a la 13ª Compañía de elementos del Regimiento de Transmisiones por su actuación en la campaña de la 13ª División.

Fuentes consultadas:

- Archivo Histórico Nacional (AHN)
- Causa General
- Hemeroteca Nacional (Diario Crónica, Mundo Gráfico y El Sol)
- Archivo Histórico Militar (AHM)

1 comentario:

  1. Encuentro esta descripción atinada, bien documentada, sobria y excelentemente narrada. Creo que enriquece al blog.

    Francisco Acebes

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