viernes, 19 de junio de 2015

'La Gran Evasión' de la Guardia Civil por la Sierra de Guadarrama

Una columna de guardias civiles en la Sierra de Madrid
En los sótanos del convento de las Salesas Reales de Chamberí, sentados en el suelo de losetas de arcilla roja con mantas y capas reglamentarias para el servicio que les resguardaran del frio intenso, se encontraban hacinados unos cien guardias civiles mal uniformados e incluso de paisano. Eran compañeros, de todos los empleos y allí habían sido encerrados por otros de su mismo y bien llamado, benemérito Cuerpo. En la oscuridad de un rincón, el Teniente Coronel Sebastián Royo Salsamendi permanecía hablando con el Sargento Eleuterio Martín Fernández, ambos pertenecían a la Comandancia de Madrid, el primero como jefe de la misma y el segundo como un miembro más de ella. Las diferencias en sus empleos militares en aquellos momentos ya no tenían una gran importancia, aunque ninguno de ellos sabía todavía que al día siguiente serían fusilados en las tapias del Cementerio del Este, en la saca realizada por la Checa Spartacus.

Tanto Royo Salsamendi como Martín Fernández mantenían una interesante conversación en los sótanos de las Salesas Reales. El Teniente Coronel había sido encargado de instruir el expediente destinado a clarificar las razones y la responsabilidad de aquellos miembros de la Guardia Civil que habían intervenido en la fuga de un grupo de guardias civiles a la zona nacional por la sierra de Guadarrama. El Sargento, por su parte, había sido testigo directo de cómo se había producido dicha evasión. Y es que desde los primeros momentos de iniciada la Guerra Civil, se produjo un constante goteo de guardias que pasaban de las filas republicanas a las filas nacionales, hasta el punto que el Gobierno de la República tomó la decisión de retirar del frente de Guadarrama a la Guardia Civil como unidad compacta e integrada solo por miembros de ella, posteriormente se disolvería el Cuerpo como Guardia Civil pasando a ser Guardia Nacional Republicana, para desaparecer igualmente a los pocos y los escasos miembros que quedaron pasaron a la Guardia de Seguridad..

La importancia de la Guardia Civil en la contienda

En este punto es interesante decir que la Benemérita, durante la preparación de la Guerra Civil y al inicio de ésta, como colectivo integrante de las Fuerzas Armadas, constituía un elemento fundamental para el devenir de los acontecimientos. Basta pensar que en 1936 prácticamente constituían el 32 % de los efectivos de las Fuerzas Armadas existentes en España, con un personal curtido en acciones armadas y cuyos mandos procedían de los distintos Cuerpos del Ejército. De la importancia estratégica de la Guardia Civil era consciente Franco y el resto de generales golpistas cuando concluían que sin la participación de ésta, vencer iba a resultar dificultoso: prueba de ello pudo comprobarse en Barcelona donde el General Aranguren y el Teniente Coronel Escobar, ambos de la Guardia Civil, impidieron que triunfase el intento de sublevación protagonizado por el General Goded. Incluso prueba fehaciente de esta importancia lo constituyó Madrid, cuya guarnición a pesar de que muchos de los oficiales del Cuerpo eran partidarios de la sublevación, ésta no se produjo por la intervención de los mandos de las Comandancias adecuadamente aleccionados por el General Pozas Inspector General del Cuerpo, el cual meses antes había cambiado prácticamente la mayoría de las Jefaturas de Comandancia provinciales por mandos a él leales. La Guardia Civil siempre fue un cuerpo disciplinado y la lealtad al mando constituía un aspecto fundamental de su filosofía corporativista.

Miembros de la Guardia Civil junto a milicianos preparando
un ataque en zona republicana
El Inspector General del Cuerpo (Director), el General Pozas,  era consciente de la importancia estratégica de la Guardia Civil para el devenir de la contienda. Sin embargo, para él, un escollo importante era que el Instituto Armado, por su diseminación en los pueblos, hacía difícil organizar a los guardias en unidades militares que constituyeran los diferentes frentes de combate. Por ello, en lugar de mantenerlos en la retaguardia velando por el orden público, que quedó en manos en muchos casos de desalmados de los Comités de Milicias, fueron agrupados y dirigidos a los diferentes frentes.

Ante esta situación, ¿qué pasaba por la mente colectiva de los guardias civiles? Los partidos del Frente Popular siempre reprocharon el carácter represivo de la Guardia Civil en las zonas rurales, mientras que los partidos conservadores jamás reconocieron la importancia de la Guardia Civil como elemento de mantenimiento del orden público. Tal vez, hoy en día en pleno siglo XXI pase algo similar con las relaciones entre políticos y Guardia Civil. Mientras todas las encuestas de opinión consideran a la Guardia Civil como la Institución más valorada de España, resulta que esa alta valoración no se refleja en el reconocimiento por parte de los políticos.

La fuga de Guardias Civiles en Guadarrama

Pero volvamos de nuevo a la fuga hacia zona nacional de ese grupo de guardias civiles por la Sierra de Guadarrama. El Teniente Coronel Royo Salsamendi, como Instructor de aquél expediente siempre estuvo acompañado por un secretario (como era norma general en todo expediente castrense). La persona que desempeñaba esta función de secretario era el Comandante Alfredo Semprún, personaje sectario que en los primeros días del movimiento se había encargado, siguiendo las directrices del General Pozas, de desarmar distintas unidades militares que se habían caracterizado por su favorable disposición a la sublevación y solidaridad con el Cuartel de la Montaña.

El inicio de la cascada de evasiones de guardias civiles a la zona nacional tuvo lugar el día 1 de agosto de 1936 en el Alto del León. La evasión fue realizada por el entonces Comandante Valero Perez Ondategui (destinado en el 23º Tercio de la Guardia Civil con sede en Ciudad Real)  y secundado por el Capitán Palacios Varela que dirigía una Compañía en la Comandancia de la Guardia Civil de Cuenca; ese día junto a estos jefes se pasaron once guardias civiles.
Guardias Civiles y paisanos combatiendo junto a una carretera

Días antes, la Inspección General de la Guardia Civil había ordenado la concentración en Madrid de fuerzas de las distintas Comandancias con el objeto de enviarlas inmediatamente al frente de la Sierra para impedir el avance nacionalista del Ejército del Norte. La columna de la Guardia Civil mandada por el Comandante Pérez Ondategui estaba constituida por agentes procedentes de las Comandancias de Ciudad Real y Cuenca.  Si bien los componentes de la Comandancia de Ciudad Real se negaron en un principio a marchar al frente, como así manifestaría el capitán Palacios Varela, para los componentes de la Comandancia de Cuenca era una excelente oportunidad para pasarse a zona nacional, dado que su jefe de Comandancia, el Teniente Coronel García de Ángela (posteriormente detenido por considerarse que pertenecía a Falange y Renovación Española) se había mostrado reacio a posicionarse a favor de la rebelión. Curiosamente, según declararía el Capitán Palacios, había indicado a sus guardias, dado que éstos eran todos voluntarios y compartían con su capitán el deseo de pasar a zona nacional, que se enrollasen una toalla blanca en el Cuerpo para mostrarla en alto como bandera blanca cuando llegasen a primera línea y poder pasarse a zona nacional. 

Poco después de llegar estas fuerzas a la Sierra de Guadarrama y mientras se estaban asentando, se produjo una ofensiva por parte de los nacionales en el apeadero y Sanatorio de Tablada (muy próximo a la N-VI antes de llegar al Alto del León). Esta ofensiva obligó a la columna de guardias civiles a entrar en acción antes incluso de aposentarse, momento que aprovecharon para hacer ondear sus toallas de color blanco y pasarse a zona nacional. La evasión estuvo formada por un importante grupo de once hombres con el Comandante y Capitán anteriormente mencionados a la cabeza.

A esta fuerza de la Guardia Civil se uniría una vez en el frente de Guadarrama el capitán de Infantería del Batallón de la Escolta Presidencial Tomás Barrios Fernández-Muros, que se encontraba ya en Guadarrama y que había sido encargado por el General Riquelme Jefe del Sector de posicionar a esta Columna de guardias. Respecto a este Capitán hay versiones contradictorias: para unos fue muerto peleando el día de la evasión y para otros fusilado posteriormente por las tropas nacionales una vez copados en primera línea.

En relación con éste hecho existe una importante polémica instada por el General de Carabineros Luis Bermúdez de Castro y Tomás, padre del Capitán de la Guardia Civil Antonio Bermúdez de Castro Blanco, el cual reprochaba a los fugados que no se evadieron por voluntad propia sino que fueron copados en la ofensiva de los nacionales. De hecho, basa su afirmación en que la esposa de Comandante Pérez Ondategui estuvo cobrando del gobierno republicano, ya que se consideraba había sido hecho prisionero, mientras que los fugados reprochaban al Capitán de la Guardia civil Bermúdez de Castro que los miembros de su Unidad le habían disparado , cuando intentaban fugarse, desde la retaguardia.

De cualquier manera el Capitán de la Guardia Civil Antonio Bermúdez de Castro ya arrastraba tras sí una cierta etiqueta de debilidad y de ser reacio a sumarse a los postulados de los rebeldes. Con ocasión de marchar con su Unidad por el Cuartel de la Montaña el día de Alzamiento fue requerido por sus compañeros militares para se unieran a la rebelión y según algunas fuentes, él se negó a hacerlo.

La evasión por una zona avanzada

Posición Peña Cervera
El goteo de guardias civiles fugados a la zona nacional por la Sierra de Guadarrama fue constante, unas veces individualmente y otras en grupos. Merece la pena resaltar que estas fugas motivaron que el entonces jefe de la fuerzas de la sierra de Guadarrama, Coronel Asensio Torrado, retirara las unidades de la Guardia Civil de primera línea. Los Batallones de la Benemérita tenían asignada la Posición denominada Riscos de Peña Cervera. Se trataba de una posición que defendía la subida hasta el Alto del León o puerto de Guadarrama por la N-VI; la Peña Cervera era una posición privilegiada, elevada sobre la N-VI y  sobre el pueblo de Guadarrama, entre los kilómetros 50 y 51 de la N-VI.

La Guardia Civil acantonada en el frente de Guadarrama se alojaba en el Sanatorio de Valdelasierra, un sanatorio de aguas termales y cura de enfermedades pulmonares. En este paraje impresionante los guardias civiles  que no estaban guarneciendo las primeras líneas de combate descansaban. Aproximadamente se encontraban en dicho Sector unos 180 hombres, a los que se le había asignado la posición de Peña Cervera. Fue por ésta posición de primera línea por la que se pasaron durante los días 23 y 26 de agosto un total de 18 guardias civiles entre los que se encontraban dos comandantes, otros oficiales, suboficiales y tropa. 

La Guardia Civil relevada de Guadarrama

Como antes decíamos, debido a esta evasión, la Guardia Civil fue relevada de las líneas defensivas. Los guardias fueron acuartelados en el Sanatorio Valdelasierra, donde fueron desarmados y tras varios días devueltos a Madrid. Algunos de los que quedaron en zona roja fueron detenidos y sometidos a los Tribunales de Justicia, de otros se encargó el Comité Depurador de la Guardia Civil y otros corrieron peor suerte y este Comité decidió que fueran paseados y fusilados cruelmente en las tapias del Cementerio del Este por la checa Spartacus. Sus restos reposan en el Cementerio de Vicálvaro.

Lista de los evadidos:

Comandante Don Pedro Barcina del Moral
Comandante Don Miguel Andrés López
Capitán Don Jose del Valle Fernández
Capitán Don Luis Parra Charries
Teniente Don Antonio López de Haro y del Rey
Teniente Don Eulogio Revuelta Uriz
Teniente Don Geroncio González Ramos
Alférez Don Esteban Díez Sancho
Sargento Don Felipe Antón Villegas
Sargento Don Valentín García Solera
Cabo Don Federico Alustey Lamas
Guardia Civil Don Gregorio Delgado Diéguez
Guardia Civil Don Juan Andreú Fernández
Guardia Civil Don Nicolás Duran Petidier
Guardia Civil Don Daniel Cubillo Panadero
Guardia Civil Don José Cáceres Poyato
Dos más que se desconoce su nombre 

Otras fugas de guardias civiles en Somosierra

Algo similar al goteo constante de evadidos de la Guardia Civil a zona nacional como ocurría en Guadarrama sucedía en Somosierra. De esta manera el Comandante de Estado Mayor Felix Muedra  el 28 de julio de 1936 como Jefe de Estado Mayor en la columna del General Bernal que operaba en el sector de Somosierra y según diversas manifestaciones estaba dispuesto a pasarse a la zona nacional para lo que contaba esencialmente con miembros de la Guardia Civil. Ya en dicho frente, a finales de agosto del 36, dos tenientes de la Guardia Civil se evadieron a zona nacional.
Más guardias civiles con paisanos durante la guerra

El Brigada de la Guardia Civil Andres Martín Moreno declararía al final de la guerra que estaba en connivencia con el Comandante Felix Muedra para pasar el mayor número de hombres y armamentos a zona nacional. Esto lo convinieron cuando ambos estaban en Buitrago, y, Muedra era el Jefe de Estado Mayor de la Columna que dirigía el Comandante Jurado, ferviente defensor de la causa republicana. La problemática que ambos contemplaban constantemente era el hecho que Muedra, constantemente iba acompañado de cuatro milicianos que le escoltaban pero también le vigilaban al mismo tiempo, dado que el Gobierno republicano no se fiaba de él. 

Así ante la imposibilidad de llevar a efecto una fuga masiva de la Columna, junto al hecho de que Felix Muedra fuese destinado en febrero del 37 a otro frente, el Brigada Andrés Martín Moreno decidió evadirse con todos los elementos de su compañía. Para llevarlo a cabo, había solicitado al mando que su unidad fuese destinada a primera línea de fuego del frente de Paredes de Buitrago lo que se le concedió el 20 de febrero de  1937, pasando a zona nacional el día 2 de marzo con 43 guardias civiles al completo de su armamento: 200 bombas de mano y 48 cerrojos de mosquetón. Antes habían cortado las líneas telefónicas del sector. 

Fuentes consultadas

- Archivo Militar Paseo de Moret
- Archivo Histórico Nacional (Causa General)
- Hemeroteca Nacional
- Folleto "Tras las huellas de la guerra" folleto editado por el Ayuntamiento de Guadarrama
- "Senderos de Guerra" Jacinto M. Arévalo. Ediciones La Librería
- "Sereno en el peligro" Lorenzo Silva. Editorial Edaf

miércoles, 10 de junio de 2015

La historia oculta del artillero que bombardeó el Cuartel de la Montaña

Orad de la Torre (con una X) durante la Guerra Civil

Profesor de matemáticas en Sevilla, padre de una de las grandes bailaoras de España, miembro destacado de la masonería, socialista convencido y oficial artillero durante la Guerra Civil Española. De esta manera tan breve pero al mismo tiempo tan contundente podría definirse a grandes rasgos la vida de Urbano Orad de la Torre, uno de los militares republicanos más famosos que pasó a la historia por ser uno de los primeros en bombardear el Cuartel de la Montaña en julio de 1936.

Su imagen coordinando desde la calle Ferraz los disparos de un cañón contra el Cuartel de la Montaña dio la vuelta al mundo. Fotógrafos ilustres de la prensa madrileña mostraron instantáneas de Orad de la Torre disparando contra las fuerzas sublevadas del General Fanjul. Estas imágenes, usadas por la propaganda republicana durante la Guerra Civil, serían utilizadas también en su contra durante el Consejo de Guerra al que fue sometido tras la victoria de Franco.

En www.guerraenmadrid.com hemos tenido acceso a un Consejo de Guerra contra Orad de la Torre (sumario 53064) al que fue sometido tras la contienda. En ese consejo fue condenado a muerte el 1 de marzo de 1940, acusado paradójicamente de “rebelión militar” . Este sumario se encuentra custodiado en los sótanos del Archivo Militar del Paseo de Moret de Madrid. Varios militares franquistas, algunos de los cuáles fueron compañeros de Orad antes de la guerra, declararon en su contra durante el consejo. Uno de ellos fue el comandante de infantería Arsenio Fernández Serrano que participó en los combates de el Cuartel de la Montaña al mando de una ametralladora sublevada. Fernández Serrano, que fue hecho prisionero y condenado a muerte por un tribunal popular, denunció a nuestro protagonista por "haber tomado parte en el ataque rojo al cuartel como jefe de las piezas de artillería que sobre él tiraban, responsable por tanto primero de los muertos y heridos de las familias que ocupaban los pabellones del cuartel y también de los asesinatos y desmanes que en el cuartel se cometieron y que él debió impedir".
Una pieza de artillería durante la Guerra Civil

Esta declaración y los artículos escritos por la propaganda republicana sobre su "gesta" en 1936 fueron determinantes para que el Consejo de Guerra le sentenciara a muerte. Sin embargo, casi cinco meses después de la condena, fue indultado por Franco, al igual que a otros muchos militares republicanos, notificación que fue hecha pública el 28 de junio de 1940. Su pena le fue conmutada por 30 años de reclusión en una cárcel militar de Sevilla. Al final quedaría en libertad condicional en 1944.

Por medio de este Consejo de Guerra al que hemos tenido acceso hemos reconstruido la historia de Orad de la Torre antes, durante y después de la contienda. Hemos leído un telegrama enviado por un comandante de artillería del 1º Cuerpo del Ejército de Guadarrama al juez instructor de su consejo. Por él, hemos sabido que antes del conflicto, Orad de la Torre prestaba sus servicios como militar en la Dirección General de Ferrocarriles como Ayudante de Obras Públicas; se encontraba en una especie de comisión de servicios, alejado temporalmente del mundo militar. También hemos averiguado que en el año 1925 terminó la academia militar, saliendo ya como oficial artillero.

Fernando Goroztiza, un teniente de artillería retirado, también se refirió a Orad de la Torre en su Consejo de Guerra realizando las siguientes declaraciones, aunque sin conocerle personalmente: “No le conozco personalmente, ni nunca he tenido conversación alguna con él. Tuve noticia después del Glorioso Movimiento Nacional que el citado capitán tuvo el cometido de mando de un Grupo de Artillería en el frente de El Escorial a finales de 1936, después estuvo como capitán en la zona de Levante, sin poder señalar en qué cometido”. Otro militar, que en esta ocasión sí conocía a nuestro protagonista llamado Carlos Lirón, dijo en el mismo consejo que sí que habló con Orad en diciembre de 1936 en Valencia, asegurando que “no tenía en esos momentos mando artillero en el ejército rojo ni en el Levante, aunque ocupaba el rango de comandante”. Esta misma persona también dijo que más adelante Urbano mandaría una división en el frente de Extremadura y que también dirigió una columna en el frente de Guadarrama.

El final de la Guerra Civil para Orad

A través de un oficio del Ministerio de Gobernación al que hemos tenido acceso, sabemos que Orad de la Torre fue detenido a finales de marzo de 1939 en Almería y trasladado a la prisión militar de Córdoba que estaba situada en el Cuartel de Artillería de esta ciudad. Este oficio, además de informar de sus antecedentes, relata que durante la Guerra Civil también prestó sus servicios como director de la Fábrica de Armas de la Marañosa donde se fabricaban bombas de humo. También estuvo al mando de una batería de 7,5 en el frente de Guadarrama y Cercedilla y formó parte de la Columna Mangada en su retirada de Robledo de Chavela. En el tramo final de la guerra dirigiría unas operaciones en Porcuna y más adelante sería trasladado a Almería. Le acusarían de “llevarse” hasta Almería los muebles “requisados” a un comandante de la Guardia Civil apellidado Carazo.
Asalto al Cuartel de la Montaña

Orad de la Torre se hizo cargo de la Comandancia Militar de Almería durante las últimas semanas de la Guerra Civil, cuando todo estaba perdido. Su nombramiento tuvo lugar el 19 de marzo de 1939 ya como Teniente Coronel. En lugar de intentar a huir a Orán como hicieron otros militares y líderes republicanos, el oficial artillero prefirió quedarse en su puesto hasta que las tropas de Franco hicieron su entrada en Almería. Según el libro de Antonio Marín Cara, el 29 de marzo de 1939, horas antes de que entraran en esta ciudad los nacionales, un grupo de militares republicanos, algunos dirigentes de las Juventudes Socialistas Unificadas y miembros del PCE huyeron en barco de Almería por temor a posibles represalias. Entre ellos no estaba Orad de la Torre que prefirió quedarse en España en lugar de exiliarse al extranjero y que de hecho pudo haber ordenado el último ataque de la Guerra Civil. Desde el puerto de Almería se cañoneó (levemente) al buque Cánovas del Castillo (barco franquista) que se acercaba hasta el puerto con la intención de ayudar a los rebeldes.

Dos incidentes antes de terminar la guerra

Cuentan que ese mismo día 29 tomó la decisión de no entregar la Comandancia Militar de Almería a un miembro de la Quinta Columna almeriense perteneciente a la Falange Clandestina, organización que ya se estaba haciendo cargo de los principales puntos de la ciudad. Como militar y poniendo en riesgo su propia vida, se negó tajantemente a entregar su puesto, asegurando que tan solo entregaría la comandancia a otro militar. Y eso fue lo que hizo posteriormente.

En el informe al que nos hemos referido antes del Ministerio de Gobernación franquista también se informó de otro supuesto incidente que protagonizó Orad de la Torre en las últimas horas de la guerra. Al parecer, los funcionarios de Telefónica habían recibido la orden desde Madrid de no “dar conferencias telefónicas” a los jefes republicanos: la Central de Madrid ya estaba en manos de la Quinta Columna. Según relata el informe, Orad ordenó al delegado de Telefónica en Almería que le pusiera en contacto con alguna persona de la que no ha trascendido el nombre ( se desconoce si quería contactar con su familia o con otro militar). Este delegado se negó, diciendo que seguía órdenes de Madrid. Según el informe, Orad “lo detiene por este motivo con el personal de telégrafos, maltratándolo de palabra y amenazándolo con una pistola”. Desconocemos hasta qué punto es cierta o no esta historia.

Ayuda a personas derechistas

El informe al que nos estamos refiriendo durante este artículo también dice que durante la Guerra Civil Orad de la Torre “favoreció a muchas personas derechistas por su condición”. También asegura que puso a algunas de estas personas en libertad (sin especificar quién o quiénes) aún corriendo muchos riesgos.
Joaquín García Morato. Orad ayudó a su hermano

Estos datos que aporta el Ministerio de Gobernación los hemos completado con dos artículos de prensa que han aparecido recientemente en los periódicos ABC y La Marea. El primer diario contaba en 2008 que cuando Orad de la Torre “esperaba a ser fusilado” por su participación en el ataque al Cuartel de la Montaña fue misteriosamente indultado. Explica después que Orad había nacido en la misma 'Casa Militar' de Melilla en la que se había criado el héroe de la aviación franquista Joaquín García Morato y todos sus hermanos. Cuentan que salvó la vida a Vicente, hermano de Joaquín, que estaba en un sanatorio madrileño. La madre de ambos, agradecida con Orad, consiguió salvarle la vida.

En el periódico La Marea se cuenta con más detalles este hecho, utilizando como fuente al propio hijo José Orad Aragón. Este diario dice que la madre de los Garcia Morato llegó a hablar personalmente con el General Varela, que era Ministro del Ejército, hasta que consiguió su indulto y su posterior puesta en libertad en 1944. También dice que ayudó a otras personas perseguidas por el bando republicano como el teniente coronel Borbón de la Torre, el catedrático Carlos Fitera, un cadete del Cuartel de la Montaña apellidado Ponce de León (lo arrancó de unos milicianos que estaban a punto de fusilarlo tras el asalto al cuartel), el poeta falangista José García Nieto y el actor José Isbert que iba a representar una obra de Muñoz Seca en Andújar.

Relata el artículo de La Marea que Orad de la Torre escribió en la cárcel un pequeño diario en el que hablaba de su experiencia traumática durante la Guerra Civil. Sobre su participación en el ataque artillero al Cuartel de la Montaña, Urbano escribió lo siguiente: "Ni la victoria conseguida, ni mi ideología pueden evitarme el inmenso dolor que siento ahora mismo al ver muertos a militares como yo, compañeros de la academia, de guarnición. Aunque estuviéramos en desacuerdo político. Hace tanto calor y la luz es tan viva que lo que estoy viviendo me parece irreal".

Su vida en libertad

Una vez fuera de prisión, Urbano Orad de la Torre no pudo volver a las Fuerzas Armadas como posiblemente le hubiera gustado. Sin embargo, aprovechando sus altos conocimientos en matemáticas y su pasión por la docencia, decidió montar una academia de enseñanza privada en Sevilla llamada 'Academia Orad'. En ella preparaba a sus alumnos para ingresar en carreras técnicas y también ofertaba clases por correspondencia. La academia estaba situada en las calles Guzmán el Bueno, Torres de Ibarra, Pasaje de Andreu, Cruces y Avenida Reina Mercedes. Por sus aulas pasaron alumnos de todas clases. Algunas fuentes dicen que el mismísimo Felipe González  aprendió matemáticas de joven en esta academia. Este hecho no está confirmado, sin embargo, sí hemos sabido que estuvieron en la 'Academia Orad' personas con apellidos tan ilustres de la talla de Osborne, Ibarra, Guajardo-Fajardo, Domeq o Pickman. La academia, que fue una de las más prestigiosas de la capital andaluza, cerró sus puertas en 1978, cuatro años antes de que Orad muriera.

La página web de la Fundación Pablo Iglesias afirma que Orad de la Torre participó en la reorganización clandestina del PSOE en Sevilla y Andalucía en la posguerra, circunstancia por la que fue detenido de nuevo en 1947 "al caer el Comité de Sevilla del cual formaba parte". Salió en libertad a los pocos días pero en 1958 volvió a ser detenido en una redada policial que desarticuló a nivel nacional el Partido Socialista. Por estos hechos fue juzgado seis años más tarde y resultó absuelto.

La muerte de Urbano se produjo en 1982., el mismo año en el que el PSOE ganaría las Elecciones Generales con Felipe González a la cabeza. Pese a estar afiliado a este partido y a la UGT, ningún dirigente de peso acudió a su entierro, sin embargo, el propio Felipe González le envió un telegrama de condolencias que La Marea hizo público el pasado mes de abril. A día de hoy, una calle de Dos Hermanas lleva el nombre de Urbano Orad de la Torre.

Su hija María Rosa Orad Aragón ha sido una de las grandes bailaoras de danza clásica que ha tenido España en su historia reciente. Nacida en Andújar (Jaén) en 1937, en plena Guerra Civil, siempre mantuvo una estrecha relación con su padre. En 2013 recibió la Medalla de Andalucía, una prestigiosa condecoración de la que sin duda Urbano hubiera estado orgulloso.

¿Una duda que se llevó a la tumba?

Con la muerte del General Franco, varios militares republicanos concedieron una serie de entrevistas a diferentes medios de comunicación. La censura había desaparecido en España y las opiniones calladas durante años del bando perdedor de la guerra interesaban de sobremanera a los periódicos. En 1978 Orad de la Torre concedió una entrevista al periódico El Imparcial en la que informaba 'supuestamente' de que en mayo de 1936 un grupo de masones se reunieron para preparar el asesinato de Calvo Sotelo.

Estas palabras fueron desmentidas rotundamente por el propio Urbano en una carta que él envió a El Pais el 28 de septiembre de 1978 en el que acusa a El Imparcial de no haber sido "impreciso" y "sensacionalista". También acusó a este diario de corte derechista de "abusar del precario estado de salud de un anciano" (Orad). "En todo caso, pendiente él y su familia de la comprobación judicial que corresponda sobre lo que la entrevista consiguieron hacer decir y luego firmar a un señor enfermo de corazón y en tratamiento por insuiciente riego cerebral desde hace años", aseguraba la carta de Orad de la Torre.
Orad tras la Guerra Civil

En la misiva Urbano daba varios puntos desmintiendo a El Imparcial afirmando rotundamente que "nada tuvo que ver la masonería" en la muerte de Calvo Sotelo y que por aquellas fechas, Orad "nunca" actuó como miembro de la masonería sino como militar republicano. En relación con el asesinato de Calvo Sotelo, nuestro protagonista aclaró lo siguiente: "Desde el 3 de marzo, fecha de mi boda, hasta la guerra, a la única reunión de militares a la que asistií ue a la del 9 de mayo, y eso porque se me comunicó que yo era el próximo en la lista (Urbano podría referirse que él estaba en la lista de ser asesinado). Eso y que el día de la muerte del político yo estaba en una reunión familiar en la calle Raimundo Fernández Villaverde".

Después de esta aclaración, Orad continuó explicando más detalles sobre el asesinato de Calvo Sotelo: "El 12 de mayo mataron a Castillo. Aquella noche se reunieron un grupo de militares con rango desde teniente coronel a capitán entre los que figuraban: Faraudo, Diaz Tendero y otros y decidieron cumplir lo dicho. Echaron a suertes y le tocó al capitán Condés tomar el mando del grupo. Los guardias fueron voluntarios. Tomaron una camioneta de asalto, con su chófer de servicio (fue el único no voluntario, está vivo y habita en Madrid). Fueron a buscar a Goicoechea y no estaba en casa. Dijo Condés que fueran a buscar a Gil Robles y tampoco estaba en su casa de la calle Serrano. Entonces, al pasar por la calle Velázquez un guardia dijo que allí vivía Calvo Sotelo. Subieron a la casa, lo cogieron, se lo llevaron detenido y en la calle Alcalá uno de los guardias le disparó un tiro. Por cierto, que Condés quiso posteriormente suicidarse por su participación en los hechos pero Prieto se lo impidió".

Por último, esta carta de Orad de la Torra a El País también habla de Gutiérrez Mellado y de Manuel Fraga. Sobre el primero indica que "en ningún momento" éste ayudó a los masones como tales sino que ayuudó a los que "fueron sus compañeros de armas aunque en el lado republicano para que consigan sus pensiones de vejez". Sobre Manuel Fraga, dijo que en su momento le "ayudó a conseguir el pasaporte y lo hizo con el espíritu de apoyar en un derecho elemental a un militar republicano que había sido su enemigo en una guerra que había terminado hacía treinta años".

Fuentes consultadas

Sumario 53064 Archivo Militar Paseo de Moret

Causa General

Hemeroteca Nacional

Hemeroteca ABC

Periódico La Marea

Hemeroteca El País


Golpe Militar, resistencia y represión en Sevilla. (1936-1950)

La Comunidad de los Jesuitas en Almería, Antonio Marín Cara
Fundación Pablo Iglesias