lunes, 6 de julio de 2015

La verdadera historia de las enfermeras de la Batalla de Brunete

Las dos enfermeras falangistas tras ser arrestadas en Brunete
Hace ya años que tuve la oportunidad de leer el libro 'La enfermera de Brunete' de Manuel Maristany y la verdad es que me sorprendió para bien tanto el estilo del autor como la trama de la novela. No voy a desvelar el argumento de la misma, pero debo decir que desde ese instante empecé a investigar pequeñas historias de la terrible Batalla de Brunete que como bien saben nuestros lectores tuvo lugar en el caluroso verano de 1937. 

Fruto de estas pequeñas investigaciones y después de haber conversado con algunos vecinos de Brunete, apasionados como nosotros con la Guerra Civil, llegó hasta mis oídos la historia de las verdaderas 'Enfermeras de Brunete'. Personajes de carne y hueso que poco o nada tienen que ver con el personaje que describe Maristany en su novela pero que posiblemente inspiraron al escritor catalán.

Madrugada del 6 de julio de 1937. Inicio de la Batalla de Brunete. Unidades republicanas empiezan a hacer incursiones en algunas poblaciones del noroeste de Madrid donde las tropas de Franco habían empezado a instalar su frente de vanguardia. La ofensiva continúa a la mañana siguiente con la entrada en escena de la aviación y la artillería de la República que coge por sorpresa a los sublevados. La avanzadas de la 11º División comandada por Líster entran en Brunete y combaten calle a calle, puerta a puerta, con los pocos soldados nacionales que quedaban en la localidad cubriendo la retirada de sus compañeros. 

En el pequeño hospital de sangre de Brunete un puñado de militares franquistas y una docena de falangistas, heridos todos muy graves, siguen tendidos en sus camas. Algunos están a punto de morir pero escuchan los combates que se están produciendo dentro del pueblo.  Su estado era tan malo que no podían ser evacuados fuera de la localidad ya que casi todos estaban moribundos y se encontraban a un paso de la muerte. Dos jóvenes enfermeras falangistas tomaron, quizás, la decisión más arriesgada e importante de su vida: permanecer hasta el final con aquellos soldados, pese a caer en manos del enemigo. Hijas de una familia de la aristocracia de Algeciras, las hermanas Larios y Fernández de Villavicencio (María Luisa y Maribel), llevaban varias semanas en Brunete poniendo en marcha el hospital nacional más cerca de la primera línea de combate. 

Maribel y María Luisa estuvieron acompañando a “sus heridos” hasta casi el final. Cuando los hombres de Lister se aproximaban a la puerta del hospital, las enfermeras lograron esconderse en un pajar contiguo. Algunas versiones dicen que a las 15:00 del día 06 de julio, ya todo Brunete había caído en manos de la República pero las dos hermanas permanecían escondidas. Aunque el pueblo estaba abandonado y ya se habían hecho un centenar de prisioneros, los hombres de Lister y el Campesino registraban las pocas casas que se tenían en pie a la caza de posibles francotiradores y fugitivos.

Un periódico republicano contaba de la siguiente manera (un tanto manipulada), como una patrulla republicana encontró a las dos hermanas Larios:

“Un grupo de soldados formando patrulla buscaban fugitivos. Llegaron a un pajar. 

- Aquí no hay nadie – advirtió un soldado.
- Sin embargo, calad con las bayonetas en esos montones – ordenó el jefe de la patrulla

Traslado de las enfermeras a pie a Torrelodones
Fueron mágicas aquellas palabras. La paja empezó a moverse como por arte de magia y una voz medio ahogada por la asfixia advirtió rapidísimamente: 

- Eh, que estamos aquí nosotras.

Y del acerbo dorado surgieron dos figuras de mujer. Los soldados del pueblo, esos humildes defensores de la lealtad republicana, tan ultrajados por ese cortejo de apolillados pergaminos, descoloridos escudos y vacilantes coronas, dieron un paso atrás convencidos de que aquellas dos damiselas no eran gente del lugar. Esta corría ya por las calles recibiendo jubilosa a los pelotones. 

- Salgan sin miedo – ordenó el jefe.
- Naturalmente, no creo que me vayan a comer – dijo una. 
- Desde luego, está el rancho esperándonos ya – comentó uno de los muchachos. 

Aparecieron en la puerta del pajar las dos jóvenes: vestidas con trajes ligeros de percal. Rubia regordeta la una. Morena y esbelta la otra. Trataron de iniciar un romance, eran dos labradoras de un pueblo vecino....

- Perdón señoritas, esas manos tan finas y cuidadas y esas uñas perfiladas y brillantes no se curtieron en los rastrojos nunca.

Esta es solo una parte del artículo que la prensa de Madrid publicó con tintes propagandísticos sobre la captura de las enfermeras de Brunete. Esta versión republicana de la captura, contrasta con la ofrecida por algunos diarios pro franquistas tras la Guerra Civil que aseguran que las dos enfermeras no abandonaron ni un instante a los heridos y que jamás se escondieron en el interior de un granero ante la llegada de los republicanos. Casi 80 años después seguimos sin saber lo que sucedió con las hermanas Larios para que fueran apresadas por los hombres de Líster en Brunete aunque nuestra opinión se inclina a pensar que no quisieron abandonar a sus heridos en aquellos momentos. Nos cuesta creer que la retirada franquista se olvidara de ellas aunque está hipótesis tampoco se tendría que descartar ya que la ofensiva republicana fue tremendamente rápida. 

Interrogadas por Líster y Miaja

En total, en la ofensiva republicana de Brunete del 6 de julio fueron hechos prisioneros entre 60 y 70 militares nacionales, además de las dos enfermeras. Las hermanas Larios, según relatarían tras la Guerra Civil a la revista Blanco y Negro, fueron conducidas “a pie y bajo un sol terrible” desde Brunete a Torrelodones al Palacio del Canto del Pico (ahora semi abandonad) donde fueron interrogadas primero por Lister y posteriormente por el General Miaja. Hay poca información sobre estos interrogatorios, tan solo se ha podido averiguar que Líster tuvo un trato cercano con las dos enfermeras por estar muy vinculado con Cádiz, al igual que ellas. 

Las hermanas Larios con un periodista en Valencia
Tras los interrogatorios, el día 07 de julio de 1937 (un día después de su apresamiento) fueron trasladadas a Madrid en coche por orden de Miaja. El famoso militar republicano fue consciente desde un primer momento de que las dos jóvenes falangistas podían ser muy útiles para la propaganda exterior del bando republicano ordenando su traslado a la capital. Según relatarían en 1959 a Blanco y Negro este traslado fue realmente delicado para ellas ya que los soldados que las llevaban a Madrid estuvieron a punto de 'darles el paseo' de camino. Sin embargo, según siempre su testimonio, un oficial de la escolta de Miaja intervino a su favor y medió para que fueran llevadas a Valencia donde fueron internadas en una cárcel. 

Sabemos que estuvieron varios meses en las cárceles republicanas de Valencia y que durante alguna semana estuvieron incomunicadas. A María Luisa le obligaron a aparecer en una grabación de vídeo que puso en marcha el Subcomisariado de Prensa y de Propaganda (organismo dependiente del Comisariado General de Guerra). El objetivo de este subcomisariado era difundir a nivel internacional que el trato de la República a sus prisioneros de guerra era “excelente” y que las noticias que “difundía el bando nacional” eran “completamente falsas”. Buceando en Youtube hemos tenido la suerte de encontrar ese vídeo en el que aparece María Luisa Larios (Conocida por Marilu) contestando una serie de preguntas que le formula una encargada de propaganda del subcomisariado de prensa. En esta entrevista se puede percibir que entre las dos mujeres hay una distancia infernal. A todas luces, el mensaje que trató de difundir la República usando el testimonio de la enfermera falangista era muy poco creíble. 

Una entrevista propagandística

En www.guerraenmadrid.com hemos anexado el vídeo de la entrevista celebrada en Madrid y que no tiene desperdicio. Para los lectores que no puedan visualizarla correctamente tan solo les diremos que la grabación fue realizada por Ángel del Río, miembro del Sindicato General Cinematográfico de la UGT. Estas son las reflexiones de María Luisa: “La sublevación me pilló en Algeciras. Pertenecía a la Falange, a la sección femenina. Hice un curso de enfermería de unos tres meses y me destinaron a Brunete junto con mi hermana. El ataque republicano en Brunete fue una gran sorpresa. No nos lo esperábamos y además fue muy rápido. El ejército de la República es más potente de lo que yo creía, tiene más organización, buen armamento y los hombres un gran espíritu”. Preguntada por el trato que han recibido desde que fueron hechas prisioneras, la respuesta de María Luisa sin levantar la mirada del suelo fue: “Nos han tratado muy bien. Estamos muy contentas”. El vídeo no tiene desperdicio. En esta ocasión, una imagen vale más que mil palabras. 
Captura de pantalla de la entrevista a María Luisa (derecha)

Sabemos que las dos hermanas estuvieron presas antes de ser liberadas en la cárcel de Alacua donde volvieron a ser entrevistadas por la prensa republicana. Los diarios gubernamentales, con mucha propaganda de por medio, explicaban con todo lujo de detalle las libertades que tenían las dos hermanas falangistas en su prisión valenciana e introducía las siguientes declaraciones de las mismas: “Desde la escena del pajar hasta el momento hemos sido tratadas con todo tipo de respetos. Nadie nos ha molestado. Comemos bien cada día y en ningún momento se nos ha vejado”. En estas mismas entrevistas las dos afirmaron que seguían comulgando con las ideas de la Falange y que no se arrepentían de haber formado parte del Hospital de Brunete.

El canje gracias a Inglaterra

Gracias al cónsul de Inglaterra en Valencia, las dos hermanas Larios pudieron ser canjeadas por unas presas republicanas que se encontraban en zona nacional. Su familia tenía cierta ascendencia inglesa, lo que provocó que Reino Unido tomara cartas en el asunto y trabajara a destajo junto a la Cruz Roja para lograr el canje. En diciembre de 1937 ya estaban libres. Su periplo, tras ser detenidas en Brunete, duró algo más de tres meses. Tras ser liberadas, la prensa franquista se hizo eco de lo que calificaron como su “hazaña”, hecho que provocó que el propio Franco decidiera condecorarlas con la Cruz Roja del Mérito Militar. 

Tras pasar una semana en Algeciras con su familia, las dos hermanas se volvieron a prestar voluntarias para seguir trabajando en hospital de Sangre de Villaviciosa de Odón en Madrid, donde también trabajaba otra hermana suya. Hemos averiguado que tras la Guerra Civil, María Luisa se enroló en el grupo de enfermeras que partió con la División Azul a la Unión Soviética, prestando servicio en los hospitales de Porchow y el de Vilna. Regresó a España en el 28 de julio del año 1942, tres años antes de que terminara la II Guerra Mundial. 

Maria Luisa Larios contrajo matrimonio con Luis Peralta España, un malagueño que sería procurador familiar y que también llegaría a ostentar el cargo de subsecretario del Ministerio de Gobernación. Con él tuvo dos hijas. Falleció en Málaga el 31 de agosto de 1997. Maribel, por su parte, murió en 2008 en Tarifa a los 91 años. Tuvo tres hijos. 

Fuentes consultadas:

- Hemeroteca Nacional
- Hemeroteca ABC
- Memoria Blau
- La Batalla de Brunete, Casas de la Vega
- Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie, Eslava Galán