sábado, 26 de septiembre de 2015

El campo de concentración de Azaña en Alcalá de Henares

Varios presos en la Casa de Trabajo de Alcalá antes de la
Guerra Civil Española
 A pesar de que muchos puedan pensar lo contrario, los campos de concentración no solamente se instalaron en la Alemania Nazi o en la Antigua Unión Soviética. España también puso en marcha instalaciones de estas características, antes incluso de que empezara la Guerra Civil Española. Alcalá de Henares, curiosamente la ciudad natal de Manuel Azaña, fue pionera en acoger estos centros de reclusión en el año 1933, coincidiendo con la puesta en marcha de la Ley de Vagos y Maleantes impulsada por el propio Azaña.

Desde www.guerraenmadrid.com no vamos a entrar en polémicas acerca de lo bueno o lo malo de esta Ley, nos vamos a limitar a informar a nuestros lectores de cómo fue el primer campo de concentración de España y los sufrimientos que padecieron los que allí fueron encerrados durante la Guerra Civil. Al empezar la contienda, la Casa de Trabajo de Alcalá de Henares, que era como se llamaba aquel campo de concentración, llevaba más de tres años funcionando. Allí eran encerrados inicialmente los delincuentes comunes de Madrid a los que se aplicaba un régimen disciplinario severo, combinando la reclusión con el trabajo agrícola o la construcción de carreteras. Muchos de aquellos primeros internos eran básicamente alcohólicos y drogadictos que cometían todo tipo de desmanes con el fin de subsanar sus propios vicios. El trabajo duro para ellos era supuestamente “la mejor manera” de lograr la reinserción en la sociedad.  

Ubicada en un antiguo edificio llamado La Galera, la Casa de Trabajo de Alcalá de Henares era sin lugar a dudas un lugar de lo más siniestro. En su fachada se podía leer un mensaje de lo más clarificador: “Un mundo aparte, vagos y maleantes, Casa de Trabajo, Dirección General de Prisiones”. Su edificio principal en su día había sido cárcel de mujeres aunque con la aprobación de la Ley de Vagos y Maleantes, aquella prisión femenina terminó siendo rehabilitada completamente para acoger este primer campo de concentración de la historia de España. 

Fachada de la Casa de Trabajo de Alcalá de Henares
Diario Crónica, año 1933
Sabemos que al empezar la Guerra Civil, casi todos los presos comunes de la Casa de Trabajo de Alcalá fueron puestos en libertad. Sus instalaciones, sin embargo, empezaron a acoger a un sinfín de derechistas y militares que eran trasladados allí, en la mayoría de los casos, para cumplir sus penas o bien a la espera de que su juicio se llevara a cabo. En muchos casos, los presos que eran enviados hasta allí estaban esperando a que se aplicara la pena de muerte. La República considera que fueran fusilados aquellos individuos, podían ser útiles a la causa del Frente Popular realizando trabajos forzados. La Casa de Trabajo pasó en muy poco tiempo a denominarse Campo de Trabajo nº 3 de Madrid. Los reos, en muchos casos, eran obligados a colaborar estrechamente con los diferentes batallones disciplinarios que se encargaban de la fortificación de la zona de Nuevo Baztán. 

Durante la guerra los condenados eran obligados a hacer trabajos forzosos a favor de la causa republicana.Los prisioneros, entre los que se encontraban algunos nombres que luego fueron distinguidos en la época de Franco, trabajaban de sol a sol y a medida que pasaban los meses las condiciones se convirtieron en infrahumanas por la escasez de alimentos y medicinas. Sin embargo, para estos presos lo más importante era la supervivencia en sí, ya que a pocos kilómetros del Campo de Trabajo se habían producido los terribles fusilamientos en masa de Paracuellos de Jarama. 

Prisioneros ilustres en la Casa de Trabajo

Entre las personas que estuvieron presas en la Casa de Trabajo de Alcalá mencionamos a José Banús Masdeu, que tras la Guerra Civil se convertiría en uno de los grandes constructores del régimen de Franco. Fue uno de los grandes impulsores del Valle de los Caídos y el gran artífice del Puerto Banús (Marbella), que es como hoy en día todo el mundo lo reconoce. José Banús fue detenido por la policía republicana acusado de ser espía de Franco y condenado a muerte en el año 1938. Mientras esperaba que se cumpliera su pena, que finalmente no se llevó a cabo, tenía que esperar haciendo trabajos forzados en el campo de concentración de Alcalá. 
Periódico La Estampa de 1935 donde se habla abiertamente
de Campo de Concentración

Banús no fue el único 'huésped' ilustre de la Casa de Trabajo. El que fuera General laureado Claudio Rivera Macías también estuvo allí después de ser condenado por desafecto al régimen republicano el 27 de enero de 1937. Rivera fue detenido en su casa de Madrid tras negarse a combatir con la República y trasladado a la cárcel de Ventas. Después lo llevarían a Alcalá. Para nuestros lectores que no sepan quién fue Claudio Rivera, les diremos que en el año 1926 recibió la Laureada como consecuencia de su participación en la Guerra de África, al frente de una sección del Grupo de Fuerzas Indígenas de Alhucemas nº 5. El 20 de mayo de 1926, Rivera dirigió una ofensiva en el sector de Axdirt en la que perdió a más del cincuenta por ciento de sus hombres. Su participación en aquellos combates y su valentía en la dirección de la tropa le hizo merecedor de esta condecoración.

Pero sin lugar a dudas uno de los presos más relevantes de los que estaban en la Casa de Trabajo era Andreu Nin, líder del POUM detenido en Barcelona por agentes del SIM con la colaboración del NKVD de la Unión Soviética. Hemos tenido acceso al reportaje que publicó en el año 2000 Vicente Sánchez Moltó en el Diario de Alcalá bajo el título: “Las mentiras de la historia: Nin fue asesinado en Alcalá”. En este artículo se cuenta que el primer destino de Nin tras llegar a Madrid fue la Casa de Trabajo de Alcalá, aunque pocos días después de estar allí sería sacado “de manera irregular” para instalarlo en el chalet que era propiedad del General del Aire Republicano Hidalgo de Cisneros y su esposa, Constanza de la Mora. En ese chalet u hotelito, como se llamaba entonces, se cree que pudo haber sido asesinado. El autor de este reportaje no descarta que Nin fuera sometido a torturas en la misma Casa de Trabajo de la que estamos hablando. 

El campo de trabajo franquista

Cuando estaba a punto de terminar la Guerra Civil (tan solo quedaban unos días para que los franquistas entraran en Alcalá de Henares), los responsables de la Casa de Trabajo pusieron en libertad a todos los presos que se encontraban allí encerrados. Conscientes de que su cautiverio había tocado a su fin, los prisioneros franquistas celebraron su libertad destrozando las instalaciones de la Casa de Trabajo. Cuando entraron las tropas nacionales el aspecto de este campo de concentración era desolador. Las autoridades penitenciarias del nuevo régimen tuvieron que rehabilitar completamente las instalaciones que pasaron a denominarse 'Talleres Penitenciarios para la Redención de la Pena'. Allí también fueron encerrados y obligados a hacer trabajos forzosos cientos de prisioneros republicanos que habían sido capturados durante los últimos días de la Guerra Civil. 

Aunque el trabajo físico fue menos intenso que en la época del Frente Popular, sí tenemos conocimiento de que en los Talleres Penitenciarios de Alcalá se utilizó a la población reclusa principalmente en tareas de imprenta. Allí se estableció una imprenta de grandísimas dimensiones en la que se editaban boletines oficiales, cartografías y folletos informativos. Se cree que en 1940 había una población de 2.800 reclusos. 

Fuentes consultadas

- Hemeroteca Nacional. Periódico Crónica y La Estampa
- Hemeroteca ABC
- Fundación Andreu Nin
- Fundación Francisco Franco
- Evolución Histórica de la Legislación Penitenciaria de España, Felipe Burgos Fernández
- Los campos de concentración durante la Guerra Civil: www.sbhac.net 
- Diario de Alcalá

lunes, 7 de septiembre de 2015

'Casa Camorra', un avispero en plena Cuesta de las Perdices

Casa Camorra durante la Guerra Civil / Díaz Casariego
Antes de que estallara la Guerra Civil Española, la Casa Camorra era un lugar distinguido para los madrileños, especialmente para aquellos cuya economía era superior a la media. Justo al final de la Cuesta de las Perdices estaba situado uno de los restaurantes de fin de semana más famosos de Madrid, especialmente famoso por su arroz con pollo y sus paellas de verdura. Alfonso Rey, conocido con el sobrenombre de Alfonso Camorra, era el propietario de un local que frecuentaban, especialmente los domingos, los amantes de la velocidad, es decir, los conductores más osados de coches y motocicletas que solían salir a quemar motor en primavera y verano. Antes de Alfonso, su padre Enrique Rey llevaba las riendas del local que ya estaba abierto durante la segunda década del siglo XX. 

Lo que en su día fue un lugar de esparcimiento para los madrileños, se convirtió en un amasijo de escombros durante la Guerra Civil. En 1939 eran pocos los que recordaban aquellos idílicos fines de semana en Casa Camorra durante los años previos al conflicto. Mucho antes de que estallara la sublevación,  ya utilizaba la publicidad para atraer a sus clientes. Sin ir más lejos, el Nacional publicaba lo siguiente en 1915: 

"La conocida Cuesta de las Perdices, uno de los lugares más agradables y pintorescos para los madrileños, goza de justa fama, no solo por el agradable panorama del que allí se disfruta sino por el renombre adquirido por la Casa Camorra. Esta casa está instalada en espaciosos locales donde no falta el menor detalle de confort moderno: tiene grandes salones y comedores independientes, esplendidos jardines, garajes y magníficas caballerizas. Cuenta con tiro al blanco y tiro de pichón. Su esmerado y siempre bien atendido restaurant a la carta es reputado por las excelencias de su buena cocina. Es también de justicia un elogio a su despacho de cerveza, refrescos, vinos de todas clases y licores. Satisfecho puede sentirse su propietario, Don Enrique Rey, competente y activo industrial".

Al términar la Guerra Civil la Casa Camorra resultó devastada como consecuencia de los combates que se sucedieron a ambos lados de la Carretera de la Coruña. No fue el único restaurante que se vio afectado por los durísimos enfrentamientos de la Cuesta de las Perdices, otros muchos locales también sufrieron las consecuencias de la contienda, al igual que los chalets de fin de semana de la zona que ya se estaban empezando a consolidar. Los dos Ejércitos se sirvieron de estas edificaciones para constituir nidos de ametralladoras, fortines de toda clase e incluso puesto de mando avanzado. 

En cuanto a Casa Camorra se puede decir que entre 1936 y 1939 esté mítico restaurante pasó por diferentes manos. Hasta el 9 de enero de 1937 estaba controlada por las diferentes unidades republicanas que combatían en la Cuesta de las Perdices, una zona que hasta ese momento no contaba con apenas accidentes geográficos. De acuerdo con el magnífico blog http://frentedebatallagerion.blogspot.com  edificaciones como Casa Camorra fueron utilizados inicialmente como parapetos  y resguardo de los soldados. 
Postal de la Casa Camorra antes de la Guerra Civil

 Sin embargo, durante la madrugada del 9 al 10 de enero, un golpe de mano del Ejército Franquista aisló a varias dotaciones enemigas que estaban a un lado de la Carretera de la Coruña. Una de las unidades republicanas defendió hasta la extenuación la Casa Camorra hasta que cayó definitivamente en manos del bando nacional durante la mañana del 10 de enero. A partir de ese día, las tropas sublevadas y las republicanas empezaron a fortificar los metros que habían ganado en aquel combate. 

Inicialmente, los nacionales utilizaron los dos pisos de Casa Camorra para constituir un nido de ametralladoras elevado. Desde sus dos balcones que daban a la Carretera de la Coruña, los observadores franquistas vigilaban semi escondidos para evitar ser detectados, los movimientos republicanos al otro lado de la Cuesta de las Perdices. Los dos balcones del antiguo restaurante fueron objeto durante semanas de un sinfín de bombardeos por parte de la artillería del Frente Popular. Tras conquistar la Casa Camorra en enero de 1937, la 20 División del Primer Cuerpo del Ejército Nacional se estableció allí, creando a su alrededor una complicada red de trincheras que siempre iban a parar al viejo restaurante, donde con el paso de los meses se instaló un puesto de mando avanzado. La Guerra Civil avanzaba y el frente de Ciudad Universitaria de Madrid se había empezado a estabilizar. Ahora arrancaba la guerra de las trincheras, de las minas y de los golpes de mano. En la Cuesta de las Perdices las tropas de los dos Ejércitos se atrincheraban en cada palmo de terreno aprovechando los pocos edificios que aún seguían en pie. 

¿Una destrucción parcial de la Casa Camorra?

Hemos tenido acceso al ejemplar del 2 de julio de 1937 del periódico Solidaridad Obrera, el órgano de prensa de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en cuyo interior se habla de un ataque republicano  a la Casa Camorra que terminó por destrozar el histórico restaurante madrileño. Aunque esta es la versión que relata el diario oficial de la CNT, esta información hay que cogerla con alfileres ya que la supuesta destrucción no aparece registrada en ninguno de los documentos de los dos bandos sobre operaciones concretas sobre la Casa Comorra a finales de junio, principios de julio. 

Con todo, no queremos decir que la supuesta destrucción de la Casa Camorra sea una invención de la prensa republicana, nada más lejos de la realidad. En aquellos instantes las pequeñas ofensivas y golpes de mano eran habituales en una zona como la Cuesta de las Perdices. No es descartable que una ofensiva artillera aquel mes de julio de 1937 dejara seriamente dañada la Casa Camorra, sin embargo, una destrucción total del edificio nos parece bastante extraño.
Periódico Solidaridad Obrera de julio de 1937

Según Solidaridad Obrera, la Casa Camorra estaba situada a un kilómetro de la Carretera de la Coruña y desde allí los nacionales hostigaban muy seriamente a los republicanos que estaban desplegados a sus alrededores. Teniendo en cuenta esta circunstancia, cuenta Solidaridad Obrera, "el alto mando leal estimó oportuno una operación a fondo de la artillería sobre la zona, logrando conseguir los objetivos. Los cañones leales dispararon con gran precisión sobre los focos rebeldes en la zona, localizando muy pronto la Casa Camorra. Al poco tiempo de iniciado el combate el edificio estaba totalmente destruido, pereciendo entre sus escombros las fuerzas que lo defendían y que en su mayor parte estaban integradas por requetés y falangistas". 

Con cierta sarna, Solidaridad Obrera aseguraba que quedaba destrozado un restaurante famoso por sus "juergas de aristocracia y chulos con lances picarescos". Acusaba este diario a los "militarotes, banqueros y políticos" de frecuentar sus salones a los que calificó como la "canalla dorada". 

La Casa Camorra como puesto de mando avanzado

Pese a la supuesta destrucción de la Casa Camorra aquel verano de 1937, sabemos que sus cimientos aguantaron en pie todavía más de un año y medio, convirtiéndose muy pronto en un puesto de mando avanzado de los nacionales. El 27 de agosto de 1938, ocho meses antes de que terminara la contienda, desde la Casa Camorra se coordinó una operación del ejército franquista para arrebatar a la República varios edificios que se encontraban en poder de los republicanos y que estaban situados justo delante del mítico restaurante. El blog Frente de Batalla tuvo acceso en su día al parte de operaciones de la 20 División franquista en el que se explicaba esta ofensiva: "A las 15.15 del 27 de agosto de 1938, tres secciones ofensivas se lanzaron sobre tres casas ocupadas por el enemigo junto a la carretera de la Coruña, en la Cuesta de las Perdices, desalojándolos de ellas, ocupándola y haciéndoles muertos, heridos y prisioneros, progresando luego por los ramales de acceso hasta donde lo permitió la fuerza disponible". 
A la izquierda la Casa Camorra / Diario Crónica de Madrid

La ofensiva franquista, gestada por los oficiales sublevados desde la Casa Camorra, fue precedida de un ataque artillero y de mortero que duró más de diez minutos. Los hombres que participaron en la ofensiva formaban parte del 2º Batallón de Toledo, el 8º Batallón de San Quintín y varias secciones de Zapadores. El ataque inicialmente fue un éxito, arrebatando a los republicanos la Casa Amarilla y la Casa de Cubas, dos edificios que pocas semanas más tardes se establecerían como puntos de observación para el Ejército de Franco. 

Pese al éxito inicial, aquellas edificaciones se convirtieron en un avispero para los hombres de los dos bandos. En menos de 24 horas dos compañías republicanas llevaron a cabo un gran contraataque que fue especialmente duro entre las 20:00 y las 3:00 de la madrugada. Aunque terminaron reconquistando el terreno perdido, los republicanos no pudieron aguantar el tirón y tuvieron que retirarse de aquellas posiciones que habían vuelto a conquistar. En los combates, las fuerzas leales hicieron explotar una mina que destrozó casi por completo el Moto Club. 

Tras la Guerra Civil

La fama de la Casa Camorra se esfumó prácticamente tras la Guerra Civil Española. El estado en el que había quedado el edificio era ruinoso y los alrededores estaban repletos de chatarra como consecuencia de los combates. Después de que la zona fuera limpiada (literalmente) por los buscavidas que en los años posteriores se dedicaban a recoger los restos del combate para vendérselos a los chatarreros de Madrid, la Casa Camorra fue prácticamente demolida. En su lugar, la familia Camorra levantó otro establecimiento que a buen seguro que a nuestros lectores les suena un poco más: La Pérgola, un restaurante que ha seguido funcionando como tal hasta hace bien poco, gestionado por los descendientes del mítico Don Alfonso. 

La prensa de los años 60 hablaba del restaurante La Pérgola como el heredero de la mítica Casa Camorra, con un lema que en muy poco tiempo terminó siendo muy conocido en el Madrid del franquismo: "En las Perdices se respira bien.....pero se come mejor. La antigua Casa Camorra y su dueño recuerdan a sus clientes y amigos que sigue siendo el preferido por su buena cocina y ubicación". Hasta 2012 seguía existiendo una sociedad (ya extinguida) que gestionaba La Pérgola y que se llamaba Camorra-La Pérgola SA. 

Durante los años posteriores a la Guerra Civil, Alfonso Camorra también gestionó otro local de Madrid que alcanzó un gran prestigio, la Terraza del Riscal que estaba situada en el número 11 de la calle Marqués de Riscal de la capital. Durante aquella época se convirtió en el lugar de encuentro y de referecia de los adinerados del régimen franquista, donde se dejaban caer de cuando en cuando algunas estrellas cinematográficas y otros conocidos artistas. 

Fuentes consultadas

- Blog Frente de Batalla
- Hemeroteca Nacional
- Hemeroteca Prensa Histórica
- Solidaridad Obrera (CNT)